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Noticia
alucinante
La Moscoso
reaparece en Miami junto a Posada, el
terrorista que indultó
JEAN-GUY ALLARD
Alucinante: la
expresidenta panameña Mireya Moscoso,
quien justo seis días antes de terminar
su mandato, en el 2004, indultó a Luis
Posada Carriles, reapareció explicando a
una radio mafiosa de Miami, en presencia
del viejo asesino y de sus cómplices,
que lo había liberado porque "era una
forma de ayudar a Cuba."
Con
la Moscoso y el "Comisario Basilio" de
la DISIP, polícia política venezolana de
los años 80 que se dedicaba a cazar
jóvenes rebeldes, a torturarlos y
desaparecerlos, se encontraban en el
estudio de Radio Mambí, Gaspar "Gasparito"
Jiménez Escobedo y Pedro Crispín Remón,
también connotados terroristas
condenados en Panamá por su infernal
proyecto: nada menos que volar con una
carga de explosivo militar C-4 el
anfiteatro universitario en medio de una
intervención del Presidente cubano Fidel
Castro, en ese momento, noviembre del
2000, huésped del gobierno de la propia
Moscoso, ante miles de estudiantes y de
personalidades, quienes también serían
víctimas.
Celebrada por el
locutor Armando Pérez Roura, dinosaurio
de la fauna mafiosa local, la Moscoso
confesó implícitamente las relaciones
sulfurosas mantenidas con los círculos
cubanoamericanos de la ciudad.
Con cierta
nostalgia, la viuda del expresidente
panameño Arnulfo Arias —derrocado por
Omar Torrijos y sus compañeros— recordó
el "exilio" dorado que vivió en el Miami
de los ricos, el de Posada y sus socios.
Pero de la
cárcel del Renacer, en Panamá, donde
Posada y sus tres sicarios (Jiménez,
Remón y Novo Sampol) disfrutaban una
suite todo incluido a dos pasos de la
oficina del director, nada dijo.
De esa mañana
del 26 de agosto del 2004 donde se fugan
en dos jets particulares, con la ayuda
del exdirector de la Policía Nacional,
Carlos Barés; del exsubdirector de
Migración, Javier Tapia, y del jefe de
la Dirección de Investigación e
Información Policial (DIIP), Arnulfo
Escobar, y que estos altos funcionarios
se dedicaban a ofrecer café y pastelería
a los cuatro asesinos que abrazaban con
emoción, tampoco hablaron.
Tampoco del
mensaje que le dejó al entonces
embajador estadounidense Simón Ferro en
su contestador, que ha sido publicado
por los medios: "Embajador buenos días,
es la presidenta para informarle que los
cuatro cubanos ya fueron indultados en
la noche de ayer y que ya salieron del
país. Tres van con rumbo a Miami y el
otro con rumbo desconocido. Un abrazo".
Ni de la escala
de San Pedro Sula, Honduras, donde les
esperaba un oficial del FBI y donde
Posada desaparece con la gente de su
socio CIA, Rafael Hernández Nodarse.
Moscoso se habrá
olvidado, tal vez, de los Ros-Lehtinen,
Díaz-Balart, Reich, Noriega y otros
patrocinadores del terrorismo imperial
que multiplicaron las comunicaciones
para hacerla sentir la necesidad de
sacar de su jaula a los terroristas. Y
de la suma astronómica que le tocó y de
la cual sigue disfrutando en su
propiedad de lo que fue la zona del
canal, en compañía —dicen— de su
exministro de Justicia.
Fíjese, todos
omitieron señalar que, la semana pasada,
un Tribunal panameño entregó su decisión
de confirmar que¼ el indulto de la
Moscoso era ilegal y que, tarde o
temprano, se reclamará la extradición de
los prófugos.
Ni siquiera
Santiago Álvarez, quien dirigió en Miami
—con la bendición de las autoridades
norteamericanas— una ruidosa campaña
para recolectar fondos a fin de comprar
la liberación de Posada y sus cómplices,
estimó útil recordar que fue forzado a
interrumpir sus viajes al istmo por su
complicidad con el complot y una orden
de arresto de Interpol.
Para medir lo
alucinante de tal reunión, no hace falta
recordar la interminable lista de los
crímenes de Posada Carriles que van
desde sus días de colaborador de la
policía batistiana en Cienfuegos, Cuba,
donde nació equivocadamente, hasta su
carrera de sicario, al servicio de la
CIA, la cual ni se sabe si algún día se
terminó. Tampoco de los crímenes de sus
cómplices presentes, desde la cobarde
ejecución en Mérida, México, del
funcionario cubano D’Artagnan Díaz Díaz,
a la de Félix García Rodríguez,
diplomático de la Isla ante la ONU.
Para rematar,
Moscoso dijo a la radio que volvería a
firmar los indultos si fuera necesario.
Ni siquiera le importó que hoy, en su
propio país, los indultados por ella
afrontan una causa reabierta por la
justicia. |