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DIGITAL. La Habana. Cuba
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Nosotros no solo nos preocupamos porque se traduzcan los materiales, sino que se traduzcan bien, de modo que se pueda entender en el idioma del país que los lee.
Me enteré, por casualidad, que el portugués de Brasil era diferente al portugués de Portugal, y que hay una guerra entre portugueses y brasileños en cuestiones de idioma. Digo: Denme un ejemplo. Me responden: Bueno, por ejemplo, "facto"; en Portugal dicen "facto", así, con una "c" antes de la "t", y en Brasil dicen "fato", y así muchas palabras. Yo lo que no quería era que ofendieran a los brasileños con una traducción portuguesa (Risas); aunque me parece que ustedes entienden, ¿verdad?, si leen una novela portuguesa, la entienden perfectamente, ¿no? Pero no les gusta que les cambien las palabras, ¿es así o no? Bueno, hasta ese detalle había que cuidarlo. Llamé al traductor que viaja conmigo y le dije: ¿Tú entiendes bien? él es el traductor de portugués. ¿En cuál de los dos portugueses está la traducción? (Risas.) Porque en una oficina que tenemos de traducción, con muy buenos traductores, que tienen su estilo, sus revisores, a lo mejor allí habían traducido al portugués de Portugal, y el traductor que traigo se preocupa siempre de traducir el portugués de Portugal al portugués de Brasil. Le digo: ¿Tú estás seguro de que lo entienden allí bien y de que no vamos a ofender a los brasileños? (Risas.) Dice: "No, no, se entiende bien" (Aplausos).
Les cito esto como ejemplo de los trabajos que hay que hacer. Pero yo les puedo asegurar que entre las 4:00 de la tarde y las 12:00 de la noche del sábado 27, para comprobar muchos datos y materiales, se revisaron cientos de páginas.
En el avión, durante el viaje de La Habana a Rio de Janeiro, que decían que duraba ocho horas, descubrí que duraba realmente una hora, porque al despegar, me senté con el Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y hemos estado ocho horas trabajando, discutiendo; yo, repasando como un alumno a fin de curso no se sabe cuántas cosas subrayadas durante días, las cuales debía repasar, y él, esforzándose por ver si se entendía la declaración de la Cumbre que se estaba discutiendo aquí en Rio; el documento de sesenta y tantos párrafos sobre temas políticos, económicos y sociales. De aquí nos enviaban noticias a Cuba o al avión de que tal punto estaba trabado sobre tal y más cual cosa. Les preguntábamos: Bueno, ¿y hasta ahora qué hay? Nos respondían: Bueno, hasta ahora, únicamente tal y más cual cosa ha sido aceptaba; se ha discutido del primer documento solo la mitad. Eso era del sábado para el domingo, estaba la reunión de cancilleres y había criterios encontrados de Europa y de América Latina en unas cuantas cosas; había que conocer todos los puntos en que no coincidían los criterios.
Digo: ¿Qué es lo último que llegó? Ya había llegado solo la cuarta parte de los materiales, había que seguir trabajando para ver qué se había conciliado y qué no; corchetes y más corchetes donde estaban las cosas no conciliadas. Y una de las cosas que me preocupaban extraordinariamente era el hecho de que la parte europea no quería ni oír hablar de la Carta de Naciones Unidas, ni quería hablar del principio de no intervención, ni sobre la autodeterminación y la soberanía; tal actitud era motivo lógico de preocupación profunda, puesto que sabemos todo lo que hay detrás de eso.
Así estuvieron discutiendo hasta por la madrugada; incluso un párrafo que mencionaba por nombre y apellidos la Ley Helms-Burton, había sido fruto de una batalla de la delegación cubana y de otros países para que se incluyera con nombre y apellido.
Había muchas cosas pendientes; pero, desde luego, pudimos ganar todo el tiempo que necesitábamos, gracias a ese medio de comunicación que nos permitía comunicarnos y coordinar simultáneamente con seis o siete puntos diferentes, lo cual hace posible multiplicar el esfuerzo.
Les hablaba de la invasión cultural, que es una realidad; nos quieren imponer una seudocultura, o mejor dicho, una falsa e insoportable monocultura. Ejemplo de lo que ocurre lo leí hace unos días, que se perdían cada año 100 de los aproximadamente 6 000 idiomas que quedan en el mundo, o dialectos, que también son idiomas, ¡cien por año! Se habían perdido ya unos miles, pero, sobre todo, amargaba pensar que en 20 años se perderían 2 000 más. A ese paso puede ser que no quede más que un idioma, el inglés, que por desgracia y por culpa de mis vecinos, ya que algo aprendí de inglés en el bachillerato, en la universidad y tratando de leer en ese idioma, después lo fui olvidando; tuve que hablar mucho, mucho español, y a pesar de que intenté repasar mi inglés con diccionarios, libretas y apuntes, leyendo una instructiva y agradable biografía de Lincoln, ya que los temas conocidos son más fáciles de traducir, hice algunos esfuerzos hasta que decidí renunciar y ver si aprendía un poquito mejor el castellano (Aplausos).
