BIENVENIDOS A GRANMA INTERNACIONAL

CIREN
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4 de agosto del 2000 

Queremos el honor y la grandeza de la Patria, más que las medallas y la gloria individual

Discurso pronunciado por Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones
Exteriores, en el acto de abanderamiento de la delegación cubana
que participará en los XXVII Juegos Olímpicos a celebrarse en Sidney,
efectuado en el teatro "Carlos Marx", el 2 de agosto del 2000,
"Año del 40 aniversario de la decisión de Patria o Muerte".

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

Compañero Comandante en Jefe;
Queridos atletas integrantes de nuestra delegación olímpica;
Familiares;
Entrenadores;
Compañeras y compañeros:

Este acto de abanderamiento a nuestra delegación olímpica estaba previsto realizarse, como todos conocen, en la Tribuna Antimperialista "José Martí", escenario de la batalla sin par que hoy libra nuestro pueblo y plaza que ya ganó un lugar en nuestra historia; pero un cambio repentino en la situación meteorológica, que provocó la lluvia, nos llevó a tomar la decisión de cambiar nuestro acto para este lugar. Por tanto, hemos dado nuestro acto en el teatro que lleva el nombre glorioso del pensador revolucionario Carlos Marx, podríamos decir que en la tribuna antimperialista "Carlos Marx"; en este lugar, donde hace muy poco tiempo el compañero Fidel puso sobre el pecho de Juan Miguel González la Orden "Carlos Manuel de Céspedes", la Orden que lleva el nombre del Padre de la Patria; en el lugar donde hace unos días se dio la Gala por el 26 de Julio en Ciudad de La Habana; en el lugar donde nuestros artistas defendieron nuestras razones y sueños con su arte profundamente comprometido con la Revolución.

Es, para todos los que tenemos el privilegio extraordinario de estar esta noche aquí, como si el Apóstol iluminara con su mirada de fuego esta sala, recordándonos siempre a cada uno de nosotros y, especialmente, a los miembros de nuestra delegación olímpica, que "la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra que con el pretexto de la pobreza echan los hombres sobre sí".

En días recientes estuve reunido con nuestra delegación olímpica. Hablamos sobre la historia de nuestro país, sobre el bloqueo y su gravísimo costo para nuestro pueblo, sobre nuestras luchas y sus razones. Ahora, la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas me ha pedido hablar en este acto inolvidable y de profundo compromiso patriótico para todos nosotros.

Irán —como ya se ha dicho— a la Olimpiada de Sidney, 241 atletas cubanos que competirán en 21 deportes con el lema:
"A Sidney por la gloria de la Patria". Es la mayor delegación cubana en la historia de los Juegos Olímpicos. En total, si contamos a entrenadores, médicos, árbitros, directivos, más de 400 compatriotas estarán allí representando a la Patria.

Nuestros 241 atletas olímpicos que estarán en Sidney tienen 25 años como promedio de edad, un nivel escolar promedio de primer año de universidad y el 89% procede de los Juegos Escolares Nacionales.

Podemos decir esta noche que se han formado como atletas de alto rendimiento, como regla, la inmensa mayoría de nuestros atletas que estarán en Sidney, en los 10 años de período especial; se han convertido en atletas olímpicos en los 10 años más duros y gloriosos de nuestra historia. Eso obedece a su esfuerzo y dedicación personal; pero obedece, sobre todo y especialmente, al gran sacrificio que ha hecho nuestro pueblo, a la página que ha escrito en nuestra historia, que hace posible que ustedes puedan estar hoy presentes en la olimpiada.

No los compramos a ustedes, ninguno de los atletas cubanos que estará en Sidney es un atleta comprado, ninguno ha sido robado por nuestro país a un pueblo pobre usando el dinero. Cada uno de ustedes, cada hombre y mujer que estará allí en nuestra delegación, es un hijo genuino de nuestro pueblo. Participarán en la Vigesimoséptima Olimpiada, en la que deberán competir más de 10 000 atletas de casi 200 países.

