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Ricardo Alarcón/Hector RodríguezEs posible que antes alguna persona haya venido sin que hubiera habido esa razón tan poderosa; pero es después del 20 de marzo, o, más específicamente, después del 13 de mayo que comienzan a aparecer los casos de personas que tuvieron que enfrentar pesquisas en el aeropuerto, limitaciones, etcétera.

Por ejemplo, aquí hay el caso de una señora, Victoria Hernández, que recibió esta comunicación, el 2 de septiembre de 1998 —no es en la prehistoria, es ahora mismo—, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos —aquí está la carta (La muestra)—, donde le están comunicando que le han decomisado determinadas cosas, y concretamente dinero, que ella pretendía traer cuando hacía su viaje.  

Establecieron una oficina en Miami para garantizar que se cumplieran más estas medidas; esto, además, es conocido, es público, no es ningún secreto.

Yo tengo aquí el texto (Muestra documento) de una entrevista que le dio el 5 de agosto de 1998 a la cadena de televisión NBC, el señor Michael Kozak, que es el jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos aquí en Cuba.  Él explica, entre otras cosas, cómo se están tomando medidas para castigar a los que violen las regulaciones, las restricciones. Dice: "En los últimos tres años, ha habido nueve casos de encausamiento criminal y este nivel se elevó y dos personas fueron condenadas por haber violado las regulaciones de viaje", y él lo dice en la televisión norteamericana —o sea, como advirtiendo que no es juego, no es broma—, "la flexibilización" puede conducir a la cárcel, puede conducir a multas.

Como dije, el primer vuelo no se concreta hasta julio.

Junio 10.  Este mismo diplomático norteamericano recibió aquí en  La Habana al compañero Díaz Vallina, viceministro de Salud Pública, como parte del esfuerzo que estábamos haciendo para ver si cuando el presidente Clinton había dicho que se iban a "agilizar" los trámites para comprar medicamentos, realmente los burócratas que habían hecho las regulaciones en mayo lo iban a permitir.  Ya habían pasado tres meses, no había ninguna respuesta, no se lograba ninguna compra, y tienen una discusión, una conversación para tratar de precisar cómo son las posibilidades reales, que sirvió para comprobar lo que sabíamos nosotros:  la inefectividad práctica de poder realizar esas compras.

Pero no hemos desistido.  Desde entonces —repito— han sido 10 meses de esfuerzos que todos han dado el mismo resultado:  cero venta de medicinas o de cuestiones relacionadas a Cuba.

El 2 de julio se anunció que les habían denegado las solicitudes para realizar vuelos indirectos a Cuba a algunas compañías aéreas norteamericanas que estaban interesadas en seguir volando en la forma que lo hacían hasta ese momento.

Recuerdan:  se anuncia en marzo posibilidad de vuelos directos; se explican las regulaciones en mayo, pero todavía en julio no ha volado nadie directamente.  En julio, a estas empresas que estaban haciendo los vuelos por vías indirectas, puesto que no se podía volar directamente, les cancelan sus licencias, de manera que ya no hay más vuelos entre Miami y algunos otros puntos cercanos, y de ahí hacia Cuba; quedaba solamente el vuelo directo que sería, efectivamente, restaurado después.

Ese mismo mes de julio, el día 15, el senador Christopher Dodd aprovecha un debate que tenía lugar en el Senado y presenta una enmienda, que hubiera recogido el mismo propósito que su ley; es decir, si se hubiera aprobado, se habría exceptuado a Cuba de los países contra los cuales se apliquen bloqueos en materia de medicinas o de alimentos.  Esta enmienda es rechazada, no fue aprobada por el Senado.

El 21 de julio se produce algo muy interesante, y estamos hablando de la "agilización" de las ventas de medicinas.  El 21 de julio el Departamento del Tesoro le negó a una firma norteamericana, PWN, el permiso para venir a nuestro país a participar en una exposición de productos médicos.  Van a "agilizar" la venta de medicinas, dicen ellos, y se le ocurrió a una empresa algo elemental —un paso para poder vender algo es mostrar el producto; a lo mejor al cliente le interesa o no, etcétera—: querían hacer una exposición en La Habana y ellos pidieron permiso al Departamento del Tesoro para eso, nada más que para venir y mostrar sus productos, estar presente en una feria y ver si podía allí interesarse alguien para entonces pedir una licencia que les iban "ágilmente" a aprobar.

Yo tengo por aquí toda la correspondencia entre nuestra empresa de Salud Pública y esa empresa, todos los detalles, el espacio que se le iba a dar en EXPOCUBA, etcétera, etcétera; pero el 21 de julio el Departamento del Tesoro le dijo que no, que no podían viajar a Cuba, ni siquiera para enseñar sus productos.

El 3 de agosto la Secretaria de Estado envió una carta al senador Helms, en la que le explicaba que el entendimiento que habían suscrito el gobierno norteamericano y la Unión Europea constituía el logro del objetivo norteamericano de internacionalizar el bloqueo.  Esto, evidentemente, es una interpretación caprichosa y arbitraria de esta señora, que colocaba en una posición bastante incómoda a los países europeos que no aceptan el bloqueo, que no se pliegan a él, y que habían alcanzado un entendimiento con Estados Unidos, entendimiento del cual hemos hablado muchas otras veces.

