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DIGITAL. La Habana. Cuba
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SEGUNDA PARTE
Realmente Cuba es hoy, sin discusión, a pesar de ser un país bloqueado y un país pequeño, el único rival deportivo que en este hemisferio tiene Estados Unidos (Aplausos). Y es tal el prestigio adquirido que ese estadio de Baltimore se llenó totalmente, y varios días antes de la competencia estaban vendidas todas las localidades. ¿Por qué? Porque millones de norteamericanos tenían también el deseo de ver competir un equipo de Grandes Ligas contra un equipo del país que es campeón mundial amateur y lo ha sido durante muchos años.
El primer asombro se produjo a raíz del primer encuentro en La Habana; pero, como ustedes saben, estábamos en medio de nuestra serie nacional: excelente serie que atrajo multitudes; hacía mucho tiempo que no se llenaba totalmente ese Estadio Latinoamericano. Y el día del último encuentro entre industriales y santiagueros, a pesar de las actuales dificultades de transporte, había quizás más personas -y fueron muchas- que en el primer encuentro con los Orioles.
No podíamos interrumpir nuestra serie, se había concertado el encuentro; fue necesario variar concepciones. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
En ese primer encuentro tuvimos que utilizar el bate de madera; hacía 20 años que aquí únicamente se usaba el bate de aluminio, y muchas tácticas y estrategias están determinadas por el aluminio o la madera. Aquí se perdió el hábito de tocar una plancha. Yo se lo digo a nuestros propios atletas: Ustedes todavía no saben tocar plancha. Urquiola me discute que sí, que sí, que saben mucho de plancha, y yo sé muy bien que tienen que entrenar mucho en la plancha; a veces hacen falta, aunque mucho mejores son esas líneas de las cuales hicieron tanta gala en la noche de ayer. Pero hay que saber hacerlo, porque hay momentos en que hace falta.
El aluminio eliminó el toque, eliminó muchas jugadas, y ahora, los que ordenan y mandan en estas cuestiones del deporte, han establecido de nuevo el bate de madera y, por tanto, tenemos que cargar con el bate de madera.
¿Cuántos días tuvimos para adaptarnos? Si estábamos en medio de la serie. Tuvimos que llamar a los mejores atletas de los ocho equipos que habían sido eliminados y empezar a organizar un equipo con unos bates de madera de que disponíamos y apresurarnos en adquirir unos cuantos más; y cuando quedaron cuatro equipos de los ocho que habían continuado la competencia, incorporar también algunos atletas para que se pusieran a entrenar; cuando quedaron dos, aquellos dos del grupo de cuatro que no participaron en la final, llamamos otros atletas, y así fuimos sumando pedacitos de los equipos que iban siendo eliminados. Pero se mantuvo la serie.
Debe haber sido una gran satisfacción para todos los aficionados que aquí no se interrumpió la serie, a pesar de la importancia de ese juego; siguió la serie hasta el final. Y cuando finalizó la misma -ya en ese final estaban usando la madera- se incorporó un grupo de atletas de aquellos dos equipos que estaban en los dos primeros lugares al conjunto de atletas que se estaba preparando, que no habían podido participar en el primer juego. ¿De cuánto tiempo dispusimos? Tres semanas de entrenamiento para adaptarse al bate de madera, ¡solo tres semanas! Pero ya se había dado un gran partido con los primeros incorporados, del cual habló la prensa mundial, del cual habló mucho la prensa norteamericana; no hubo periódico que no hablara del partido anterior, ni dejara de expresar admiración por la fuerza de nuestro equipo.
Cuando se sumaron los demás atletas, pues todos se fueron sumando por grupos, y pudieron practicar durante tres semanas, los resultados los vimos ayer. ¡Nunca como en esta ocasión, ni en tan breve tiempo, se hizo un entrenamiento tan riguroso y de tanta calidad!
Podemos hacer no uno, sino dos, tres o cuatro equipos
que podrían participar en las Grandes Ligas
Ahí pudimos nosotros apreciar lo que son aquellos técnicos de nivel universitario graduados de esa escuela de que hablábamos, los conocimientos que poseen, la experiencia que tienen, y les puedo asegurar que es un caudal extraordinario de riqueza con el que se cuenta. Les puedo asegurar que nosotros podemos hacer no uno, sino dos, tres o cuatro equipos que podrían participar en las Grandes Ligas.
