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Nuestra determinación es la de ser un pueblo libre e independiente, y no una colonia de los Estados Unidos DISCURSO PRONUNCIADO POR EL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA REPUBLICA DE CUBA, FELIPE PEREZ ROQUE, EN EL 56o PERIODO DE SESIONES DE LA COMISION DE DERECHOS HUMANOS DE NACIONES UNIDAS. GINEBRA, 30 DE MARZO DE 2000. Señor Presidente: Hace 51 años la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Concluía, con la derrota del fascismo, una guerra terrible, y se abría lo que debió ser una era de paz y colaboración entre los hombres. Al releer el Artículo 1, en el que se proclama que: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos....", nos preguntamos: ¿Qué ha pasado entonces? ¿Son tan libres e iguales los casi 4 500 millones de seres humanos de los países subdesarrollados que consumen sólo el 14 por ciento de todo lo que se produce en el mundo, como los 1 500 millones que viven en los países desarrollados y consumen el 86 por ciento restante? El 20 por ciento de la población más rica del planeta posee 82 veces la riqueza del 20 por ciento más pobre. ¿Son tan libres e iguales los unos como los otros? ¿Los distinguidos delegados de los países desarrollados aquí presentes han reflexionado alguna vez qué pensarían de la Declaración Universal de Derechos Humanos los 4 500 millones de habitantes de los países subdesarrollados, de los que casi mil millones pasan hambre, tres quintas partes carecen de saneamiento, un tercio no accede a agua limpia, un cuarto no tiene vivienda y un quinto no dispone de servicios básicos de salud? ¿No sienten ustedes, Excelencias, un rubor avergonzado cuando leen que: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración..."? ¿No piensan en la mirada acusadora de los padres de los 30 mil niños menores de 5 años que mueren cada día por causas que podrían prevenirse, cuando recordamos que "Todo individuo tiene derecho a la vida..."? ¿Es posible conciliar el derecho a la libertad de opinión y de expresión con la propiedad cada vez más privada, concentrada, monopólica y transnacional de los medios de difusión masiva? ¿Alguien en esta sala podría explicarles a los 800 millones de hambrientos del planeta, sólo dueños de su hambre, qué quiere decir que "Toda persona tiene derecho a la propiedad..."? Cuando leemos que "Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país", o que "Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país", ¿pensamos, estimados colegas, en los 850 millones de adultos analfabetos que no pueden escribir o leer siquiera la palabra "derecho"? Hace cinco décadas proclamamos que: "Toda persona tiene derecho al trabajo..." ¿Cómo explicar entonces a los millones de hombres y mujeres que deambulan cada día buscando una oportunidad de ganar el sustento decoroso de sus hijos, que tengan que ser prisioneros y víctimas de un sistema económico irracional e injusto que les niega el derecho a trabajar? ¿Qué dirían de nuestras amargas realidades de hoy los hombres y mujeres que aprobaron en 1948 que: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios"? ¿Cómo reaccionarían al conocer que esperan la muerte en Africa, sin esperanza de tratamiento, más de 20 millones de infectados con el virus del SIDA? ¿Podremos justificar algún día que mientras no se encontraron los 300 mil millones de dólares anuales que necesitan esos tratamientos, se invirtieron 800 mil millones en gastos militares? ¿Comprenderán nuestros descendientes que mientras por un lado proclamamos que: "La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales", y que: "Toda persona tiene derecho a la educación", por el otro, en pleno año 2000, 260 millones de niños en edad escolar no reciban educación, 160 millones estén desnutridos, 600 mil mujeres mueran cada año en el parto y la tasa de mortalidad infantil en los países del Tercer Mundo sea de 64 por mil nacidos vivos? ESTA COMISION DE DERECHOS HUMANOS Estas son realidades, Excelencias, y están ahí, acusándonos, aunque intentemos cerrar los ojos para procurar no verlas. Por eso, cuando se contempla tanta manipulación, tanta mentira, tanto discurso vacío, tanta hipocresía; cuando se aprecia