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Lo que nos
corresponde es promover la mayor
democracia en nuestra sociedad,
empezando por dar el ejemplo dentro de
las filas del Partido
● Discurso
del General de Ejército Raúl Castro Ruz,
Primer Secretario del Comité Central del
Partido Comunista de Cuba y Presidente
de los Consejos de Estado y de
Ministros, en la clausura de la Primera
Conferencia Nacional del Partido, en el
Palacio de Convenciones, el 29 de enero
de 2012, "Año 54 de la Revolución".
(Versiones
Taquigráficas – Consejo de Estado)
Compañeras y
compañeros:
La Primera
Conferencia Nacional del Partido que hoy
concluye sus sesiones ha estado
dedicada, en correspondencia con la
convocatoria librada por el 6to.
Congreso, a evaluar con objetividad y
sentido crítico el trabajo del Partido,
así como determinar con voluntad
renovadora las transformaciones
necesarias para situarlo a la altura que
demandan las actuales circunstancias.
No olvidemos que
solo el Partido, como institución que
agrupa a la vanguardia revolucionaria y
garantía segura de la unidad de los
cubanos en todos los tiempos, solo el
Partido, repito, puede ser el digno
heredero de la confianza depositada por
el pueblo en el único Comandante en Jefe
de la Revolución Cubana, el compañero
Fidel Castro Ruz (Aplausos).
No me detendré a
exponer los datos de los participantes
en el proceso de discusión del proyecto
de Documento Base ni las numerosas
modificaciones que resultaron del mismo,
considerando el informe presentado por
el Segundo Secretario del Comité
Central, compañero José Ramón Machado
Ventura, en la inauguración de este
evento, que como todos conocen no
comenzó ayer, sino casi inmediatamente
después de la clausura del Congreso del
Partido.
Tras la
elaboración del primer borrador del
Documento y su posterior análisis en
múltiples reuniones del Buró Político y
del Secretariado antes de la discusión
en las organizaciones de base del
Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC), durante los meses de octubre y
noviembre del pasado año, sus resultados
fueron analizados por el Tercer Pleno
del Comité Central, celebrado el 21 de
diciembre de 2011.
También en las
primeras semanas de este mes, a nivel de
provincia, se realizó el estudio y
discusión por parte de los delegados a
la Conferencia y otros cuadros. En total
se elaboraron nueve versiones del
Documento.
A diferencia del
proyecto de Lineamientos de la Política
Económica y Social del Partido y la
Revolución, cuyo debate incluyó, en uno
u otro modo, a toda la población, el
Documento Base de la Conferencia, dado
su alcance menos abarcador y su enfoque
más dirigido al funcionamiento interno
del Partido fue analizado por toda la
militancia, si bien nuestro pueblo
conoció íntegramente su contenido a
través de los medios de prensa.
Por otra parte,
en el proceso preparatorio de la
Conferencia fue debatido el papel de los
militantes en interés del
perfeccionamiento de las relaciones del
Partido con la UJC, la Central de
Trabajadores de Cuba y demás
organizaciones de masas, de manera que
las mismas incrementen, en las actuales
condiciones, su protagonismo e
influencia en la sociedad.
Como era de
esperar, desde la publicación del
Documento no han faltado las críticas y
exhortaciones de quienes, confundiendo
sus más íntimas aspiraciones con la
realidad, se ilusionaron con que la
Conferencia consagraría el inicio del
desmontaje del sistema político y social
conquistado por la Revolución, a lo
largo de más de medio siglo, con el
apoyo de la mayoría de los cubanos.
En este sentido,
no fue nada casual que el primer
objetivo del mismo exprese: "El Partido
Comunista de Cuba, fuerza dirigente
superior de la sociedad y del Estado, es
fruto legítimo de la Revolución, al
propio tiempo su vanguardia organizada y
quien garantiza, junto al pueblo, su
continuidad histórica". Este concepto,
al que jamás renunciaremos, se encuentra
en plena correspondencia con el artículo
cinco de la Constitución de la
República, aprobada en referendo por el
97,7 por ciento de los electores,
mediante el voto libre, directo y
secreto.
Nuestros
adversarios y hasta algunos que
simpatizan con nosotros, abstrayéndose
de la historia de permanente agresión,
bloqueo económico, injerencia y el cerco
mediático, expresado en las incesantes
campañas de la prensa supuestamente
libre, subordinada en su mayoría a los
intereses imperiales predominantes, todo
lo cual ha debido enfrentar la
Revolución Cubana, nos exigen, como si
se tratara de un país en condiciones
normales y no una plaza sitiada, la
reinstauración del modelo
multipartidista que existió en Cuba bajo
el dominio neocolonial de los Estados
Unidos.
