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Los hombres progresistas tienen que comprender la importancia
de esas herramientas con las que se forman conciencias

Quiero decir que los hombres progresistas, los hombres que desean un mundo mejor —hombres y mujeres, por supuesto—, tienen que comprender la importancia de esas herramientas con las cuales se forman conciencias, y pueden convertir esos factores subjetivos en instrumentos decisivos de la marcha de los acontecimientos históricos.

En esa reunión de que les hablaba se hicieron evidentes estas verdades. Claro, no es que se descubrieran ese día, fue producto de la batalla que veníamos librando, fue producto de leer durante muchos años, y cada vez más, las noticias de cuantos acontecimientos ocurren en el mundo, en este mundo tan globalizado, que cuando un gato muere en una esquina, digamos —yo cito una ciudad—, de El Cairo, esa noticia, quien tenga el hábito de informarse —de emplear dos o tres horas todos los días en recoger informaciones de lo que ocurre en el mundo— tiene idea de cómo funciona el mecanismo de sembrar mentiras y de crear desinformación.

Yo he tenido esa posibilidad, y estoy expresando precisamente esa experiencia vivida, y vivida más que nunca en esta época de crisis, de hegemonismo unipolar y de globalización de las ideas reaccionarias, de las mentiras, que antes llegaban a un país, después llegaban a un continente y ahora llegan, en fracciones de segundo, a cualquier rincón del mundo.

En realidad, al campo socialista y a la URSS no los destruyeron fundamentalmente sus propios errores, los destruyó esa infernal maquinaria de la mentira, del engaño y de la desinformación; les hicieron creer, y no fueron capaces de contrarrestarlo, la ilusión de que esas sociedades de consumo, de que ese mundo occidental era lo más maravilloso que podía haberse concebido jamás. Aquellas revistas, donde se ha invertido tanto papel como el necesario para enseñar a leer y a escribir diez veces la población actual del mundo, dedicadas, por ejemplo, a la chismografía de lo que hicieron tales y más cuales personajes, frivolidades suficientes para enviar al infierno unas cien veces la población actual del mundo. Todas esas cosas, toda esa propaganda que no fueron capaces de contrarrestar aquellos que actuaban en nombre de ideales de progreso.

Me consta que la inmensa mayoría creía en esos ideales, pero no fueron capaces de descubrir o desarrollar los medios, las formas y los procedimientos para combatir el mar de mentiras y de ilusiones que les sembraban por todos los medios. No eran tontos aquellos que se empeñaban en lanzar emisiones radiales como la Voz de Estados Unidos de América, y de sus aliados, para que llegaran a todos los rincones del mundo y al seno de las sociedades de los países socialistas, todas las ilusiones y todas las mentiras que fueron enajenando a millones de personas en esos países.

Claro, no es un mérito de ninguno de nosotros los cubanos el haber podido descubrir y ver con mucha más claridad esas cosas; porque, bueno, unos eran inmensos países y había esquematismo, dogmatismo, al extremo casi de convertir la doctrina en una religión, burocratismo y montones de cosas más que permitieron o hicieron posible un retroceso de la historia, y que lo que debió haber sido perfeccionado, que necesitaba mucho perfeccionarse, fuese destruido. El elemento principal siguió siendo aquel instrumento, que tan hábilmente y tan eficientemente emplearon el capitalismo y el imperialismo.

Ya les mencionaba que se invertían inmensos recursos, y hablaba de frivolidads, chismes, tonterías que envenenaban a la gente, como pueden envenenar algunas de esas novelas frivolísimas que de tal manera encantan, capturan, conquistan y hacen prisioneras las mentes de millones de personas. Así también han manejado y manejan hoy más que nunca la mente, pudiéramos decir, de miles de millones de personas.

Está la enorme cantidad de papel, de los más lujosos, que se invierte simplemente en publicidad, y los millones de horas que se invierten al año en publicidad. Nosotros hace rato que no tenemos publicidad en la radio, en la prensa escrita o en la televisión, y nos vimos obligados en estos tiempos, para poder divulgar, por ejemplo, un importante evento deportivo, a poner algunos anuncios en la televisión. De repente, en medio de un emotivo y tenso juego, nuestra televisión y nuestro pueblo, especialmente aquellos que se preocupaban de modo especial por estas cosas, tenían que ver que se interrumpía el hilo del espectáculo para publicitar una mercancía, que podía ser el automóvil tal y más cual u otra cosa que la inmensa mayoría de la población no tenía la menor posibilidad de adquirir.

