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¡Respétese a los pueblos!...(II)


Nosotros hemos leído algunos libros sobre lo que constituyó, día por día, aquel avance, rodeado siempre de grandes unidades enemigas del gobierno títere, abastecido con todas las armas que necesitaba, divisiones por centenares, y aquella proeza militar tuvo lugar en condiciones dificilísimas, siempre cercados por grandes fuerzas, constantemente burlando al enemigo, venciendo barreras naturales que a veces eran montañas con nieve, otras ríos impetuosos y anchos, hasta llegar al punto donde establecieron durante muchos años una base en la que permanecieron durante la guerra de liberación.

Hubo un período en que los otros, los llamados nacionalistas, los títeres, los reaccionarios, estaban enfrentados a la invasión extranjera, a la guerra contra los militaristas japoneses, y en cierta medida sumaron fuerzas con los revolucionarios chinos; pero aquellos que no estaban sirviendo ni al pueblo ni a la verdadera independencia del país, cometían todo tipo de errores y debilidades. En ocasiones los comunistas tenían que luchar contra los llamados nacionalistas de Chang Kai-Shek y contra las tropas japonesas; pero a pesar de ello hicieron una decisiva contribución a la derrota de los militaristas japoneses —también estas realidades están en las páginas de la historia moderna de China.

Y aquellos que servían a la reacción y al imperialismo yanki al finalizar la Segunda Guerra Mundial, fueron derrotados de forma aplastante, contundente e irreversible, se refugiaron en la islita de Taiwán, que es parte integral del territorio de China, como nos pertenecen a nosotros los cayos que están al norte de Cuba, más todavía que la Isla de la Juventud, porque durante infinitamente más tiempo fue parte de China. Son de nacionalidad china los que están allí, de idioma chino, de cultura china, por mucha penetración occidental que hayan recibido. Su pertenencia es derecho incuestionable de la nación china. No puede negarse en absoluto que se trata de un problema interno de China, en el que nadie tiene derecho a mezclarse, y es lo que reclaman: el respeto a la soberanía del país, el respeto a la integridad del país, el reconocimiento universal de ese derecho. No están reclamando la unión de una nación diferente, una etnia diferente, una cultura diferente.

Incluso los de Taiwán, hasta muy recientemente, y sobre todo cuando estaban en el Consejo de Seguridad, durante 22 años, hablaban de una sola China, absolutamente integrada; hasta muy recientemente han estado hablando en ese idioma.

¡Ah!, ¿cuál fue la primera intervención militar de Estados Unidos para segregar Taiwán? Lo recuerdo: en los días de la guerra de Corea, la flota norteamericana se interpone entre el territorio continental y la isla de Taiwán, eso no puede olvidarse. Aquello se mantuvo por la fuerza. No estaba el país en condiciones de librar entonces una batalla, ni el país quería librar esa batalla; el país reclama sus derechos, exige que se le reconozca y desea resolver el problema de forma pacífica. Lo que sí plantea con todo su derecho es que no admitiría la pérdida de una parte de su territorio, el desgarramiento de su país mediante la declaración y el reconocimiento de una república independiente en Taiwán, lo han dicho bien categóricamente, que no lo admitirán, y tengo la seguridad de que no lo admitirían, como tengo a la vez la esperanza de que ese problema y el reconocimiento en la teoría y en la práctica de los derechos inalienables de China se produzcan sin ningún tipo de guerra o derramamiento de sangre.

Lo que en realidad ocurre hoy es que Estados Unidos y otros países occidentales, mientras hablan de la existencia de una sola China, suministran al gobierno separatista de la isla las más modernas y sofisticadas armas y alimentan al movimiento contra la integridad de China.

El Embajador recordaba, y también lo mencionó Machadito, el problema de Hong Kong. Supieron tener toda la paciencia necesaria, hasta que llegó el día en que a Occidente y al mundo no les quedó más remedio que reconocer el derecho de la República Popular China a la reintegración de ese pedazo de su territorio, arrebatado en guerras coloniales, ignominiosas guerras coloniales.

En estos tiempos mucho se habla contra el tráfico de drogas; en aquel tiempo el Imperio Británico se apoderó de ese territorio, y los occidentales desataron la guerra y se enviaron tropas que llegaron hasta Pekín, para imponer el derecho de potencias occidentales a comerciar con el opio en China. Esa es la verdad histórica.

