| 27 de Marzo de 2001 Llama Canciller cubano a democratizar Comisión DDHH
Texto completo del discurso
pronunciado por Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en el 57
Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en Ginebra,
Suiza, el 27 de marzo del 2001. Año de la Revolución Victoriosa en el Nuevo Milenio.
Señor Presidente:
Hablo en nombre de Cuba.
Venimos a acusar a los que mienten; a decir
nuestras verdades, y venimos armados de razones: un arsenal de ideas justas y la historia
de luchas de nuestro pueblo, al que nada ni nadie puede doblegar en su empeño de
conquistar toda la justicia, y al que agresiones, bloqueos y difamaciones no le han podido
aplastar su férrea voluntad de luchar, ni mellar siquiera su plena independencia.
La Comisión de Derechos Humanos está hoy
más dividida que nunca y amenazada de llegar a un punto irreversible de descrédito. De
un lado estamos los representantes del Tercer Mundo: somos los rehenes de la deuda,
víctimas del injusto desorden implantado en el mundo, sólo dueños de nuestra miseria y
postergación; somos los que aportamos los millones de hambrientos, de pobres, de
analfabetos, de niños y madres que mueren, los que hemos cimentado con nuestro
sufrimiento la opulencia de nuestros explotadores. Somos siempre, en esta Comisión, los
acusados.
De otro lado están los representantes de
los países desarrollados y ricos: son los acreedores, los que consumen casi todo lo que
se produce, los que derrochan, contaminan y olvidan que nos deben su riqueza. Y son,
además, los que pretenden convertirse en acusadores y jueces de nuestros países.
Es hora ya de barrer de los trabajos de esta
Comisión la hipocresía y el doble rasero. ¿Podría Estados Unidos explicar por qué
vota en contra de considerar al hambre, que hoy afecta a casi mil millones de personas,
como un ultraje y una violación de la dignidad humana? ¿Podría explicar que mientras
pretende acusar a Cuba, a la vez se opone a condenar las flagrantes y masivas violaciones
de los derechos humanos perpetradas por el ejército israelí contra el valeroso pueblo
palestino?
Ha llegado el momento de exigir que se ponga
en práctica un amplio proceso de reforma y democratización de esta Comisión. Cada año
lo discutimos y se han aprobado con ese propósito varias resoluciones. Pero lo cierto es
que la Comisión de Derechos Humanos continúa siendo un instrumento al servicio de los
intereses de dominación de Estados Unidos y sus aliados.
¿Podría cambiar esta situación? Por
supuesto. Pero requerimos que ustedes, los representantes de los países desarrollados,
acepten con modestia la justeza de nuestras demandas. Se requiere que ustedes reconozcan
que no son los dueños absolutos de la verdad. Es preciso renunciar a la noción racista
de que los pobres no podemos también tener razón.
Necesitamos un mundo más democrático y
tolerante. ¿Por qué un pequeño grupo de ricos y poderosos países quieren imponer un
mundo cada vez menos democrático y plural? ¿Por qué no luchamos por mayor tolerancia no
sólo dentro de los países, sino en las relaciones entre los países? ¿Por qué no se
puede aceptar la existencia de diversos modelos de ordenamiento civil y político? ¿Con
qué derecho se intenta consagrar un único modelo de democracia? ¿No acordamos ya en la
Conferencia Mundial de Derechos Humanos que todos los pueblos tienen el derecho de libre
determinación y en virtud de este derecho establecen libremente su condición política?
Sólo de la colaboración respetuosa pueden
resultar útiles los trabajos de esta Comisión; jamás de la imposición dogmática y la
arrogancia.
Cuba seguirá exigiendo que esta Comisión
deje de ser rehén de intereses injustificables. Cuba no dejará de batallar mientras no
se respete el derecho de todos los países, mientras no se garantice un funcionamiento
plural, transparente, objetivo y democrático en los trabajos de esta Comisión.
Señor Presidente:
Estados Unidos acusa a Cuba de violación de
los derechos humanos. Como todos sabemos, en esta acusación no se dirime una genuina
preocupación por la situación de los derechos humanos en Cuba. Se dirime, realmente, si
un pequeño país del Tercer Mundo puede o no escoger su propio camino y construir a su
manera un futuro de igualdad y bienestar para sus hijos.
