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20 de julio del 2000La Universidad cubana
se puso para siempre al servicio de su pueblo (Discurso pronunciado por Fernando Vecino Alegret, ministro de Educación Superior, en el acto de graduación de un grupo de universidades de ciudad de La Habana y La Habana, en la Tribuna Antimperialista Jose Martí, el martes 18 de julio del 2000) Compañero Comandante en Jefe; Queridos profesores; Queridos graduados del curso 1999-2000; Estimados familiares de los graduados; Compañeras y compañeros: Esta Plaza Antimperialista José Martí, que nos sirve de marco patriótico para celebrar en este curso el acto de graduación de 1 093 estudiantes de la Universidad de La Habana, 593 del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, 223 de la Universidad Agraria de La Habana, Fructuoso Rodríguez, 207 del Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo, 43 del Instituto Superior de Diseño Industrial y 20 del Instituto Superior de Ciencia y Tecnología Nucleares, ha sido testigo en los últimos meses de lo que es capaz un pueblo unido. En esta plaza, que ya es parte indisoluble de nuestra historia, se ha constatado, una vez más, la fuerza inconmensurable que dicha unidad entraña. Desde aquí hemos reiterado al mundo que los cubanos no renunciaremos jamás a continuar con paso firme y sereno la construcción del socialismo en nuestra Patria, y de que no habrá agresión ni presión de ningún tipo que nos detenga en nuestro empeño. Durante siete largos meses, se nos trató de agredir con el brutal y criminal secuestro de uno de nuestros hijos. Nunca pensaron los secuestradores, ni los que dentro del gobierno de los Estados Unidos les sirvieron de apoyo vergonzoso en tal vez una de las más sucias maniobras politiqueras contra nuestro país, que el pueblo de Cuba se levantaría como un gigante herido, y libraría, a toda costa, una batalla en la cual nunca llegaría el cansancio, porque estábamos conscientes de que nos asistía la verdad y la razón, porque sabíamos que Elián tenía que ser devuelto, y porque recordábamos las palabras de Martí cuando sentenciaba que "La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo, y no naufraga jamás". Nunca pensaron tampoco que hay hombres y mujeres cuya dignidad no tiene precio, y que la lealtad a los principios no es una consigna que se repite, sino algo muy profundo que nuestros jóvenes de hoy y todo nuestro pueblo llevan muy dentro del pecho. Es por ello que la actuación viril y digna de Juan Miguel los desarmaba ante cada patraña, ante cada mentira, ante cada soborno, y los dejaba perplejos. No se nos olvida que la arrogancia y la prepotencia imperialista no le permitió comprender la magnitud de la afrenta que le causaba al pueblo de Cuba cuando en 1959 acogía en su territorio, sin un ápice de pudor o vergüenza, a los asesinos y torturadores de la dictadura batistiana. Para mi generación, aquello significó un hecho ultrajante pues con el mayor desprecio hacia nuestros sentimientos recibían como héroes a los sicarios que habían acabado con la vida generosa de tantos compañeros de lucha. De forma sistemática, durante ya más de cuatro décadas, los Estados Unidos ha sido fuente y refugio de mercenarios, de saboteadores, de terroristas, de difamadores, de traficantes de drogas y de contrabandistas de seres humanos. Cuando parecía que ya no era posible caer más bajo, cuando parecía que no era posible enlodarse más ante la opinión pública nacional e internacional, servía también de hospedero de los secuestradores de un niño. Nada de ello, sin embargo, podía sorprender a nuestro pueblo. Recordamos hoy también, en este momento en que nos sentimos felices porque todos ustedes han culminado con éxito sus carreras universitarias, cómo el imperialismo yanki, en su política desestabilizadora de la naciente Revolución cubana, comenzó su criminal robo de cerebros, y orquestó el éxodo de profesionales y técnicos en los inicios de la década del sesenta, con lo cual dejó a Cuba con solo 6 000 profesionales, en su vano intento de impedir el desarrollo de la construcción de nuestra nueva