Renunciar al
principio de un solo partido
equivaldría, sencillamente, a legalizar
al partido o los partidos del
imperialismo en suelo patrio y
sacrificar el arma estratégica de la
unidad de los cubanos, que ha hecho
realidad los sueños de independencia y
justicia social por los que han luchado
tantas generaciones de patriotas, desde
Hatuey hasta Céspedes, Martí y Fidel.
Con el fin de
organizar la lucha por la independencia
de Cuba y Puerto Rico concibió Martí la
creación de un solo partido político, el
Partido Revolucionario Cubano, según sus
propias palabras: "Para fomentar la
revolución de modo que puedan entrar en
ella¼ todos los cubanos de buena
voluntad:¼
Todos los que amen a Cuba, o la
respeten".
Cuando ya la
victoria sobre España era inminente,
después de treinta años de guerra, se
produjo la intervención norteamericana y
una de las primeras medidas fue disolver
ese partido, al igual que el glorioso
Ejército Libertador, para dar paso a lo
que vino después, el multipartidismo de
la república burguesa y la creación de
un nuevo ejército con su represiva
guardia rural incluida, garantía del
dominio absoluto de todas las riquezas
de la nación, de las que se apropiaron
en los cuatro años de la primera
ocupación militar.
Ese fue el
triste final de los dos pilares de la
revolución independentista, el Partido y
su Ejército Libertador, resurgidos
exactamente al cabo de 60 años bajo la
conducción de Fidel, inspirado en las
enseñanzas de Martí. No permitiremos
jamás que esa historia se repita.
No es mi
propósito, en esta intervención, hacer
un recuento de la evolución histórica
del término Democracia, desde su
conceptualización en la antigua Grecia,
como el "poder del pueblo", aunque la
mayoría esclava no contaba para nada.
Tampoco pretendo filosofar sobre la
vigencia y utilidad de la llamada
democracia representativa, que en
definitiva es harto conocido que ha
devenido invariablemente en la
concentración del poder político en la
clase que detenta la hegemonía económica
y financiera de cada nación, donde las
mayorías tampoco cuentan y cuando se
manifiestan, como sucede en estos
precisos momentos en muchos países, son
brutalmente reprimidas y silenciadas con
la complicidad de la gran prensa a su
servicio, también transnacionalizada.
El mejor
argumento es el que nos ofrece la
democracia norteamericana, la cual se
pretende imponer como modelo a todo el
mundo, en la que se alternan el poder
los partidos Demócrata y Republicano
defendiendo, sin mayores diferencias,
los intereses del mismo gran capital, al
cual ambos se subordinan.
Ahí están, por
citar unos pocos ejemplos, la Base Naval
de Guantánamo, territorio ocupado por
Estados Unidos ilegalmente, contra la
voluntad del pueblo cubano y que así ha
permanecido por más de 100 años, con
independencia del partido en el poder en
ese país, que tanto proclama la defensa
de los derechos humanos al tiempo que, a
pesar de las promesas del actual
presidente, mantiene allí, hace una
década, una prisión, donde en un limbo
legal en estos momentos más de 170
ciudadanos extranjeros son sometidos a
torturas y vejaciones.
El segundo
ejemplo, la invasión por Playa Girón,
concebida y planificada por un
presidente republicano, Eisenhower, y
llevada a cabo por el presidente
Kennedy, apenas tres meses después de
tomar posesión, que era del Partido
Demócrata; y por último, el bloqueo
económico, que ha perdurado medio siglo,
sin importar si es republicano o
demócrata quien ocupa la Casa Blanca.
Sin el menor
menosprecio a ningún otro país por tener
sistemas pluripartidistas y en estricto
apego al principio del respeto a la
libre determinación y la no injerencia
en los asuntos internos de otros
estados, consagrado en la carta de las
Naciones Unidas, en Cuba, partiendo de
sus experiencias en la larga historia de
luchas por la independencia y soberanía
nacional, defendemos el sistema del
partido único frente al juego de la
demagogia y la mercantilización de la
política.
