GRANMA INTERNACIONAL

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Ningún interés económico o amenaza de represalia frenará la dignidad y el valor de nuestro pueblo

Intervención del Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Sesión Plenaria de la 105ª Conferencia de la Unión Interparlamentaria, efectuada en el Palacio de las Convenciones, 5 de abril del 2001, Año de la Revolución Victoriosa en el nuevo milenio.

En aras del tiempo, publicamos el siguiente texto como fue elaborado, sin incluir las interesantes reflexiones, acotaciones y comentarios realizados durante esta intervención.

(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)

Señora Presidenta y demás miembros de la Presidencia;

Distinguidos parlamentarios:

Cuando en 1981 hablé en la 68ª Conferencia Interparlamentaria, después de mencionar índices y datos que mostraban el creciente abismo que separaba al mundo desarrollado y opulento de los países que fueron sus colonias y dominios, víctimas de ininterrumpido saqueo durante siglos, pronuncié una frase que pudo parecer excesiva: "Si el presente es trágico, el futuro se avizora tenebroso."


FOTO: PABLO PILDAIN

Nadie trate de engañarnos y confundirnos con las nuevas terminologías salidas de la propaganda hipócrita de los especialistas en engaños y mentiras, al servicio de los que han impuesto a la humanidad un orden económico y político cada vez más desigual e injusto, que no tiene absolutamente nada de solidario o democrático y ni siquiera un ápice de respeto por los más mínimos derechos a que son acreedores los seres humanos.

No exageré cuando pronuncié aquella frase.

La deuda externa del Tercer Mundo, que ascendía en 1981 a 500 mil millones de dólares, se elevó en el año 2000 a 2,1 millones de millones de dólares. La parte correspondiente a América Latina sumaba entonces 255 mil 188 millones de dólares; esta se elevó en el año 2000 a 750 mil 855 millones.

El servicio de la deuda del Tercer Mundo en el año 1981 fue de 44 mil 200 millones; el servicio de la deuda en el 2000 era ya de 347 mil 400 millones.

El Producto Nacional Bruto (PNB) per cápita en los países desarrollados era 8 mil 70 dólares en 1978; veinte años después, en 1998, el PNB per cápita de esos países ascendió a 25 mil 870 dólares, mientras el PNB per cápita de los países de más bajos ingresos, que era en 1978 de 200 dólares, había subido sólo en 1998 a 530. La diferencia abismal se había profundizado.

El número de personas subalimentadas, casi la totalidad pertenecientes a los países del Tercer Mundo, era en 1981 de 570 millones, en el año 2000 son 800 millones.

La cantidad de desocupados era 1.103 millones en 1981, y en el 2000 son 1.600 millones.

En la actualidad, el 20 por ciento más rico de la población mundial realiza el 86 por ciento del total de los gastos en consumo privado, mientras el 20 por ciento más pobre realiza el 1,3 por ciento del total de gastos en consumo privado.

En los países ricos, el consumo per cápita de electricidad es diez veces mayor que el del conjunto de los países pobres.

Según datos de las Naciones Unidas, en 1960 el 20 por ciento de la población mundial que vivía en los países más ricos tenía 30 veces el ingreso de las naciones más pobres. En 1997 esta relación era ya 74 veces mayor.

Según estudios realizados por la FAO entre 1987 y 1998, 2 de cada 5 niños en el mundo subdesarrollado sufren retraso del crecimiento y uno de cada 3 está por debajo del peso correspondiente a su edad.

Hay 1.300 millones de pobres en el Tercer Mundo, es decir, uno de cada 3 habitantes vive en la pobreza. El Banco Mundial, en el último informe sobre la pobreza, pronostica que podría alcanzarse la cifra de 1.500 millones de personas en la más absoluta pobreza a la entrada del Nuevo Milenio.

El 25 por ciento de la población mundial más rica consume el 45 por ciento de las carnes y el pescado; el 25 por ciento más pobre sólo consume el 5 por ciento.

En el Africa Subsahariana la tasa de mortalidad es de 107 por mil nacidos vivos en el primer año y 173 por mil antes de cumplir los 5 años; en Asia Meridional es de 76 y 114 respectivamente. En el caso de América Latina, según la UNICEF, la mortalidad de menores de 5 años es de 39.

Más de 800 millones de adultos continúan siendo analfabetos.

Más de 130 millones de escolares crecen sin tener acceso a la educación básica.

Lo real, lo inocultable, es que en la actualidad más de 800 millones de personas sufren hambre crónica y carecen a la vez de acceso a servicios de salud, por lo que se estima que en el Tercer Mundo 507 millones de personas no sobrevivirán a los 40 años de edad. Al sur del Sahara, casi el 30 por ciento de la población morirá antes de los 40 años.

En 1981 apenas se mencionaba el cambio de clima y la palabra SIDA muy pocos la habían escuchado por primera vez. Dos temibles amenazas que se unen a las calamidades ya mencionadas.

En 1981 la población mundial ascendía ya a 4 mil millones de habitantes; de ellos, el 75 por ciento en los países del Tercer Mundo. En el 2001 somos ya más de 6 mil 100 millones los habitantes del planeta. En sólo 20 años la población mundial creció en mil 700 millones de habitantes, más que lo que había crecido durante todo el tiempo que media desde el surgimiento de la especie humana hasta el inicio del siglo XX.

Para resumir, de tal forma ha retrocedido la proporción del ingreso mundial de los países que hoy constituyen el Tercer Mundo, que hace un siglo y medio era del 56 por ciento y hoy es sólo de un 15 por ciento, lo cual constituye una forma realmente peculiar de expresar lo que en realidad ha significado, para el Tercer Mundo y para la inmensa mayoría de la humanidad, el colonialismo, el capitalismo y el imperialismo con sus crisis, sus caos, su anarquía en el terreno económico y su sistema de valores egoístas e inhumanos.

