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Indagaciones desde la epopeya

Entrevista al doctor Armando Hart Dávalos,
director de la Oficina del Programa Martiano (Parte I)

• Las tres principales corrientes de pensamiento de la cultura universal en la segunda mitad del siglo XX surgieron en América Latina • Hay una sola cubanía, y es la que se fermenta en el crisol de Varela, Luz y la pléyade de filósofos que conmovieron esa época • La gran aspiración de Félix Varela era aproximarse a Dios sin ponerse en antagonismo con la ciencia • Principios éticos: ésa es una de las claves del pensamiento intelectual cubano

POR RAYSA WHITE —especial para Granma Internacional

ME he preguntado si —en estos tiempos de turbulencias y cambios capitales, desintegraciones y ajustes, corrientes que envejecen y otras que reverdecen a punto de cerrarse el milenio— la Revolución Cubana no debe modelar su discurso ideológico hoy como lo hicieron otras revoluciones genuinas, digamos, la francesa o la rusa.

Un discurso propio desde su derecho de experiencia privilegiada en martirologio y luchas, de su voluntad para legitimar —en medio de feroz hostigamiento— una de las constituciones más avanzadas del siglo y, sobre todo, la cautela e inteligencia con que ha colocado su devenir político sin dañar la independencia ni deteriorar los principios éticos que la fundaron. Pienso, a su vez, que al socialismo le vienen bien las circunstancias de convertirse en objeto crítico. En el caso de Cuba, por ejemplo, nos conducen a estudiar nuevas fuentes, integrar otras experiencias. Y creo también en su necesidad por lo que se espera de nosotros, especialmente en el pensamiento y la acción americanos.

¿En qué zonas podemos compartir esta inquietud?

Para ubicar la legitimidad de eso que tú le llamas el discurso ideológico de hoy, podríamos hacer un análisis respecto a las nuevas corrientes de pensamiento en la cultura universal surgidas en estos últimos cincuenta años. Y no es sólo mi pasión por ser latinoamericano lo que me hace afirmar que las tres principales en la segunda mitad del siglo XX surgieron en América Latina. Una, en el campo político-social con sus implicaciones filosóficas, que es la Revolución Cubana y todo lo que han representado Fidel y el Che con su acción y pensamiento en relación con el examen de lo que es el socialismo, su trascendencia moral, la ética y un arsenal de ideas de las cuales sólo somos poseedores en nuestro devenir histórico-político y que debemos elaborar más, pulir más, como una de las más grandes corrientes del pensamiento latinoamericano. La segunda corriente la ubico en el terreno del arte, considerando esencial para un estudio lo real maravilloso de Alejo Carpentier, el sistema poético de José Lezama Lima, la explosión literaria de los 60 y todo lo que se movió alrededor. Pienso que es importante, en principio, teorizar sobre estas fuentes para tratar de encontrar en cada una de ellas el tesoro que guardan, y apropiarnos de la parte que nos corresponde y que nos servir  de vehículo, sin imponerle nada al arte, en la evolución y percepción de las ideas. Y la tercera, que a mi juicio debe ser más estudiada, es la teología de la liberación. Haciendo abstracción del tema "más allá ", porque ese tema prefiero dejárselo a la conciencia individual, creo que la profundidad filosófica de la teología de la liberación debe ser, al menos, examinada con mayor detenimiento. Hay un libro, Marx y la Biblia, de Porfirio Miranda, teólogo de la liberación, donde se prueba con argumentos eruditos que las acusaciones contra el célebre filósofo del materialismo-dialéctico, Carlos Marx, se apoyan en lo que precisamente tienen de común con lo mejor del pensamiento cristiano original.

EL MARXISMO Y EL CRISTIANISMO
EN EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO

Otros teólogos de la liberación hacen planteamientos interesantísimos, en cuanto muestran que el pensamiento latinoamericano ha sido capaz de arrogar críticamente en estos cincuenta años las dos corrientes de la filosofía más importantes —el marxismo y el cristianismo—. Y lo ha hecho desde sus esencias terrenales. En lo que a mi opinión personal respecta mantengo el modo en que abordé el asunto en el prólogo que hice a la edición cubana de Fidel y la religión. Dice: "Dos de las más importantes vertientes del pensamiento y de las emociones de los hombres: el cristianismo y el marxismo, presentadas como irreconciliables por los adversarios del progreso humano, encuentran aquí nuevos y sorprendentes caminos de comprensión. Es una cuestión sobre la que todos los hombres sinceramente preocupados por la suerte de la humanidad, están de seguro interesados en meditar".