Recordaban también que este mismo año les devolverán Macao, el pedacito aquel que está en posesión de un país europeo, y se hará de forma pacífica, algo que se acordó gracias a la paciencia china, paciencia de la cual todos debemos aprender y en parte hemos aprendido nosotros, y si no lo hemos aprendido, lo hemos ideado por nuestra propia cuenta, porque el deber de todo revolucionario es también actuar con toda la sabiduría necesaria.

Ellos esperaron y este año tomarán ya posesión de aquel territorio. Idearon, para facilitar las cosas, el principio de un país y dos sistemas. Les prometieron a los de Hong Kong que permanecería allí el sistema económico y social existente, las instituciones existentes, pero bajo la soberanía china; se lo han ofrecido también a Taiwán, incluso con más amplitud. Pero una prueba del espíritu pacífico de China es el hecho de que, a pesar de que no había forma de defender el enclave portugués de Macao, ellos no aprovecharon ninguna circunstancia o alguna coyuntura para apoderarse de ese enclave.

Un país vecino, muy populoso también, la India, no tuvo tanta paciencia y en un momento se apoderó de un enclave portugués que estaba en el territorio de la India. Es un buen ejemplo del espíritu pacífico de la República Popular China. No usaron la fuerza para rescatar aquel territorio, con la ayuda del tiempo y del apoyo internacional van recuperando todos aquellos derechos que les fueron arrebatados.

El Embajador mencionaba cómo al país lo habían despedazado; podía mencionar muchas cosas más. Mencioné aquella historia del opio. ¡Cuántos crímenes se cometieron contra esa gran nación hasta mediados de este siglo, y cuántos derechos se le negaron y se le desconocieron, hasta que fueron reivindicados prácticamente en el transcurso de dos tercios de este siglo!

¡Respétese a los pueblos! ¡Respétese su integridad territorial! No es esta una época de desintegrar países, cuando muchos pueblos, separados por fronteras, por banderas y por himnos, luchan por la integración. Europa lucha por la integración, se une, prácticamente barre fronteras; los países del Caribe luchan por la integración; los países de Centroamérica luchan por la integración; los países de América del Sur luchan por la integración. América Latina lucha por ella. Es que ningún pequeño país en el futuro podría existir prácticamente aislado.

Digo más: Suiza, un país tradicionalmente muy celoso de su soberanía, que gracias, en parte, a su excelente ubicación geográfica, en pleno corazón de los Alpes, pudo mantenerse neutral en la Primera y la Segunda Guerra Mundial —y en Suiza, lo conozco porque estuve allí y hablé con los dirigentes, todos los dirigentes eran partidarios de la integración con la Comunidad Económica Europea, y un 49% de la población, falta solo una pequeña fracción para ser mayoría—, no podría vivir sola en los Alpes, aislada del resto de la comunidad europea. Marcha inexorablemente hacia la integración en esa comunidad.

¿Quién tiene derecho a apoyar la desintegración en China? ¿Quién tiene derecho a negar la demanda china de que se reconozca la soberanía sobre ese territorio de Taiwán? Es absurdo, cuando todo el mundo se integra, que alguien proclame la desintegración de un pedazo de China.

Vean ustedes el desastre que trajo a los antiguos países de la Unión Soviética la desintegración; desintegración para que todos corran, fundamentalmente Estados Unidos, a invertir y a establecer su hegemonismo, su dominio y su posesión sobre los recursos fundamentales de esas antiguas repúblicas, principalmente gas y petróleo, productos en los cuales varias son muy ricas, así como en otros minerales.

El mundo no marcha hacia la desintegración, marcha hacia la integración; no es solo un derecho histórico, sino un principio del mundo moderno, una necesidad de la vida moderna. Eso es lo que reclama la República Popular China. Y ya la República Popular China de ahora, de este milenio, o del siglo que pronto comenzará, es muy diferente de aquella república que surgió hace 50 años en un país arrasado por muchos años de guerra, contra la invasión extranjera.

A esto se sumó la guerra revolucionaria. Más de 20 años de intensos combates contra los enemigos internos y externos del pueblo chino. El país destruido, el país que era pobre, el país que había sido explotado por explotadores externos e internos. Había que empezar a reconstruir todo aquello. Ya mencioné en qué condiciones lo hizo.

