© Copyright GRANMA INTERNACIONAL
DIGITAL. La Habana. Cuba
Se autoriza la reproducción, indicando los titulares del Copyright
Hablando deportivamente, en pelota... (II)
El día 4 de agosto, aproximadamente a las 11 de la mañana, llega a la oficina de la Secretaría del Consejo de Estado la información siguiente:
"En la reunión que acaba de finalizar de la Comisión de Doping de la ODEPA y del Comité Ejecutivo de la ODEPA se decidió retirar la medalla de oro a Sotomayor asumiendo la responsabilidad los médicos por haber ingerido té peruano (té digestivo). Es decir, asumirlo como una responsabilidad médica por haber ingerido té peruano.
"A las 4:00 p.m. (hora de Winnipeg, 5:00 p.m. hora de Cuba) habrá una conferencia de prensa donde se hará pública esta medida por la ODEPA.
"Que con posterioridad, el Dr. Granda, Director del Instituto de Medicina Deportiva, y el Dr. Álvarez Cambras, Director del Complejo Ortopédico "Frank País", darán también una conferencia de prensa para limpiar la imagen de Sotomayor y dejar claro que no es responsabilidad de él.
"La discusión en la reunión fue muy fuerte.
"Como Canadá obtuvo dos medallas de plata en ese deporte (por empate), ahora se convertirían en dos de oro.
"Humberto insiste en que esto tiene que ser una maniobra del enemigo, considerando la experiencia de Sotomayor y el hecho de que en estos ocho meses ha sido objeto de más de quince pruebas de este tipo.
"Humberto quiere que le traslademos estos elementos al Comandante."
Esta decisión se toma sin consultar con nosotros la noche del día 3. Es cierto que a las 6 de la tarde de ese día habíamos salido hacia Matanzas para el acto conmemorativo del asalto al Cuartel Moncada, celebrado en esa ciudad a las 8:00 de la noche y concluido en horas de la madrugada. Ese día, revisando desde por la mañana los materiales del discurso, no tuve un minuto libre siquiera para desayunar. No hubo durante el día posibilidad alguna de comunicación.
¿Qué había ocurrido en Winnipeg? Nuestra delegación recibió la confirmación de la muestra B a las 7:30 de la noche (hora de Canadá), y cuando se reúnen con el famoso Dr. De Rose a las 10:30 de la noche (hora de Canadá), faltaban horas para concluir nuestro acto en Matanzas. Al amanecer del día 4 nos aproximábamos de regreso a la ciudad de La Habana. Había que seleccionar rápidamente un material del discurso de Matanzas para ser entregado de inmediato a la prensa extranjera. No fue sino por la tarde cuando pudimos ocuparnos de las noticias que nos llegaban de Canadá.
Además del mensaje del día 4 ya mencionado, se nos informa que a las 5:00 de la tarde, hora de Canadá (6:00 p.m., hora de Cuba), el equipo técnico tendría una conferencia de prensa. Se consultaba si debía mantenerse la línea adoptada por la mañana en la reunión con la Comisión de Doping de la ODEPA. No fue sino hasta casi las 5:00 de la tarde (hora de Cuba) que pudimos ocuparnos de las noticias procedentes de los Panamericanos. A esa hora leo rápidamente el mensaje referido a la reunión de la mañana con el Comité de la ODEPA y la línea seguida. Yo debía además responder con urgencia la consulta sobre la línea a seguir en esa conferencia.
