© Copyright GRANMA INTERNACIONAL
DIGITAL. La Habana. Cuba
Se autoriza la reproducción, indicando los titulares del Copyright
¿Y qué había hecho yo? Puesto que hubo una declaración y puesto que había habido una solemne conmemoración en Washington el 24 de abril pasado, un mes después de iniciada la carnicería y el genocidio de Yugoslavia, Declaración de Principios de la OTAN, con una aparente euforia que no tenía ninguna base, porque creyeron que las bombitas durarían tres días, y los menos optimistas creían que durarían cinco, y, sin embargo, al cabo de un mes el pueblo serbio resistía... Y fíjense bien, cuando hablo del pueblo serbio, hablo de millones de hombres y mujeres, niños y ancianos, pero especialmente niños, mujeres embarazadas, civiles inocentes de cualquier cosa, como no fuese el crimen de su capacidad para el martirio, el valor de morir y la disposición a entonar, como ustedes, himnos patrióticos o canciones alegres mientras protegían con sus cuerpos los puentes, que ya venían a ser vitales, que unían la ciudad capital en dos partes.
Nosotros teníamos tres diplomáticos, tres compañeros nuestros, con un telefonito de esos, que todos los días se comunicaban con nuestro país, y yo, por ejemplo, les hacía una sola pregunta: ¿Cuál es el estado de ánimo de la población bajo los bombardeos? Me asombraba de la respuesta: "Siguen dando su concierto a tal hora, todos los días, donde participan miles de personas; el pueblo mantiene una moral altísima." Y en quienes pensábamos nosotros no era en los gobiernos, porque ni podemos certificar ni podemos negar las imputaciones que se le hacen al gobierno de Yugoslavia: los problemas de las limpiezas étnicas que han tenido lugar, de parte y parte, desde que Europa, irresponsablemente, desarticuló a Yugoslavia, donde aquellos pueblos, durante 45 años, a pesar de sus diferencias nacionales, religiosas, culturales y étnicas, habían vivido en paz.
Cuando Occidente, y en primer lugar Europa, desintegró a Yugoslavia, comenzaron las guerras y las matanzas mutuas entre los pueblos que habían constituido aquella Yugoslavia que durante casi medio siglo vivió en paz (Aplausos).
Como les he dicho a algunos dirigentes europeos, ninguna limpieza étnica, ningún crimen justifica el genocidio contra un pueblo de millones de personas inocentes (Aplausos y exclamaciones), y es por eso que exigíamos una solución política del problema. Cualquier día podrían ser publicados determinados mensajes, enviados a diversos puntos, en los que, desde los primeros momentos, analizábamos el error colosal que estaban cometiendo y casi con toda exactitud lo que iba a pasar, y que efectivamente pasó hasta el día en que poderosísimas presiones obligaron al gobierno de ese país a aceptar las condiciones de la OTAN, bajo el rubro hipócrita de una solución política que consistió en acceder a todas las demandas de los atacantes.
Las presiones no excusan las decisiones de los gobiernos, ¡no las excusan!; porque les puedo asegurar que si se hubiese tratado de Cuba, país que lleva muchos años siempre bajo el peligro de cosas como esas y aun peores, ha estado decidida a resistir y ha resistido 40 años. Y si un día un diluvio de bombas cayera sobre nuestra pequeña isla, tengo la seguridad de que el comportamiento de nuestro pueblo sería tan heroico como lo fue el comportamiento de los serbios (Aplausos), y que, desde luego, como dijimos recientemente, no necesitaríamos mediadores, porque únicamente los recibiríamos cuando los atacantes enviaran un mensaje para reconocer su derrota y para anunciar su retirada del país o el cese de los ataques (Aplausos).
Un gobierno puede aceptar o no presiones; nosotros nos sabemos de memoria lo que harían los dirigentes de nuestro país, si un día no pudiésemos soportar el dolor de ver cuánto se destruye o el dolor de ver cuánto se sacrifica, aunque pensamos que nada hay más sagrado que la libertad, que nada hay más sagrado que la dignidad. ¿Qué es un hombre o una mujer sin dignidad? ¿Qué es un hombre o una mujer sin libertad, sin patria, sin la disposición de darlo todo? Y así lo ha hecho más de un pueblo en la historia, antes que plegar las banderas, antes que acceder a las exigencias de los brutales agresores; porque en ese caso siempre hay un remedio sencillo y fácil, que es ir allí y ponerse debajo de las bombas que están cayendo, para morir bajo las bombas. Es la única alternativa que, a partir de nuestras concepciones y nuestros valores, correspondería a aquellos dirigentes que hayan adoptado la decisión de luchar a cualquier precio.
Realmente, los serbios no podían perder más de lo que habían perdido, no podían sufrir más destrucción que la que habían sufrido. No tenían ya nada que perder. Estoy simplemente expresando un punto de vista, y no criticamos a nadie.