@SUBT12 = Estamos en el deber de defender las culturas
¿Con qué se relaciona esto? Con una colosal batalla de ideas. Si los medios de divulgación masiva están monopolizados por la potencia imperialista más poderosa que haya existido jamás, estamos en el deber de defender las culturas y estamo<%4>s en el deber de divulgar las ideas. Las ideas hay que divulgarlas y sembrarlas por todo el mundo (Aplausos).
Les decía, por eso, que resultaba alentador lo que yo había presenciado en la tarde de hoy, lo que presencié esta mañana en Niteroi cuando inauguramos un módulo del médico de la familia tienen ya 16 y se proponen llegar a 30, o allí cuando visitamos el museo diseñado por Niemeyer, y el inmenso honor de que él estuviera presente, más joven y más lúcido de lo que yo lo vi hace siete u ocho años. Fue para mí un inmenso honor poner sobre su espalda mi mano.
Voy viendo muchas cosas, en muchas partes, muy interesantes. En Venezuela estuve. Creo que por ahí han repartido unos folletos del discurso de Venezuela, que fue largo, pero había muchos temas que no tengo que repetir, y los que se interesan por ese tipo de material, en ese discurso pueden encontrar algunas cosas, ideas bolivarianas, ideas martianas, una etapa nueva que surge en un país que desempeñó un papel muy importante en la historia de este hemisferio, porque de allí partió el noble sueño de una integración latinoamericana cuando no existían las comunicaciones de hoy y un caballo tardaba tres meses en llegar de Caracas a Lima. Otro gran soñador de la integración fue Martí, y allí se juntaban simbólicamente las ideas de Martí y las ideas de Bolívar. Martí fue un gran admirador de Bolívar, fue siempre un gran bolivariano.
De eso se trataba y había que hablar mucho, y de los temas del mundo, de los privilegios que se ha tomado la gran superpotencia del Norte, las formas de saqueo que aplica. De modo que hoy compra todo en todas partes con los billetes que imprime, antes había que comprarlo con oro, o con papel moneda que tenía un equivalente en oro asegurado, hasta que, rompiendo las normas de Bretton Woods, unilateralmente suspendieron la conversión del papel en oro, con lo cual convirtieron el oro en papel. Las reservas que poseían a finales de la Segunda Guerra Mundial, el 80% del oro del mundo, después de la aventura de Viet Nam les quedaba solo un tercio.
Ellos habían mantenido el oro a un precio fijo de 35 dólares la onza troi, comprando cuando había excedente en el mercado y vendiendo cuando había escasez. Al suspender Estados Unidos el patrón oro y con él los mecanismos de estabilización de las monedas, se produjo una explosión colosal de su precio. El oro que quedaba en sus reservas aumentó más de diez veces su valor. La economía mundial había sido estafada impunemente. Las monedas hasta entonces habían sido bastante estables, no había surgido el gigantesco negocio especulativo, en virtud del cual cada día las operaciones especulativas con las monedas asciende a un millón de millones de dólares, fenómeno inusitado y nuevo que permite ver el abismo hacia donde marcha, o las orillas del abismo, y muy próximo al mismo, por donde marcha el orden económico mundial existente, algo insostenible, sí, insostenible. Debemos comprender que estamos ante un mundo donde los acontecimientos marchan más rápido que la conciencia de lo insostenible que ese mundo es y la imperiosa e inevitable necesidad de que sea sustituido por otro orden, si es que la humanidad quiere sobrevivir (Aplausos).
Hay que sembrar ideas, muchas ideas. ¿Qué hacemos nosotros que no tenemos grandes cadenas de medios masivos de difusión? También utilizamos en parte sus medios electrónicos. Sí, existe, por ejemplo y no lo he mencionado, Internet; pero es difícil trasmitir ideas a los países del Tercer Mundo a través de Internet. ¿Por qué? Porque solo el 2% de los latinoamericanos, por ejemplo, tiene acceso a Internet; en cambio, el 70% ó el 75% de los norteamericanos tiene acceso a esa red.
Bien, no nos serviría Internet para trasmitirles a ustedes ideas o mensajes; pero sirve, al menos, para trasmitirles a los que sí tienen acceso a Internet mensajes, ideas, razonamientos y argumentos de cuán loco, cuán frágil y cuán insostenible es el mundo en que están viviendo. Los mensajes no solo tienen que ir hacia las víctimas, deben ir también hacia los victimarios (Aplausos), y en la esperanza de que hay mucha gente que piensa, pero que nunca se ha encontrado con un argumento, sino únicamente los que ve en el cine, los que ve en la televisión, los que lee en sus periódicos, y son todos instrumentos al servicio de un sistema económico y social de explotación y dominación. Y con ello invaden el mundo, con todos esos medios, y a través de ellos, la podrida ideología y las mentiras del imperialismo.
