GRANMA INTERNACIONAL CIREN CENTRO INTERNACIONAL DE RESTAURACION NEUROLOGICA

barra.jpg (6744 bytes)

14 de Septiembre de 2000

Los pueblos están tomando conciencia del injusto
orden económico que se ha impuesto al mundo

Palabras pronunciadas por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al ser condecorado con la Orden de la República de Yemen, el 12 de septiembre del 2000, "Año del 40 aniversario de la decisión de Patria o Muerte".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Estimado amigo y Presidente de la República de Yemen, Alí Abdullah Saleh:

Trataré de ser tan breve como en las Naciones Unidas

Tengo presente la historia paralela entre la Revolución Cubana y la Revolución Yemenita: tres años después del triunfo de la Revolución Cubana se produce la revolución en la parte norte de Yemen, mientras la parte sur todavía permanecía bajo el dominio colonial. Años más tarde, la parte sur de Yemen logra la independencia y lleva a cabo su revolución; ya la nuestra llevaba casi 10 años, y fue por aquel tiempo en que se iniciaron nuestros contactos con el pueblo yemenita, contactos que se han ido fortaleciendo a lo largo de los años.

Fue muy dura la lucha del pueblo de Yemen y fueron muchas las vicisitudes que tuvo que soportar para llegar al estado actual de unidad, ya se mencionaron aquí distintas dificultades que surgieron en el camino, afortunadamente ya superadas. Pero tan pronto hicimos los primeros contactos con los yemenitas, se desarrollaron inmediatamente lazos de admiración y de afecto, porque tenemos muchas cosas en común, en el carácter, en el espíritu patriótico y en la combatividad que caracteriza a ambos pueblos.

El compañero José Miyar recordaba el hecho de la fundación de una modesta escuela de medicina. Recuerdo que se inició —porque la vi después— prácticamente en una barraca, tenía todavía dos o tres cursos solamente, y a mí me conmovió aquella facultad de medicina. La recorrí, no era mucho el espacio, pero tenía laboratorios muy modestos y los medios necesarios para realizar los estudios.

Hoy conversábamos con el Presidente y la delegación y ellos nos contaban que Yemen cuenta hoy con cuatro facultades universitarias. Miyar señaló un número que yo no conocía con precisión, es que se habían graduado alrededor de 1 000 médicos en esta facultad. Y el número total de médicos con que cuenta Yemen hoy es razonablemente alto, cuando se compara la situación en el campo de la salud de muchos países del Tercer Mundo; tienen ya casi 4 000 médicos en el país, para una población de 18 millones de habitantes.

Recordaba este detalle porque precisamente hoy nuestro país está enfrascado en una política de cooperación con los países del Tercer Mundo, especialmente en América Latina y en Africa.

La situación de Africa, como tuve oportunidad de exponer en una de las mesas redondas de Naciones Unidas, es sumamente difícil, ya que, desde mi punto de vista, naciones enteras están en riesgo de desaparecer, como consecuencia del SIDA, y no solo naciones enteras, sino, incluso, el Africa subsahariana completa. Esto se puede demostrar con simples cálculos matemáticos.

No fue Yemen el único país donde nosotros hicimos un esfuerzo por crear una facultad de medicina; a partir de aquella experiencia hicimos un esfuerzo similar en Guyana, donde está funcionando hoy la escuela de medicina, y, más tarde, otra facultad de medicina en Guinea Bissau, destruida, por cierto, en medio de una guerra que se produjo no hace mucho. Mientras la reconstruyen hemos recibido aquí a los estudiantes de los distintos cursos que están en la espera de la reconstrucción que todavía ellos no han podido realizar. De todas formas esos alumnos no perderán su carrera como médicos.

Recientemente ayudamos a fundar otra facultad de medicina en Gambia y otro tanto estamos haciendo en Guinea Ecuatorial. Pero la primera idea surgió allí en Yemen y hoy ya es un programa, porque hemos descubierto la enorme necesidad que tienen de médicos.

Para que Africa tenga la cantidad de médicos que tiene Yemen ahora, harían falta, por lo menos, 150 000 médicos. Hay países que tienen 30, otros tienen 100, incluso países grandes, tienen una situación muy difícil. Consciente de esta situación es que nos hemos encaminado hacia programas integrales de salud para los países más necesitados de nuestra área y especialmente en Africa.

Al triunfo de la Revolución, nuestro país tenía alrededor de 6 000 médicos. Perdió 3 000 atraídos por los salarios y la política de Estados Unidos tendiente a despojarnos de los profesionales. Se llevaron también más de la mitad de nuestros profesores de medicina. Hoy disponemos de 22 médicos por cada uno de los que se llevaron, y alcanzamos en estos momentos la cifra de 67 500 médicos, que equivale a 1 por cada 168 habitantes.

Cuando nosotros les dimos un gran impulso a los estudios de medicina, ya concebíamos la idea de preparar 10 000 médicos para la colaboración internacional, y es por eso que hemos alcanzado este importante capital humano que hoy, cuando más lo necesitan muchos países, nos permite prestar la colaboración de que estamos hablando.

Ya les conté lo que planteé en Naciones Unidas sobre la necesidad de hacer un esfuerzo especial para salvar naciones enteras y prácticamente a toda la población del Africa subsahariana, y vamos a insistir en ese planteamiento.

Nosotros hemos explicado que los países industrializados y ricos que gastan tanto dinero, por ejemplo, un millón de millones al año en publicidad comercial, 800 000 millones en gastos militares, 400 000 millones en drogas estupefacientes, sin contar los millones de millones que gastan en lujos y consumos superfluos, con lo cual han contaminado el planeta, están agotando los recursos de la naturaleza, tanto en la tierra como en los mares.