Si hemos
escogido soberanamente, con la
participación y respaldo del pueblo, la
opción martiana del partido único, lo
que nos corresponde es promover la mayor
democracia en nuestra sociedad,
empezando por dar el ejemplo dentro de
las filas del Partido, lo que presupone
fomentar un clima de máxima confianza y
la creación de las condiciones
requeridas en todos los niveles para el
más amplio y sincero intercambio de
opiniones, tanto en el seno de la
organización, como en sus vínculos con
los trabajadores y la población,
favoreciendo que las discrepancias sean
asumidas con naturalidad y respeto,
incluyendo a los medios de comunicación
masiva, mencionados varias veces en los
Objetivos aprobados en esta Conferencia,
los que deberán involucrarse con
responsabilidad y la más estricta
veracidad en este empeño, no al estilo
burgués, lleno de sensacionalismo y
mentiras, sino con comprobada
objetividad y sin el secretismo inútil.
A este fin es
necesario incentivar una mayor
profesionalidad entre los trabajadores
de la prensa, tarea en la que estamos
seguros contaremos con el apoyo de la
Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), los
medios de comunicación y de los
organismos e instituciones que deben
tributarles información fidedigna y
oportuna para, entre todos, con
paciencia y unidad de criterio,
perfeccionar y elevar continuamente la
efectividad de los mensajes y la
orientación a los compatriotas.
Al propio
tiempo, la conformación de una sociedad
más democrática contribuirá también a
superar actitudes simuladoras y
oportunistas surgidas, al amparo de la
falsa unanimidad y el formalismo en el
tratamiento de diferentes situaciones de
la vida nacional.
Es preciso
acostumbrarnos todos a decirnos las
verdades de frente, mirándonos a los
ojos, discrepar y discutir, discrepar
incluso de lo que digan los jefes,
cuando consideramos que nos asiste la
razón, como es lógico, en el lugar
adecuado, en el momento oportuno y de
forma correcta, o sea, en las reuniones,
no en los pasillos. Hay que estar
dispuestos a buscarnos problemas
defendiendo nuestras ideas y enfrentando
con firmeza lo mal hecho.
Ya hemos dicho
en otras ocasiones y así también se
recogió en el Informe Central al 6to.
Congreso, que lo único que puede
conducir a la derrota de la Revolución y
el Socialismo en Cuba, sería nuestra
incapacidad para erradicar los errores
cometidos en los más de 50 años
transcurridos desde el primero de enero
de 1959 y los nuevos en que pudiéramos
incurrir en el futuro.
No ha existido
ni existirá una revolución sin errores,
porque son obra de la actuación de
hombres y pueblos que no son perfectos,
enfrentados además, por primera vez, a
nuevos y descomunales retos. Por eso
creo que no hay que avergonzarse de los
errores, lo grave y bochornoso sería no
contar con el valor de profundizar en
ellos y analizarlos para extraerles las
enseñanzas a cada uno y corregirlos a
tiempo.
En este sentido,
por su permanente vigencia, es oportuno
recordar las palabras del compañero
Fidel el 28 de septiembre de 1986 al
clausurar el Tercer Congreso de los CDR,
cuando señaló: "La lucha contra las
tendencias negativas y la lucha contra
los errores cometidos continuarán
indefectiblemente, porque tenemos el
deber sagrado de perfeccionar todo lo
que hacemos, perfeccionar la Revolución,
tenemos el deber sagrado de no estar
satisfechos jamás, ni siquiera cuando
creamos que estamos haciendo las cosas
bien hechas, mucho menos vamos a estar
satisfechos cuando sabemos que no están
haciéndose todas las cosas lo bien
hechas que tienen que hacerse".
La generación
que hizo la Revolución ha tenido el
privilegio histórico, pocas veces visto,
de poder conducir la rectificación de
los errores cometidos por ella misma,
muestra elocuente de que no tuvieron una
repercusión estratégica, de lo
contrario, no estaríamos hoy aquí. No
pensamos, a pesar de que ya no somos tan
jóvenes, desaprovechar esta última
oportunidad.
Al referirme a
este asunto, me siento en el deber de
alertar, una vez más, que no caigamos en
la ilusión de creer que las decisiones
adoptadas en esta Conferencia Nacional y
ni tan siquiera los acuerdos de alcance
estratégico adoptados por el 6to.
Congreso, constituyen la solución mágica
a todos nuestros problemas.
