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16 de Octubre de 2000

EDITORIAL
Reina el caos en la política norteamericana

El gobierno y el propio Congreso de Estados Unidos son instrumentos
de la mafia terrorista cubanoamericana

En la política norteamericana reina el caos. Nuestro pueblo acaba de presenciar cómo la dirección del Gobierno y del propio Congreso de Estados Unidos pueden ser instrumentos de la mafia terrorista cubano-americana de Miami y de los políticos de extrema derecha que ocupan los puestos clave del Congreso de ese país.

Esto se había puesto en evidencia con los disparatados sucesos ocurridos alrededor del secuestro del niño cubano Elián González.

La intensa batalla librada por nuestro pueblo durante siete meses y el apoyo de la opinión pública norteamericana, detalladamente informada de los hechos por los más importantes medios masivos, les infligieron una humillante derrota. Ahora quieren recuperar a toda costa el terreno perdido. Destilan su odio y sus ansias de venganza contra nuestro pueblo por todos los poros. Toda una historia de complicidad y agresiones por parte de sucesivas administraciones e infinidad de leyes y enmiendas aprobadas a lo largo de 40 años, les facilitan el camino y estimulan sus acciones contra Cuba.

A punto de finalizar una reñida campaña electoral, cuando la demagogia y la politiquería adquieren su máxima expresión, era el momento ideal para la última felonía que acaban de cometer contra nuestro país.

Era ya evidente que tanto el presidente Clinton como la mayoría del propio Congreso y el pueblo norteamericanos estaban cansándose de una política estúpida y cruel que durante más de cuatro décadas se ha estrellado contra la férrea voluntad de un pequeño país que con firmeza inquebrantable ha sido capaz de resistir y demostrar que el poder de esa superpotencia tiene un límite.

Cuba gana respeto y prestigio crecientes en todas partes. Nadie ignora ya en este mundo la colosal obra social llevada a cabo por la Revolución. Pocos son incluso los países desarrollados que cuentan con los servicios de educación y de salud que posee Cuba y los brinda de forma absolutamente gratuita a todos los ciudadanos. Entre esos países no se cuenta, por cierto, el más poderoso y rico de todos: Estados Unidos.

Nuestra actual capacidad de ofrecer ayuda médica y formación de personal para atender a decenas de millones de personas en los lugares más apartados de los países más necesitados del Tercer Mundo, de forma igualmente gratuita, no la poseen los países de Europa y Estados Unidos juntos, sencillamente porque no disponen para ello del capital humano necesario.

En las últimas competencias olímpicas, naciones con enormes recursos y una población varias veces superior a la de Cuba, quedaron muy por detrás de nuestros equipos. Pese al torrente de dinero que corre tras la profesionalización del deporte olímpico, ni un solo atleta cubano pudo ser comprado.

La conciencia política y el espíritu solidario de nuestra población no admiten comparación alguna. Su cultura y sus conocimientos se multiplican hoy a un ritmo que dejará muy atrás a cualquier otra sociedad del planeta. El pueblo cubano está más unido que nunca. Nuestro sistema político funciona con una seriedad, estabilidad, participación social y honradez pública, que en nada se parece a lo que ocurre todos los días en casi todas partes de nuestro sufrido mundo.

Jamás se usó la violencia contra la población. Durante cuatro décadas nunca se ha visto un solo acto de represión al pueblo, ni se han empleado jamás gases químicos y otros sofisticados y amenazantes medios, algo que es cotidiano en los países más ricos y desarrollados, con poquísimas excepciones. El consenso es la clave del enorme poder político de nuestra Revolución.

Suenan totalmente vacíos los manidos e hipócritas conceptos burgueses sobre democracia y derechos humanos. Es la desigualdad extrema, la violencia contra las protestas populares, el individualismo egoísta, el consumismo despilfarrador de recursos y destructor de la naturaleza lo que impera en los países más desarrollados y en aquellos a los que el actual orden económico mundial ha impuesto sus modelos políticos y económicos; sólo que en los del Tercer Mundo el consumismo lo disfruta únicamente una exigua y privilegiada minoría. Suman hoy miles de millones los hambrientos, analfabetos y pobres, más que nunca en la historia de la humanidad.