Hasta que a raíz de los últimos juegos de Winnipeg, en que por cierto el bandidismo y la corrupción en el deporte, como en otras tantas cosas, se hizo más evidente que nunca, decidimos —aunque tengamos que arrancarnos una mano, o, como se dice, aunque nos costara un ojo de la cara— acabar con la propaganda comercial en nuestras emocionantes competencias deportivas.

A veces una entrevista que nos han hecho en la televisión extranjera, y he tenido oportunidad de ver, es desesperante, y solo se soporta por costumbre, cuando se interrumpe cada tres minutos lo que se está diciendo para anunciar cualquier cosa, desde una untura de esas, un aceite para aplicarle a la piel a fin de que esté más tostadita o menos tostadita, más suave o no sé qué, artículos de perfumería, digamos, o algún artefacto para hacer ejercicios en las casas corriendo así y así, y tantos disparates, que a mí por lo menos me desesperan, es algo terrible.

Yo diría hoy que un ciudadano norteamericano no podría vivir sin esas interrupciones, porque ya las han convertido en un reflejo condicionado y si el novelón no se interrumpe para un anuncio, entonces aquello debe parecerle algo falta de motivación, de suspense y de interés, porque tiene que vivir en aquella angustia de ver qué fue lo que inmediatamente dijo después aquel señor que está hablando y qué ocurriría con lo que se narraba.

Imagínense, nosotros, que tenemos un periodiquito con ocho páginas viendo cómo lo utilizamos y hemos estado años con un solo periódico diario, qué sentiríamos cuando veíamos un periódico incluso de algunos de nuestros países del Tercer Mundo, donde sabemos que hay tanta hambre y miseria y tanto niño por la calle sin ir a la escuela, pidiendo limosnas, limpiando parabrisas, un periódico con 80 páginas de anuncios. En eso se utiliza el papel, la imprenta y muchas cosas. Y hablo de la prensa escrita.

Usted quiere buscar una noticia y tienen tres páginas completas de anuncios de cuanta cosa loca hay en el mundo para encontrar un materialito que le interesa un poco y cuando lo encuentra, después dice: pasa a la página tal, tiene que pasar otras 40 hojas para encontrar la página tal, donde continúa aquello que le están contando y que a usted le ha interesado.

De modo que en realidad, y tomando en cuenta la pobreza enorme de muchos de esos países, quizás, junto al veneno colosal que se recibe todos los días por esas vías, esté únicamente el beneficio del uso sanitario que pueda tener tanto papel.

Tenemos que resignarnos; incluso, ustedes, los periodistas, tendrán que resignarse a que si escriben algo bueno, en esos pocos espacios en que pueden escribir, corran la misma suerte que una gran cantidad de anuncios publicitarios (Risas).

Miren, más vale que yo no me embulle con este tema, o con estos temas, porque les quería nada más que reflejar algunas ideas y es la importancia que tiene la prensa, o, mucho mejor todavía, la importancia que tienen los periodistas o los que hoy llaman comunicadores. Yo prefiero seguir llamándolos periodistas, aunque sería capaz de comprender lo que se quiere decir con comunicadores. En nuestra universidad, creo que se llama ahora la facultad de Comunicación Social. Perfecto, tiene muy bien puesto ese nombre, cuando lo terminemos de entender cabalmente; pero admito, es más amplio, realmente es más amplio.

Eso fue algo que vimos con tanta claridad en ese congreso del que les hablaba y sobre el que traté un poco de ilustrarles, al considerar las posibilidades que nosotros, los comunicadores pobres —y yo no me atrevería jamás a la presunción de considerarme un periodista, pero sí tengo la necesidad de comunicarme; no soy un comunicador, sino alguien que tiene necesidad de comunicarse—, tenemos frente a ese colosal imperio y la infinita fuerza que poseen aquellos que están haciendo retroceder al mundo y amenazan con llevarlo al exterminio, cuyas ideas, cuyos conceptos y cuyas mentiras hay que destruir.