Ya en el plano en que nos encontramos, por mi formación martiana debo expresarte que Martí estuvo en la cúspide del pensamiento moderno de finales del siglo XIX, y es preciso que se le reconozca en la propia civilización occidental para abordar críticamente el drama concreto de los pueblos. Vivió quince años en Estados Unidos, fue el país en que más tiempo permaneció y donde completó su pensamiento y sus enseñanzas. Desde 1880 a 1895, en Nueva York, momento donde todas las corrientes de ideas, las corrientes de pensamiento más influyentes del mundo estaban surgiendo. Y fue partícipe activo allí, por lo que el pensamiento de José Martí puede y debe incluirse como elemento esencial de la cultura de Nuestra Amé‚rica. "Más qué fue lo que descubrió y denunció Martí de la sociedad norteamericana? El drama que representa un crecimiento económico orientado a exacerbar los intereses egoístas, de un lado; las limitaciones de la vida espiritual, del otro, y los gérmenes que se gestaban como consecuencia de esto. Martí vio a Cuba situada en el centro de ese drama por hallarse en el Caribe y ser la mayor de las Antillas, y concibió su contribución al equilibrio del mundo. Abogaba desesperadamente por el equilibrio, tanto como un tema propio de la psicología individual —el equilibrio entre el pensar y el sentir, las emociones y la capacidad de razonar— como el equilibrio entre las naciones. Esto último para evitar que los Estados Unidos cayeran, cito sus palabras, con esa fuerza más sobre los pueblos de América.

Por otro lado, en el campo estrictamente filosófico, Nuestra América debe investigar o crear nuevas categorías de pensamiento —debemos hacerlo tomando como punto de referencia esencial la inmensa cultura del siglo XIX. Hagamos en filosofía lo que hizo Nuestra América a principios de la presente centuria con relación a la literatura: el modernismo se apropió de la cultura anterior, la recreó y transformó, y desarrolló así nuevas formas literarias—; y hay tres categorías que considero vale la pena tomarse en cuenta:

1. El concepto de identidad: se debe partir de la identidad de cada individuo en particular, de cada grupo humano, de la familia. De la identidad de un municipio, de una provincia, de una nación, de un grupo de naciones, de la identidad universal. Para mí universalidad significa un complejo de identidades. Nadie puede, en nombre de ella, imponernos su propia identidad.

2. El derecho a una civilización superior: todos tenemos ese derecho. El término superior incluye lo espiritual. De ahí que se le reconozca como globalización de la cultura y el desarrollo, idea que estamos confirmando hoy.

3. Y, por supuesto, el principio de universalidad: pero, como ya te dije, en tanto complejo de identidades, porque si es identidad el que te impongan las concepciones y costumbres de otras culturas, gentes, grupos, entonces ya no es universalidad, es aplastamiento.

Son éstos, a modo de sugerencia, los contenidos que yo encuentro válidos para empezar a estudiar cuáles son o deben ser las fuentes de ideas de hoy y de mañana, para este tema que tú llamas discurso ideológico cubano hoy.

"Cómo Ud. ve la inserción de esas categorías dentro del pensamiento intelectual cubano?

La cultura cubana vamos a decir que comenzó a gestarse en los finales del siglo XVIII con la influencia de la enciclopedia y abarcó parte de los albores del XIX. Dentro de ese proceso podemos situar, en sus inicios, las proyecciones del Obispo Espada —recuerda la Sociedad Económica de Amigos del País, El Papel Periódico de La Habana— hasta la primera mitad del siglo XX, que incluye a Varela, Saco, Luz y Caballero, Del Monte, Arango y Parreño. A finales del XIX se destaca el pensamiento de Martí. Enrique José Varona, a mi entender, a principio del XX. En los primeros años de la República —que se le comienza a llamar "seudorrepública", al admitir como parte de la Ley Fundamental del Estado que nacía la tristemente célebre Enmienda Platt—, el papel formador de Varona en las nuevas generaciones de nuestra centuria es importantísimo.