Para comprender mejor las instrucciones que le trasmití, debo referir lo siguiente:
A solicitud de los compañeros de Winnipeg, a las 2:30 de la madrugada del día 3 Christian visitó la casa de Sotomayor, ubicada en el municipio Playa de Ciudad de La Habana. En las proximidades de la misma había ya varios periodistas de la prensa extranjera acreditada en Cuba, cámaras y equipos de televisión, montando guardia frente a la vivienda del atleta. Llevaban allí horas obsérvese con qué prontitud, desde antes de finalizar el día 2, mucho antes del encuentro del Presidente de la ODEPA con la prensa, donde le preguntaron si la muestra A de Javier Sotomayor había dado positivo. Era vox populi en Winnipeg, pero también en los medios extranjeros de prensa en La Habana. Sotomayor conocía ya sobre rumores de que se le imputaba dopaje, pero estaba lejos de imaginar que se le acusaba de haber consumido cocaína en el momento en que con solo un salto cruzó amplio sobre la varilla de 2,30 metros, algo que había hecho más de 300 veces a lo largo de su brillante carrera. Cuando Christian le informa que la prueba de laboratorio arrojaba la presencia de esa droga, la situación se tornó dramática: Sotomayor, con profunda indignación y rabia, rompió a llorar. Al preguntarle Christian si había consumido alguna infusión caliente o té, Sotomayor, una de cuyas características según todos los que lo conocen es la humildad y a quien siempre que se le hizo alguna crítica o señalamiento no vacilaba un segundo en reconocer cualquier falta, error o indisciplina en su entrenamiento por pequeño que fuese, obsesivo en su proverbial cuidado con relación a cualquier cosa que ingiriera, al extremo de rechazar sistemáticamente el uso de vitaminas o de medicamentos, respondió categóricamente que no había consumido esa sustancia ni tampoco algún tipo de infusión o té al que pudiera atribuírsele ese resultado. No estaba dispuesto a aceptarlo, cualesquiera que fuesen las consecuencias.
Mientras en Winnipeg los compañeros, sin haber podido consultar con él, buscaban alguna explicación, ideaban e incluso admitían alguna fórmula que lo beneficiara dentro de la situación creada, al parecer irreversible, por el fulminante resultado del laboratorio canadiense, Sotomayor rechazaba con dignidad que hubiese consumido infusión o té de cualquier tipo. Christian, testigo excepcional de ese duro, traumático y amargo minuto, y que no dudaba de la integridad del popular y admirado atleta, quedó con una impresión profunda de la sinceridad y dignidad con que reaccionó.
Era más que evidente la errónea táctica seguida en la reunión de la mañana con la Comisión de Doping de la ODEPA.
A las 5:23 de la tarde del día 4 de agosto logré comunicarme con Humberto, que esperaba impaciente la respuesta, cuando solo faltaban 37 minutos para la reunión del equipo técnico con la prensa. A continuación los criterios esenciales que le transmití:
No se pueden elaborar teorías que van a herir su honor.
No podemos buscar soluciones técnicas al problema.
Hay que explicar que él se niega terminantemente, que es un hombre honesto y toda su vida lo ha sido, que creemos en él. En dos palabras: hay que darle la razón, porque es un hombre que no ha cometido jamás una falta ni una indisciplina grave y su característica es la honestidad.
Ustedes no se pueden dejar llevar por el deseo de que él pueda seguir compitiendo. Lo que ha hecho es llorar y llorar de indignación.
Nosotros no podemos endilgarle lo del té, porque lo que vamos a estar cuestionando es su honestidad y dando la razón a una imputación injusta.
Con todo lo que ha pasado ahí, vaya usted a saber cómo se logró ese resultado, que es también un golpe al prestigio del país.
Negarlo, apoyándonos en el hecho real de que es un hombre honesto, es un hombre honrado, al que jamás se le conoció una grave indisciplina.
No debemos vacilar en eso. Hay que impugnar semejante resultado. No vacilen ni un segundo.
No se puede confiar en tales pruebas sabiendo todas las basuras que han hecho, mucho menos cuando han inventado la cocaína, algo para desprestigiar no solo al atleta, sino también a Cuba.
Hay que defenderlo, este es el momento en que más hay que defenderlo y confiar en él. No admitan ni la más remota posibilidad de que haya hecho eso. Nosotros tenemos que confiar en él porque lo conocemos bien. Tenemos mil razones para confiar en él.
Humberto coincidió plenamente con esta posición.