Creo, ciertamente, que en este momento que estamos viviendo, ya al entrar en el próximo siglo, sobre el que incluso se está diciendo una gran mentira, que uno lo ve y casi se desespera. Se afirma, por ejemplo, que el próximo milenio comienza el año 2000. Dicen sobre esto una mentira más, aunque admitamos que no sea más que una mentira convencional. Si quieren podemos celebrar y no tomando champaña, sino denunciando cosas que hay que denunciar, dos inicios de siglo y con ellos celebrar dos inicios de milenios. El 31 de diciembre de este año y el 31 de diciembre del próximo año, a las 12:00 y un segundo de la noche, de acuerdo con la ubicación geográfica de cada país, donde esté el ciudadano, porque tan relativo es todo que en 12 horas se producirán infinitos millones de años nuevos, siglos nuevos y milenios nuevos, de modo que cada ciudadano de este mundo lo va a celebrar, porque cuando el vecino de enfrente haya llegado a esa hora exacta, él todavía no ha llegado. Matemáticamente es así; lo señalo como un ejemplo, aunque en este caso, digamos, más bien cómico y risible, de las ignorancias, de las mentiras o de los convencionalismos.

El hecho real es que los comunicadores pueden salvar al mundo. Por lo menos los comunicadores en este país están empeñados en la tarea de salvar un pequeño país; pero un pequeño país que está luchando frente al más poderoso imperio que haya existido nunca, la más poderosa potencia en todos los conceptos, económico, militar, tecnológico que haya existido nunca, y que, además, para nosotros significa el inconveniente de ser no solo nuestro vecino muy próximo, sino, además, nuestro enemigo más empecinado. Al parecer, quiso el azar "privilegiarnos" a nosotros de alguna manera.

En esa lucha estamos envueltos, somos el único país del mundo al que ese país le hace una guerra económica directa. A los demás los saquea, a los demás les roba, de los demás se va apoderando rápidamente, a buen ritmo podríamos decir, con unos papeles que imprimen: los bonos de la tesorería y los dólares norteamericanos. Fíjense si es así que es el país cuyos ciudadanos menos ahorran en el mundo, en este momento están por debajo de cero y sus ciudadanos gastan más que el ingreso promedio personal. Así son los que más gastan y los que más compran en el mundo.

Cuando nació el capitalismo, se suponía que los recursos monetarios financieros necesarios salían del ahorro que harían, digamos, los burgueses, o los pequeñoburgueses, porque los pobres casi nunca han podido ahorrar algo; de los ahorros salía el capital con que se invertía en el exterior o en el interior. Hoy el capital sale de las imprentas del sistema de la reserva de Estados Unidos. Creo que es allí donde están las máquinas.

Vean qué mundo, vean qué orden económico mundial y vean por qué, cuando esas cosas ocurren, inevitablemente se tendrán que producir, no guerras nucleares, sino explosiones sociales nucleares, la crisis que va a poner fin a todo eso. No lo dude nadie en absoluto, eso es insostenible por dondequiera que se analice y se vea.

Por eso hablé, sí —no por elogiarlos a ustedes, sino expresándoles una convicción profunda—, de la importancia del papel de los comunicadores y del papel que estaban haciendo aquí, y luchando contra quiénes. Y que nos han concedido hoy, yo diría, para honra de Cuba, en un mundo donde hay tanta cobardía política, en un mundo donde hay muchos políticos muy débiles, o tantos políticos tan débiles, para ser más exacto, el honor inmenso de ser el único país, no solo bloqueado, desde luego, todos lo saben, sino también el único país al cual ese imperio superpoderoso prohíbe vender alimentos y medicinas, en su desesperación por alcanzar el imposible objetivo de lograr que nos rindamos.

Vean a qué nivel rasero está ya la moral de ese sistema y la decadencia del mismo.

Ustedes mencionaron hoy las votaciones en Naciones Unidas. Vean qué nivel de descrédito, a pesar de su inmenso aparato de propaganda machacando todos los días contra este pequeño país. No, Dante no habría sido capaz de pintar un país como la Cuba que pintan esos medios, esa infernal maquinaria del imperialismo sobre nuestro pequeño y admítanme, aunque sea con rubor, decir heroico país, no por méritos propios, sino por las circunstancias que mencionaba de tener por vecino y adversario a tan poderosa potencia. Si realmente nuestro enemigo fuese un pequeño adversario, sin ningún poder, entonces de Cuba ni siquiera se hablaría en el mundo.

