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La Plata,
primera victoria del Ejército Rebelde
A las 2 y 40 de
la madrugada del 17 de enero de 1957,
dos ráfagas de ame-
.
tralladora
disparadas por Fidel dieron inicio al
ataque del naciente Ejército Rebelde,
una veintena de combatientes, contra el
pequeño cuartel de la tiranía ubicado en
la desembocadura del río La Plata, que
se convertiría en la primera victoria de
las fuerzas revolucionarias de la Sierra
Maestra.
Apenas se habían
cumplido en ese momento las siete
semanas del desembarco del "Granma", y
solo 22 días habían transcurrido desde
el reagrupamiento del reducido
contingente de los supervivientes de
Alegría de Pío, en el bohío del
campesino Mongo Pérez en Cinco Palmas,
cuando ya Fidel conducía a la tropa
rebelde a su primera acción contra el
enemigo.
La victoria de
La Plata significó, de esta forma, una
expresión de la irrevocable combatividad
y voluntad de lucha del Ejército
Rebelde, y una reafirmación de la justa
línea revolucionaria adoptada por
nuestra vanguardia y de las
posibilidades de alcanzar por esa vía el
triunfo total.
Tuvo, además,
otra importante resonancia política, de
acuerdo con el momento en que se
produjo. Corrían por aquel entonces días
difíciles para el movimiento
revolucionario. Luego del revés de
Alegría de Pío, la tiranía trataba por
todos los medios de aniquilar al núcleo
rebelde de la Sierra Maestra y,
simultáneamente, llevaba a cabo una
campaña de propaganda destinada a hacer
creer que la Sierra Maestra era "asunto
concluido" y que Fidel había muerto o
abandonado el país. A esta labor del
régimen, orientada a desalentar al
pueblo y a los revolucionarios, se
sumaba la inescrupulosa actividad de los
politiqueros de la oposición burguesa,
quienes también trataban de echar tierra
al proceso revolucionario en marcha, a
fin de crear el "clima electoral" que
les permitiera reanudar sus rejuegos y
maniobras, en busca de un nuevo reparto
de poder que les asegurara el
acostumbrado latrocinio y robo de los
fondos públicos.
Frente a toda
esta situación, la victoria de La Plata
fue la confirmación rotunda de que el
Ejército Rebelde, y Fidel a su cabeza,
vivían y luchaban en el macizo montañoso
oriental, y que mantenían en alto la
bandera revolucionaria del Moncada y del
"Granma".
Poco antes de
iniciarse el ataque, el balance de las
fuerzas rebeldes era el siguiente: 22
hombres armados con 9 fusiles de mira
telescópica, 5 semiautomáticos, 4 de
cerrojo, 2 ametralladoras Thompson, 2
pistolas ametralladoras y una escopeta
calibre 16.
El Che, en su
magnífico relato sobre esta acción, que
forma parte de su libro Pasajes de la
Guerra Revolucionaria, describió en
sus detalles aquel primer combate
victorioso, donde una vez más la
Revolución demostró su determinación de
sobreponerse a cualquier revés y
proseguir la lucha hasta el triunfo
definitivo. La historia confirmó la
justeza de este camino. |