Rechazo con profundo desprecio la acusación
contra Cuba, fabricada por Estados Unidos, e impuesta mediante salvajes presiones en el
seno de esta Comisión. Sostengo con toda firmeza, mirando a los ojos de cada uno de
ustedes, que no existen violaciones de los derechos humanos en Cuba; que no tiene
absolutamente ninguna justificación el intento de singularizar a Cuba en esta Comisión;
que tal aseveración es sólo posible debido a la incapacidad patológica de Estados
Unidos de aceptar a Cuba como un país independiente, que ya no le pertenece.
Después de más de cuarenta años de
genocida bloqueo y guerra económica, invasiones, actos terroristas, intentos de
subversión, sabotajes, planes de asesinato de dirigentes cubanos, guerra biológica y
muchas otras agresiones, la Comisión de Derechos Humanos es el más reciente campo de
batalla entre el intento opresor de Estados Unidos contra Cuba y nuestras ansias de
independencia, justicia y desarrollo.
No voy a emplear tiempo en explicar la
realidad cubana y en probar la naturaleza injusta y selectiva de las acusaciones de
Estados Unidos. En realidad, no hace falta. Ustedes, lo reconozcan o no, lo saben. Me
limitaré a decir que Estados Unidos es el país con menos autoridad moral para juzgar a
Cuba en materia de derechos humanos y de democracia.
No puedo dejar de preguntar: ¿Ha visto
alguien en Cuba siquiera una vez a la policía golpeando a los trabajadores o a los
estudiantes en una manifestación, disparando contra ellos balas de goma, lanzándoles
perros, caballos o gases lacrimógenos, como ocurre diariamente en no pocos rincones del
mundo de hoy?
Ustedes saben que en Cuba los dirigentes
marchan junto al pueblo en las manifestaciones.
Hasta el reciente informe del Departamento
de Estado norteamericano sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, al que,
por supuesto, no reconozco legitimidad alguna, y en el que, como sabemos, del único país
que no se habla es de los propios Estados Unidos, reconoce que no hay muertes ni
desapariciones por motivos políticos en Cuba. Pese a su odio visceral contra nuestro
país, su obsesión por condenarnos y su falta de escrúpulos, Estados Unidos no se ha
atrevido a mentir, al menos, en este asunto. ¡Es tan límpida y humana nuestra obra, que
es imposible negarla!
¿Alguien en esta sala puede mencionar un
solo caso de tortura, asesinato o desaparecido en Cuba? ¿Alguien en esta sala conoce un
solo caso de periodista asesinado en Cuba, o de secuestro de niños, como no sea el
intento fallido de secuestrar a un niño cubano en Estados Unidos, o de venta de niños, o
de esclavitud?
¿Alguien oyó hablar alguna vez de un
escuadrón de la muerte en Cuba? ¿Alguien ha visto en Cuba una manifestación de madres y
abuelas clamando por sus hijos y nietos asesinados o desaparecidos? ¿Ha oído algunos de
ustedes que el Gobierno cubano, a espaldas del pueblo, haya impuesto un programa de ajuste
del Fondo Monetario Internacional o que haya regalado las riquezas del país a las
transnacionales? ¿Se han preguntado ustedes por qué tras 40 años de bloqueo y 10 años
de gravísimas dificultades económicas conservamos, y crece por día el apoyo abrumador
de nuestro pueblo?
La respuesta está en que la Revolución le
pertenece al pueblo, no a una elite obsesionada con el poder.
Los dirigentes en Cuba vemos en nuestras
responsabilidades un deber, una actitud ante la vida, no un medio de vida. Nuestra
autoridad se basa no sólo en nuestra elección democrática y transparente, sin dinero ni
corrupción, sino en la convicción de nuestro pueblo de que no robamos, que no nos
sentimos por encima de sus necesidades y sueños, que compartimos sus dificultades, que no
renunciamos a una vida austera y comprometida.
¿Debe interpretarse entonces que nos
creemos una sociedad perfecta? No, no estamos satisfechos. Sólo estamos empezando.
Estamos tratando de borrar siglos de marginación e injusticias. Intentamos elevar la
educación y la cultura hasta planos nunca antes alcanzados por nuestro pueblo. Nos
esforzamos por lograr para nuestros hijos niveles de igualdad, justicia social y
participación ciudadana, como los de ninguna otra sociedad.
Haremos todos los esfuerzos necesarios para
seguir perfeccionando nuestra obra, hacer todavía más eficiente y participativo nuestro
sistema político, que es lo sabemos bien incomparablemente más democrático
que el de nuestros falaces acusadores.
