Los cubanos despedimos el año que termina y con él despedimos
también el siglo XX disfrutando el privilegio incomparable de vivir en un espacio estelar
de la Historia de la Patria.
Recordaremos el año 2000 como el año de la batalla de ideas en la que hemos mantenido
una vigorosa ofensiva y descubierto nuevas armas y recursos para continuarla
desarrollando. Recordaremos el año 2000 como el año de la victoria de la gran
movilización del pueblo por el regreso de Elián, como el año de la puesta en práctica
de nuevas ideas para elevar la cultura, fortalecer la educación, desarrollar y utilizar
creativamente la televisión y otros medios de comunicación, como el año de la
aplicación de métodos revolucionarios y profundamente humanos para comenzar a abordar en
su raíz los problemas que plantea la marginalidad social, como el año de la celebración
exitosa de la Cumbre del Sur en La Habana, de la destacada participación de la
delegación cubana en la Cumbre del Milenio, del abrumador voto de repudio al bloqueo en
la Asamblea General de Naciones Unidas, del contundente golpe propinado a la mafia
terrorista en la Cumbre Iberoamericana de Panamá.
Recordaremos en suma, al año 2000 como aquel en que nuestro pueblo colmó plazas y
calles en Marchas y Tribunas Abiertas en espléndida demostración de cultura política,
fervor patriótico y disciplina consciente.
Y aquel en que los hogares se convirtieron en aulas universitarias y la televisión
transmitió no sólo novelas, noticieros y otros programas, sino que transformó al país
en una gran Universidad para Todos.
También el año 2000 será recordado por demostrarse en él que la recuperación
económica en su sexto año ininterrumpido fue capaz de enfrentar y rebasar las coyunturas
externas más complicadas.
Esa coyuntura externa puede entenderse fácilmente si tenemos en cuenta que en este
año la relación de intercambio se deterioró 22% al elevarse el precio del combustible
en 61% hasta alcanzar niveles ruinosos para los países que como Cuba son importadores
netos de petróleo y reducirse el precio del azúcar a niveles incluso inferiores a 5
centavos la libra, los precios más bajos de la última década.
Sólo por el aumento de precio fuimos obligados a pagar más de 500 millones de
dólares por una cantidad de combustible casi igual que el año anterior. A esto debe
agregarse que el turismo creció a un ritmo entre 9 y 10% que es alto en cualquier
comparación internacional, pero no tanto como en años anteriores debido al efecto sobre
el turismo europeo de la devaluación del euro frente al dólar y el encarecimiento de los
pasajes aéreos por el alto precio del combustible.
La tensión financiera provocada por ese violento impacto externo, obligó a cerrar
algunas instalaciones de manera temporal durante los meses de verano, los de mayor consumo
energético, e inevitablemente afectó algunas producciones y servicios que hubieran
tenido mejores resultados.
Lo verdaderamente notable es que con una caída de 22% en la relación de intercambio,
con un pago de más de 500 millones de dólares por sobreprecio del combustible y
soportando la guerra económica que en este año incorporó nuevas prohibiciones bajo el
hipócrita mando de la "flexibilización", la economía cubana haya sido capaz
de crecer 5,6%. Y aún más, que avanzáramos sustancialmente en la solución de problemas
estratégicos como la generación de energía, que no empeoraran las condiciones de vida
de la población e incluso mejoraran ligeramente en algunos aspectos y que comprobemos
avances reales aunque todavía insuficientes en la eficiencia, expresados en indicadores
económicos, pero con mayor importancia aún por la certeza nacida de la experiencia
diaria de la población.
El Producto Interno Bruto creció 5,6% en comparación con un crecimiento previsto de
entre 4 y 5% y lo hizo en mejores condiciones de eficiencia en cuanto a productividad del
trabajo la cual creció 4,6%, efectividad de las inversiones que se elevó 5,8% y una
reducción en el coeficiente de intensidad energética de 3,4%.