Quizás un día haya paz, haya relaciones normales con el vecino del Norte y exista posibilidad de que podamos participar en esas competencias, y, en la medida en que se logre, podríamos mejorar considerablemente los ingresos, modestísimos hoy, de nuestros atletas.
Bueno, no todos los deportes tienen el mismo atractivo, digamos, en el sentido de una gran afición y posibilidad económica. Pasa también como con el arte, no todas las manifestaciones de arte y productos del trabajo intelectual pueden obtener grandes ingresos. Claro, escritores hay muchos en nuestro país, y muy buenos, pero qué difícil es que un buen escritor en nuestro país pueda obtener un ingreso relativamente elevado. Algunos lo pueden obtener, pero es mucho más difícil.
Un buen pintor puede llegar a tener ingresos importantes; pero, por lo general, su gran fama viene después, cuando ha pasado mucho tiempo.
Los músicos tienen más posibilidades de inmediato que el escritor, debido al inmenso poder de los medios masivos actuales de divulgación, que han hecho de la música una gran industria. Los ingresos que pueden recibir algunos compositores y músicos de excelencia pueden ser altos, incluso muy altos, y en breve tiempo. En nuestro país hay algunos que tienen ingresos altos en virtud de que producen. Reciben sus ingresos, y pagan una parte en impuestos como contribución al país.
Ojalá llegue el día en que también nosotros podamos ofrecerles a los atletas más destacados por alguna vía ingresos muy superiores a los que puedan recibir hoy. Estoy seguro de que de una forma o de otra ese día llegará, sencillamente gracias a la gran calidad de nuestro deporte. Si a nuestro país lo dejaran vivir en paz, caben distintas formas para estimular el talento, la consagración y las proezas de que son capaces.
Hay un deporte, por ejemplo, el voleibol, que una parte del año nuestros atletas practican fuera, hacen competencias, participan con distintos equipos y mejoran sus ingresos personales, pero siguen siendo atletas cubanos. Cuando llegan las competencias, están en sus puestos. Aquí duran muy poco las competencias nacionales de ese deporte; pero nuestra competencia de béisbol, por tradición y creciente calidad, es el entretenimiento número uno de la población, durante meses y meses. La afición local y nacional desea verlos y disfrutar con su calidad. Si a esto se añade la constante hostilidad y la falta de normas internacionales, se hace más difícil encontrar fórmulas prácticas.
Nosotros hemos analizado y pensamos que un día podemos ir mejorando sus ingresos con los propios recursos del país, porque son dignos de recibir por sus cualidades, sus virtudes, su consagración, su disciplina, un ingreso superior al que reciben hoy. En medio del bloqueo todo eso se dificulta, y los inescrupulosos, buscadores de cerebros y de atletas, no hacen más que llevar a cabo un asalto continuo para tentar, corromper y comprar a algún atleta nuestro.
Les explico eso para que se comprenda por qué consideramos en muchos aspectos el encuentro de anoche un encuentro histórico.
Cuántos norteamericanos estarán hoy asombrados de haber visto allí, en un estadio del propio Estados Unidos y ante casi 50 000 aficionados, el desempeño de nuestro equipo. Habrá que leer durante muchos días cables y comentarios. Y en qué condiciones. ¡Tres semanas de entrenamiento con bate de madera! Tuvimos por eso que multiplicar la imaginación. Cómo resolver aquella situación: en tan breve tiempo ir a participar en el partido, encontrarnos además un día lluvioso y frío, sin saber qué iba a pasar con ese juego que tanto trabajo costó organizar y concertar.
Algo peor: anuncia meteorología en Estados Unidos que por la noche no habría lluvias; resulta que apenas comenzó el juego empezó a llover, y la televisión informando que había 12 grados de temperatura. Allí se veía temblar de frío a nuestra gente.
¿Qué pasará con nuestros atletas? Un excelente pitcher abridor tiene que comenzar a jugar allí en esas condiciones de frío y de lluvia. Se interrumpe el juego durante una hora, y sabemos muy bien, por lo que hemos aprendido de los técnicos, cuáles son las reglas hoy, cuánto tiene que descansar el brazo, cuántas pelotas debe lanzar un pitcher, y qué hacen después que un pitcher lanza tres innings o cuatro, y cómo usan el hielo, distintas formas de atención, el masaje, el descanso, y un pitcher estrella que tiene que detener el juego durante una hora y volver allí, con la lluvia y el frío, frente a un equipo bateador que es, realmente, formidable.
