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6 de julio del 2000Aquí están sus hijos
y aquí está Céspedes
Palabras pronunciadas por Ricardo
Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, después de
leída la resolución del Consejo de Estado que le otorga a Juan Miguel González la Orden
"Carlos Manuel de Céspedes", en el teatro "Carlos Marx", el 5 de
julio del 2000, "Año del 40 aniversario de la decisión de Patria o Muerte".
Estos
siete meses han traído lecciones imborrables. La única superpotencia del planeta
apareció impotente ante un grupo de malhechores que, sin ocultarse, pisotearon leyes,
ignoraron decisiones ejecutivas, desconocieron la opinión de la inmensa mayoría del
pueblo norteamericano. Un niño fue privado brutalmente de su padre y su familia cuando
más los necesitaba y sometido al abuso y la manipulación más repugnantes. A la luz
pública, registrado día y noche por todos los medios de comunicación del planeta.
Se probó que en Estados Unidos se pueden ultrajar sin castigo los más elementales derechos de un niño. La mafia batistiana y anexionista, la ultraderecha y sus insólitos secuaces, actuaron con escandalosa impunidad. ¿Cómo explicarlo? La respuesta no es secreto para nadie. Es el odio contra Cuba, es la arrogancia del imperio que nunca ha aceptado nuestra independencia, el imperio que, como advirtiera Céspedes hace 130 años, solo busca "apoderarse de Cuba". Pero Elián regresó. Logramos liberarlo de los secuestradores, conseguimos derrotar sus trampas y maniobras, y las mentiras de una infernal y multimillonaria propaganda anticubana. Lo logramos con nuestra lucha, con la acción unida, firme, inteligente, de todo el pueblo, con la sabia y consecuente dirección de Fidel que puso en esta batalla toda su energía, que a ella dedicó cada minuto. Fue una gran victoria de nuestro pueblo, de todos los cubanos. Nuestro empeño recibió amplia comprensión en el pueblo de Estados Unidos, que se colocó desde muy temprano y se mantuvo siempre del lado de la justicia y la verdad. Fue también una victoria de lo mejor del pueblo norteamericano. Esta victoria nos señala el camino por el que tenemos que seguir avanzando, sin cansancio, sin abandonarlo ni un instante, hasta cumplir todas las metas del Juramento de Baraguá. Podemos y debemos hacerlo. Lo estamos haciendo y lo haremos. Quienes iniciaron la marcha hace 130 años no pudieron vislumbrar su término. En el fragor del combate interminable, contra un enemigo cruel e incomparablemente superior, completamente aislados, desprovistos de todo, sin la ayuda de nadie, comprendieron que no conquistarían el triunfo, que solo lo alcanzarían sus continuadores. Pero no por eso dejaron de luchar hasta la muerte. Muchas veces, Céspedes expresó que él sabía que habría de morir combatiendo sin encontrar nunca a sus pequeños hijos, concebidos en la manigua y nacidos en el exilio. "Yo no los veré nunca; moriré sin tenerlos en mis brazos, sin conocerlos siquiera", afirmó con lacerante dolor. Pero en las mismas cartas no dejaba de enviar instrucciones para seguir la pelea. Siempre confió en la historia y tuvo fe inconmovible en el pueblo que supo crear. La historia y su pueblo lo han reivindicado. Aquí están sus hijos y aquí está Céspedes. A lo largo de estas hermosas y combativas jornadas hemos asistido al reencuentro de las nuevas generaciones con su historia. Nuestros jóvenes, nuestros niños y adolescentes, han demostrado que son y serán los dignos seguidores de los hombres y mujeres del 68. Con ellos vivirá siempre la Revolución que iniciaron nuestros abuelos. Para ustedes no habrá nada imposible. Son y serán como Juan Miguel, que fue capaz de hacer proezas, sencillamente, con la naturalidad de los héroes verdaderos. Por eso, Juan Miguel, recibes hoy esta condecoración, te la entregará el hombre que rescató el legado de Céspedes, el que dirigió hasta hacerla triunfar nuestra única Revolución, el que la ha guiado certeramente en las situaciones más difíciles y complejas, el que la conducirá hasta la victoria siempre (Aplausos). » Decisión del Consejo de Estado |
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