Pero regresemos a la primera época en que se gesta el pensamiento cubano, desde 1790 hasta 1868 como punto cumbre. Muchos intelectuales han escrito sobre este período. Medardo Vitier escribió un libro de filosofía cubana que lo tengo de cabecera. Hay una sola cubanía, y es la que se fermenta en el crisol de Varela, Luz y la pléyade de filósofos que conmovieron esa época. Se asume el pensamiento y los sentimientos ‚ticos cristianos de una forma original. Esta originalidad —vamos a hacer justicia— tiene antecedentes: Fray Bartolomé de las Casas y todos aquellos conceptos de la dignidad de los seres humanos, el dolor de la gente, conceptos de profunda devoción cristiana. Se acogen las categorías éticas, y no se rechaza la ciencia, por el contrario, se exalta el pensamiento científico. Y esto, en el mundo, en la primera mitad del siglo XIX, es realmente excepcional. Y digo más, original, porque en Europa ambos conceptos entraron en un antagonismo feroz, tan feroz que llevó a decir a Marx que la religión era el opio de los pueblos. Por eso Fidel le expresó a Frei Betto, en su famosa entrevista, que lo que dijo Marx era válido para Europa, pero que no era una verdad universal. Y es que en Europa la religión había estado bajo el poder de la Inquisición, de lo peor y más retrógrado de las jerarquías y autoridades eclesiásticas de entonces.

En Cuba no ocurre de este modo. Esos conceptos acá vienen a darle vida a lo espiritual de un pensamiento que tenía fundamentos éticos de una cultura de raíz cristiana. Te estoy hablando de conceptualizaciones éticas que vienen desde el Viejo y Nuevo Testamento y todos aquellos fundamentos que contribuyen al equilibrio de la conciencia entre las personas, la salvación de los seres aquí en la tierra. Y es que en América —cito el caso específico de Cuba en el pensamiento de Varela— esas categorías se acogieron de forma tan natural y humana como la naturaleza americana. No se contaminaron con la vieja herencia reaccionaria de la historia intelectual de Europa.

¿Ud. lo considera como medular, para una modulación de nuestra ideología hoy, partir de estos fundamentos? En el caso de los cubanos, le especifico.

LLEVAR A LA CONCIENCIA INDIVIDUAL
EL DILEMA DE CREER O NO EN DIOS

Pienso que aquí reside la esencia del fenómeno cultural cubano, situar ese problema, la de creer o no en Dios, a la conciencia individual. Y esto —como parte de todo aquel pensamiento que arriba a la Isla con el Obispo Espada— lo desarrolla un cura dominico, el Padre Félix Varela, quien no pone en conflicto la ciencia con la conciencia.

Ese elemento se encuentra después en el ideario mariano Y actualmente creo que se halla en la esencia argumental de los teólogos de la liberación. El dilema de la existencia de algo más allá  a lo que reconoce la ciencia se deja a una opción de orden individual. En Cuba se explica —y ahí entran a jugar su papel los procesos históricos— porque las corrientes europeas empiezan a llegar con fuerza inusitada en medio de una sociedad esclavista bajo un sistema de dominación colonial, profundamente reaccionario e inculto. Un sistema que ataca a La Ilustración. Por eso cuando me he encontrado con opiniones como las del célebre polígrafo Menéndez y Pelado me quedo de una pieza. El colocó, en 1892, el progreso literario cubano al mismo nivel que el alcanzado en el resto de América, pero al reconocer que nos habíamos ido más allá  en el terreno científico y filosófico lo atribuye a los auspicios del sistema colonial. En primer lugar, el desarrollo científico y filosófico de Cuba en ese período hay que atribuírselo a la altísima cultura que llegó a las capas más ilustres del país; y en segundo lugar, a la necesidad de enfrentarse, como ninguna otra nación, a las tres demandas más importantes del siglo XIX a nivel internacional: vencer al colonialismo asegurando la independencia, abolir la esclavitud y encarar del modo que fuere la expansión norteamericana. Ningún otro país del continente abordó con tanta madurez estos tres desafíos.