En resumen, ¿en qué consistía?  Europa no continuaba con su demanda ante la Organización Mundial de Comercio, donde había    pedido el establecimiento de un panel para juzgar la violación al     derecho internacional y a las normas de la OMC que constituye la Ley Helms-Burton, a cambio de que el gobierno norteamericano buscase modificar esa ley en un aspecto: aquel por el cual se castiga a los empresarios europeos que invierten en Cuba, al no darles visas para visitar a Estados Unidos.  Eso era en esencia el intercambio.

Esta señora, en una comunicación escrita al Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el señor Helms,  da esa interpretación, que era, realmente, insultante para sus aliados y amigos europeos que no se han sumado a esa política de bloqueo.

Dos días después, el 5 de agosto, ocurrió una cosa también novedosa: siete empresarios norteamericanos fueron detenidos en la ciudad de Nueva York por consumir tabaco cubano, no por importarlo, no por distribuirlo; sencillamente, porque se encontró que en algún lugar de Nueva York había personas que, de algún modo, habían conseguido ese artículo, y fueron detenidos por el delito de fumar.

Sé que hay una campaña contra el hábito de fumar, que todo eso es muy recomendable para la salud; pero es un poco fuerte que a alguien lo detengan porque fume un tabaco de determinada nacionalidad —después fueron puestos en libertad, tengo entendido; se retiraron las acusaciones.

El 13 de septiembre ocurre algo muy revelador:  el Departamento del Tesoro le niega la licencia a Alamar Associates, que estaba organizando un viaje de empresarios a Cuba y no pudieron hacerlo.  Estos empresarios iban a ir a Cancún un día y después venían a La Habana, para hacer exactamente lo mismo que habían hecho el 6 de marzo.  

Dos semanas antes de la famosa "flexibilización", Alamar Associates había organizado un viaje de un grupo de empresarios norteamericanos que se reunieron en Cancún y después viajaron a La Habana.  Yo me reuní con ellos; me reuní con ellos el 6 de marzo exactamente, aquí en   La Habana.

Diferencia entre retórica y hechos prácticos

Unos días después, dicen que el Presidente de Estados Unidos había anunciado que se "flexibilizaba" el bloqueo.  Pónganse en el lugar de las personas de Alamar Associates.  ¿A ustedes no se les hubiera ocurrido decir: ¡Qué bueno, voy a hacer otra reunión!  Ahora va a ser más fácil incluso que la anterior?  ¿Cómo entenderían que les dijeran:  No, no, no, no, ahora estamos "flexibilizando"; ahora no pueden hacer lo que se podía hacer antes.

Bueno, en concreto, lo que se podía hacer antes de las medidas del 20 de marzo, ya no se podía hacer en septiembre.

En el mismo mes de septiembre, el 28, le fue notificado a la   Western Union que no le daban licencia para que unos ejecutivos de esa empresa pudieran viajar a La Habana, para organizar las famosas remesas que desde marzo decían que se permitían nuevamente.  Fíjense cómo hay una diferencia entre la palabra, entre la retórica y los hechos prácticos, que nos permiten decir que, realmente, la forma en que regularon aquella política que el presidente Clinton había anunciado en marzo 20 como una "flexibilización", en la práctica significó lo contrario.

Y nosotros seguimos detrás de las medicinas, de las famosas licencias para comprar medicinas.

El 29 de septiembre, en Washington, el jefe de nuestra Misión Diplomática, Fernando Remírez, se entrevista con funcionarios del Departamento de Estado, y el primero de octubre lo hizo Carlos Fernández de Cossío, el director de América del Norte, nuevamente, para discutir, para explicar y para decirles, porque nosotros usamos la verdad, nosotros no mentimos; ellos han hablado no sé cuántas veces de supuestas ventas de medicinas a Cuba, y no podemos traer una aspirina.

Nosotros no solamente hemos hecho las gestiones, sino que sin darle publicidad; porque creo que nunca antes habíamos hablado de esto, y aquí estoy dando los datos de cuando Díaz Vallina habló con Kozak y cuando nuestros funcionarios hablaron con el Departamento de Estado, porque seriamente queríamos probar si es verdad que ellos iban a permitir que se hicieran algunas compras de estos productos.

El 30 de septiembre sucede algo de mucha importancia.  Ese día se publica una carta que envía el señor Lawrence Eagleberguer, exsecretario de Estado de Estados Unidos, con el apoyo de Henry Kissinger, también exsecretario de Estado de Estados Unidos, de otros dos exsecretarios de Estado —o sea, cuatro excancilleres norteamericanos, todos ellos republicanos; todos ellos ejercieron esa responsabilidad en los períodos en que estuvo al frente de la administración el Partido Republicano— y otras personalidades, todas de esta área, republicanos, moderados, más o menos conservadores, pidiendo al Presidente que estableciera una comisión bipartidista —es decir, de gente de los dos partidos— para reevaluar la política hacia Cuba.  

