| 6 de
septiembre de 2000 Nuestra especie
ha adquirido conocimientos, valores éticos y recursos científicos suficientes para
marchar hacia una nueva etapa histórica de verdadera justicia y humanismo
Discurso pronunciado por el
Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista
de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Cumbre del Milenio,
Naciones Unidas, Nueva York, el 6 de septiembre del 2000, "Año del 40 aniversario de
la decisión de Patria o Muerte".
(Versiones Taquigráficas -
Consejo de Estado)
Excelencias:
En nuestro mundo reina el caos
dentro y fuera de las fronteras. Leyes ciegas son presentadas como normas divinas que
traerán la paz, el orden, el bienestar y la seguridad que tanto necesita nuestro planeta.
Eso quieren hacernos creer.
Tres decenas de países
desarrollados y ricos que monopolizan el poder económico, tecnológico y político, se
reúnen aquí con nosotros para ofrecernos más de las mismas recetas que han servido
sólo para hacernos cada vez más pobres, más explotados y más dependientes.
No se habla siquiera de reformar
radicalmente esta vetusta institución, nacida hace ya más de medio siglo, cuando sólo
existían unos pocos países independientes, y convertirla en un órgano que represente
verdaderamente los intereses de todos los pueblos del mundo sin que exista para nadie el
irritante y antidemocrático derecho de veto, e iniciar un sano proceso que implique la
ampliación del número de miembros y la representatividad del Consejo de Seguridad como
un órgano ejecutivo subordinado a la Asamblea General, la cual debería tomar las
decisiones en temas tan vitales como la intervención y el uso de la fuerza.
Hay que acabar de plantear con toda
firmeza que el principio de la soberanía no puede ser sacrificado en aras de un orden
explotador e injusto en el que, apoyada en el poder y su fuerza, una superpotencia
hegemónica pretende decidirlo todo. Eso Cuba no lo aceptará jamás.
Las causas fundamentales de los
actuales conflictos están en la pobreza y el subdesarrollo que prevalecen en la inmensa
mayoría de los países, y en la desigual distribución de las riquezas y los
conocimientos que impera en el mundo. No puede olvidarse que el subdesarrollo y la pobreza
actuales son la consecuencia de la conquista, la colonización, la esclavización y el
saqueo de la mayor parte de la Tierra por las potencias coloniales, el surgimiento del
imperialismo y las guerras sangrientas por nuevos repartos del mundo. Hoy tienen la
obligación moral de indemnizar a nuestros países por el daño que les hicieron durante
siglos.
La humanidad debe tomar conciencia
de lo que hemos sido y de lo que no podemos seguir siendo. Hoy nuestra especie ha
adquirido conocimientos, valores éticos y recursos científicos suficientes para marchar
hacia una nueva etapa histórica de verdadera justicia y humanismo.
Nada de lo que existe en el orden
económico y político sirve a los intereses de la humanidad. No puede sostenerse. Hay que
cambiarlo. Basta recordar que somos ya más de 6 mil millones de habitantes de los cuales
el 80 por ciento es pobre. Enfermedades milenarias de los países del Tercer Mundo como la
malaria, la tuberculosis, y otras igualmente mortíferas no han sido vencidas; nuevas
epidemias como el SIDA amenazan con extinguir la población de naciones enteras, mientras
los países ricos invierten sumas fabulosas en gastos militares y lujos, y una plaga voraz
de especuladores intercambian monedas, acciones y otros valores reales o ficticios, por
sumas que se elevan a millones de millones de dólares cada día. La naturaleza es
destrozada, el clima cambia a ojos vista, las aguas para el consumo humano se contaminan y
escasean; los mares ven agotarse las fuentes de alimentos para el hombre; recursos vitales
no renovables se derrochan en lujos y vanidades.
Cualquiera comprende que el objetivo
fundamental de las Naciones Unidas, en el siglo apremiante que comienza, es el de salvar
al mundo no sólo de la guerra, sino también del subdesarrollo, el hambre, las
enfermedades, la pobreza y la destrucción de los medios naturales indispensables para la
existencia humana. ¡Y debe hacerlo con premura antes de que sea demasiado tarde!
El sueño de alcanzar normas
verdaderamente justas y racionales que rijan los destinos humanos, a muchos les parece
imposible. ¡Nuestra convicción es que la lucha por lo imposible debe ser el lema de esta
institución que hoy nos reúne!
Muchas gracias (Aplausos
prolongados).
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