Nuestro país, una nación pobre, después de 4 siglos de coloniaje español y 57 años como colonia de Estados Unidos, fue sometido a un brutal bloqueo económico desde el instante mismo en que adquirimos por vez primera en la historia nuestra doble libertad, pues nos libramos a la vez de la tiranía y del imperio.

Este pequeño y bloqueado país del Tercer Mundo, contra el cual fueron empleados todos los recursos de Estados Unidos en materia de subversión, desestabilización, sabotajes, ataques piratas, cientos de planes de asesinato contra los líderes de la Revolución, guerra sucia, guerra económica, guerra biológica, invasión militar con empleo de personal reclutado, pagado, suministrado, escoltado por unidades navales norteamericanas y dirigido por el gobierno de Estados Unidos, por último conducido al riesgo de exterminio en una guerra nuclear, supo resistir con honor todos los embates de la mayor superpotencia de la historia, una Roma multiplicada por mil dado su poderío político, económico, militar y tecnológico.

Cuarenta y dos años han durado ya la despiadada guerra económica y el bloqueo. En adición a esto, hemos soportado diez años de período especial, cuando, al derrumbarse el campo socialista y desintegrarse la Unión Soviética, nos quedamos sin mercados ni fuentes donde adquirir suministros, en circunstancias en que Estados Unidos arreció el bloqueo con las leyes Torricelli y Helms-Burton. Ningún país ha pasado jamás por semejante prueba.

Muchos creían que éramos vulgares satélites de una gran potencia. Se esperaba el fin de la Revolución en cuestión de semanas o meses como máximo. Pero el satélite demostró su luz propia y su extraordinaria fuerza como un pequeño Sol de verdadera libertad, soberanía, patriotismo, justicia social, igualdad real de oportunidades, solidaridad dentro y fuera de sus fronteras, inconmovibles principios éticos y humanos.

¿El poder, el enorme prestigio, la fuerza y la unidad del pueblo, alcanzados por la Revolución, acaso servirían para satisfacer vanidades, ambiciones de poder o de bienes materiales? No, servirían para resistir heroicamente la arremetida del imperio en uno de los momentos más peligrosos y difíciles de la historia de nuestra Patria.

Nadie pretenda enseñarnos lecciones de historia o de política tratando a los dirigentes cubanos como a niños de preescolar. Es posible incluso que los preescolares cubanos sepan de esta materia más que algunos connotados políticos.

Bajo terribles circunstancias, hay una obra social realizada que es aplastante, irrefutable, insuperable. En un año fue erradicado el analfabetismo, que alcanzaba casi un tercio de la población entre 15 y 60 años; simultáneamente, miles de aulas fueron creadas en los lugares apartados y regiones casi inaccesibles; servicios médicos fueron igualmente creados en campos y ciudades, a pesar de que Estados Unidos nos redujo, con visas y promesas de mejor vida material, a la mitad la cifra de los 6 mil médicos con que contábamos y a más de la mitad la de los profesores de Medicina. Se construyeron por miles las escuelas y se prepararon profesores para el nivel básico y medio superior; escuelas preuniversitarias, institutos politécnicos, centros de formación de maestros y profesores, de música, danza, arte, educación física y deportes y otras. Se multiplicaron por decenas los centros de enseñanza superior en todo el país, que eran tres, entre ellos 21 Facultades de Medicina, 22 con la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, y 15 Institutos Superiores Pedagógicos.

En menos de treinta años, Cuba pasó a ser el primer país de América Latina y del Tercer Mundo en bajar la mortalidad infantil de 10 por cada mil nacidos vivos en el primer año de vida, alcanzando en pleno período especial el índice de 6,4 y una expectativa de vida de 75 años; extendió los servicios médicos gratuitamente a todos los ciudadanos; elevó la escolaridad promedio a 9 grados, graduó más de 700 mil profesionales universitarios; desarrolló un poderoso movimiento artístico y cultural; ocupó uno de los diez primeros lugares en las competencias olímpicas y obtiene en ellas más medallas de oro per cápita que ningún otro país. En competencias regionales y eventos internacionales ha obtenido miles de medallas, ocupando el segundo puesto en este hemisferio, detrás de Estados Unidos. Sus niños logran lugares cimeros en competencias de Matemáticas y otras de carácter científico.

Según investigaciones de la UNESCO, los conocimientos de nuestros alumnos de primaria casi duplican el promedio de los del resto de los países de América Latina. Hoy nuestro pueblo ocupa el primer lugar entre todos los países del mundo, desarrollados o no, en el per cápita de profesores y maestros, médicos e instructores de alto nivel en educación física y deportes, tres ramas que son decisivas para el bienestar y el desarrollo social y económico de cualquier país.

Ello se resume en más de 250 mil educadores, 67 mil 500 médicos y 34 mil profesores y técnicos de educación física y deportes.

Hoy compartimos con otros países hermanos del Tercer Mundo ese inmenso capital humano sin cobrar un solo centavo. (Aplausos.) Nuestros colaboradores no sólo poseen una profunda capacidad técnica y científica, sino lo más importante: una extraordinaria solidaridad humana y un insuperable espíritu de sacrificio.

Cientos de miles de compatriotas cumplieron misiones internacionalistas en muchos países del Tercer Mundo, particularmente en Africa, como personal técnico y especialmente como combatientes contra el colonialismo y el apartheid, racista y fascista.

II PARTE

 

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