sociedad. ¡Cuán equivocados estaban, señores imperialistas! La Revolución no solo no se amedrentó, sino que de inmediato comenzó la formación de nuevas y aguerridas generaciones de profesionales revolucionarios. Tal y como señalara el Che, en su histórico discurso pronunciado en diciembre de 1959 en la Universidad Central de Las Villas, la universidad se pintó de negro, de mulato, de obrero y de campesino, y extendió paulatinamente su presencia por todo el territorio nacional, que hoy muestra una amplia red de 61 instituciones de educación superior, lo que nos permitió graduar en estos años de Revolución un número de profesionales 100 veces mayor, los que unidos a los que hoy se encuentran estudiando en nuestras aulas y los que han pasado por ellas y no han completado sus estudios, se eleva a más de un millón, con lo cual mostramos un impresionante capital humano que ha realizado y realiza proezas en el terreno de la educación, de la salud, del deporte, de la tecnología, de la ciencia y de la cultura. La culminación del curso 1999-2000 adiciona 15 596 nuevos profesionales que iniciarán su vida laboral después de un año que reclamó el sacrificio de muchas horas de sueño para poder cumplir con el rigor académico de los ejercicios de culminación de estudios, sin abandonar el cumplimiento de tareas políticas. Desde que en 1962 se llevara a cabo la Reforma Universitaria, la universidad cubana se puso para siempre al servicio de su pueblo, con la plena convicción de que solo así podía demostrar, de manera palpable, su pertinencia social. Cada generación que ha pasado por nuestras aulas ha hecho suyo los legados de Mella y de José Antonio Echeverría. Los universitarios cubanos han demostrado ser hombres y mujeres de su tiempo y, en cada momento, han sabido hacer historia tanto en las aulas, como más allá de sus marcos y predios de estudio, tanto en la ciudad como en los campos, con su presencia juvenil y entusiasta en las zafras azucareras, cafetaleras y tabacaleras, entre las muchas tareas agrícolas acometidas. Han sabido, asimismo, dar el paso al frente en la atención asistencial en los hospitales, como maestros en las secundarias básicas, como obreros en la construcción, como instructores en las áreas deportivas, por solo mencionar algunas de las tareas en que de manera cotidiana han sabido demostrar el significado de la incondicionalidad con su Revolución. Junto a sus profesores y, como parte integrante del pueblo, han colmado plazas y alzado sus voces en tribunas abiertas. Con paso cerrado han desfilado en marchas combatientes. Con orgullo podemos proclamar que no ha habido ninguna esfera de la vida socioeconómica y político-cultural del país en que los universitarios no hayan dejado su huella indeleble. Cuando hace apenas unos años se crearon las Brigadas Antimperialistas Universitarias se ganó un nuevo espacio para la interacción sociedad-universidad. Dichas brigadas, desde entonces, agrupan de manera voluntaria a estudiantes de todas las carreras y de todos los centros de educación superior y tienen como misión extensionista fundamental estudiar con profundidad las leyes anticubanas, virulentamente maquinadas e inescrupulosamente aprobadas por el Congreso de los Estados Unidos. Este estudio sirve como preparación necesaria para poder explicar las naturaleza imperialista de estas leyes y su carácter violatorio de las más elementales reglas del comercio y del derecho internacional, así como su flagrante atropello a la soberanía de las naciones. Recordamos cómo en 1996 los estudiantes universitarios, bajo la asesoría de sus profesores, debatieron el contenido de la Ley Helms-Burton y se aprestaron a dirigir y a conducir debates en las fábricas, en las zonas rurales, en los barrios y en las comunidades. Nuestro Comandante en Jefe, en discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela en 1999, expresó que una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas, y este mensaje cardinal resuena en cada universidad como un eco de combate. Los acontecimientos recientes dan prueba de que la batalla en el terreno de las ideas