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7 de agosto
del 2000 Los cambios en
la política del gobierno Discurso pronunciado por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario
(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado) Pinareños;Compatriotas de toda Cuba; Distinguidos invitados:
En ese país, donde en determinadas circunstancias históricas hubo candidatos con las profundas convicciones de Lincoln, la sabiduría de un estadista como Roosevelt en tiempos realmente difíciles para su país y el mundo, o la ética nacida de sinceras convicciones religiosas de un hombre como Carter digno tal vez de mejor suerte frente a la galopante inflación derivada de la guerra aventurera de Vietnam y la crisis energética, surgieron personalidades que despertaron gran interés dentro y fuera de Estados Unidos. Pero nunca tal vez, en tiempos tan complejos y caóticos como los que vive hoy la humanidad, se enfrentaron dos candidatos tan aburridos e insípidos, carentes de aval histórico y de criterios y principios sólidos, como los que hoy compiten por el mando de la superpotencia hegemónica en un mundo unipolar y globalizado. No poseen siquiera la inquietud sincera por determinados problemas sociales, la sagacidad intelectual y la cultura personal de Clinton, pese a las vacilaciones y errores de éste. Cualquiera de ellos que alcance la presidencia manejará mortíferas armas y tendrá en sus manos el maletín nuclear, y mucho más que un emperador de la antigua Roma, será dueño de la guerra y de la paz en el mundo. Cuando en Estados Unidos uno de los candidatos logra el control mayoritario de los delegados de una de las dos grandes fracciones del sistema político dominante en ese país, en el que suelen invertir cientos de millones de dólares, se inicia el proceso final de la contienda. Primero está el rito de encontrar a un Vicepresidente. Lo escoge, por supuesto, el candidato, ajustado a conveniencias y tácticas absolutamente electorales. Viene después la pomposa ceremonia de postulación presidencial, y nada menos que un supuesto programa de gobierno que no tiene siquiera valor alguno como mandato o norma de conducta ética o política; por lo general es un simple compendio de estados anímicos, intereses de grupos, componendas, poses y frases destinadas a endulzar los oídos de uno u otro sector electoral, en medio de una feroz pugna en la que cada cual quiere mitigar imputaciones de excesivamente liberales o conservadores que ambas fracciones se lanzan entre sí. Nadie espere sinceridad, sentido de responsabilidad con el país o con el mundo, o expresión alguna de conocimientos profundos, verdadera cultura política y conciencia de los graves problemas que enfrenta la humanidad. Ahora acaba de concluir la llamada Convención Republicana, nada menos que en Filadelfia, que fue sede de la famosa Declaración de Independencia de 1776. Realmente aquellos dueños de esclavos que se rebelaron contra el colonialismo británico, si bien no abolieron el oprobioso sistema esclavista que se mantuvo aún durante casi un siglo y la discriminación racial tiene todavía profundas raíces en la sociedad norteamericana, eran al fin y al cabo portadores de muchas de las ideas políticas más avanzadas de aquellos tiempos. La Convención Republicana, que acaba de reunirse en Filadelfia bajo la dirección de su ilustre candidato, a pesar de que la mera idea de crear un escudo antimisil rompiendo acuerdos internacionales de gran trascendencia conmovió recientemente a la opinión mundial, lo primero que hizo fue anunciar el propósito de llevar a cabo un considerable aumento del presupuesto de las Fuerzas Armadas con destino a investigaciones militares, su desarrollo, y la construcción de un escudo antimisiles que cubra toda la nación, con una red de radares que podría detectar misiles enemigos en ruta hacia el territorio de Estados Unidos y derribarlos en pleno vuelo. Los que así opinan no son capaces de comprender que esa política conduciría a un rechazo internacional total, incluido el de Europa, y atraería como un imán a todos los amenazados por una estrategia que los dejaría desarmados ante Estados Unidos. Una nueva, peligrosa y costosísima carrera armamentista se desataría de inmediato, y nada podría impedir la proliferación nuclear y de otras armas de destrucción masiva. Los autores del proyecto conocen bien que algo más de la mitad de los norteamericanos, todavía confundidos y no suficientemente informados sobre el complejo problema, creen que tal solución es la que más conviene a los intereses de seguridad y paz del país. El candidato republicano con esa posición extrema, opuesta a cualquier propuesta más sensata y razonable por parte de su oponente, sería presentado ante el electorado como el hombre fuerte, previsor y duro que Estados Unidos necesita frente a todo peligro imaginario o real. Esa es la buena nueva que obsequiaron a todos los habitantes del Planeta desde Filadelfia. ¿Qué ofrece en particular para América Latina y el Caribe el flamante programa? Hay una frase que lo dice todo: "El próximo siglo estadounidense debe incluir a toda América Latina". Esa simple línea no significa otra cosa que la proclamación del derecho de posesión sobre América Latina y el Caribe. De inmediato se añade: "En coordinación con el Congreso, (el Presidente) trabajará con democracias claves de la región, como Argentina, Brasil, Chile y sobre todo México". No aclaran si gobiernos tipo Pinochet, o Juntas Militares como las que en Argentina desaparecieron a decenas de miles de personas tras una serie de golpes de estado que fueron promovidos