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Con la Ley de Reforma Agraria empezó esta lucha que ha durado 40 años...(II)
Esa es la tercera forma de producción que tenemos. En resumen, están los campesinos individuales, que integran las Cooperativas de Créditos y Servicios; los campesinos que se han cooperativizado constituyen las CPA; las tierras estatales de las grandes empresas que se entregaron a los trabajadores son las UBPC, y, aparte de eso, pequeñas parcelas de tierra que tienen muchos ciudadanos para autoconsumo y para algunas producciones que van al mercado. Además está la agricultura urbana, que son los organopónicos que se han creado después del período especial en las ciudades, que algunos pertenecen al municipio y otros pertenecen a un pequeño grupo de agricultores o de ciudadanos de la ciudad que se ocupan de la producción y la comercialización.
Hay otras unidades, por ejemplo, las casas de cultivo, que son muy caras, costosísimas, de muy alta producción; esas casas de cultivo las tiene el Ministerio de la Agricultura, las va ubicando a medida que puede ya deben tener alrededor de 30 ó más. ¿Cuántas tienen ya ustedes? (Jordán le dice que tienen 30 de media hectárea, 5 000 metros cuadrados, y 200 de 300 metros.) Es decir que hay distintas formas de propiedad y explotación de la tierra.
Hago estas explicaciones fundamentalmente para los visitantes, aunque cuando Lugo habló repito, se refirió a la agricultura en general; algunos temas eran referidos a toda la agricultura y otros referidos a la ANAP, es decir, en este último caso, los campesinos individuales y los campesinos cooperativizados. Y, realmente, son alentadoras esas medidas; esos esfuerzos se han ido logrando en tiempos difíciles, discutiendo con ellos, analizando costos, analizando precios, adoptando medidas que promuevan el incremento de la producción agrícola.
Vamos a ver cómo marchan las UBPC; me imagino que las UBPC cañeras, que eran las que tenían más dificultades, que tienen actualmente un ingreso mayor, mejores precios para la materia prima, estén en condiciones de alcanzar también la rentabilidad, con los mejores precios y un mucho mejor trabajo.
La vida ha demostrado que los campesinos eran más aptos para unir tierras y explotarlas con elevada eficiencia; han demostrado su capacidad de reducir costos y obtener eficiencia los campesinos individuales cuando se agrupan, y, sin duda, ese fue un gran paso de avance. Son más aptos que los obreros agrícolas cuando se convierten en propietarios de la producción, de los medios y administradores de su propia producción; tienen más tendencia al ahorro los campesinos, por tradición.
Los otros se acostumbraron a los grandes gastos de las administraciones y a otra forma de administración, y algunos de aquellos vicios los transfirieron a las UBPC, no obstante las ventajas que significaba para ellos, en muchos sentidos, ser realmente los propietarios de aquellas producciones, digamos; y algunos colectivos recibieron tremendas plantaciones estatales, como plantaciones arroceras que habían sido adaptadas ya, estaba bien desarrollado el sistema ingeniero u otros métodos de productividad.
Están las UBPC de Sancti Spíritus. ¿Cuántas hay allí? (Le responden que seis.) Antes era una sola empresa gigante. Allí tienen las combinadas arroceras, los tractores, lo tienen todo.
Creo que están marchando bastante bien esas UBPC arroceras, con altos rendimientos, pero las inversiones son grandes. Tenemos la idea de llevar todas las tierras arroceras al sistema ingeniero, con un sistema más sencillo que el que estábamos haciendo hace 10 años, menos costoso pero muy eficiente. La experiencia ha ido enriqueciéndose con relación a todo ese tipo de plantaciones; pero hay algunas plantaciones grandes, como las arroceras, en las UBPC.
Así tenemos que marchar con distintas formas, yo diría; cada producción con su traje a la medida, con los métodos adecuados, sin dogmatismo de ninguna clase.