En Cuba luchamos por una sociedad cada vez
más tolerante y humana. Soñamos con un pueblo cada vez más culto e instruido, que
equivale a decir un pueblo cada vez mas libre. Aspiramos a todo el conocimiento posible
para todo el pueblo, y no sólo para una elite. Soñamos con un pueblo de profunda
sensibilidad social, liberado de egoísmos, con arraigadas convicciones humanistas.
Soñamos, y cada vez estamos más cerca de alcanzar esos sueños, con un pueblo para el
que la Patria sea Humanidad. Una sociedad como la nuestra, en la que el hombre y su
dignidad son el centro, no comulga con la violencia, la represión o el engaño.
No se nos puede presionar. Hacemos lo que
creemos justo y conveniente. Tenemos ética. Tenemos moral. Y debo decirlo con toda
claridad: no aceptamos ni aceptaremos presiones ni amenazas.
Es hora de definiciones. Quien secunde a
Estados Unidos en su inocuo proceder contra Cuba, no tiene autoridad moral para hablarnos
de derechos humanos. No se puede rechazar el bloqueo a Cuba y al mismo tiempo ser
cómplice de Estados Unidos en la maniobra con que intenta justificarlo.
Tenemos el aliento y la simpatía de los
pueblos de América Latina, que saben que nuestra lucha es también por sus derechos, que
recuerdan el apoyo solidario de Cuba en los tiempos en que las dictaduras sostenidas por
Estados Unidos torturaron, asesinaron y desaparecieron a cientos de miles de personas en
Nuestra América.
Sabemos también que la lucha de Cuba es por
el respeto a los derechos de todo el Tercer Mundo, para que cese el menosprecio, el
desconocimiento de nuestro derecho a un mundo más equitativo y justo, de nuestro derecho
al desarrollo y a la vida.
Señor presidente:
A Estados Unidos le molesta que Cuba quiera
ser libre e independiente. ¡Y Cuba no va a renunciar a ser cada vez más libre y más
independiente!
A Estados Unidos le molesta que Cuba sea
socialista. ¡Y Cuba va a ser cada vez más socialista!
A Estados Unidos le molesta que en Cuba
mande el pueblo. ¡Y en Cuba cada vez el pueblo será más dueño de su destino!
A Estados Unidos le molesta que Cuba salga
al paso de sus aspiraciones imperialistas y hegemónicas. ¡Y Cuba será cada vez más
antimperialista y solidaria con las causas justas!
Estados Unidos quiere organizar en una Cuba
fragmentada y débil el partido que pida la anexión a Estados Unidos. ¡Y en Cuba
seguirá existiendo el partido de la unidad y la independencia, de la justicia social y la
dignidad, de la igualdad real y la solidaridad verdadera entre todos los hombres y todos
los pueblos, sin lo cual no puede haber ni libertad ni democracia ni paz!
Cuarenta años de heroica resistencia
sostienen nuestras ideas, nuestra razón, nuestra verdad, nuestra invencible fuerza,
nuestra irrenunciable e indestructible libertad.
Los gobernantes de Estados Unidos no saben
ya qué hacer con Cuba. En un campo o en otro seguirán sufriendo derrota tras derrota. Lo
que trata de alcanzar en esta Comisión, sobre la base de humillantes presiones a sus
miembros, y a un altísimo costo político, demuestra que olvidan aquella famosa
reflexión del Rey Pirro: "Con otra victoria como ésta, estoy perdido".
Nos han convertido en el pueblo más libre
de la Tierra, que nada depende ya de su comercio, de sus créditos y de sus inversiones.
Disfrutamos hoy del raro privilegio, casi único, de poder decirles toda la verdad y
destruir cada una de sus mentiras, desde ésta o cualquier otra tribuna.
No acusamos a su pueblo, capaz de ser noble
e idealista; acusamos a un sistema hegemónico de dominación, y a un orden político y
económico egoísta y rapaz, impuesto al mundo, que es insostenible.
Algunos nos piden un gesto para complacer a
Estados Unidos. El gesto que hago, a nombre de mi pueblo, es levantar el puño y decir
bien alto las palabras que durante cuarenta años hemos repetido los cubanos ante cada uno
de sus crímenes y agresiones contra Cuba:
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
El bloqueo se ha endurecido (Intervención, 9 de
noviembre del 2000)
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