Son carísimos los medicamentos para que sobrevivan los hombres que han sido infectados del SIDA, no para curarse, sino para sobrevivir: 10 000 dólares para el tratamiento cada año. En Durban los occidentales, en reunión reciente, hablaron de una gestión con las empresas productoras para que redujeran los precios; si redujeran a solo 1 000 dólares, necesitarían 25 000 millones de dólares solo para obtener los medicamentos. Los africanos dijeron que aunque se los dieran gratuitamente, no disponían de la infraestructura para distribuir esos medicamentos y aplicarlos.

Fue por ello que nosotros, tomando en cuenta el capital humano de que disponemos en este campo, podríamos crear esa infraestructura en un año. Ya hay países que con el número de médicos cubanos que están allí, tendrían más que suficiente para aplicar esos medicamentos y atender otros muchos problemas de la salud.

Lo planteamos en Naciones Unidas y vamos a insistir: Si los países industrializados aportan los medicamentos, nosotros nos comprometemos a crear esa infraestructura.

Pienso que hay que cortar esa epidemia, y no hay mucho tiempo para hacerlo. En la actualidad, por cada uno de los que mueren, se contagian cinco. Verdaderamente la historia no ha conocido una epidemia semejante.

La idea de prestar colaboración médica a otros países surgió en Cuba después de la independencia de Argelia. Cuando nosotros teníamos solo 3 000 médicos, por lo menos, enviamos unas cuantas decenas a Argelia, que trabajaron allí durante muchos años. En numerosos casos de catástrofes naturales que se han producido, terremotos, ciclones e inundaciones en cualquier lugar del mundo, hemos enviado médicos, aun sin tener relaciones con los países; a través de esa práctica se ha creado una verdadera vocación y se ha obtenido una gran experiencia.

Los países industrializados no podrían hacerlo, porque no tienen los médicos para enviar a esos lugares, ni están preparados para ir a cualquier rincón del mundo y ejercer su noble misión en las condiciones más duras que puedan imaginarse.

Era inevitable que recordara, cuando pienso en los cientos de miles de médicos que necesitan esos países, aquella idea nacida en Yemen.

Y me alegro mucho de que hayamos coincidido con el presidente Alí Abdullah Saleh, allá en Naciones Unidas, porque allí estábamos como parte de la población mundial. Y los pueblos están tomando conciencia del injusto orden económico que se ha impuesto al mundo.

De una población total de 6 000 millones de habitantes, los pobres constituyen más de 4 000 millones. Y en esta Cumbre del Milenio, el tema fundamental era ese; aparte del problema relacionado con la paz, desde luego, el problema relacionado con la pobreza, con el hambre, con el analfabetismo y todas las calamidades que son fruto de la conquista y de la colonización de una gran parte del mundo hasta el presente siglo. Esa consecuencia la estamos sufriendo. Los países industrializados tienen una deuda con el Tercer Mundo. Solicitarles que a partir de su inmensa riqueza cooperen con esos miles de millones de habitantes; solicitarles que cooperen a mejorar las condiciones de salud, de educación, de alimentación; que cooperen al desarrollo de nuestros países es elementalmente justo. Pueden hacerlo con una parte pequeña de los recursos de que disponen.

Prometieron hace 40 años que elevarían la ayuda oficial al desarrollo al 0,7%; creció un poco y después comenzó a disminuir hasta constituir hoy el 0,23% de su Producto Interno Bruto. Además, realizan operaciones especulativas cada día por una cifra que asciende a 3 millones de millones de dólares, repito, cada día. Las operaciones que sostienen al comercio mundial ascienden a 6 millones de millones de dólares en un año, equivalente a dos días de operaciones especulativas, que no tienen que ver nada con la producción de bienes y servicios, y que se trata, sencillamente, de un diabólico círculo vicioso en que el dinero busca el dinero, convirtiendo las finanzas mundiales en una especie de casino donde todos los días se juegan esas sumas fabulosas de dinero, apoyados en las computadoras, y que, a la larga, pagamos la inmensa mayoría de la humanidad que hoy implora porque no se acabe de destruir la naturaleza, otro de los grandes peligros que nos amenazan, mientras la población mundial crece y crece, y no tardará mucho, tardará solo algunas decenas de años y seremos ya casi 10 000 millones. Bastaría un pequeño impuesto a las operaciones especulativas y bastaría no solo para combatir las enfermedades, sino para desarrollar al Tercer Mundo.

Hay problemas de todo tipo: erosión, cambios de clima, escasez de agua potable, de agua para la industria, de agua para la producción de alimentos. Se han ido acumulando muchos problemas, y es por eso que hay que hablar en voz alta y con energía a aquellos que jamás se han preocupado, sinceramente, por estos problemas que afectan a la humanidad y que han establecido un orden insostenible que es imposible preservar y que, de una forma o de otra, tendrá que cambiar. Eso es lo que sostenemos.

Esa lucha es de los pueblos del Tercer Mundo. Nos complace y satisface saber que un pueblo valiente, combativo, trabajador, como el pueblo de Yemen, lucha, hombro con hombro, junto al pueblo de Cuba en esta batalla.

Nos sentimos felices y nos sentimos honrados de la visita del Presidente de Yemen y de la delegación que lo acompaña, y, en particular, debo expresarles nuestro reconocimiento, por el honor de concedernos esta condecoración, más que en nombre de mi persona, en nombre de mis compañeros, en nombre de nuestro pueblo, en nombre de todos los que hemos luchado por un mundo mejor.

Muchas gracias (Aplausos).

barra.jpg (6744 bytes)
Javier SotomayorDocumentos | Revistas | Correo-E | Inglés | Francés | Portugués | Alemán
© Copyright. 1996-2000. Todo los derechos reservados. GRANMA INTERNACIONAL DIGITAL. Cuba