Debemos decir aquí hoy que nuestro país se opone terminantemente, como los pueblos pobres del mundo, al hecho de que se trate de que los Juegos Olímpicos solo sean otorgados a los países ricos. Reivindicamos hoy otra vez el derecho de los países pobres a organizar también Juegos Olímpicos.

La presencia de ustedes allí será un símbolo de nuestra determinación de rescatar los valores olímpicos; de nuestra aspiración legítima, que representa la aspiración de los pueblos pobres del mundo, de organizar una olimpiada, de ser la sede de los Juegos Olímpicos del año 2008 o de los del año 2012.

Se han impuesto en el olimpismo, en la organización de los juegos, en el otorgamiento de la sede, prácticas mercantilistas que rechazamos. Le arrebataron la sede a la ciudad de Atenas para otorgársela a la ciudad de Atlanta, injustificablemente, en el año 1996; se han abandonado los principios y los sueños de los fundadores del olimpismo moderno; se ha convertido en práctica cotidiana la compra de los atletas. Comprar atletas es ofender al atleta y al pueblo que le ha dado vida; comprar al atleta es ofender el orgullo nacional, legítimo y justificado, de los pueblos de ver allí su bandera, su himno y el nombre del país brillar en las competiciones a través de sus hijos.

Se estima que en esta olimpiada no menos de 15 figuras relevantes participarán en las competencias de atletismo por otros países. No podrán allí, si obtienen la medalla de oro, ver izarse la bandera que vieron cuando niños, no oirán su Himno Nacional, oirán el de un país extraño que los ha comprado. Hay atletas que competirán en estos Juegos Olímpicos que no conocen el idioma del país rico por el que van a competir.

La presencia de ustedes allí será un símbolo de la aspiración de los pueblos a ser representados por sus atletas.

Pero ustedes, queridos integrantes de nuestra delegación, asisten a esta olimpiada, la última de este siglo, en un momento especial de la historia del mundo y de su Patria; ustedes van allí después que ha regresado Elián González a su familia, a su Patria, tras una intensa batalla popular que ha generado la admiración en el mundo hacia la determinación, la entereza y la moral con que nuestro pueblo ha defendido a uno de sus hijos. Y ustedes lo saben bien, cada uno de ustedes, y lo sabe Félix Savón, que tiene aquí a sus hijos, que nuestro pueblo daría esa batalla por el hijo de cualquiera de ustedes, que nuestro pueblo no permitiría nunca que uno de sus hijos fuera secuestrado por intereses mezquinos y enemigos del pueblo.

Ustedes van a esta olimpiada en el momento en que el prestigio creciente de nuestro pueblo noble y esforzado es reconocido en el mundo. Ustedes van en el momento en que más solidaridad se levanta en el mundo con la Patria que, orgullosa, los ve partir hacia Sidney. Y ustedes lo saben mejor que nadie: No ha habido terreno deportivo en el mundo donde el público no los aplauda y reconozca a ustedes. Ustedes saben bien que el público no aplaude en ustedes solo la maestría deportiva; el público aplaude en ustedes las cuatro letras de su uniforme; el público los aplaude a ustedes porque sabe que hoy cubano quiere decir dignidad, quiere decir entereza. Y ustedes han visto en el mundo el aplauso generoso y solidario de las multitudes que los han apoyado, aun cuando han estado contendiendo con el equipo anfitrión.

Ustedes van a Sidney en el momento en que más desprestigiado está el bloqueo cruel que ha impuesto el enemigo imperialista contra nuestro pueblo, y que existía ya cuando la mayoría de ustedes nacieron.

Ustedes viajan a Sidney en el momento en que nuestro pueblo, con optimismo creciente, cultura e información política crecientes, con optimismo y fe renovados en la victoria, se apresta a librar nuestra segunda etapa de lucha contra la Ley de Ajuste Cubano, ley asesina e injustificable ante la opinión pública; en el momento en que redoblamos nuestro enfrentamiento al bloqueo y la guerra económica; en el momento en que nuestro pueblo se levanta clamando justicia, clamando que sean derogadas la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton y las enmiendas anticubanas.

