Ganadora de Premio Casa aboga por
políticas contra prejuicio racial
LA HABANA, 27 de enero
(PL).— La ensayista cubana Zuleica Romay,
Premio Extraordinario de Estudios sobre
presencia negra en América y el Caribe
contemporáneos, Casa de las Américas
2012, abogó por políticas culturales que
enfrenten hoy estereotipos y conductas
racistas.
Tras recibir el lauro,
la autora de Elogio de la altea o las
paradojas de la racialidad afirmó a
Prensa Latina que la conformación de
esta obra le permitió constatar la
reproducción de prejuicios raciales a
través de procesos socio-culturales que
a menudo fluyen encubiertos.
"Traté de comprender por qué a pesar del
proceso de transformación social de la
Revolución cubana, perviven estereotipos
inferiorizantes -dijo-, pues creo que la
sistematización de nuestras experiencias
a través de las ciencias sociales
beneficiará a todos los latinoamericanos
y caribeños", explicó la investigadora.
Romay -actual presidenta
del Instituto Cubano del Libro-
manifestó que no se trata de un libro
autobiográfico, aunque narra anécdotas
personales con el objetivo de
fundamentar sus tesis: "pienso que sobre
estos temas, en los que la sociedad
busca respuestas a sus problemáticas más
complejas, el intercambio es
imprescindible", destacó.
Aseguró que para escribir el texto fue
preciso nutrirse de la mayor cantidad de
sistematizaciones posibles: Historia de
Cuba y los clásicos del pensamiento
social de la isla, en especial el
antropólogo Fernando Ortiz; pero también
las reflexiones de otros ámbitos
hemisféricos (Brasil, Colombia, Perú,
México...) y los informes de organismos
internacionales.
La estudiosa -quien calificó el Premio
Extraordinario de Casa del más relevante
de su corta carrera literaria- manifestó
a la prensa su interés por desentrañar
los denominadores comunes que
condicionan las manifestaciones de
prejuicio y discriminación racial en
América Latina y el Caribe.
Con este libro, que costó cuatro años de
escritura y casi uno de labor sobre el
terreno, compartiendo con cubanos
increíbles de todas las edades y
estratos sociales -indicó la
intelectual-, aspiro a hacer una pequeña
contribución en la lucha que desde el
triunfo revolucionario de 1959 se lleva
a cabo en Cuba por la igualdad y la
plena justicia social.
Reveló, además, el enigma del título de
su obra: altea era una especie de
confitura revestida de chocolate, con
crema blanca por dentro, muy popular en
Cuba en la década del 80 del pasado
siglo.
"Mis compañeros en la beca (instituto
pre-universitario) me llamaban altea
porque, decían, yo era negra por fuera y
blanca por dentro: algo que al principio
me daba risa, pero después no tanto",
recordó.
"En la adultez, y con
los estudios -concluyó Romay-, me di
cuenta de que aquel sobrenombre cariñoso
reflejaba la existencia y reproducción
en la sociedad de un prejuicio".