el intento de imponer dogmáticamente patrones y modelos que se pretenden universales, se tiene la convicción profunda de que el tratamiento al tema de los derechos humanos en el mundo necesita ser rescatado de los intereses mezquinos que hoy lo secuestran. Se tiene la convicción de que esta Comisión de Derechos Humanos está obligada a encarar una profunda reforma en su composición y sus métodos, debe dejar de ser instrumento de persecuciones selectivas y politizadas contra los países pobres para convertirse realmente en el foro donde concertemos nuestros esfuerzos, con honradez y solidaridad, para poder proclamar algún día que la declaración aprobada cinco décadas atrás tiene sentido para los 6 mil millones de habitantes del planeta y no sólo para una minoría privilegiada. Hace ya más de cinco años que los representantes de 171 Estados debatimos en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena sobre todos estos asuntos y nos pusimos de acuerdo en que debíamos "tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso", y en que debía "tenerse en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios históricos, culturales y religiosos". Sin embargo, en estos años se agravó la peligrosa tendencia de que un grupo pequeño de Estados ricos y poderosos convirtieron la Comisión de Derechos Humanos en propiedad privada y en instrumento para imponer sus puntos de vista e intereses a los países subdesarrollados, que somos la inmensa mayoría. La Comisión de Derechos Humanos es patrimonio de todos los pueblos y no sólo de unos pocos. ¡El intento de imponer un solo patrón, conveniente a los intereses de los poderosos, debe cesar! Cuba recuerda vigorosamente que la universalidad de los derechos humanos fue afirmada en Viena a partir del reconocimiento de la diversidad. ¿Por qué la Comisión de Derechos Humanos no despliega los esfuerzos y dedica los recursos necesarios a promover el derecho al desarrollo, derecho humano fundamental reconocido en Viena, y único camino posible para sacar de la miseria y el hambre a la masa de los desposeídos de la Tierra que se preguntan, sin comprender, para qué nos reunimos cada año en Ginebra? ¿No dijimos que "la persona humana es el sujeto central del desarrollo"? ¿Por qué no se designa de inmediato, por ejemplo, un Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos para dar seguimiento a la cuestión de la Ayuda Oficial al Desarrollo y al impacto de su dramático decrecimiento en el disfrute de los derechos humanos en los países subdesarrollados? Si dijimos en Viena que "todos tienen derecho a disfrutar del progreso científico y de sus aplicaciones", ¿por qué hoy el 97 por ciento de las patentes las controlan los países ricos? ¿Alguien se atrevería en esta sala a discrepar de mi afirmación de que estamos cada vez más lejos de respetarles a miles de millones de personas ese derecho? ¿Cómo explicar las cacerías de inmigrantes, los tratamientos racistas y xenófobos y el muro que Estados Unidos levantó en su frontera con México, si ya habíamos proclamado que debía darse "gran importancia a la promoción y protección de los derechos humanos de los trabajadores migratorios, a la eliminación de todas las formas de discriminación contra ellos y al fortalecimiento y la aplicación más eficaces de los instrumentos de derechos humanos"? Si exhortamos en Viena a la comunidad internacional a que hiciera "cuanto pueda por aliviar la carga de la deuda externa de los países en desarrollo", ¿por qué tenemos que dedicar el 25 por ciento de nuestras exportaciones a cubrir el servicio oneroso de una deuda que, lejos de disminuir, crece cada día? ¿Se respetan nuestros derechos humanos cuando se nos asfixia con una deuda de 2,5 millones de millones de dólares? Si afirmamos en Viena que "la generalización de la pobreza extrema inhibe el pleno y eficaz disfrute de los derechos humanos", ¿cómo explicamos la realidad desoladora de que hoy el mundo tiene más pobres que nunca y que cada 24 horas casi 70 mil nuevos indigentes se suman a la masa hambrienta y famélica, que mientras clama por su futuro nos ve aprobar documentos y hablar de derechos humanos en esta confortable sala? |
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