No estaban pidiendo, como Dodd y como otros que ya he mencionado, el levantamiento del bloqueo, ni siquiera parcialmente, sino la evaluación de la política, la revisión.  Porque en la carta decían, por supuesto, que esta política va a cumplir pronto 40 años y no ha cumplido los propósitos que tenía de ahogarnos, de destruirnos.  Nos hace daño, es un crimen; pero estamos aquí y vamos a seguir aquí.  Y, además, esa política —explican en la carta— tiene un rechazo internacional: las Naciones Unidas, por aquí y por allá.  Entonces proponen algo que a cualquier persona con un mínimo de inteligencia se le ocurre, después de 40 años de estar haciendo algo sin resultado, que es revisarla, estudiarla, analizarla.

Veinticuatro senadores de Estados Unidos, la mayoría de ellos republicanos, se sumaron a la carta de Kissinger y de Eagleberguer, respaldando la petición al presidente Clinton de que crease esa tal comisión bipartidista.

En octubre nuevamente se revelan algunas actividades de la Agencia Internacional para el Desarrollo.  Antes expliqué cómo un funcionario del Departamento de Estado había dicho que estaban dando dinero para que, a través de determinadas organizaciones en Estados Unidos, financiasen la contrarrevolución dentro de Cuba.

Bueno, ahí explicaban 10 proyectos que estaban desarrollando, o que iban a desarrollar, por valor de 2,75 millones; y para el siguiente año fiscal —o sea, el que ya ha comenzado—, otros 3 millones más.

En octubre, el día 14, por séptima ocasión consecutiva, la   Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución condenando el bloqueo económico, comercial y financiero de          Estados Unidos contra Cuba por 157 votos contra 2.  No hay que ser presidente de la república, no hay que ser senador para saber que eso implica una clarísima aplastante mayoría, que por séptima vez ha dicho: este señor ha estado violando las leyes internacionales, está haciendo una política inadmisible y tiene que cambiarla.

Pues la semana siguiente, 21 de octubre, después de negociarlo en secreto un pequeño grupo de legisladores y funcionarios, el Congreso norteamericano aprueba y el Presidente promulga la Ley del Presupuesto para el actual año.  En esa ley no le hacen el menor caso a las Naciones Unidas.  Por cierto, tampoco incluyeron en ese presupuesto lo que le tienen que pagar a la ONU, porque le deben mucho a Naciones Unidas, son centenares de millones de dólares que Estados Unidos ha dejado de pagar y que tiene la obligación de hacerlo, como hacen todos los demás Estados miembros de la ONU.  Bueno, de eso no se ocuparon; pero sí se ocuparon de introducir 12 enmiendas, relacionadas con Cuba, en esa Ley del Presupuesto, que endurecen el bloqueo, que lo extienden.

No voy a explicar las 12.  Una de ellas socava directamente el famoso entendimiento con la Unión Europea —del que hemos hablado antes—, al establecer no solo que van a continuarse negando las visas a los empresarios que inviertan en Cuba; es decir, el llamado Título IV de la Ley Helms-Burton que habían prometido enmendar o suspender, y no solo no lo suspenden, sino que establecen que con una periodicidad determinada, y empezando a los 30 días de aprobarse esa ley —no he visto el informe, pero tienen que haberlo hecho, si se acordaron de su obligación—, tiene que reportarle el gobierno al Congreso cómo está aplicando ese Título IV de esa Ley, ese título que se habían comprometido ante Europa a suspender.  Esa es una.

"Por lo menos" dos millones para la subversión en Cuba

La otra es esto que ya he explicado antes, de la descarada actividad de promoción de la subversión, de tratar de socavar a la sociedad cubana.  Dije los millones que habían anunciado en octubre, los millones que habían anunciado antes.  Bueno, ahí introdujeron el gran aporte legislativo: para este presupuesto, "por lo menos", tienen que destinar         2 millones.  Antes tenían los 2 millones o una cantidad equis, pero como tope, como es en todo presupuesto; ahora tienen que gastar "por lo menos" eso.

No hace falta insistir mucho para que se comprenda que esto es inadmisible, que es algo intolerable, que es una violación de la soberanía cubana, de la independencia, pero que además es una aberración desde el punto de vista del derecho y hasta de las normas presupuestarias.

En esta legislación del presupuesto introdujeron otra enmienda       —una de esas 12— relacionada con Cuba que también quiero mencionar porque tiene mucha repercusión posterior:  la Sección 211 de esa Ley del Presupuesto; sencillamente, viola los principios más elementales de la propiedad intelectual, de las marcas y patentes que se aceptan universalmente, estableciendo que los tribunales norteamericanos no pueden reconocer ningún derecho a ninguna marca o patente de ninguna empresa —extranjera, no norteamericana— que tenga conexión con propiedades que se alegue fueron propiedad de algún norteamericano.  Esto, por cierto, tiene que ver con una cosa muy actual —a la que espero referirme más tarde, porque quiero seguir con la cronología—, que sería del tipo de cosas sobre las cuales uno hubiera esperado que el Departamento de Estado se hubiera pronunciado.  De eso no hablan una palabra el 5 de enero.


III PARTE


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