Es un país cuya economía avanza tremendamente. Es curioso, Machadito mencionó la contribución que hicieron durante la crisis asiática. Hay algo más: la República Popular China le prestó un servicio extraordinario al mundo en los meses recientes, especialmente desde 1998, en aquella crisis que comenzó por el sudeste de Asia y que condujo a la segunda potencia mundial en el campo económico, que es Japón, también a una profundísima crisis, que después se extendió a Rusia, que ya estaba afectando seriamente los valores de las acciones de las bolsas de Estados Unidos y que amenazaba directamente con barrer la economía de América Latina.

Véase si el peligro fue grande que la América Latina en su conjunto crecerá en 1999, si crece, un 0,5%; y si crece 0,5% es porque uno de los países con un peso importante en el área aporta un crecimiento mayor, México, que estará alrededor del 4% o el 5%. Hay países que tienen el crecimiento por debajo de 0, negativo, varios países, varios importantes países. Fue una amenaza económica mundial muy seria, la cual no ha sido superada todavía, no se sabe con seguridad si será superada en breve tiempo, y se tiene la seguridad —al menos yo la tengo— de que cuando se recupere no será por mucho tiempo.

China tuvo que hacer un enorme sacrificio económico, sin el cual nada habría podido detener la crisis. Se le creó una situación complicada, porque sus exportaciones crecían año por año, pero cuando la crisis asiática devalúa las monedas de un gran número de países con cierto nivel de desarrollo —los llamados tigres asiáticos, orgullo de la economía neoliberal, orgullo del imperialismo como ejemplo de lo que podía lograrse a través de sus fatídicas recetas— y cuando aquello se hunde en cuestión de días, ya que una tras otra la economía de aquellos países se hundió, con tremendas consecuencias ya para la economía del mundo, especialmente para los países del Tercer Mundo, que están desprotegidos totalmente en esas crisis, los chinos quedaron en desventaja, porque los precios de las mercancías de todos aquellos países se abarataron extraordinariamente, puesto que al devaluarse sus monedas podían exportar a bajos precios todo cuanto quisieran.

China pudo devaluar el yuan para protegerse de aquella competencia, para mantener el ritmo de incremento de las exportaciones y con ellas sus elevados crecimientos ininterrumpidos. El mundo temblaba, ¡el mundo!, y no solo el Tercer Mundo, sino también el mundo industrializado temblaba ante la idea de que China, con todo su derecho, y para proteger sus exportaciones y sus crecimientos económicos, devaluara el yuan. No lo hizo, y todavía no se ha escuchado mucho el reconocimiento que la República Popular China merece por ese servicio que le prestó al mundo, y a costa de su economía.

Es decir que actuó con un gran sentido de responsabilidad, el prestigio del país creció el pasado año más que el 7,8% de que habló Machadito cuando se refería al crecimiento de la economía china. Debe haber crecido el prestigio de China con ese solo hecho, por lo menos, un 20% o un 30%; pero creo que su prestigio era acreedor a un crecimiento del 200%, porque nadie es capaz de imaginar las consecuencias que habría tenido una medida de ese tipo en China; sin embargo, a China le están regateando el ingreso en la Organización Mundial del Comercio, y estamos todos librando una batalla por el ingreso de China en la OMC.

Europa y Estados Unidos se arrogan el derecho de decir si ingresa o no; se repite, en parte, la batalla aquella de las Naciones Unidas. Y la OMC es temible, porque puede ser un instrumento terrible contra los intereses del Tercer Mundo.

Al Tercer Mundo le interesa que China esté dentro de la Organización Mundial del Comercio, es la que regula esta actividad; instrumento creado, sin duda —igual que otros instrumentos que ya existen, como FMI e instituciones similares que han impuesto el famoso neoliberalismo, cuyas consecuencias nuestros compatriotas conocen a través de los miles de visitantes que llegan de todas partes y de los cables de prensa relacionados con esa teoría económica cada vez más desprestigiada y más dañina—, como un instrumento de dominio. Todo lo que ha creado el imperialismo después del derrumbe del campo socialista son instrumentos para fortalecer su dominio en todos los terrenos. En el terreno económico goza de unos privilegios increíbles que no pueden seguir subsistiendo. Son los que imprimen la moneda de reserva del mundo, en la cual no invierten más que papeles. Los europeos tratan de crear otra, para protegerse de esos superprivilegios que existen a costa de los intereses del resto del mundo y beneficiarse de cierta forma al compartir los mismos.

