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2 de
Octubre de 2000 Tenemos
que proponernos multiplicar nuestra calidad deportiva y seguir apoyando a los países del
Tercer Mundo
Palabras pronunciadas por el
Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista
de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de recibimiento
al primer grupo de atletas que regresó de Sydney, efectuado en el aeropuerto
internacional "José Martí", el 29 de septiembre del 2000, "Año del 40
aniversario de la decisión de Patria o Muerte".
(Versiones Taquigráficas -
Consejo de Estado)
Compañeras y compañeros:
Voy a hablar muy poco, porque ya
ayer hablé de este tema y de otros muchos temas, a mi juicio, de gran importancia.
Quiero recordarles que ustedes han
dejado en el mundo una estela de simpatía y de solidaridad. Hemos leído todos los cables
desde que comenzaron las olimpiadas, y de los atletas de ningún país se dicen tantas
cosas elogiosas como las que se dicen de los atletas cubanos en estas olimpiadas.
Ya el compañero Felipe dijo lo
esencial de lo que debía decirse. Yo habría añadido la proeza de Iván Pedroso, porque
en el último salto, y cuando estaba debajo varios puntos, fue capaz de sobreponerse y
superar al adversario; fue verdaderamente emocionante (Aplausos). Nosotros sabemos que
Pedroso sufrió una gran lesión hace un número de años, por lo cual no pudo apenas
competir en Atlanta. Fue objeto de una operación muy dura, puesto que tuvo una ruptura de
los músculos, y por error de un médico y autosuficiencia de un instructor y del médico,
tardaron 11 días en llevarlo al hospital; quisieron atenderlo ellos creyendo que era una
tontería, y se trataba de una ruptura severa de los músculos, que cuando se produce
tiende a encoger esos músculos, que requieren inmediata operación. Al cabo de 11 días
lo operaron, y lo operaron con un gran éxito, lo cual dice mucho de nuestros médicos
deportivos.
Yo sabía que él soñaba un día
con alcanzar los nueve metros; siempre me quedé pensando si alguna vez podría incluso
volver a competir, y volvió a competir y en condiciones duras, en condiciones de
amargura, incluso, por lo que él refirió con relación a la madre, llorando porque ella
no pudo ver su victoria. Hizo lo increíble, cuando no había esperanza alguna ya, en un
último salto le sacó varios centímetros por arriba al adversario, y todo el mundo sabe
que los atletas y que él especialmente realiza sus saltos más altos, más largos la
segunda o la tercera vez. También en ocasiones se produce foul, y esta vez en el último
salto, en el último segundo, corrió, saltó, bandera blanca y... ¡la medalla de oro!
Esa es una medalla de oro de gran
mérito (Aplausos), la comparo con una que se mencionó aquí, la de Sotomayor. Nosotros
vimos al que ganó por fin en salto alto, cómo por poco tumba la varilla la tercera vez,
pero logró hacerlo; cuando Sotomayor, del primer salto, ya había cruzado la altura de
2,32, el otro logra saltar la de 2,35, y entonces, cuando le corresponde a Sotomayor, en
ese momento empieza a llover copiosamente. El ha estado a punto de ganar el oro, a pesar
de las agresiones, las calumnias; a pesar de haber estado viviendo un año con la
incertidumbre de si competiría o no, logró alcanzar esa medalla de plata bajo el agua.
Pero para nosotros una de las medallas más valiosas que ha ganado jamás Sotomayor fue
esa medalla de plata, que para nosotros vale oro, vale diamantes (Aplausos).
El pueblo no ha dormido. Como
coincidían las principales competencias con la madrugada de Cuba, 3:00, 4:00 de la
mañana, hasta las 6:00, se puede decir que todo el mundo ha estado en vela y ha
disfrutado extraordinariamente. Las victorias lo llenaban de júbilo; las trasmisiones de
los contactos con la familia y de los atletas con la familia llenaban de emoción a
nuestra población. Le dolía cualquier derrota en cualquier deporte, por el amor que
siente nuestro país por el deporte, por el cariño que experimenta hacia sus atletas.
II
PARTE
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