Lo que Cuba ha hecho a 90 millas de Estados Unidos, en medio de un bloqueo que dura ya casi medio siglo por parte de la potencia más poderosa de la Tierra —que se convirtió en doble bloqueo a principios de la década del 90 al desintegrarse la otra superpotencia—, es algo a lo que no pueden fácilmente resignarse los sectores más retrógrados de ese país, acostumbrados a despreciar, humillar y destruir a los que osaran resistirse a sus designios. Cayó la URSS, poseedora de miles de armas nucleares estratégicas, con 22 millones de kilómetros cuadrados e infinitos recursos naturales; cayeron todos sus aliados europeos; pero Cuba, en pleno corazón de Occidente, bloqueada, rodeada, acosada y presionada por todas partes, cuya caída se esperaba cada día, cada semana o cada mes, no cayó. Enarbolando sus banderas socialistas y sus sueños de justicia, no renunció a ninguno de sus principios y no hizo una sola concesión ideológica. Semejante proeza hizo acreedor a nuestro pueblo de un lugar en la historia que nada ni nadie podrá ya borrar.

Ahora que el mundo se hace ingobernable y el orden económico que les han impuesto a los pueblos se hace insostenible, de nuevo se levanta el espíritu de lucha en todas partes. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instrumentos por excelencia de ese orden, no encuentran lugar para reunirse en paz, ni siquiera en Washington o en Praga, sin que se produzcan protestas de miles y miles de personas que son brutalmente reprimidas. Su desprestigio es total, su ideología y sus métodos de hacer cada día más ricos a los ricos y más pobres a los pobres están en plena decadencia. Cunden el desconcierto y la desmoralización en los que hasta hace poco preconizaban el fin de la historia. Tanto para el mundo como para Cuba, la historia apenas comienza.

Todo lo anterior explica por qué Cuba, que se apartó de tales modelos políticos y económicos para alcanzar el desarrollo social con que hoy cuenta, sea en la actualidad el único país del mundo sometido a un brutal bloqueo económico unilateral por parte de Estados Unidos. Pero ello no es una prueba de la fuerza del que la bloquea; es una prueba de su debilidad e impotencia.

Las personas más inteligentes de ese país, los sectores más sanos, los políticos más honestos y los partidarios más decididos —por convicción o por interés— de que cesen las trabas que impiden el intercambio económico y cultural entre todos los países, desean poner fin a esa política con relación a Cuba. Comprenden que Estados Unidos no puede continuar en el humillante papel de verse cada día más aislado en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ningún país del mundo, con excepción de uno o dos de sus aliados más incondicionales, apoya su criminal bloqueo. Año por año crece el número de Estados que votan abiertamente contra el mismo. La resolución cubana se aprueba ya casi por unanimidad.

Nunca una superpotencia hizo un papel más ridículo ni expresó mayor desprecio por la opinión generalizada de los gobiernos y pueblos del mundo. Es la prueba más palpable de que en los actuales estatutos de la Organización de Naciones Unidas no existe un ápice de igualdad de prerrogativas ni derechos democráticos para la inmensa mayoría de los Estados que la integran.

El sentimiento de que la política del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba ha fracasado y debe cambiarse alcanza ya a la mayoría de la opinión pública y a los propios miembros del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Los últimos 15 meses, inequívocas cifras de votos, tanto en una como en otra Cámara, demuestran que la mayoría de los miembros de una forma u otra votó a favor de la venta de alimentos y medicinas a Cuba. Como tal medida es imposible de aplicar sin revisar y anular numerosas disposiciones contenidas en otras leyes y enmiendas, ello implicaba la idea expresa o tácita de eliminar el bloqueo económico; pero ni siquiera en esto un conjunto de factores y fuerzas políticas, académicas y económicas considerables han podido avanzar un milímetro. Por el contrario, sus iniciativas arbitrariamente bloqueadas fueron conducidas a un retroceso.

En plena campaña electoral, en la que prevalecen la incertidumbre y el desconcierto, la mafia y la extrema derecha han impuesto su voluntad, y lo hicieron mediante procedimientos turbios, antidemocráticos y cínicos. Violaron normas y leyes. Valiéndose de los cargos que ocupan en la dirección de ambas Cámaras y de importantes Comités Legislativos, secuestraron proyectos e impidieron su discusión en los plenos pertinentes donde conocían de antemano que estaban en absoluta minoría.

II PARTE

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Javier SotomayorDocumentos | Revistas | Correo-E | Inglés | Francés | Portugués | Alemán
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