por anteriores gobiernos republicanos, y con cuyos regímenes brutalmente represivos cooperaron estrechamente, estarán incluidos en el siglo estadounidense de que hablan. Llama la atención la frase "y sobre todo México", país al que arrebataron ya la mitad de su territorio en una guerra expansionista e injustificable. Es evidente la clara idea de implementar primero la anexión económica y la subordinación política total de ese país a Estados Unidos, y hacer lo mismo más adelante con el resto de los países de nuestra región imponiéndoles un Tratado de Libre Comercio fundamentalmente favorable a los intereses norteamericanos, del que no escaparía ni un pequeño islote del Caribe. Desde luego: libre circulación de capitales y mercancías, ¡nunca de personas! Estados Unidos no se puede llenar de indios, negros ni mestizos. Tampoco de latinoamericanos blancos, porque no son de pura sangre aria y ninguno escapa de la sospecha de ser portador de genes extraviados que pertenezcan al genoma de otra raza humana. Ni el Ku-Klux Klan ni otros fervientes y crecientes admiradores de la cruz gamada lo permitirían. Como es de suponer, en el leonino programa de Filadelfia, según los cables, a Cuba le correspondió una parte sustancial del apartado sobre Latinoamérica: "Nuestras relaciones económicas y políticas cambiarán cuando el régimen cubano libere a todos los prisioneros políticos, legalice las protestas pacíficas, permita la oposición política, la libre expresión y se comprometa a elecciones democráticas". Para los autores de este demagógico engendro, libertad y democracia es lo que se practica en un sistema caduco y corrupto en que sólo el dinero decide y elige, y en el que un candidato a la presidencia llega a serlo, de forma relampagueante, como heredero de un trono vacante, únicamente explicable por la poderosa influencia del padre y por contar con donaciones millonarias de quienes esperan grandes privilegios del nuevo gobernante, algo que está a muchos años luz de lo que soñaban los que fundaron ese país hace más de 2 siglos. Otro cable informa: "El programa, aparte del apoyo activo a los enemigos de la Revolución, incluye la transmisión de programas informativos desde Estados Unidos hacia el país caribeño". Es decir, se proponen continuar con la inmundicia que propalan las estaciones subversivas contra Cuba desde territorio de Estados Unidos; continuará el ultraje de seguir usando en las emisiones oficiales del gobierno de Estados Unidos el nombre glorioso y sagrado para nuestro pueblo de José Martí. Los cables señalan textualmente que "los miembros de la delegación de Florida dijeron en rueda de prensa que el lenguaje final de la declaración fue resultado del trabajo de los representantes del Estado del principal enclave del voto de los estadounidenses de origen cubano en Estados Unidos, que es mayoritariamente republicano". En conferencia de prensa, el histérico Díaz Balart chilló eufórico: "Este es un lenguaje sin precedentes. Nunca antes el Partido Republicano había hecho un compromiso tan amplio". No pueden olvidar la colosal y aplastante derrota que la mafia cubano-americana acaba de recibir y de la cual no podrá volver a recuperarse nunca. Por su parte, Ileana Ros, la loba feroz que envolvió a Elián en la bandera de las barras y las estrellas, declaró alborozada que los republicanos son "el Partido que promueve la democracia". ¡Mentira! ¡Pura y desvergonzada mentira! Hay republicanos que promueven hasta el fascismo, pero hay muchos republicanos que son personas decentes y no comparten ni apoyan esa "democracia" de extrema derecha, de terroristas y violadores de la ley en la que cree la mencionada dama, y que son capaces de secuestrar, atormentar y explotar políticamente durante muchos meses a un niño inocente de 6 años de edad. Un cable procedente de Filadelfia del 31 de julio comunicó que la plataforma del Partido Republicano sostuvo que "Estados Unidos, bajo la presidencia de George Bush, debe reforzar la política hacia Cuba con el apoyo activo a los disidentes en la Isla". Y continúa después: "Aunque el documento mantiene básicamente la misma política, deja en claro su abierto apoyo a los opositores de Fidel Castro". ¡Muy bien, excelente! No hará falta alguna probar lo que todo el mundo conoce en nuestro país: el mercenarismo y el carácter traicionero de los exiguos grupúsculos que en nuestra patria trabajan a sueldo del imperio. Para nada toman en cuenta sus torpes amos que éstos, después de siete meses de incesante batallar del pueblo cubano contra los hechos repugnantes de la mafia anexionista y la extrema derecha de Estados Unidos, han quedado como peces en una piscina vacía. "La política de Estados Unidos hacia Cuba debe estar basada en principios sólidos", sostuvo el texto que alude a Cuba en el capítulo titulado Vecindario de las Américas. ¡Hay que tener cara dura para llamar principios sólidos a los gases que emanan de la pestilente cloaca que es la mafia terrorista y mercenaria de Miami! Para culminar la montaña de basura contenida en la plataforma republicana, se afirma finalmente: "Los republicanos creen que los Estados Unidos deben adherirse a los principios establecidos por la Ley de Ajuste Cubano de 1966, la cual reconoce los derechos de los refugiados cubanos que escapan de la tiranía comunista". ¡Excelente! No habrá que explicar mucho más a los cubanos las razones del Juramento de Baraguá y la necesidad de proseguir, sin tregua ni descanso, nuestra lucha contra la política cavernaria que se reitera contra Cuba. II PARTE |
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