Aunque este crecimiento es favorable y revelador, los economistas y profesionales
cubanos de la economía tenemos la obligación de proponer a la mayor brevedad posible,
una solución al problema que plantea la valoración de muy importantes actividades
sociales que en Cuba tienen una relevancia sustancial y que la metodología de cálculo
del Producto Interno Bruto (PIB) internacionalmente establecida tiende a minimizar y a
reducir por tanto el monto del PIB global y del PIB por habitante. De aquí resulta que
Cuba aparece en algunas comparaciones internacionales en posiciones que no reflejan la
realidad económica del país por la subvaloración del aporte al PIB de sectores de tanto
peso en el país y tan importantes para la calidad de vida como la educación, la salud y
la cultura.
En las economías capitalistas los elevados pagos que la población debe hacer por los
servicios de salud, los estudios universitarios y otras actividades, pasan a engrosar el
PIB por su carácter de transacciones mercantiles. En Cuba no se vende educación ni salud
y la población recibe otros servicios sociales mediante un pago que no se relaciona con
la obtención de ganancias.
El esfuerzo de inversión en estos años es también uno de los factores positivos de
la recuperación.
En el año 2000 los 3 100 millones de pesos de inversión son más del doble que la
cifra de 1995 y se concentraron en proyectos estratégicos como la industria del petróleo
y el gas, la industria eléctrica, el níquel, el turismo y las comunicaciones.
El sector energético, que en los primeros años del período especial representó un
punto especialmente vulnerable, mostró firmes avances en el año que termina. De apenas
800 mil toneladas de petróleo que se producían a principios de la década, alcanzamos ya
a producir 3,3 millones de toneladas de petróleo equivalente, teniendo en cuenta el gas
natural acompañante. Con nuestro petróleo estamos generando en estos meses finales del
año el 70% de la electricidad y el año próximo podremos generar el 90% y alcanzar
además una producción de 4 millones de toneladas de petróleo equivalente.
La producción azucarera en la zafra 1999-2000 alcanzó
4 millones 59 mil toneladas con mejorías en los índices de eficiencia y dando
continuidad a la recuperación de este sector.
La producción del níquel, que había alcanzado en 1989 su nivel más alto de
producción antes del período especial con 46 591 toneladas, logró en este año producir
72 mil toneladas con un grado de eficiencia superior que se expresa, entre otros
indicadores, en el consumo de la mitad de combustible por unidad de producción en la
Planta Che Guevara de Punta Gorda.
Fueron producidas 344 mil toneladas de acero, incluyendo
10 mil toneladas de acero inoxidable. Creció la producción de la pesca en la que se
destaca la captura de 90 mil toneladas en la acuicultura.
En 15 de las 21 ramas industriales no azucareras se observa una evidente mejoría. Han
tenido mayores dificultades y más lento ritmo de recuperación el papel, el vidrio, los
textiles, las confecciones, el cuero y los materiales de construcción.
La agricultura creció 14,5% con incrementos productivos en viandas, hortalizas y
frijoles y descensos en el arroz y la leche debido a condiciones climáticas y en la
producción de huevos por dificultades en la importación de pienso.
La ganadería sigue recuperándose muy lentamente y aún cuando los incrementos
productivos han sido elevados en algunos productos agrícolas, la agricultura se encuentra
lejos de alcanzar las necesidades alimentarias de la población y de provocar con mayores
producciones y menores costos la rebaja de precios de sus productos.
El turismo continuó su crecimiento, aunque a un ritmo no tan alto como en años
anteriores por las razones ya expresadas. Entre 1995 y el año actual su crecimiento medio
anual ha sido de 18,6% y atrajo a Cuba este año 5 veces más turistas que hace 11 años.
Su papel como inductor de la recuperación y el crecimiento de otros sectores se expresa,
entre otros factores, en que este año el 61% de los insumos del turismo son de
producción nacional.
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