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DIGITAL. La Habana. Cuba
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"La agrupación de exiliados Hermanos al Rescate anunció hoy que ha pedido a la Fiscalía Federal de Florida `que procese criminalmente al dictador Fidel Castro por asesinato', en coincidencia con un posible viaje del líder cubano a Estados Unidos".
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"La Fundación Nacional Cubano Americana, una de las más poderosas organizaciones del exilio y varios otros grupos anticastristas se han sumado a la petición del congresista estadounidense Lincoln Díaz Balart de procesar a Castro por la muerte de los pilotos de Hermanos al Rescate".
Todas estas acciones sucesivas y combinadas fueron divulgadas en solo 72 horas después de las declaraciones del vocero del Departamento de Estado el 22 de noviembre.
Dejo a un lado la histeria y las amenazas de los gritones de la mafia terrorista de Miami siempre deseosos de provocar un sangriento conflicto armado entre Cuba y Estados Unidos, que en este caso sería inevitable consecuencia de cualquier intento de retenerme por la fuerza en Seattle, cuyo primer combate se produciría, muy a nuestro pesar, en esa pacífica, culta y hospitalaria ciudad, en el instante mismo en que, con viles pretextos y groseras calumnias, autoridades norteamericanas trataran de arrestarme traicioneramente en Seattle.
Lo importante para mí era la posición de Estados Unidos respecto a mi derecho a participar en una reunión internacional de la Organización Mundial de Comercio de la que Cuba es miembro desde su fundación. Se hizo pronto evidente que el gobierno de Estados Unidos era opuesto a mi presencia en la reunión de Seattle. Tuve la certeza de que el Departamento de Estado no me concedería la visa. Por ello, no me molesté siquiera en solicitarla. No quería ser sometido a esa humillación. Bien pronto pudimos comprobarlo.
El día 26 de noviembre, en las primeras horas de la tarde, el jefe del Buró Cuba del Departamento de Estado y un importante Subsecretario de ese Departamento, en almuerzo que se concertó por iniciativa de ambos funcionarios norteamericanos con el compañero Dagoberto Rodríguez, director de América del Norte del MINREX, que estaba de paso por Washington rumbo a Seattle, este fue advertido de las posibles consecuencias del viaje con los mismos argumentos de la mafia extremista cubano-americana, lavándose aquellos las manos como Poncio Pilatos. Era incuestionable el complot que con el apoyo del Departamento de Estado se llevaba a cabo contra mi viaje a Seattle. Esto corroboró mi percepción sobre la oposición e incluso el temor político y moral a mi participación en la reunión de la OMC en Seattle.
Ya el propio viernes 26 de noviembre, muchas horas antes del almuerzo en Washington, dimos instrucciones al Ministerio de Relaciones Exteriores de presentar a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba, antes de las 11 de la mañana, la solicitud de visa para una lista de más de 30 compañeros encabezada por nuestro Canciller. A nuestra empresa aérea se le indicó solicitar autorización de vuelo para que un Il-62 partiera en dirección a Seattle a las 3 de la tarde, hora de Cuba, del lunes 29 de noviembre.
No quise explicar públicamente esta decisión hasta que tú recibieras este mensaje.
Lo que más me había estimulado a viajar a Seattle no era la propia reunión donde tendría solo cinco minutos para hablar sobre cuestiones realmente muy complejas, sino la posibilidad de sostener encuentros con estudiantes, profesionales especializados, académicos, donde exponer mis puntos de vista, sostener intercambios y debatir a fondo problemas cruciales de nuestra época, gracias a las numerosas invitaciones que tan amablemente recibí con motivo de esa posible visita. Pero yo no podía viajar a territorio norteamericano si los voceros oficiales del gobierno declaraban la visita "inapropiada", o, peor aún, participaban conscientemente de una gran provocación en Seattle.
Sin embargo, no me parecía suficiente enviar una simple carta explicando las razones de mi ausencia a numerosas personalidades e instituciones incluso religiosas que con tanta generosidad e interés esperaban el encuentro. Tomamos por ello la decisión de enviar una delegación presidida por nuestro joven y combativo canciller, el ingeniero Felipe Pérez Roque, que por haber trabajado conmigo durante más de siete años está profundamente familiarizado y comparte plenamente mis concepciones e ideas sobre la situación actual del mundo y su posible evolución. Con él viajan también nuestro Ministro de Comercio Exterior, Ricardo Cabrisas, defensor consecuente de los intereses de los países del Tercer Mundo, y otros miembros de nuestro equipo de trabajo cotidiano en el análisis de los graves problemas económicos internacionales; el Jefe de nuestra Oficina de Intereses en Washington y el prestigioso Presidente de los estudiantes universitarios de Cuba.
Decidimos enviar con ellos gran parte del personal de seguridad y comunicaciones que me ha acompañado en los más arriesgados viajes al exterior, para apoyar a la delegación cubana a Seattle y garantizar su protección contra cualquier provocación o agresión física de la mafia terrorista cubano-americana.
Nuestro Canciller lleva instrucciones de contactar y reunirse con las instituciones y personalidades que me invitaron a Seattle y que mostraron interés en reunirse conmigo, para explicar las razones de mi ausencia. El podrá responder, exponer y debatir sobre cualquier tema que les interese sobre las posiciones de Cuba como pudiera hacerlo yo mismo y quizás mejor.
Por mi parte, lo que podía decir en Seattle lo haré en el Encuentro Internacional de Economistas que tendrá lugar en La Habana del 24 al 29 del próximo mes de enero, y en una importante reunión Cumbre del Grupo de los 77 más China, constituido ya por 133 países del Tercer Mundo que, por acuerdo de ese propio grupo, sesionará tres meses después, entre los días 10 y 14 de abril, en La Habana. Tendré así más tiempo para actualizarme sobre la evolución de los acontecimientos, enriquecer la información de que dispongo y profundizar en mis ideas al ritmo que la velocidad de los hechos que ocurren en el mundo exige.
Tú, estimadísimo Jim McDermott, fuiste sin duda el más entusiasta y tenaz defensor de la idea de invitarme a debatir en Seattle. La idea ganó apoyo entre aquellos que, como tú, defienden el intercambio valiente y sincero de opiniones por encima de fanatismos, dogmatismos y prejuicios propios de ignorantes que no tienen ideas serias que defender ni argumentos para defenderlas. Ello te ganó críticas de los fundamentalistas de la extrema derecha de tu país. Es posible que estés en desacuerdo con los criterios que expongo en este mensaje sobre la actitud de las autoridades de tu país, porque todo hombre de pensamiento honrado y transparente tiende a pensar que las tradiciones se respetan y que hay principios y normas sagrados que nadie se atreve a violar.
Cuarenta años de lucha desde esta pequeña isla vecina de tu país nos han demostrado que, a pesar de la mucha nobleza, idealismo, sentido del honor y autoestima de tu gran pueblo, hay no pocas excepciones en el acatamiento de las reglas éticas en las que los hombres de honrado pensamiento ciegamente creen y respetan.
Nos hemos sentido sumamente honrados por el gesto que tú y tu querida Seattle han tenido conmigo y con Cuba. Nunca lo olvidaremos. Por ello y por respeto a ti y a la ya también para nosotros inolvidable y querida ciudad de Seattle, me he limitado estrictamente a explicar con la mayor objetividad posible lo ocurrido, omitiendo en este mensaje hasta la más mínima queja o crítica contra tu país.
Mil gracias para ti y para todos.
Fidel Castro Ruz
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