Creo que con esto, para los invitados pueden quedar más claras las distintas formas de producción agrícola de que disponemos, incluidas grandes áreas reservadas, áreas de bosques que se han sembrado y que han crecido atendidas por el Estado. Ya en nuestro país prácticamente no había bosques, quedaba alrededor del 15% de la superficie con áreas forestales, algunas muy pobres, y se ha logrado elevar al 22% la superficie cubierta de bosques en el país; se han sembrado miles y miles de millones de árboles, hay que defenderlos, hay que atenderlos. De modo que hemos ido aprovechando todas las experiencias, y sin rigidez de ninguna clase las hemos ido adaptando a la forma de producción más conveniente a nuestra agricultura.
Dentro de los éxitos que va obteniendo la agricultura debe mencionarse también la agricultura cañera, que está aparte de la de cultivos varios, de la agropecuaria, que gira alrededor de cada fábrica de azúcar, y ellos han elevado también la producción cañera, a pesar de la descomunal sequía, en un 15%; han obtenido mejores resultados también en la industria. Y aunque es un momento de precios muy bajos del azúcar, de esa rama viven cientos de miles de trabajadores que, además, por tradición de siglos, puede decirse, han cultivado caña; la economía del país tiene que soportar ahora a pie firme los bajos precios, esos llamados precios mundiales del azúcar, porque no es un problema solo económico, es también un problema social importante.
Hay tanto desorden económico en el mundo actual, tantos subsidios y cosas parecidas, que el azúcar, al precio del mercado mundial, que hace dos años estaba a 10 y hasta a 11 centavos, este año llegó hasta 5 centavos el precio de la libra de azúcar; ahora ha subido algo. Pero en esa rama es de una importancia enorme la eficiencia, los ahorros de combustible, de materias primas, es una proeza lo que hay que hacer allí, y la que están haciendo nuestros trabajadores azucareros. Al problema ahora lo que hay es que buscarle fórmulas, a través de los derivados de la caña y otros procedimientos, porque de eso viven un gran número de familias y de trabajadores, excelentes trabajadores en este país.
A esos problemas estratégicos con relación a la industria azucarera se enfrenta hoy nuestro país, y, desde luego, racionalizando al máximo. No es lo mismo cuando recibíamos hasta 28 centavos por la libra de azúcar. Entonces, se podían sembrar hasta tierras marginales, aunque, por lo general, las cañeras no eran tierras marginales.
Hay áreas más secas y áreas menos secas, unas mejores y otras peores, unas con más rendimiento y otras con menos rendimiento, unas con regadío y otras sin regadío; todo eso tiene que ser objeto de profundos análisis.
La caña es un cultivo noble, porque no obliga a roturar la tierra todos los años como el maíz y otros cultivos. Realmente nosotros no podemos sustituir un cultivo de caña por un cultivo de maíz, porque los costos que tendría la tonelada de maíz serían realmente muy altos. Roturando la tierra todos los años y dependiendo del régimen de lluvias naturales aquellos que no tengan regadío, y dependiendo de los vientos y otros factores, de ninguna forma resulta aconsejable sustituir esas tierras para sembrar maíz. El trigo lo hemos intentado, pero pasaría exactamente igual.
Les cuento una cosa. Nosotros logramos fórmulas de comercio con la URSS y con el campo socialista que ponían fin al intercambio desigual. Eso se origina en el hecho real de que nosotros hacíamos con ellos convenios comerciales por cinco años. Por una tendencia universal los productos industriales aumentaban cada año de precio, y si nosotros hacíamos un convenio por cinco años a tal precio para el azúcar, descubríamos al final del quinquenio que el azúcar que exportábamos tenía menos capacidad adquisitiva, porque habían aumentado los precios mundiales de los productos industriales.
