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Se intenta presentar como algo que correspondió a otra época y no tiene hoy validez, el principio de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. Se esgrime la teoría de "la injerencia humanitaria". Se pretende imponer la tesis de que determinadas causas humanitarias internas en un país, que siempre, por supuesto, es del Tercer Mundo, justifican la intervención extranjera, siempre con Estados Unidos a la cabeza.

Se intenta borrar el principio del no uso ni amenaza del uso de la fuerza. Ahí está el ejemplo de la agresión contra Yugoslavia, se desató una guerra contra un Estado sin haber recibido ni haber considerado siquiera el asunto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, o la Asamblea General, que es realmente su órgano más amplio y democrático.

Se intenta violar y pasar por encima del principio de la autodeterminación. Se explica que los intereses de los Estados deben supeditarse a "prioridades internacionales" y que, por tanto, el principio del derecho de un país soberano a decidir el curso de sus acciones ha quedado superado por los acontecimientos.

La Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, declaró ante el Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York, después de concluida la guerra en Kosovo, que había habido un aporte a las relaciones internacionales; que Estados Unidos había pasado de la diplomacia basada en la amenaza del uso de la fuerza, a la diplomacia basada en el uso de la fuerza. Dijo que eso era un aporte teórico y era un enriquecimiento de la teoría del trabajo diplomático y la actividad exterior de Estados Unidos.

Ese es el mundo que se pretende diseñar para los países del Tercer Mundo, donde vive la inmensa mayoría de la población mundial, y estos son algunos de los peligros a que nos vemos sometidos los países del Tercer Mundo; constituye la clave de nuestra política exterior participar en el debate internacional, en la denuncia y en la movilización de los países del Tercer Mundo al enfrentamiento de estas tendencias.

Recientemente, en la Cumbre de Jefes de Estado entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, en la que como todos vimos el compañero Fidel realizó dos medulares intervenciones, se discutió una declaración final de los jefes de Estado participantes. El texto aprobado recogió un párrafo que dice:

"Esta asociación estratégica" —refiriéndose a la Asociación entre la Unión Europea, América Latina y el Caribe— "se sustenta en el pleno respeto al derecho internacional y en los propósitos y principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas. Los principios de no intervención, respeto de la soberanía, igualdad entre Estados y autodeterminación constituyen la base de las relaciones."

Pero ese párrafo que se refiere a principios que a todos nos parecen obviamente indispensables para establecer una relación estratégica entre la Unión Europea y nuestros países de América Latina y el Caribe, solo fue posible obtenerlo en la medianoche anterior al comienzo de la reunión de los jefes de Estado.

Tuvimos que desarrollar allí una batalla indescriptible, porque los países integrantes de la Unión Europea, unos más que otros, se resistían a que este tipo de formulación quedara expresamente recogida en el documento que esbozaba los principios sobre los cuales se harían en el futuro nuestras relaciones, y llegó un momento en que recibimos incluso instrucciones, la delegación cubana, de expresar que Cuba no podía aceptar ese documento. Tuvimos en eso el apoyo, además, de una parte importante de los países de América Latina, y especialmente del Caribe, que consideraron que no podría haber documento si no se respetaba una formulación de ese tipo en el texto.

Se intenta imponer —ha sido explicado ampliamente por el compañero Fidel— el Tratado Multilateral de Inversiones; se trata de imponer los intereses de los países más ricos y desarrollados en la Organización Mundial del Comercio; se intenta convertir al Tercer Mundo —como ha dicho Fidel— en una inmensa zona franca, sin que quede dentro de las regulaciones para el comercio en el mundo del futuro nada que proteja los intereses de los países de economías menos desarrolladas, los países que tienen limitaciones por poblaciones pequeñas, porque dependen de unos pocos productos y a veces de un solo producto de exportación.

Se intenta imponer solamente las reglas que permitan continuar la expoliación de nuestros países del Tercer Mundo.