Más de una vez en nuestras vidas han llegado revolucionarios a plantearnos: "Hay una posibilidad de paz, tenemos esta alternativa u otra"; siempre les he respondido en determinadas circunstancias, sobre todo, después que se produjo el derrumbe del campo socialista: "Son ustedes los que deben decidir." Uno no le puede aconsejar jamás a nadie que negocie o muera; sólo uno se puede aconsejar a sí mismo que debe morir. "Respetamos la decisión que ustedes tomen; nosotros sabríamos, sin la menor duda, qué es lo que haríamos en una circunstancia como esa." Es cuestión de filosofía, es cuestión de conceptos. Por eso el tema era de una gran importancia.
Entonces yo, ese día de la Cumbre, en dos hojas, planteaba y no lo voy a leer cuatro puntos y tres interrogantes; cuatro puntos escogidos entre 16 que habíamos seleccionado de la declaración de la OTAN del 24 de abril, donde proclamaba el derecho a la intervención global, y tres interrogantes simplemente, pero una de ellas se refería a la declaración que hizo aquí la Unión Europea sobre soberanía, etcétera, etcétera, y les pregunto y es la única que voy a leer: "¿Significa esto que Estados Unidos se compromete también a respetar los principios contenidos en este acuerdo de sus aliados? ¿Cuál será la actitud de Europa si Estados Unidos decide por su propia cuenta comenzar a lanzar bombas y misiles con cualquier pretexto contra cualquiera de los países de América Latina y el Caribe aquí reunidos?"
Era una pregunta no sé si sería la de los 64 000, como se dice por ahí, pero había dos más por el estilo, y donde por primera vez planteamos el problema de la proliferación de armas nucleares apoyada por Estados Unidos, tolerada y mantenida en silencio, en extraño y hermético silencio durante años, con relación a un país que en el Medio Oriente posee alrededor de 300 armas nucleares. Y como esa es una de las causales por las cuales, según la OTAN y su nuevo concepto, podría llevar a cabo una intervención armada; les preguntaba si acaso cualquier día iban a lanzar miles de bombas, sobre aquel país y sus ciudades, sobre aquel país y sus poblaciones de distintas etnias; si era acaso civilizado buscar fórmulas de ese tipo para resolver el problema, y, desde luego, planteando con toda energía que sería criminal que, como consecuencia de esa proliferación apoyada por ellos, un día intentasen cometer un genocidio contra los hombres y mujeres, niños y ancianos que habitan ese país.
No digo más, no voy a mencionar nombres. Tres preguntas, ninguna de las cuales recibió la más mínima respuesta.
En aquella reunión en privado, ni siquiera allí algunos de los representantes de Europa levantó la mano para decir: "Quiero responder a las interrogantes presentadas por el dirigente de Cuba." Ni uno.
Yo tenía ya un arsenal de más papeles. Guardé respetuoso silencio y esperé, durante toda la reunión, a que alguien hablara de los temas sobre los cuales, quien presidió la reunión en ese momento, pidió dos veces una respuesta. Esto se llama tres preguntas sin respuestas.
Hay en el mundo unas cuantas preguntas sin respuestas
Debo añadirles, compañeras y compañeros, que hay en el mundo unas cuantas preguntas sin respuestas. Hay, por ejemplo, el holocausto serbio que tuvo lugar desde que los nazis invadieron Yugoslavia; campos de concentración como los de Dachau y Oswiecim, donde unidos a otros campos y formas de muerte, 675 000 serbios, hombres, mujeres y niños, fueron sencillamente exterminados y sobre lo cual Occidente no ha dicho una palabra.
Si buscamos verdades, a ustedes, cualesquiera que sean sus filosofías políticas, sus pertenencias a determinados partidos, les digo que hay unas cuantas preguntas y hay unas cuantas respuestas que son necesarias esclarecer aunque sea para desenmascarar hipócritas, para destruir hipocresías y para que el mundo tome conciencia de las realidades de hoy, que serán nuestras armas para alcanzar ese mundo al que ustedes aspiran.
Escuché aquí hablar de Brasil y de la unión de los brasileños para alcanzar la patria brasileña con la que sueñan, y digo que estos no son tiempos de pensar en la propia patria; hay que pensar en términos de la patria latinoamericana y caribeña (Aplausos), esa que está representada aquí también a través de la OCLAE.
Están llegando los tiempos de pensar en la patria mundial; están llegando los tiempos de pensar en el mundo, porque este mundo inexorablemente se ha globalizado bajo la filosofía del más triste y cruel de los conceptos o de las concepciones, que es un mundo globalizado bajo la égida de una superpotencia única y en pro de un mundo unipolar, no para salvarlo, sino para destruirlo (Aplausos); no para traer la justicia que necesitamos todos, sino para esclavizarnos más todavía si es posible, para saquearnos más todavía si fuera probable, para humillarnos más aún, para destruir nuestros sueños que son indestructibles (Aplausos), para destruir nuestras culturas que debemos preservar y multiplicar, porque unión no significa el fin de las culturas. Unión, integración y justicia significa la posibilidad de preservar todo lo que amamos. Cultura, patria que nunca dejaría de existir, aunque lleguemos al máximo de unión y de integración.