Cuando el del petróleo se disparó de 2 dólares por barril, en el año 1972 empezó a subir, a subir y a subir hasta alcanzar 35 dólares en el año 1980 y se mantuvo por encima de los 30 dólares entre 1980 y 1985 después comenzó a bajar a un nivel bastante inferior el año pasado; ha empezado a remontar en los últimos meses, ya nosotros, antes de 1972, en un momento coyuntural de azúcar a precios razonables, logramos un convenio con la Unión Soviética sobre lo que se dio en llamar precio resbalante; es decir, para una canasta de productos de los que ellos exportaban, si aumentaban de precio, en la misma medida aumentaban los precios de nuestro azúcar.
Aquello era un comercio realmente justo, porque una de las grandes tragedias de los países del Tercer Mundo es que sus productos no solo son sustituidos por productos sintéticos muchas veces. Hoy el azúcar mismo tiene una tremenda competencia con determinados edulcorantes que salen del maíz, por ejemplo, y son edulcorantes con menos calorías, desde luego; se emplean en menores cantidades, puesto que tienen el poder de endulzar muy superior al azúcar, y el que se va a tomar un refresco de esos lo que le interesa es no consumir muchas calorías y, además, que tenga el dulce necesario.
Han surgido muchos de estos productos de la industria química o de la industria de transformación de las materias primas que se han convertido en una tremenda competencia para el azúcar, que, desde luego, es un producto alimenticio, sin duda; fuente de calorías indispensables.
El otro producto edulcorante no tiene calorías y el Tercer Mundo bien que necesita de calorías, desde luego; pero en muchos países industrializados lo que se consume no es el azúcar, sino estos edulcorantes procedentes también de un producto natural como el maíz u otros cultivos. Tienen más poder edulcorante, sencillamente, que el azúcar. Han surgido competencias nuevas.
Es posible también que al descender el precio del petróleo, algunos países, como el mismo Brasil, que producían una parte del combustible a partir de la caña, hayan considerado más conveniente reducir esas producciones incrementando la de azúcar, porque todo depende del precio que tenga el petróleo. En definitiva, el azúcar ha ido sufriendo las consecuencias de todos estos fenómenos.
Nosotros, antes del período especial, recibíamos 28 centavos por la libra de azúcar que exportábamos a la URSS. ¿Qué quiere decir esto? Que una caballería que produzca 100 000 arrobas de caña y no es su máximo potencial, con riego y fertilizante puede producir 150 000 y hasta más, y en una caña nueva de frío puede llegar hasta 30 toneladas de azúcar por hectárea; no se puede pensar en eso, ya eso requiere una atención sofisticada, significa una producción por hectárea de 10 toneladas de azúcar, más 3 toneladas de melaza.
Permítanme decirles que con una hectárea de 10 toneladas de azúcar, en virtud de aquellos precios resbalantes, nosotros comprábamos más de 40 toneladas de trigo y alrededor de 30 de arroz. Vean si era o no negocio tener caña en aquellos tiempos en que habíamos logrado un intercambio justo con la Unión Soviética, y no en tanto grado, pero en un grado importante, con los demás países socialistas. De modo que al desaparecer la URSS y todos aquellos acuerdos y convenios, el poder adquisitivo de nuestro azúcar ya venía a ser una tercera parte de lo que era antes de que eso ocurriera.
Lo más importante era el combustible. El acuerdo de precio resbalante lo suscribimos antes de la explosión del precio del petróleo. Es por ello que al subir el precio del petróleo a esos niveles tan altos, subió el precio de nuestro azúcar. Ese es el factor que determina que nuestro azúcar alcanzara niveles de precios tan altos; pero con aquel azúcar no solo comprábamos petróleo, comprábamos también trigo no todo el que necesitábamos, pero una gran parte del trigo, comprábamos maíz, comprábamos productos agrícolas como girasol, o aceite de girasol, algodón, comprábamos materias primas de todo tipo, fertilizantes, madera, metales, equipos, piezas de repuesto, infinidad de productos y de insumos para la agricultura y para la industria. Todo eso se vino abajo de un día para otro.