Minutos después logré comunicarme con Fernández. Hablé con él breves minutos y le expuse similares criterios:
Eso es arbitrario. Entre tantas cosas que han ocurrido, vemos esto como una de las mayores injusticias que se han cometido ahí.
Hablar de cocaína es infame.
Nosotros hemos confiado en él toda la vida por su comportamiento. No podemos ahora dudar de él o cuestionarlo. Si nosotros lo cuestionamos buscando una solución técnica para contrarrestar la decisión tomada, lo que vamos es a cuestionar su prestigio, su honor. Yo creo en él, Fernández.
A esto Fernández me responde: creo en él, hay que plantear que creemos en su palabra, lo creemos inocente.
Lo más indignante en el caso de Javier Sotomayor era que le arrebataban la medalla imputándole el consumo de una droga que, por su volátil presencia, no había posibilidad alguna de acudir a medios científicos para demostrar de forma irrebatible el fraude. Solo quedaba la alternativa de librar la batalla moral en torno a la vida, la historia y el conocimiento profundo e íntimo de las características del atleta y de su comportamiento a lo largo de una extraordinaria carrera deportiva.
Teníamos el más legítimo derecho a confiar en él, hombre de humilde origen, desinteresado, admirado y querido por nuestro pueblo y por todos los que lo han conocido y tratado en el exterior.
Decenas de miles de dólares que recibió por el Premio "Príncipe de Asturias" en el año 1993, en lo más duro del período especial, los donó íntegros al país. Lo sé muy bien porque personalmente me entregó la donación. Tenía entonces solo 26 años y era ya recordista mundial. Rechazarlo para que ayudara con ese dinero, que no robó a nadie, a su modesto hogar, a su familia pobre y abnegada, lo habría ofendido. Trabajo costó retribuirlo con parte de esos fondos sin lastimarlo ni ofenderlo y sin que apenas se percatara de ello. No podíamos abandonarlo ahora a la infame maquinaria mercantilista y publicitaria, devoradora de hombres, que ha prostituido y ultrajado el deporte.
¿Por qué confiar más en el laboratorio desorganizado e indiscreto del país sede? Una sede que esperaba desplazar a Cuba del segundo lugar que ocupábamos ya de forma definitiva e irreemplazable, sin olvidar que con la medalla ganada por él, sumada a las de otros 10 héroes de aquella proeza, desplazamos a Estados Unidos del primer lugar en uno de sus deportes más fuertes.
Al arrebatarnos la medalla de Sotomayor, nos despojaron también de ese honor.
¿Por qué confiar más en los organizadores que no fueron capaces de garantizar el respeto y la seguridad física de los miembros de nuestra delegación?
¿Por qué confiar más en una comisión médica cuyo representante colmó de insultos a nuestro glorioso atleta y en forma burlona y cínica ultrajó a través de la prensa a nuestra delegación?
Pero hay una diferencia esencial entre lo que significó el despojo a Sotomayor de su medalla y el despojo de las medallas de oro a dos de nuestros atletas de pesas.
El despojo a Sotomayor estuvo acompañado de una imputación destructiva e infamante. Se le acusaba ante el mundo de ser un drogadicto, sin tener para nada en cuenta que más de cien pruebas antidoping, muchas de ellas sorpresivas, sin que se le encontrara jamás un solo rastro de droga o anabólico, avalan su limpia e intachable vida deportiva.
A los pesistas les imputaban un anabólico: la nandrolona, sustancia utilizada habitualmente en el deporte profesional, censurable, inadmisible y digna de ejemplar sanción en un deportista amateur. Aunque el daño moral es grande, no destruye de por vida a un atleta joven, su honor y el honor de su familia, con una imborrable mancha social que siempre aparecería acompañando sus hazañas deportivas.
Edición en
Español
Inglés |
Francés | Portugués |Alemán | Italiano
| Javier Sotomayor | Documentos
| Globalización | Código | Cuba
Demanda
REDACCION: redac@granmai.get.cma.net COMERCIAL: gi@granmai.get.cma.net