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24 de julio del 2000

Editorial

Lo peor y más difícil está por
vencerse todavía

El regreso del niño secuestrado causó gran satisfacción en nuestro pueblo. La mafia anexionista había sufrido una desastrosa derrota, y con ella la política imperialista contra Cuba. El pueblo norteamericano, al que siempre hemos respetado y al que nunca hemos culpado de los actos criminales de agresión por parte de sus gobiernos, creció ante nuestros ojos por su apoyo ampliamente mayoritario y noble a favor de los derechos del niño y su familia.

La acción enérgica pero serena de nuestro pueblo, unido, infatigable y tenaz, decidió la primera batalla de una larga lucha. Pudo transmitir al mundo su mensaje denunciando el monstruoso hecho, destruyendo mitos y mentiras de todo tipo. Su lucha resuelta fue expresión irrebatible de su alta moral, su elevada instrucción, su creciente cultura y conciencia política, su apego a la verdad y a los principios.

Sería sin embargo imperdonable ilusión olvidar que lo peor y más difícil está por vencerse todavía.

El secuestro de Elián fue un fruto más de la Ley asesina de Ajuste Cubano. En la propia embarcación rústica en que viajaba, murieron 11 personas, entre ellas niños, madres y ancianos. Nadie podría calcular cuántos han perdido su vida de esa forma y cuántos más la perderán. Después del regreso de Elián, decenas y decenas de menores nacidos en nuestra tierra fueron trasladados a las costas de Estados Unidos, en riesgosas operaciones realizadas por contrabandistas de seres humanos en lanchas procedentes de ese país o en rústicas embarcaciones, como la que naufragó con él a bordo. Un grupo de 37 personas permaneció cinco días en un islote solitario de las Bahamas sin agua ni alimentos. Descubiertos por pura casualidad, una madre embarazada en grave peligro de muerte y una niña inconsciente fueron trasladadas con urgencia a un hospital del sur de la Florida. Ni una palabra se habló con relación a lo ocurrido después. El gobierno de Estados Unidos niega toda información acerca de los niños sustraídos ilegalmente del país. Salvo excepciones, ni siquiera investigan ni sancionan a los contrabandistas de emigrantes. Interceptan sólo un mínimo de embarcaciones. En virtud de los acuerdos migratorios se comprometían a desalentar los viajes a Estados Unidos que no fueran por vías legales y seguras. Hicieron todo lo contrario: multiplicaron las prerrogativas y privilegios que concedía la siniestra Ley de Ajuste.

En días recientes fue devuelta a Cuba, entre otras personas que viajaban en una embarcación interceptada, una madre que llevaba consigo una niña operada del corazón en nuestro país hacía sólo varios días. ¡Algo increíble! Ese tratamiento médico, que en Cuba se presta gratuitamente como todos los demás servicios de salud, en Estados Unidos habría costado decenas de miles de dólares a los que tienen acceso a ellos. A tales extremos conduce una política despiadada y cruel. Cuarenta años antes, casi 15 mil niños cubanos habían sido trasladados clandestinamente sin sus padres a Estados Unidos en una de las operaciones más cínicas e infames de la historia, a partir de una grosera y repugnante mentira acerca de la patria potestad que sembró el pánico en muchas familias. Esos niños padecieron terribles sufrimientos y parte de ellos no volvieron a reunirse jamás con sus padres.

Trescientos mexicanos mueren cada año tratando de cruzar el muro que los separa de Estados Unidos. No se sabe cuántos haitianos y dominicanos perecen al hacerlo por vía marítima. Concédase el libre tránsito a los mexicanos, ciudadanos de un país que, junto a Canadá y Estados Unidos, es miembro del Tratado de Libre Comercio. Añadáseles ese mismo derecho a todos los latinoamericanos y caribeños. Ese sí sería un verdadero tributo a la vida y los derechos humanos de los pueblos de este hemisferio. O elimínese al menos la Ley de Ajuste Cubano para evitar la muerte y el repugnante tráfico de seres humanos entre Cuba y los Estados Unidos.

El bloqueo genocida, riguroso y brutal contra Cuba alcanzó la triste gloria de convertirse en el más prolongado de la historia. Siempre hubo en el Congreso de Estados Unidos legisladores que de un modo o de otro se oponían a esa política de hostilidad y agresiones al pueblo cubano. A lo largo de años han hecho intentos por limitar o reducir el rigor de tan criminal propósito de rendir por hambre y enfermedad a un pueblo que es indoblegable. Su número ha crecido en los últimos tiempos. Sus iniciativas chocan con el hecho de que el conjunto de pérfidas leyes, enmiendas y medidas gubernamentales dieron lugar a un verdadero nudo gordiano legislativo creado deliberadamente, cuyo desenredo es imposible excepto que se aplique la fórmula del personaje de la leyenda histórica: cortarlo de un tajo mediante ley aprobada por ambas Cámaras y refrendada por el Presidente de la nación, que ha perdido de forma casi total el control de las injustas medidas económicas contra Cuba.

II PARTE


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