Tenemos muchas pruebas, porque nos visitan muchas personas en Cuba, conocen nuestro modesto país, sus sacrificios, sus limitaciones, especialmente en estos tiempos del llamado período especial, después del derrumbe del campo socialista y cuando quedamos sometidos a un doble bloqueo: perdimos los mercados, los suministros asegurados, que no podíamos adquirir en otras partes porque no nos los vendían. Desapareció todo eso, y el bloqueo se recrudeció, con el oportunismo característico de ese gran imperio, como diciendo: Esta es la hora de aplastar como chinches a estos insolentes que están en esa pequeña islita, que debiera ser nuestra, con la cual soñamos durante 200 años y que han tenido la osadía de faltarnos el respeto rebelándose contra los dogmas del imperio y contra el orden neocolonial establecido allí.
Han pasado 40 años y todavía se empeñan; pero mientras más años pasan, más se asombran. Seguramente deben pensar: Estos deben ser un tipo de chinche especial. Pero no, somos igualitos que todas las demás chinches, solo que nos hemos convertido en unas chinches con conciencia. Esa es la única evolución que ha tenido lugar en nuestro país (Aplausos), y con esa conciencia nos hemos defendido durante todo ese tiempo, más aún cuando nos quedamos absolutamente solos, en lo que se refiere a las relaciones económicas con los principales mercados, fuentes de créditos y de suministros, y fuera de todas las instituciones financieras internacionales.
Creo que hemos oído hablar allá en Cuba de vez en cuando de una institución que se llama Fondo Monetario Internacional; pero hace tiempo, tanto tiempo, que casi se nos han olvidado las siglas. También oímos hablar de que existe un Banco Interamericano de Desarrollo; pero no sé con exactitud cómo es que se llama, porque estamos olvidados de las siglas. Otro que se llama Banco Mundial. Preguntamos: ¿Qué es eso? Nos dicen: Es que hay un banco mundial. Sí, hay un Banco Mundial. Preguntamos: ¿Y dónde está ese banco? Aunque sabemos muy bien dónde está y qué es, algunos de nosotros, la inmensa mayoría de los cubanos, no ha oído hablar mucho del Fondo Monetario y del Banco Mundial, afortunadamente (Aplausos). Es increíble, porque hemos aprendido a vivir sin Fondo Monetario, sin Banco Mundial, sin Banco Interamericano de Desarrollo, sin los muchos créditos de que se habla, los créditos a exportaciones, etcétera, etcétera, y teniendo que pagar por cualquier préstamo, y siempre a corto plazo, un interés que puede ser el doble de lo que pagan otros países, porque en virtud de tanto bloqueo y tantas leyes Torricelli, Helms-Burton, más un montón de enmiendas que ni se conocen, muchos se aprovechan para cobrarnos un mayor precio por todo.
A cada rato, en la Ley de Presupuesto de Estados Unidos es una ley que tiene 5 000 páginas, y cuando están apurados, muchos legisladores, incluso, unos cuantos de ellos amistosos con Cuba, aparecen de repente enviándonos un mensaje expresando su pesar por no haberse dado cuenta de que había un párrafo que decía tal y más cual cosa que constituía una nueva medida de recrudecimiento del bloqueo. Muchos congresistas. ¡Ni leen las leyes!, ni leen pudiéramos decir muchas de las leyes que se aprueban en el Congreso de Estados Unidos. Son lobbies y más lobbies los que determinan, un toma y daca: "Apruébame esta palabra, que me conviene para mi estado, y yo te apruebo esta que te interesa." Es así, un intercambio incesante y, al final, nadie sabe ni en qué consisten aquellas leyes (Aplausos). Es por eso que en tan democrático país prospera tanto la carrera de leyes y tienen empleo tantos y tantos abogados, porque no hay manera de interpretar aquello. Me imagino que un sabio de la antigua Roma enloquecería con la simple lectura de una décima parte de las leyes aprobadas en este país, y, tal como funcionan sus leyes, funcionan sus jueces y sus tribunales.
En esa perfectísima e ideal democracia, todo el mundo sabe cómo se recauda el dinero en vísperas de cada campaña y han llegado hasta a alquilar la habitación de Abraham Lincoln en períodos electorales, porque hay algunos que sueñan con determinados gustos; admiran a Lincoln, o han oído a hablar de él, de aquel personaje con barbas, el leñador que llegó a convertirse en abogado y en presidente y que le tocó vivir aquel momento, tras una gran guerra interna, movida por intereses y sectores agrícolas o sectores industriales, que dio lugar a un cambio de forma de esclavitud que consistió en su abolición formal, para que la vida esclava continuase igual o peor que antes, porque cuando aquellos nobles seres despiadadamente explotados recibieron un día la noticia de que eran libres, descubrieron a la vez que al ser libres ya nadie se preocupaba de que se alimentaran o preservaran su salud, puesto que, al dejar de ser una propiedad de esclavistas, su valor quedaba por debajo de un caballo o una res, ya que cuando moría el esclavo, aquel que vendían en la famosa subasta, o peor aún, los hijos de aquellos esclavos, que nacían esclavos, los propietarios perdían capital.
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