Para impedir que
nuevamente caigan en saco roto las
instrucciones del Partido, el Buró
Político decidió, al igual que como se
indicó en su momento con respecto a la
marcha de la actualización del modelo
económico y el cumplimiento de los
planes anuales y el presupuesto, que los
plenos del Comité Central analicen dos
veces al año la aplicación de los
Objetivos de trabajo del Partido
aprobados por esta Conferencia. Del
mismo modo procederán los comités
provinciales y municipales del Partido,
en la forma y frecuencia que establezca
el Comité Central.
La experiencia
nos ha enseñado que aquello que no se
controla con efectividad, no se cumple o
se ejecuta superficialmente.
Se impone
trabajar y perseverar con Orden,
Disciplina y Exigencia por hacer
realidad los Lineamientos de la Política
Económica y Social, igual que los
Objetivos aprobados en este evento,
dejar atrás el lastre de la vieja
mentalidad y forjar con intencionalidad
transformadora y mucha sensibilidad
política la visión hacia el presente y
el futuro de la Patria, sin abandonar,
ni por un instante, el legado martiano y
la doctrina del marxismo leninismo que
constituyen el principal fundamento
ideológico de nuestro proceso
revolucionario.
Para lograr el
éxito en este empeño es imprescindible,
como se expresa en el objetivo número
37, "fortalecer la unidad nacional en
torno al Partido y la Revolución,
estrechar el vínculo permanente con las
masas y consolidar la convicción de
preservar la nación cubana y las
conquistas económico-sociales, sobre la
base de que Patria, Revolución y
Socialismo, están fusionados
indisolublemente".
Ahora bien, el
meollo del asunto no está en haber
formulado adecuadamente ese objetivo o
cualquier otro, sino en determinar las
vías y formas en que lo llevamos a la
práctica, con la máxima firmeza, de
manera que podamos evaluar con
integralidad cuánto y cómo avanzamos,
detectar a tiempo las tendencias
negativas y ser capaces de movilizar a
la militancia y al pueblo en la
consecución del objetivo en cuestión.
Esto mismo es
aplicable a los enunciados relacionados
con la Política de Cuadros, área que
como también expresa el Informe Central
del 6to. Congreso, sufrió los efectos de
la improvisación y la falta de previsión
y sistematicidad, trayendo como secuela
que no contemos todavía con una reserva
de sustitutos experimentados y maduros,
con preparación suficiente para asumir
las complejas funciones de dirección en
el Partido, el Estado y el Gobierno,
tarea que por razones obvias, como todos
comprenderán, reviste una importancia
estratégica para la Revolución y en la
cual trabajamos sin precipitación, pero
sin pausa, en el cumplimiento de los
acuerdos del Congreso.
Aprovecho la
ocasión para ratificar que en la medida
en que avancemos en la definición de
todos los ajustes que será necesario
introducir a la Constitución de la
República y al marco legislativo
complementario, entre otros asuntos,
implementaremos la decisión de limitar a
un máximo de dos períodos consecutivos
de cinco años, el desempeño de los
cargos políticos y estatales
principales. Al respecto, considero que
una vez definidas y acordadas las
políticas por las instancias pertinentes
podemos iniciar su aplicación paulatina
sin esperar por la reforma
constitucional, recurso al que no
debemos estar acudiendo a cada rato, o
sea, ir a modificar algo de la
Constitución, aunque sea por el propio
Parlamento, sin necesidad de referendo.
Igualmente deberán modificarse en ese
sentido los Estatutos y otros documentos
rectores del Partido.
Al hablar de
estos temas, no puede dejar de
mencionarse la importancia de asegurar
que la autoridad moral del Partido, de
sus militantes y en especial de los
dirigentes, en todos los niveles, se
fundamente en el ejemplo personal, a
partir de demostradas cualidades éticas,
políticas e ideológicas y el permanente
contacto con las masas.
La Revolución de
los humildes, por los humildes y para
los humildes, que tanta sangre costó a
nuestro valeroso pueblo, dejaría de
existir sin efectuarse un solo disparo
por el enemigo, si su dirección llegara
algún día a caer en manos de individuos
corruptos y cobardes.
Estos conceptos,
que no son nada nuevos, bien vale la
pena tenerlos siempre presentes por el
daño real y potencial que para el
presente y futuro de la nación significa
el fenómeno de la corrupción.
En las últimas
semanas los diputados de la Asamblea
Nacional y numerosos cuadros y
funcionarios de todo el país, han
recibido copiosa información acerca de
algunos procesos investigativos, que en
esta materia desarrollan los órganos
especializados del Ministerio del
Interior, en estrecha armonía con la
Fiscalía y la Contraloría General de la
República. A su debido tiempo, luego del
pronunciamiento de los tribunales
correspondientes, toda nuestra población
conocerá con amplitud estos hechos.