SIDNEY SERA, SIN DUDA, UN NUEVO CAMPO PARA LA BATALLA DE IDEAS, NO SOLO UN ESCENARIO PARA EL ENFRENTAMIENTO DEPORTIVO

La mafia de Miami, desprestigiada y debilitada, intenta tomar revancha; desesperada acudirá a tratar de empañar nuestra participación en la olimpiada. Sidney será, sin duda, un nuevo campo para la batalla de ideas, no solo un escenario para el enfrentamiento deportivo, para mostrar el resultado después de intensas y agotadoras jornadas de entrenamiento; será también el lugar donde defender con la palabra y la acción al pueblo que los despide orgulloso de ustedes.

Ninguno de ustedes podrá olvidar las agresiones que sufrimos en Winnipeg en los pasados Juegos Panamericanos; ninguno podrá olvidar el comportamiento tramposo y anticubano que recibió nuestra delegación en el Mundial de Boxeo de Houston, como tampoco podrán olvidar la actitud viril de nuestra delegación y nuestros boxeadores allí.

Todavía hoy está sin respuesta nuestra demanda de que se revisara el veredicto que arrebató las medallas de oro a cinco boxeadores cubanos. ¡Seguimos clamando justicia!

Para colmo, Cuba, el país al que le arrebataron las medallas, que denunció las arbitrariedades e injusticias de un arbitraje corrupto, resultó, al final, el país acusado: tres federativos cubanos, incluidas personalidades relevantes como nuestros compañeros Alcides Sagarra y Teófilo Stevenson, fueron suspendidos por un año; el compañero José Barrientos, presidente de nuestra Federación Cubana de Boxeo, ha sido injustamente suspendido por cuatro años.

Hay que recordar en una noche como hoy, en que se aprestan ustedes a salir para Sidney, las crueles maquinaciones y patrañas contra Javier Sotomayor. Estoy seguro de que Sotomayor no olvidará nunca el aplauso que le hemos dado esta noche, aplauso que ha sido acompañado en cada hogar cubano. Porque, ¿por qué se ataca a Javier Sotomayor? Porque es un símbolo de la juventud cubana; porque atacándolo quieren golpear al pueblo noble que lo ha apoyado en su fulgurante carrera deportiva y en su vida ejemplar.

La apelación de Cuba al Tribunal de Arbitraje de la Federación Internacional de Atletismo había sido desestimada y ratificada la injusta sanción de dos años de suspensión impuesta contra Sotomayor.

El Consejo de la Federación Internacional de Atletismo, como resultado de nuestra lucha, de nuestros irrebatibles argumentos, como resultado del hecho incuestionable de que tenemos absolutamente toda la razón, al cabo de un año, después de haberle sancionado a dos años, ha decidido, en el día de hoy, autorizar a Sotomayor a volver a competir. Pero no se ha producido una rectificación, debemos decirlo bien claro esta noche: no se le ha devuelto su medalla de oro panamericana; no se le ha devuelto su honor, que es lo principal, como demandó, en nombre de nuestro pueblo, el compañero Fidel ante las cámaras de la Televisión Cubana.

Solo porque no les quedó otra opción, ante la fuerza de nuestros argumentos y ante la lucha que hemos librado, han tenido que ceder y autorizarlo a competir. Pero nosotros seguiremos luchando, seguiremos denunciando esta criminal maniobra contra un símbolo no ya de Cuba, contra un hombre que es un símbolo del deporte universal y de los valores genuinos a que debemos aspirar para la juventud de nuestro planeta.