Surgen dificultades en ese momento. Es seguro que todos los de allá pensarían que si nuestro brillante pitcher abridor, que se llenó de gloria en el partido efectuado aquí en la capital, tenía problemas, estaban eliminados los cubanos; lo que no sabían es que antes de que ellos pensaran eso todas las posibilidades estaban previstas.
Recuerdo que en una reunión con instructores, técnicos, managers, les pregunto: ¿Y qué harían ustedes si Contrera en el segundo inning tiene problemas, pierde el control y le dan algunos batazos? Realmente, les hice muchas preguntas a los técnicos, instructores y coaches. No soy profesor de este deporte ni de ninguno, pero por lo menos conozco el arte de preguntar y de ocuparme de los detalles. Cuando me respondían: Haríamos esto, les preguntaba: ¿Por qué? Decían: "Por esto, por esto y por esto. Tenemos otras muchas buenas estrellas en el equipo." Enumeraban las características de cada una de ellas.
Algunos analistas discutían si debía abrir o no Contrera, porque ya lo conocían. Nosotros hemos visto a Contrera en los entrenamientos y, en determinado momento, a todo ese conjunto de bateadores nuestros que lo conocen bien era capaz de interrumpirles una racha. Ustedes no se imaginan la cantidad de buenos pitchers que tenemos, qué cualidades, y algunos nuevos que alcanzan hasta 97 millas fácilmente y que nunca tiran una bola de menos de 90, como no sea intencionalmente, para confundir al bateador; pero los dirigentes del equipo lo tenían previsto todo, qué hacer en cada caso, y se fue cumpliendo todo exactamente como se había previsto para cada situación; el adversario tenía ya dos carreras delante al iniciarse el segundo inning; nosotros sabíamos lo que bateaban esta gente, lo habíamos visto realmente.
Lo que más me impresionó fue el espíritu de leones, de tigres con que reaccionaron. Parece que saltaron en pro de la victoria y si nos llevaban dos carreras, en ese mismo segundo inning los tigres saltaron e hicieron cuatro; aquella reacción, aquel espíritu, fue verdaderamente impresionante (Aplausos). Y fue así a lo largo de todo el partido.
Solo siento, realmente, que en medio de aquel tremendo frío y tremenda lluvia, ellos, que tenían buena reserva, no hubieran hecho lo que hicieron con Contrera en el partido de La Habana. Estaban en solo tres jits y ya era evidente el esfuerzo agotador debido a la cantidad de bolas lanzadas por Vera, el compañero que trajo la bandera, que se ganó ese derecho, igual que los que lo escoltaron, y otros más, como Linares, que habló, no fue puesto out ni una sola vez (Aplausos).
Yo decía que nos habría gustado que hubieran hecho con Vera lo mismo que hicieron con Contrera, porque este había pitcheado en La Habana tan brillante juego, que era doloroso que después de aquel esfuerzo de más de 100 lanzamientos, y ya se observaba que no tenía exactamente el mismo control y algunas bolas subían un poquito más, él mismo lo dijo, lo sustituyeron oportunamente. Después algunos criticaron al manager porque lo sustituyera. Habría sido tristísimo en aquella circunstancia que aquel brillante papel que desempeñó se hubiera deslucido, porque los adversarios aprovecharan esas circunstancias.
Existe algunas veces el criterio de que el compañero termine. Realmente, con aquella ventaja nosotros sentíamos deseos de que no hubiera salido en el último inning, en especial después de dos jits consecutivos en ese último inning, estábamos 12 por 3 y lo que había de reserva era mucho, ustedes no se imaginan la reserva disponible en el pitcheo. Vera le estaba dando un no jit, no run, al equipo de los Orioles, desde el primer out del segundo inning hasta el primer out del noveno. Ni jit ni carrera -eso tiene que pasar a los libros-; pero nosotros sabíamos bien todos los recursos que había allí y nos dolió sinceramente que no se hubiese preservado íntegramente la increíble proeza realizada por él.
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