No hace mucho,
al intervenir en la clausura de las
sesiones del Parlamento el pasado mes de
diciembre, me referí a la convicción de
que la corrupción es, en la etapa
actual, uno de los principales enemigos
de la Revolución, mucho más perjudicial
que el multimillonario programa
subversivo e injerencista del gobierno
de Estados Unidos y sus aliados dentro y
fuera del país. También dije que en lo
adelante no permitiríamos que las
acciones de enfrentamiento al delito
fueran efímeras, como ciertamente nos ha
sucedido en otras ocasiones.
Afortunadamente,
sin el menor ánimo de restarle gravedad
a este mal bastante generalizado en el
planeta, considero que nuestro país
puede ganarle la batalla a la
corrupción, primero frenarla y luego
liquidarla sin contemplaciones de ningún
tipo. Ya advertimos que en el marco de
la ley seremos implacables con el
fenómeno de la corrupción.
Con frecuencia,
varios de los implicados en los casos
detectados ostentaban la militancia del
Partido, demostrando fehacientemente su
doble moral y el empleo de esa condición
para agenciarse posiciones en las
estructuras de dirección, violando de
manera flagrante los deberes de un
militante comunista, establecidos en los
Estatutos.
Por ello, sin
esperar a la revisión que se ejecuta en
el marco de la actualización de los
documentos rectores del Partido, el
Tercer Pleno del Comité Central,
celebrado en diciembre pasado, precisó
que la sanción a aplicar a quienes
participen en hechos de corrupción no
puede ser otra que la expulsión de las
filas del Partido, sin menoscabo de la
responsabilidad administrativa o penal
que corresponda, pues hasta ahora, como
práctica, esta medida —la de expulsión—
era excepcional y se reservaba a casos
de traición a la Patria y delitos
graves.
No nos cabe la
menor duda de que la enorme mayoría de
los ciudadanos y los cuadros de
dirección son personas honestas, pero
sabemos que eso no es suficiente, no
basta con ser honrados y parecerlo, hay
que pelear y enfrentarse, pasar de las
palabras a la acción.
Es cierto que el
Partido desde hace años venía librando
el combate contra este flagelo; sin
embargo, este andaba por un lado y el
Gobierno por otro. Para asegurar el
éxito es preciso que el Partido asuma
definitivamente la conducción del
proceso, lo cual no significa en lo más
mínimo que suplantará las funciones que
a cada institución le pertenecen.
El Partido, en
primer lugar, exigirá a todos
responsabilidades por el cumplimiento de
sus obligaciones, sin intervenir en la
administración, pero sí llamar la
atención, alertar y luchar allí, desde
el núcleo, el municipio, hurgar, pensar
y volver a pensar en cómo movilizar al
conjunto de las fuerzas en ese empeño.
Cada vez que hagamos eso, vamos a
comprobar que la correlación de fuerzas
en todos los sentidos nos favorece en
este empeño de derrotar la corrupción.
La importancia hay que dársela a la
organización y constancia de esa lucha.
Además, esta no
es función exclusiva de los militantes,
es también un deber de cada ciudadano y
ciudadana, militante o no, que se
preocupe por su país.
Vale en este
contexto retomar, por su actualidad,
conceptos definidos desde 1973, hace
casi 40 años, como parte del proceso
preparatorio del Primer Congreso.
El Partido debe
estar en capacidad de dirigir al Estado
y al Gobierno, controlar su
funcionamiento y el cumplimiento por
ellos de las orientaciones trazadas,
estimular, impulsar, coadyuvar al mejor
trabajo de los órganos de gobierno, pero
en ningún caso sustituirlos. Los dirige
mediante el control, y este término debe
entenderse en la acepción de comprobar,
examinar y revisar, nunca en el sentido
de intervenir o mandar.
Aunque no está
en el texto, está en el pensamiento de
todos, de toda la masa de militantes,
que en el Partido debe acabarse
definitivamente el "mandonismo" su
fuerza es moral, no jurídica, por eso
hay que tener moral para dirigir el
Partido y llevar a la masa de militantes
ese espíritu, ¡es la fuerza moral!
El Partido
dirige controlando que sus directivas,
junto a las del Estado y el Gobierno, se
ejecuten apropiadamente por quienes
corresponda.