También en esa época, el pensamiento independentista de Simón Bolívar ejerció en nuestra sociedad una considerable influencia. Todo esto explica, a mi modo de ver, que a lo largo de nuestro saber el pensamiento cubano estuviera liberado de tendencias dogmáticas.

¿Debo entender que no hubo dogmatismo en el pensamiento cubano de esa época?

No un dogmatismo de fundamentos culturales. El cubano culto no tiene esquemas rígidos. No hay esquemas dogmáticos en la cultura cubana. Y lo planteo a partir de nuestra historia nacional. El dogmatismo de la Inquisición es un dogmatismo con base cultural, lo mismo sucede con el nazismo alemán. Alemania tuvo la grandeza de un Hegel y un Marx, pero también legó el nazismo que se apoya en una firme y vigorosa base cultural. De una cultura terrible, aunque no me gusta llamarle cultura a eso. En Cuba, por el contrario, se impone una idea de raíz popular fundamentada en la ciencia.

La gran aspiración de Félix Varela y de los que siguieron esa corriente era aproximarse a Dios sin ponerlo en antagonismo con la ciencia. He ahí que, en lugar de florecer en nosotros principios dogmáticos, aparecieran principios éticos. Esa es una de las claves del pensamiento intelectual cubano: lo que en otro país se impone en nombre de esquemas rígidos o ismos inaceptables, en nosotros se alcanza como principios éticos. ¿Puede alguien considerar dogmático a José de la Luz y Caballero? Mas era un hombre de gran rectitud hacia ciertas ideas. De modo que cuando afirmó: "...todas las escuelas; ninguna escuela, he ahí la escuela...", estaba negando cualquier dogmatismo. Y cuando dijo: "...la justicia es el sol del mundo moral...", afirmaba un principio ético. Ese es un ejemplo, pienso yo, del modo en que ha operado el pensamiento cubano.

¿Cómo valora Ud. ciertas renovaciones de pensamiento que van alcanzando destaque en la civilización occidental?

En ciertas zonas del pensamiento occidental hoy está ocurriendo una vuelta nostálgica al pasado premoderno. Digamos que reconocen ya que Galileo tenía razón, por poner un caso, o se le aceptan algunos valores al Padre de las Casas, pero algunos lo hacen con una carga de prejuicios y limitaciones que realmente no merece la pena tomarse en cuenta quinientos años más tarde. Y la otra nostalgia es la neoliberal, porque no es más que eso, una nostalgia conservadora del liberalismo que en los siglos XVIII y XIX constituyó una fuerza revolucionaria progresista, pero hoy es una fuerza profundamente reaccionaria. Y no sólo eso, sino que ya no tiene coherencia, porque las fuerzas renovadoras y la cultura van unidas en la historia a una apropiación dialéctica y crítica del pasado. Los socialistas, aun cuando hemos sufrido todo este proceso actual, podemos recorrer con más rigor y crítica el pasado. No tan sólo el de la modernidad hasta el derrumbe, sino durante toda la era cristiana. Pero ellos carecen actualmente de capacidad crítica porque la civilización capitalista se halla intelectualmente agotada. Te hablo específicamente de la norteamericana y, más concretamente, de su ultraderecha. Porque en Europa se da de un modo más sutil, más complejo. Y le veo más potencialidad, más capacidad crítica a los europeos porque su capitalismo tiene más experiencia. Los norteamericanos están necesitados de imaginación para enfrentar la crisis, actúan caóticamente como si fuera el preludio de las grandes crisis que le vendrán en el siglo XXI.

Los teólogos de la liberación han encontrado una explicación para ilustrar el déficit científico de las disciplinas sociales, económicas y políticas que sirven a la burguesía. M s exactamente, al imperialismo norteamericano. Ellos señalan como causa de este déficit el que no analizan toda la realidad ¿y qué parte de la realidad es la que no analizan?, según los teólogos: el dolor. Y ésa es una verdad de sentido común que, como decía Gramsci, debe ser fundamento de toda filosofía. El dolor es una verdad demasiado angustiosa para pasarla por alto. Recordemos, a propósito, este juicio de Martí: "El que pone de lado por voluntad y olvido una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia y derriba lo que se levante sin ella". Y ésa es la debilidad, la limitación que confronta hoy sobre todo la sociedad capitalista norteamericana.

II PARTE

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