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Sin justicia para todos,
solidaridad y cooperación, el futuro
es inadmisible e insostenible

Discurso pronunciado por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al recibir la Orden "Príncipe Yaroslav El Sabio" de Primer Grado por Leonid Kuchma, Presidente de Ucrania, en el Palacio de la Revolución, el día 16 de junio del 2000, "Año del 40 Aniversario de la Decisión de Patria o Muerte"

(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)

Foto: Jorge Luis Gonzalez

Excelentísimo Señor Leonid Kuchma, Presidente de Ucrania;

Distinguidos miembros de la delegación ucraniana;

Compañeras y compañeros:

El mundo comienza a vivir una nueva época. Esta no será más fácil que las que la precedieron. Los Estados se empeñan en reconstruir sus relaciones en condiciones absolutamente diferentes.


En horas de la mañana
de ayer los mandatarios
de Cuba y Ucrania sostuvieron
conversaciones de trabajo.

Para nosotros los cubanos, hasta hace poco, las relaciones con la República de Ucrania estaban indisolublemente vinculadas al conjunto de países que integraban una colosal potencia. En mi memoria de escolar a los 15 años de edad, el nombre de Ucrania está asociado a la fecha fatídica del 22 de junio de 1941, cuando las hordas nazis atacaron con millones de soldados y decenas de miles de tanques y aviones aquella gran unión de países en tres direcciones. La capital de Ucrania fue objetivo principal del ataque por el flanco sur. La heroica resistencia allí encontrada desestabilizó al alto mando nazi que, dividiendo las fuerzas más poderosas que atacaban en la dirección principal que era Moscú, envió sus mejores divisiones acorazadas hacia la retaguardia de los tenaces defensores de Ucrania.

Las bajas, el desgaste y el tiempo perdido por los invasores en esa maniobra fueron tal vez decisivos en el desenlace del primer año de aquella contienda sin precedentes.

Cuatro largos años de encarnizados combates vinieron después. Podría afirmarse que en cada rincón de Ucrania se escribieron páginas de gloria y heroísmo.

Así recuerdo yo a su patria por aquellos años. La historia nos enseñó después los grandes aportes y sacrificios de Ucrania durante la gran revolución que, iniciada en octubre de 1917, conmovió al mundo, así como también el elevado costo que pagó el pueblo ucraniano en los años 30 por los errores de los propios jefes de aquel extraordinario proceso revolucionario.

Hay que remontarse casi mil años y marchar a través de siglos repletos de contiendas y acontecimientos históricos para comprender cuándo y cómo surge la nación ucraniana, y todo el significado que para ella tiene la figura de Yaroslav El Sabio, cuyo nombre ostenta la Orden que usted en nombre de Ucrania, a través de mi persona, ha querido otorgar a nuestro pueblo, que recibimos más que nada como una gran prueba de amistad y generosidad y que apreciamos especialmente si se toman en cuenta las circunstancias internacionales en que usted nos hace la visita, en una etapa sumamente compleja donde el caos, la confusión y la cobardía abundan en el mundo.

Hace tiempo deseábamos ese honor. Por una causa u otra, constantemente en Cuba se menciona a Ucrania. Muchos miles de cubanos estudiaron en su país. Muchas madres de esa nacionalidad viven con sus hijos y esposos en Cuba. Las marcas ucranianas de variadas maquinarias y equipos productivos son familiares a nuestros trabajadores de la agricultura, el transporte y la industria. Son raras las familias que no posean un televisor u otro objeto hogareño de procedencia ucraniana. Nuestros centros productores de azúcar han estado estrechamente asociados durante décadas. Sería muy difícil calcular los millones de toneladas de azúcar cubano procesados en las refinerías de Ucrania. También sería ardua la tarea de calcular los millones de toneladas de trigo y otros granos que fueron transportados desde Ucrania hasta Cuba. El pan nuestro de cada día era pan ucraniano.

Todos hemos sufrido mucho cuando los estrechos vínculos económicos que nos unían se derrumbaron de la noche a la mañana, muy a pesar de nuestra voluntad y nuestros deseos. Y cuando todo ha cambiado alrededor nuestro, será necesario reconstruirlo átomo por átomo, con paciencia infinita. Al conocer nuestras dificultades, adivinamos todas aquellas por las cuales han debido pasar ustedes.

Los hechos hasta aquí recordados marcan el final de una época y el inicio de otra. Los años y los siglos que atrás quedan nada significan respecto a los que tenemos por delante. Los pueblos y los hombres no tienen otra alternativa que la paz, la cooperación y la racionalidad.

Repartos del mundo, invasiones, guerras, imperios y hegemonismos no podrán disponer de espacio alguno en el futuro. Tampoco lo habrá para el nacionalismo estrecho, la xenofobia y el fanatismo. Lo mejor de la cultura y los conocimientos deberá universalizarse y las identidades nacionales, el arte, las costumbres, hábitos, creencias, incluidos los dialectos de la más pequeña comunidad, frutos todos del talento y el trabajo laborioso de cada pueblo, han de preservarse como los más valiosos tesoros de la humanidad.

Sin justicia para todos, solidaridad y cooperación, el futuro es inadmisible e insostenible. Luchar por tales principios es posible aún en un mundo hoy regido por el hegemonismo unipolar. Lo ha demostrado nuestro pueblo, que ha resistido el bloqueo más prolongado de la historia y la hostilidad más brutal por parte de la potencia más poderosa que ha existido jamás. Es mucho lo que puede alcanzarse con muy poco. Es invencible lo que se apoya en la moral, en la verdad y en la razón. Por este largo, difícil y complejo camino, estamos decididos a marchar la inmensa mayoría de los pueblos de la tierra.

Gracias, señor Presidente Kuchma.

Gracias, distinguidos miembros de la delegación que lo acompaña.

Gracias, Ucrania.

¡Que la visita a Cuba deje en ustedes un recuerdo de nuestra hospitalidad y amistad que jamás olviden!

Los cubanos nos proponemos demostrar todo lo que puede lograr el hombre para el bien del hombre.

¡Muchas gracias! (Aplausos)

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