La organización
partidista controla por intermedio de
sus estructuras y de todos sus
militantes, de arriba a abajo y
viceversa, lo cual no niega el papel de
control que el Gobierno realiza sobre la
actividad administrativa a su cargo.
El control es
simultáneo, pero no presupone
interferencias. En una empresa de la
producción o los servicios, este se
ejerce por la administración de la
entidad, por sus niveles superiores y
por organismos estatales o
gubernamentales, según competa, ya sea
la Contraloría, la Fiscalía, los bancos,
las oficinas de la administración
tributaria, etcétera.
Las
organizaciones del Partido en la base
llevan a cabo el control mediante el
accionar de sus militantes, ya sean
simples trabajadores o dirigentes,
apremiando con el ejemplo, del que emana
su autoridad, que la administración se
atenga estrictamente al cumplimiento de
las normativas jurídicas vigentes, sin
dejar de trasmitir a los organismos
políticos superiores la información
pertinente. El Partido controla que los
planes económicos y el presupuesto se
elaboren de manera correcta y luego de
aprobados por el Gobierno y el
Parlamento se cumplan con rigurosidad.
Estos conceptos
están bien claros hace bastante tiempo,
desde el Primer Congreso, pero después
nos olvidamos de aquellas resoluciones,
de aquellos acuerdos, de aquel magnífico
congreso y los engavetamos, y por eso
casi medio siglo después tenemos que
estarles quitando el polvo a los papeles
de lo que hicimos hace 40 años, porque
nos dedicamos a otras cosas, por una
razón o por otra. Por eso defendemos
tanto la institucionalidad y que cada
cual haga lo que le corresponda, sin
interferir a los demás, más bien
apoyándonos. Estos conceptos, además,
han sido actualizados, por lo que se
hace imprescindible desde la base, o
sea, en el propio núcleo del Partido y
el Comité de Base de la Juventud, educar
a los militantes en esos principios y en
cómo se hace esa tarea: cada uno en el
marco donde desenvuelve sus actividades;
cómo se hace eso que hemos orientado en
los diferentes congresos o Conferencia,
como en este caso, o sea, educar a los
militantes en los mismos para
incorporarlos a su accionar diario. No
hay que hacerse filósofo, ¡no hay que
hacerse filósofo!
Eso es lo que
les debemos enseñar, sencillo y poco a
poco irlos educando en las reuniones
correspondientes, en cursillos o en lo
que sea, que sepan cuál es su función,
cuál es su papel; pero para desempeñar
ese papel hay que tener moral en todos
los sentidos. Y les decía que ese es, en
mi modesta opinión —y este fue un tema
bastante discutido en algunas de las
comisiones ayer—, el aspecto esencial
del llamado trabajo político ideológico
y no las consignas vacías y las frases
prefabricadas.
Antes de
concluir estas palabras considero
necesario denunciar, una vez más, las
brutales campañas anticubanas instigadas
por el gobierno de Estados Unidos y
algunos otros tradicionalmente
comprometidos con la subversión contra
nuestro país, con el concurso de la gran
prensa occidental y la colaboración de
sus asalariados dentro de la isla en el
propósito de desacreditar a la
Revolución, justificar la hostilidad y
el bloqueo contra la población cubana y
crear una quinta columna que facilite la
aspiración de privarnos de la
independencia y soberanía nacional.
Como expresa el
editorial del periódico Granma
del pasado lunes 23, los hechos hablan
más que las palabras. Las campañas
anticubanas no harán mella en la
Revolución ni en el pueblo, que
continuará perfeccionando su socialismo.
Quedará nuevamente demostrado que la
mentira, por muchas veces que se repita,
no necesariamente se convierte en
verdad, porque "un principio justo,
desde el fondo de una cueva, puede más
que un ejército".
Compañeras y
compañeros:
En menos de un
año hemos efectuado dos eventos del
Partido, esta Primera Conferencia
Nacional y sobre todo el 6to Congreso,
con acuerdos trascendentales para el
presente y el futuro de la Revolución y
el Socialismo en Cuba. El rumbo ya ha
sido trazado, avancemos pues con la
misma decisión, la firmeza ideológica,
el valor y la serenidad demostrada en
más de 13 años de injusta prisión por
nuestros Cinco Héroes, por cuya libertad
nunca dejaremos de luchar y a quienes
hacemos llegar el saludo fraternal de
los comunistas y de todo el pueblo
cubano.
Muchas
gracias (Aplausos).
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