Todos esos temas forman parte de las cuestiones que hay que discutir para cambiar el orden mundial existente, que se ha establecido para eso.

El club de los ricos, un grupo de países ricos —son alrededor de veintitantos, creo que 29 ahora— inventó un proyecto de acuerdo multilateral de inversiones, para convertirlo en tratado internacional. Hoy existen acuerdos bilaterales, pero los países miembros del club, conocido como la OCDE, inventaron un proyecto y en silencio, ocultamente lo estaban discutiendo y a punto ya de lanzar. Cuando algunas personas —creo que en Francia— descubrieron el texto, que aunque se sabía que se estaba discutiendo no se conocía su contenido, armaron el gran escándalo y tuvieron sus autores que pararlo.

Donde tenía que discutirse eso era en la OMC, porque ciento y tantos países están allí, y no entre los 30 países más ricos. No querían que se discutiera en la OMC a pesar de ser la OMC un instrumento creado para fortalecer el hegemonismo económico, político y en todos los sentidos de Estados Unidos. Ellos impusieron las condiciones de esa organización, es un instrumento del imperialismo, para ello fue creado, aunque podría revertirse en un instrumento de los pueblos, donde los del Tercer Mundo somos amplia mayoría; pero los pueblos del Tercer Mundo están muy divididos porque, a causa de su pobreza, tienen una enorme dependencia de Estados Unidos y de las instituciones comerciales y los organismos financieros por él creados que muchas veces los desunen.

Actuando unidos los países del Tercer Mundo, con China dentro de la OMC, pudiera convertirse la OMC en un instrumento de justicia, en un instrumento de resistencia al hegemonismo de Estados Unidos, al nuevo orden económico, al orden económico actual que nos han impuesto, sumado, desde luego, al orden político que también han impuesto, por lo cual es tan importante, tan fundamental, una reforma de las Naciones Unidas. Todo esto está asociado. Podía ser la OMC un instrumento de justicia, somos mayoría, lo somos en Naciones Unidas, y ustedes ven algunas votaciones en la Asamblea General de Naciones Unidas; por ejemplo, las votaciones contra el bloqueo.

La Asamblea General logró imponer un día aquello que mencionaba del reconocimiento de los derechos de China en el Consejo de Seguridad, de la China verdadera, de la única China que existe. ¡Ah!, por eso nosotros siempre reclamamos más facultades para la Asamblea General de Naciones Unidas, esa institución debe cambiar.

El Embajador chino explicó aquí con claridad y mencionó todos los conceptos de soberanía limitada, amenazas globales, derecho a intervenciones como las que tuvieron lugar en Yugoslavia, a lo cual se añade la nueva concepción estratégica de la OTAN, aprobada unos días antes de aquella guerra genocida, que es un derecho que se autoasigna la OTAN de intervenir cuando le dé la gana en cualquier país.

Todos esos problemas, dije, están asociados, el intento de ignorar las Naciones Unidas, que es lo único que tenemos; una organización mundial que existe, surgió después de la Segunda Guerra Mundial. No se corresponde con la situación actual del mundo, que tiene casi 200 Estados independientes; surgió con la participación de unos treinta y tantos o cuarenta y tantos Estados dirigidos por las potencias victoriosas después de la Segunda Guerra Mundial. Es imprescindible reestructurarla, democratizarla, pero esto requiere tácticas y estrategias; al menos para mí está muy clara la importancia de los vínculos del Tercer Mundo con China y la necesidad del apoyo de China en esa impostergable reestructuración, porque es miembro permanente con derecho a veto.

Estados Unidos puede obstaculizar dentro de ciertos límites y lo va a obstaculizar durante mucho tiempo, pero tendrá que discutirlo, como ha tenido que discutir otras cosas que se negó a discutir durante muchos años, y no podrá impedir tampoco que se democratice las Naciones Unidas, a medida que se movilice la opinión pública mundial, que los pueblos se unan.

El mencionaba esos principios que el imperialismo quiere barrer; es muy importante escuchar aquí al Embajador chino afirmar que hay que defender esos principios y que esa es parte esencial de la política exterior china.


III PARTE


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