Soñamos con un mundo que no esté regido por una falsa monocultura universal (Aplausos), sino con un mundo donde subsistan y se desarrollen todas las culturas; un mundo donde subsistan y se desarrollen todos los idiomas, aunque inventemos algunos, o utilicemos algunos, o confisquemos algunos si hace falta, porque un idioma puede estar al servicio de una buena o una mala causa. Por ejemplo, el inglés, idioma nacional del superimperio, está hoy al servicio de una mala causa; pero el idioma inglés, como el español, como el francés, como cualquier otro de los más comúnmente hablados, puede utilizarse al servicio de una buena causa.
Por ejemplo, Carlos Marx hablaba alemán; pero no lo utilizó para los mismos fines que Adolfo Hitler, lo usó para un mundo justo, fraternal y humano. Y muchos norteamericanos usan el inglés para defender causas justas.
Bien, ¡que sobrevivan todos los idiomas! En los últimos años se han perdido 2 000 ya, de unos 6 000 ó 7 000 con que contaba el mundo, y en los próximos 20 años se calcula que se perderán otros 2 000; y cuando un dialecto se pierde, la riqueza espiritual humana pierde, la historia pierde, nuestra historia de seres humanos, nuestra historia de cómo nos convertimos de animales en hombres, aun cuando pienso que muchos animales que no han conocido ni la esclavitud, ni el capitalismo, ni la explotación del animal por el animal, se comportan muchas veces mejor que los hombres (Aplausos).
Todos esos elementos forman parte de nuestra historia, de nuestra civilización, y sobre ellos tendremos que edificar nuestra cultura el día que esta globalización neoliberal e insostenible se hunda, y se hundirá, recordando aquellas palabras de Salvador Allende, más temprano que tarde (Aplausos).
Las condiciones existentes hoy en el mundo hacen insostenible este orden infame que estamos soportando y, por tanto, en nuestro criterio, la tarea número uno es sembrar ideas, sembrar conciencia, para que cuando ese mundo se derrumbe la humanidad esté mejor preparada para construir sobre sus ruinas un mundo mejor, una globalización más humana.
No fue solo Marx quien soñó con una globalización, quizás fue el primero que concibió un mundo desarrollado, donde las fuerzas productivas desarrolladas fuesen capaces de producir los bienes materiales y espirituales que el hombre necesita y que no consisten, precisamente, en un cambio de automóvil todos los años, ni en tres palacios, cinco, o diez, ni en un hombre con 90 000 millones de dólares en el país que se considera modelo y ejemplo de democracia, viviendo tal vez a pocos kilómetros del puente bajo el cual duermen, envueltos en papeles, los numerosos indigentes que todavía existen en ese país (Aplausos).
Llámese justicia, llámese libertad y llámese derechos humanos donde existe igualdad, respeto para todos, cultura para todos, porque sin cultura no se puede ser libre, sin cultura no se puede ser ni siquiera demócrata (Aplausos).
¿De qué democracia están hablando allí donde millones y millones de personas no saben ni siquiera leer ni escribir, donde millones de niños mueren porque en su momento carecieron de una vacuna o unas sales de rehidratación oral que cuestan centavos? ¿De qué derechos humanos van a hablar aquellos cuyo sistema mata a decenas de millones todos los años de hambre, de pobreza y de falta de alimentos, medicamentos, alojamiento, ropa, zapatos? Mueren, repito, por decenas de millones cada año.
Hay algunos que combaten honestamente las sanciones equivalentes a la pena capital, aunque se trate de crímenes monstruosos que desgraciadamente existen; aunque se trate de repugnantes violaciones de niñas o de niños de cinco, seis o siete años, por parte, incluso, de personas que tienen responsabilidades con esos niños.
Nuestro país está entre los 129 países donde el castigo de la pena capital todavía existe. Se dice que hemos endurecido nuestro código, porque dos delitos que ocasionan gran daño social y humano los hemos sancionado más fuertemente, con más años de prisión o con cadena perpetua, como un paso intermedio, o casos intolerables y asquerosamente graves y cuando digo casos intolerables y asquerosamente graves no estoy hablando con relación a los gobiernos, sino intolerables y asquerosamente graves para el pueblo que se llena de terror cuando tiene conocimiento de que algunos de esos crímenes monstruosos se cometen los hemos sancionado con penas más severas, porque en nuestro país, en condiciones de período especial, doblemente bloqueado y con nuevas leyes de bloqueo, entre las cuales la Helms-Burton es una más y todos los días incluyen enmiendas que arrecian el bloqueo y sus consecuencias, no hay alternativa.
Edición en
Español
English | Français | Português | Deustch | Javier
Sotomayor | Documentos | Globalización | Código
REDACCION: redac@granmai.get.cma.net COMERCIAL: gi@granmai.get.cma.net