Rinden homenaje a
Verónica Lynn por los 50 años de Santa
Camila
TODOS
miraron atrás, Verónica Lynn volvía a
ocupar aquella butaca en el teatro José
Jacinto Milanés, de Pinar del Río, donde
filmó parte de La bella de la Alhambra.
El aplauso atronador, de espalda a las
tablas, la hizo sonreír.
«Lo más maravilloso del mundo para un
artista es ver cómo el público lo
reconoce con cariño, respeto, admiración
como si fuera algo tan de ellos que casi
llega a formar parte de su familia, y
eso en el artista crea un alimento en el
alma y en el espíritu para seguir
adelante. Cuando veo ese reconocimiento
en nuestros propios compañeros, en el
que está hombro a hombro contigo
diariamente, trabajando u observándote
porque es un crítico, no sé qué hacer,
no sé si quererme hundir en el piso y al
mismo tiempo me siento por las nubes, me
parece que no me merezco tanto».
Apagan las luces y comienza la historia
de una mujer tan fiel a su hombre como a
sus santos; una mujer que vivía la
transformación de su entorno social por
una revolución: Santa Camila de la
Habana Vieja.
«Recuerdo como ahora el triunfo de la
Revolución. De pronto llega ese hombre
maravilloso, ese indudable líder que
aúna con sus ideas, y te sientes más
cubano que nunca, que no eres una cosita
más en esta parte del mundo, que se oye
tu voz. Era una pasión, éramos todo
emotividad y entusiasmo, todo lo
acometíamos con la vida, con tanto
fervor.
«Si hay algo que le debo a la Revolución
es que me hizo consciente del derecho
que tengo a ser independiente, a pensar
y a no depender de nadie. Esa dignidad
de ser cubano, de poder autodirigirnos»,
afirmó la notable actriz en el homenaje
que se le rindiera por el aniversario 50
del estreno de Santa Camila..., que
constituyó un hecho vivo por las
reacciones populares.
Cincuenta años después, Verónica Lynn
asegura que el premio que recibió de
Camila se lo regaló su esposo, el
público y aquel guagüero que gritaba:
«la parada de Camila», cuando se
aproximaba al teatro Mella.
La Verónica del año 62, señala, jamás
tuvo conciencia en su momento de que
estaba protagonizando obras de
importancia para el teatro cubano, pero
confiesa que el haber encarnado a una
mulata urbana de un solar habanero,
creyente y santera, la hace sentir que
hay una artista antes y después de
Camila.
«Para mí el teatro es contar una
historia, pero sobre todo armar esos
personajes que te llegan en blanco y
negro, en letras, y uno va transformando
en figura humana, llenándolos de
pequeñas piececitas, como si armaras un
rompecabezas».
Las cortinas cubren la escena de Santa
Camila de la Habana Vieja, de José Ramón
Brene, y ahí está Verónica sonriente
sobre las tablas como la primera vez,
con un ramo de flores entre las manos y
rodeada de otras Camilas pinareñas. (Fuente,
Juventud Rebelde) |