requiere de mucha preparación, de mucho conocimiento acerca de nuestras raíces y tradiciones. El estudio de la historia, tanto nacional como universal, y muy especialmente toda la historia de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo y de las relaciones de Cuba con el resto del mundo, así como de la historia de rapiña, de saqueo, de penetración cultural y de afán desmedido de anexión de los Estados Unidos contra nuestros pueblos americanos, es de obligada reflexión y de necesaria difusión. Comienzan ustedes, a partir de ahora, una nueva etapa en sus vidas, pero la ausencia de las aulas universitarias será solo temporal. Les reitero que las puertas de cada una de sus Alma Mater estarán siempre abiertas para que regresen a ellas a beneficiarse del sistema nacional de educación posgraduada que les brinda, a través de sus diferentes modalidades, la oportunidad de actualización y de complementación tan necesarias en un siglo que se caracterizará por exigencias crecientes en cada puesto de trabajo. A diferencia de la gran mayoría de los jóvenes profesionales que egresan cada año de las universidades en los países del Tercer Mundo, y de no pocos de los que se gradúan en el Primer Mundo, ninguno de ustedes pasará a engrosar el ejército de los desempleados. Esta tierra que los vio nacer y esta sociedad que los ha formado, junto al título universitario, les ha dado un empleo, con la seguridad de que se empeñarán en ser útiles allí, donde más se les necesita. Pongan en práctica todos los conocimientos y habilidades adquiridos y desarrollados durante todos los años en que fueron estudiantes universitarios. Sean portadores de los avances de la ciencia y la técnica dondequiera que estén. Los exhorto a hacer de la honestidad y de la responsabilidad individual, el sello distintivo que los caracterice ante el colectivo de trabajadores en que se desempeñen, el sello que los identifique como profesionales cubanos en cualquier parte del mundo en que tengan que cumplir alguna misión de trabajo. Nos deparan tiempos difíciles y gloriosos, porque los sectores más reaccionarios de la ultraderecha en los Estados Unidos, en contubernio con la podrida mafia miamense, no cejarán en su empeño de tratar de destruirnos, de tratar de desunirnos. Hemos ya iniciado una nueva etapa de combate, en la cual la universidad del pueblo a través de las mesas redondas instructivas y tribunas abiertas desempeñará un papel muy importante en la preparación ideológica de nuestros jóvenes y del pueblo en general. Con ello multiplicaremos las trincheras de ideas, en las cuales cada ciudadano contará con las armas requeridas para derrotar la ignominia, la injusticia y la perversidad. Confío en que cada uno de ustedes mantendrá en alto el espíritu de lucha revolucionaria, que serán fieles cumplidores de todas las metas y objetivos del Juramento de Baraguá y que serán protagonistas de primera línea en la decisión de nuestro pueblo de seguir desenmascarando y condenando enérgicamente las artimañas de nuestros enemigos hasta que cese la asesina Ley de Ajuste Cubano y se alcance el levantamiento incondicional del criminal bloqueo impuesto y obstinadamente recrudecido contra nuestro país. Lleven a cada rincón el optimismo de la victoria y la confianza en el futuro de un pueblo que se siente orgulloso de sus jóvenes profesionales. Me uno al júbilo de todos en este hermoso día en que culminan una etapa importante de sus vidas y comienza, como ya expresé anteriormente, una nueva etapa llena de retos y desafíos. Soy portador de la más calurosa felicitación de sus profesores y de todos los trabajadores de la educación superior, y de este pueblo que los quiere y los respeta. Les deseo éxitos en el cumplimiento de las nuevas y exigentes funciones que les depara el mundo de la producción y de los servicios. Recuerden siempre, y hagan suyas, las palabras de José Martí, cuando expresó: "Si de algo serví antes de ahora ya no me acuerdo; lo que yo quiero es servir más". Hasta la victoria siempre Socialismo o muerte Patria o muerte Venceremos |
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