Se intenta revisar por los poderosos las prioridades acordadas por la comunidad internacional en materia de desarme. Se insiste por ellos en el concepto de la no proliferación nuclear, es decir que nuevos países no tengan el arma nuclear; pero no aceptan el término del desarme nuclear total, que es el que nosotros defendemos: que nadie tenga las armas nucleares, que los que las tienen hoy comiencen negociaciones y se comprometan a eliminarlas; y mientras Estados Unidos desarrolla armas más mortíferas, bombas inteligentes, el uso del láser, armamento nuclear y convencional cada vez más mortífero y sofisticado, por otra parte se intenta imponer el control de las armas pequeñas y ligeras a los países del Tercer Mundo. No quieren comprometerse a eliminar las armas nucleares y quieren regular la exis-tencia de las pistolas y las armas cortas en los países del Tercer Mundo. Ese es el escenario en que debemos debatirnos los países del Tercer Mundo.

Se debe —y nosotros apoyamos esa tesis— ampliar y democratizar el Consejo de Seguridad. Se debe rescatar el espacio y la jerarquía que requiere la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero hay que preservar a las Naciones Unidas. Se le ha obviado de manera vergonzosa en la reciente crisis de la agresión a Yugoslavia, se ignoró completamente al Consejo de Seguridad, no se le dejó reunirse, no se permitió que la Asamblea General considerara un asunto tan grave como el de haber desatado una guerra de agresión contra un país independiente y Cuba defiende el concepto de que efectivamente hay que ampliar, hay que democratizar a las Naciones Unidas; pero hay que respetar a las Naciones Unidas como la organización que los países se dieron después de la Segunda Guerra Mundial y que mantiene su vigencia y su necesidad.

La segunda cuestión clave para nuestra política exterior es la defensa de nuestra posición de que el actual orden económico internacional es injusto y es, además, insostenible. Para probarlo, solamente citaré unos ejemplos:

Es insostenible un sistema económico que destruye el medio ambiente. La disponibilidad de agua potable es hoy el 60% de los niveles del año 1970; igual ocurre con los bosques. Se destruye el medio ambiente, se destruye el planeta en que vivimos, y forma parte de nuestra política exterior la defensa de un sistema económico racional que permita que los 6 000 millones de habitantes que son hoy los que pueblan nuestro planeta y que crecen cada año en más de 80 nuevos millones de habitantes, todos ellos prácticamente en el Tercer Mundo, tengan una vida decorosa y digna, lo cual sería totalmente posible si se cambiaran las actuales reglas de juego y se usaran los recursos disponibles con sentido común, con justicia y racionalidad.

Patrones de consumo irracionales, injustos e insostenibles en los países ricos, que son los causantes de este deterioro del medio ambiente y de las condiciones de vida en el planeta. Un ejemplo nada más tomado de una publicación norteamericana: "Cada norteamericano consume la misma cantidad de energía que 3 japoneses o que 38 indios o que 531 etiopes." Esa es la manera en que se distribuye el consumo en el mundo.

Por otra parte, se exportan esos modelos irracionales a los países del Tercer Mundo, para lo cual se emplea el dominio prácticamente absoluto de los medios de difusión masiva que Estados Unidos tiene. Hay que tener en cuenta que el 62% de la programación televisiva de América Latina es de origen norteamericano; 62 de cada 100 horas de televisión que se ven en América Latina fueron fabricadas en Estados Unidos, y exportan los modelos de consumo y los patrones de vida de la sociedad norteamericana.

Un sistema financiero internacional, en una economía que se ha globalizado, convertido en un inmenso casino, que permite que diariamente se realicen operaciones especulativas por valor de 3 millones de millones de dólares; unos privilegios irritantes para la moneda norteamericana —que no me detengo a explicar porque han sido ampliamente tratados ante nuestro pueblo por el Comandante en Jefe— que obligan a los países del Tercer Mundo a intentar tener altas reservas monetarias para defender su moneda frente al dólar, frente a todas estas actividades especulativas, y que imponen a nuestros pueblos sacrificios terribles, privatizaciones, programas draconianos de austeridad para intentar tener unas reservas que, cuando llega el momento del ataque especulativo, vuelan y desaparecen. Hay que recordar el ejemplo reciente de Brasil, que perdió en unos días 30 000 millones de dólares de su reserva, intentando defender, sin éxito, su moneda frente al dólar.