Digamos que en 1990 creo que fue en 1990 ya había avanzado mucho la perestroika y algunas otras cosas y el caos estaba entronizándose en las filas de nuestros antiguos clientes, de modo tal que se produce una primera baja del precio del azúcar a 500 rublos la tonelada. En esa época era rublo, pero el rublo era equivalente al dólar.
Eso fue en 1990, si mal no recuerdo; pero ya en 1991, cuando vino la desaparición total y se acabaron todos los precios y prácticamente los suministros de combustibles, tuvo que salir el país a buscar combustible al mercado mundial con aquellos precios de veintitantos dólares que tenía el barril de combustible. De modo que si cuando triunfa la Revolución en 1959, nosotros, con 1 tonelada de azúcar entre cuatro y cinco centavos el precio de la libra comprábamos alrededor de 8 toneladas de petróleo, cuando se derrumba la URSS y se produce el período especial, con el precio del azúcar en el mercado mundial, se podía adquirir alrededor de 1 tonelada de petróleo. El país, cuando aquello ocurrió, estaba consumiendo 14 millones de toneladas. ¿Cómo sostener la vida del país en esas condiciones?
El consumo en 1959 era de 4 millones. Nosotros con unas 500 000 toneladas de azúcar comprábamos todo el combustible que la nación requería. En 1990 ya teníamos producciones de azúcar de alrededor de 8 millones de toneladas, un precio que permitía adquirir todo el combustible y las demás cosas que mencioné, entre ellos, 500 000 metros cúbicos de madera aserrada. Hoy nuestra producción maderera, que ha ido creciendo, rebasa ya los 50 000 metros cúbicos. El resto de la madera para construir y otros usos hay que importarlo, y también aumenta de precio, porque la deforestación y la explotación abusiva de los bosques, entre otros muchos problemas, han traído una creciente escasez de madera y la elevación de los precios.
Se vio nuestro país sin combustible. De este modo tuvimos que atravesar los primeros años del período especial: sin combustible, sin materias primas, sin muchos de los alimentos que llegaban, sin fertilizantes, sin algodón para las industrias textiles, sin piezas de repuesto, porque es que lo que producíamos de azúcar, nuestra fuente fundamental de ingreso en convertible al llamado precio mundial, prácticamente no alcanzaba para adquirir solo el combustible.
Vean qué situación. Algún día la historia tendrá que escribir y hablar sobre eso. No vamos nosotros a calificar la proeza, que sean los tiempos futuros y las futuras generaciones de Cuba y del mundo los que la califiquen.
Vinieron entonces los momentos más increíblemente difíciles. Todo el mundo creía que se derrumbaba la Revolución en cuestión de semanas, en cuestión de meses. Algunos contaban los días; pero no contaban con nuestro pueblo, su espíritu de lucha, su patriotismo, su capacidad de sacrificio y de resistencia, no solo si nos agreden y nos invaden. Si nos invaden, todos sabemos que jamás, por muchos soldados que movilicen, y mucho menos en estos tiempos en que los ricos y poderosos industrializados quieren hacer guerras sin bajas, ya se imaginarán ustedes, los campesinos especialmente y todo el país, lo que ocurriría cuando cada casa, en el frente y en la retaguardia se convierta en una potencial fortaleza, y cada árbol, cada montaña, cada arroyo, cada matorral de marabú, en la ciénaga y en los lugares secos, en las montañas y en el llano se convierta en un posible puesto de combate, porque la vida ha demostrado que incluso países como la República saharauita han sido capaces de luchar durante muchos años en pleno desierto donde no hay un árbol.
Cuando la lucha se convierte en una lucha no de divisiones contra divisiones, sino en lucha de hombre contra hombre, y de hombre contra mujer, y de hombre contra jóvenes, adolescentes, hombres maduros y de todas las edades, esa es una lucha imposible para quien intente realmente apoderarse de este país.
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