Hay que recordar una noche como hoy las maniobras injustificables contra nuestros pesistas. Pese a las pruebas irrefutables brindadas por Cuba, con cínicos procedimientos, la Federación Internacional de Pesas sancionó a nuestros tres pesistas a dos años de suspensión para William Vargas y Modesto Sánchez, y de por vida para Rolando Delgado. Después se negaron a formar la Comisión de Apelaciones que debía oír nuestra demanda, violando su propio reglamento. Ello nos llevó a apelar entonces ante el Tribunal de Arbitraje del Deporte del Comité Olímpico Internacional. Este tribunal falló el pasado 28 de julio desestimando nuestra apelación, a pesar de la abrumadora acumulación de pruebas presentadas por Cuba, incluyendo el veredicto de tres prestigiosos laboratorios europeos, en los que las 20 pruebas realizadas a la orina de nuestros pesistas resultaron negativas a nandrolona y a cualquier otra sustancia prohibida. Sin embargo, mienten, mienten, mienten para golpear a nuestro pueblo; mienten para castigar nuestro ejemplo. Golpeando a nuestros pesistas inocentes, pretenden golpear y herir a su pueblo.

Hipócritamente, en la sentencia se establece que "la conducta de la Federación Internacional de Pesas careció de seriedad" y que "la forma en que se manejó el procedimiento de apelación presentado por Cuba está abierto a una crítica severa". Esgrimen, sin embargo, para no darnos la razón, el pretexto de que pudo eliminarse la sustancia del organismo de los atletas. Ratifica las injustas sanciones contra nuestros pesistas, porque dice que las pruebas irrefutables que presentamos, médicas y de todo tipo, incluidas las pruebas realizadas en los laboratorios europeos, son válidas, pero que eso no quita que puedan haber sido válidas, dicen, las del laboratorio en Winnipeg, y que en el período que medió entre una prueba y otra pudo ser eliminada la nandrolona.

¡Mentira!, y ellos lo saben, porque todo el mundo sabe que esa sustancia demora hasta seis meses y puede ser detectada en el organismo de un atleta, y mediaron cuatro o cinco días, como máximo, entre una prueba y la otra. Mienten, y saben que mienten, y no pueden sostener lo contrario, y tratan de manera hipócrita, mientras mantienen las injustas sanciones, de reconocer el procedimiento arbitrario e injustificable de la Federación Internacional de Pesas.

Dice ahora el tribunal, para justificarse, que la nandrolona pudo ser ingerida y no inyectada, y que por eso se eliminaba más rápido. ¡Mienten!, porque todo el mundo sabe que para que sea efectiva hay que inyectársela regularmente en los entrenamientos.

Todo el mundo vio allí que el Presidente de la Comisión Médica de la ODEPA dijo en el juicio que la sustancia había sido inyectada, y ahora dicen que pudo ser ingerida, porque no tienen el valor de reconocer que mienten para afectar a nuestros atletas, a nuestro deporte y a nuestro pueblo. Por tanto, los mantienen sancionados injustamente y no les devuelven tampoco sus medallas, ganadas en leal competencia y fruto de largos y agotadores meses de entrenamiento, de coraje y de tesón.

Nosotros tenemos la moral para defender la inocencia de Javier Sotomayor y de nuestros pesistas, porque tenemos una historia intachable, porque hemos sido educados en el juego limpio, en la limpieza intachable en nuestras conductas, porque nunca hemos permitido ni estimulado el uso de sustancias prohibidas ni drogas, y cuando algún caso se ha presentado hemos actuado inmediatamente con toda energía. Tenemos un historial que nadie puede cuestionar, porque nos interesa la salud y la educación del atleta por encima de la medalla, porque nos interesan hombres y mujeres libres y de bien para sus vidas, y no solo medallas y estadísticas deportivas.

Por tanto, puedo informar aquí esta noche, a nuestra delegación y a nuestro pueblo, que la dirección de nuestro país ha decidido llevar a estos tres pesistas, como invitados, en nuestra delegación (Aplausos). Ellos acompañarán nuetra victoria, y su presencia allí será un testimonio acusador de toda la lacra que tenemos que barrer para recuperar por fin los sueños y los valores que los fundadores del olimpismo y que el Barón de Coubertin defendieron para estos juegos.

II PARTE


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