La situación de los países subdesarrollados se torna insoportable.

Crece la deuda externa. En 1991 América Latina y el Caribe debían 459 000 millones de dólares, hoy deben 800 000 millones de dólares, el doble casi, y en este período han pagado 800 000 millones de dólares como servicio de la deuda; una deuda externa que es una carga insoportable y que establece un mecanismo feroz, que provoca que se deba hoy el doble de lo que se debía hace unos años, después de haber pagado dos veces lo que se debía.

Disminuye la Ayuda Oficial al Desarrollo. Los países ricos se comprometieron a dedicar el 0,7% de su Producto Interno Bruto como Ayuda Oficial al Desarrollo; hoy está en su índice más bajo, dedican solo el 0,23%.

Los términos de intercambio desigual son cada vez más lesivos a nuestra economía. Cada vez es más caro lo que tenemos que importar, los equipos de alta tecnología, las cosas que debemos importar que se fabrican en los países ricos, y cada vez se paga menos por nuestros productos de exportación.

La situación social del Tercer Mundo se torna insoportable: más de 1 300 millones de pobres, casi 900 millones de hambrientos.

Un mundo, además, que ya hoy es un mundo patrimonio de las transnacionales que intentan incrementar su control sobre él.

Daré solamente unos datos que el PNUD acaba de publicar. Dice el PNUD que en el mundo, el año pasado, las 10 mayores transnacionales en el campo de los pesticidas controlaban el 85% del mercado; las 10 mayores en las telecomunicaciones controlaban el 86% del mercado; las 10 mayores en el mercado mundial de computadoras controlaban el 70% de ese mercado; en los productos veterinarios, las 10 mayores controlaban el 60%; en los productos farmacéuticos, las 10 mayores controlaban el 35%; en el mercado de semillas, las 10 más grandes controlaban el 32%. En un mundo repartido entre unas pocas transnacionales, la mayoría de ellas norteamericanas y algunas europeas, ¿qué queda para los países del Tercer Mundo, donde vive la inmensa mayoría de la población del planeta?

Estas son dos líneas cardinales del trabajo de nuestro Ministerio, de nuestros diplomáticos en el exterior y en las que participan, obviamente, no solo nuestros compañeros, sino también, cada una en el área de su responsabilidad, todas las instituciones y organizaciones de nuestro país que he explicado.

¿Hacia dónde vamos, cuáles son las prioridades de nuestro trabajo? Trabajamos por continuar impulsando las relaciones con el Caribe, nuestro entorno natural, nuestros aliados, países con un gran espíritu de independencia y que mantienen una valiente posición solidaria con Cuba. Trabajamos por fortalecer las relaciones y la integración de América Latina. Defendemos la tesis de unirnos primero los países latinoamericanos para poder, juntos entonces, enfrentar las negociaciones futuras y los ímpetus de apropiarse de todo el hemisferio, que hoy día son más visibles que nunca en la política exterior de Estados Unidos.

Ha ocurrido un hecho reciente de una indudable trascendencia: Cuba ha sido aceptada en la ALADI, en la Asociación Latinoamericana de Integración, lo cual constituye un triunfo para nuestro país, un reconocimiento de los países de América Latina, que, pese a la oposición y a las presiones norteamericanas, han aceptado que Cuba ingrese en la ALADI.

Estados Unidos no permite que participemos en la Cumbre de las Américas que ellos han organizado y no permite que participemos en el ALCA, la Zona de Libre Comercio de las Américas, que es un proyecto norteamericano para negociar uno por uno con los países de América Latina y tragarse sus industrias, sus propiedades, su capital, y al cual enfrentamos, y sobre el que tratamos de hacer conciencia entre el resto de los países de nuestro hemisferio.


III PARTE


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