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La Habana, 27 de Enero de 2012 |
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Una alerta para los
políticos
de Nuestra América
Miralys
Sánchez Pupo
LA palabra de José Martí en sus
discursos fue mensaje para todos. Pero
su prosa escrita se tuvo que dirigir a
los segmentos letrados, y de forma muy
especial a los políticos, de las jóvenes
naciones latinoamericanas. Sin descanso
aportó argumentos para contribuir a
evadir nuevos peligros y asumir una
comprensión cabal de las razones a
defender en tan importante segmento
mundial. Ese que tuvo en la diana
reiteradamente llamada Nuestra América
tanto en su ensayo como en discursos y
otras obras.
El propósito central era crear una clara
conciencia hacia el futuro sin desviar
la ruta en la que se empeñaron hombres
como Simón Bolívar, quien nunca
se avergonzó de su condición autóctona.
Tal figura fue subrayada por Martí como
germen de la unidad continental que tomó
como bandera en el desarrollo de la
Conferencia Internacional Americana en
Washington donde estaban nuestras
tierras ahora conocidas como partes del
sur.
Aquella convocatoria descrita en páginas
martianas como advertencia era gran
plataforma que preparada por Estados
Unidos. Era una especie de campo de
batalla política contra las hermanas
naciones que acababan de conquistar la
libertad. La maquinaria yanqui se
concentró en crear condiciones para el
proceso de anclaje y apropiación de sus
respectivas economías. Su plan era
absorberlas en beneficio de los trust,
que ya lanzaban sus brazos hacia el
exterior de sus fronteras con el clamor
de ampliar sus mercados.
La estrategia norteamericana era
maniatar el futuro desarrollo de las
jóvenes naciones a partir de sus
créditos. El tema llevado al lenguaje
militar era una especie de ablandamiento
de cada segmento de las naciones hasta
colocarse poco a poco como dueños de su
territorio. De tales peligros no se
podía esperar más y la denuncia martiana
aclaró por todas sus vías, y hasta a
través de su condición de cónsul de
hermanas naciones, por las que tuvo la
oportunidad de representarlas con sus
argumentos dentro de los encuentros
patrocinados por los Estados Unidos en
despliegue hacia el sur.
La declaración de guerra sin armas ni
municiones estaba en el tapete desde los
instrumentos crediticios, que les
permitiría adueñarse de las riquezas de
las hermana naciones, al perder su
libertad en manos ajenas. Ahora flotaban
los métodos de la neocolonia asolapada a
través de su palabra de un tigre,
aparentemente generoso, que espera
saltar de un momento a otro sobre sus
nuevas víctimas.
Aquellas advertencias fueron inspiración
entre otras huellas argumentales de su
pluma para el futuro siglo XX cubano
donde él llegó con luz de aurora. Fue
piedra esencial que fortaleció
ideológicamente el asalto al Cuartel
Moncada en 1953. Pero además alerta
política de la Revolución en la apertura
de sus principales documentos como
nuevas banderas de Cuba. Entre ellos la
Primera Declaración de La Habana
(1960) y Segunda Declaración de La
Habana (1962), donde Martí cabalgó
en cada palabra introductoria. (
Tomado de Radio Rebelde)
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