Ha usado todos esos medios, y, a pesar de eso, se vieron cosas tan increíbles como las que tuvieron lugar en esta última votación, de alguien que llegó tarde y fue a la tribuna a explicar que no aparece su voto, pero que su posición es esta, esta y esta en favor de la Resolución cubana; otro que apretó un botón y no aparece entre los nombres de los que votaron, y dijo: "Oiganme, yo he venido aquí a decir que yo apreté ese botón y que apoyamos la Resolución de Cuba." No, eso no se había dado jamás, un fenómeno de ese tipo; y un individuo allí en representación de Estados Unidos negando que el bloqueo exista, que el bloqueo en alimentos y medicinas exista.

No, yo me he divertido realmente en estos días, porque los he visto embarazados, confundidos, enredados, enmarañados, pónganles el calificativo que quieran, de forma tal que los lleva a la histeria. ¿Y de qué han valido sus medios? ¿De qué ha valido pintar un infierno de Cuba y habérselo hecho creer a no se sabe cuánta gente? Y se lo dice un testigo, que es alguien que recibe a muchas personas que visitan a Cuba y cuando comprenden que este no es el infierno que pintan, comienzan a criticarnos como si nosotros tuviéramos la culpa, o como si tuviéramos toda la culpa de que las cosas que ocurren en Cuba y las cosas que ha hecho la Revolución Cubana no se conozcan en el mundo, y casi nos acusan de imbéciles porque no hemos hecho conocer esto.

Por ejemplo, a cuántos millones de personas en el mundo habría que explicarles esa votación de 157 votos contra dos, en realidad fueron 155, más los dos que declararon allí su posición y las razones por las que no habían podido votar, más un tercer país que al otro día declaró lo mismo, porque no estaba el Embajador, fue allí y pidió a la organización que hicieran constar en acta que no había estado allí, porque tuvo que estar ausente ese día, pero quería exponer que su posición era de apoyo, 158; y seis países que siempre apoyaron la Resolución cubana y que por la pobreza tremenda que están padeciendo muchos de los países del Tercer Mundo, estaban en mora ya que no habían podido pagar su cuota.

¿Por qué ese apoyo, a pesar de tantas calumnias? Me viene a la mente lo que ocurrió este año con la famosa Resolución de Ginebra: el día previo a la votación, a las 12:00 de la noche teníamos 25 votos a favor, 6 votos por encima del imperio, es decir, votos en contra de la Resolución yanki, y antes de las 8:00 de la mañana, unas horas después, teníamos 1 voto menos que ellos: 20 votos a favor ellos y 19 nosotros. Los más grandes personeros de ese país, desde la distinguida Ministra de Relaciones Exteriores, el distinguidísimo Vicepresidente de ese país, hasta el ilustrísimo Presidente de Estados Unidos, llamando por teléfono desesperadamente. Y no voy a mencionar circunstancias, no voy a mencionar a ninguno de esos países, porque de verdad querían votar por nuestro país.

Lo que determinó aquello en el último minuto fue una abstención, que se volvió negativa, y 5 países a favor nuestro, a los cuales aquellos les demandaron, les exigieron y prácticamente les impusieron que se abstuvieran. Eso ocurrió en un período de siete u ocho horas, porque cuando se dieron cuenta de que estaban perdidos, no durmieron esa noche. ¡Ah!, ellos no se imaginan cuánto humillan a un gobernante cuando de tal forma lo obligan a incumplir su deseo, e incluso su compromiso.

Eso fue allí en Ginebra, allí tenían asegurada la paliza; pero había un número menor de participantes, muchos menos que en la Asamblea General. Tienen un grupo de aliados que en esos temas están incondicionalmente junto a ellos, y producto fundamentalmente de la calumnia.

Ustedes hablaban de los miles de periodistas asesinados en los últimos años, en América Latina y en el mundo, y yo me rompía la cabeza tratando de hallar el nombre de un periodista cubano asesinado en 40 años de Revolución; me rompía la cabeza, tratando de asegurarme de que no padecía amnesia, buscando el nombre de un periodista cubano torturado por la Revolución, el nombre de un periodista cubano golpeado por la Revolución.

¡Ah!, han existido quienes han deshonrado ese noble título actuando no como periodistas, sino como servidores de ese superpoderoso imperio, como mercenarios, traidores a su pequeña patria, que incluso les aseguró que gracias a la Revolución pudieran estudiar cualquier carrera universitaria, entre ellas la de periodismo.


III PARTE


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