GRANMA INTERNACIONAL 1997. EDICION DIGITAL La Habana. Cuba

Mario Gutiérrez Ardaya

Médico y combatiente ejemplar

ELSA BLAQUIER (AIN)

"Ya está por acá el médico que entrenó en Manila (Cuba). Se llama Julio y luce bien, según dicen". Así queda reflejada en el diario de Moro (Octavio de la Concepción y de la Pedraja) la llegada de Mario Gutiérrez Ardaya al campamento Ñacahuazú.
El galeno boliviano recién graduado en Cuba se había incorporado a la guerrilla el 10 de marzo de 1967, mientras el Comandante Ernesto Guevara y la mayoría de los combatientes se encontraban de exploración.
Al dejar constancia del primer combate sostenido por la guerrilla, el Moro anota el 23 de marzo: "... una tropa de 25 hombres penetró en nuestro territorio y cayó en una emboscada. Curé los heridos con los otros médicos. Julio se quedó todo el día con ellos".
Estas escuetas líneas escritas a escasos días de la incorporación de Julio al grupo insurgente, anuncian la destacada actitud que mantendrá el joven revolucionario nacido el 22 de mayo de 1939, en el pueblo de Sachojere, situado a unos 20 kilómetros de la ciudad de Trinidad, en el departamento de El Beni.
En esa localidad, de la zona amazónica boliviana, transcurrió la niñez de Mario en el seno de una familia numerosa, con recursos económicos limitados, que pudo brindarle al muchacho estudios en la escuela primaria Juan Francisco Velaos, la secundaria 6 de Agosto e ingresar en la Universidad, donde pronto se convirtió en dirigente estudiantil y representó a sus compañeros en un seminario internacional celebrado en Brasil.
La necesidad de ayudar a la educación de sus hermanos y un temprano casamiento del que nacen dos hijos, le obligan a dejar momentáneamente los estudios, pero el triunfo de la Revolución Cubana cambia radicalmente la vida de Mario.
Recuerda Elías Gutiérrez el empeño del hijo por viajar hasta la lejana Isla (lo cual logra en julio de 1962), y el entusiasmo que irradiaba en cada carta donde relataba sus progresos en los estudios de Medicina; cuando contaba acerca del trabajo voluntario y de la sociedad con iguales posibilidades para todos, que comenzaba a construirse.
Compartir con los cubanos los días gloriosos de la Crisis de Octubre fue para Mario una gran experiencia. Por aquella época escribía al padre: "Aquí todos están en pie de lucha, en pie de defensa, todo el pueblo está preparado para recibir a los invasores (...) Pertenezco a una unidad antiaérea y soy comisario político e instructor revolucionario de mi compañía.
Esperanza Butron, estudiante boliviana de medicina, con quien Mario contrajo matrimonio en La Habana y tuvo sus dos hijos más pequeños, cuenta que desde el primer año de la carrera Mario se convirtió en un activo dirigente de la Juventud Comunista entre los becarios que vivían en la barriada de Nuevo Vedado. Allí se destaca, además, por su participación en las tareas de los CDR y en cuanta labor social había que realizar.
De su actitud profesional en Cuba queda, como hermoso testimonio, la carta fechada en Cumanayagua el 6 de septiembre de 1965, enviada por la paciente Carmen Castrasana Alonso, en la cual agradece a Mario sus atenciones y corrobora lo certero de su diagnóstico respaldado por otro médico del hospital de Cienfuegos.
La idea de emprender la lucha armada en su país comienza a crecer en él. En 1965 entra en contacto con los hermanos Peredo, Rodolfo Saldaña y Simeón Reyes, hasta que decide prepararse militarmente para volver a Bolivia.
Durante los casi siete meses que median desde su incorporación al grupo de la Vanguardia hasta su caída, el 26 de septiembre de 1967, en la emboscada de la quebrada de Batán, cerca de La Higuera, Mario Gutiérrez Arday dará múltiples muestras de heroísmo, solidaridad humana y entrega a la causa.
De su actitud humanitaria al curar a los soldados heridos durante los combates sostenidos por la guerrilla dará cuenta el supuesto periodista inglés Andrew Roth, en realidad agente de la CIA, quien escribiera en un artículo bajo el título "Yo estuve en la guerrilla", publicado en la revista Clarín Internacional: "En otro descanso hice una observación: un hombre bajo y moreno que me seguía en la columna (...) se mostró resistente a conversar más, pero parecía ser un hombre de excelente ánimo. Posteriormente supe que se llama Julio y que efectivamente era de El Beni y un excelente médico que había hecho operaciones insuperables a los prisioneros heridos".
El 26 de mayo el Comandante Guevara realiza la primera evaluación del revolucionario que acaba de cumplir 28 años: "Muy bueno. Aunque le falta una verdadera prueba de fuego, su espíritu es muy elevado y es otro de los hombres ejemplos de la guerrilla".
A la una de la tarde del 26 de septiembre de 1967, Julio sale al poblado de La Higuera formando parte de la Vanguardia, con el propósito de llegar al caserío de Jagüey. Media hora después se escuchan disparos desde todo el firme que anuncian la caída del grupo en una emboscada en la que mueren Miguel (Manuel Hernández Osorio), Coco (Roberto Peredo Leigue) y Julio.
Ese día el Che resume en breves líneas la actuación del joven inteligente y alegre, que decidió entregar la vida por cambiar el futuro de su pueblo: "Muere en la sorpresa de Higuera. Era médico recién graduado, brilló como combatiente ejemplar, sobre todo por su calor humano y su entusiasmo contagioso. Otra gran pérdida de un futuro gran cuadro revolucionario."

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