Bolivar comprendió como nadie la posibilidad y la necesidad de
la unión de América Latina
Discurso pronunciado por el Comandante en
Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba
y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al recibir la Orden Congreso de
Angostura, en la Plaza Bolívar, Ciudad Bolívar, Venezuela, el 11 de agosto del 2001,
"Año de la Revolución Victoriosa en el Nuevo Milenio".
(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
Honorable Señor Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela;
Autoridades y ciudadanos del Estado de
Bolívar;
Querido pueblo venezolano:
Trato de imaginarme aquel hombre que un 15
de febrero de 1819, a pocos metros de este sitio, hace 182 años, se esforzaba por
desentrañar los misterios de la historia para llevar a cabo la tarea más difícil que
jamás ha enfrentado el hombre en su breve y convulsionada historia: edificar bases
estables, eficientes y duraderas para su propio gobierno.

Fidel y Chávez
en la sede donde
se alojaba
El Libertador.
PABLO PILDAIN
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Lo imagino, acudiendo al arsenal de
sus conocimientos históricos, hablar de Atenas y Esparta, de Solón y de Licurgo; meditar
sobre las instituciones de la antigua Roma; admirar su grandeza y sus méritos, sin tardar
en añadir casi de inmediato: "Un gobierno cuya única inclinación era la conquista,
no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación"; analizar las
características políticas de las grandes potencias coloniales como Inglaterra y Francia;
recomendar que se tome lo mejor de cada experiencia histórica; admirar las virtudes del
pueblo de las 13 colonias recién liberadas del colonialismo británico, para añadir
después con genial premonición que "...sea lo que fuere de este gobierno con
respecto a la nación norteamericana, debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea
asimilar la situación y naturaleza de los Estados tan distintos como el inglés americano
y el americano español"; que "...sería muy difícil aplicar a España el
Código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra"; que "...aun es
más difícil adaptar en Venezuela las leyes de Norteamérica"; que "sería una
gran casualidad que las [leyes] de una nación puedan convenir a otra"; que aquellas
"deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su
situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos... a la religión de los
habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus
costumbres, a sus modales. ¡He aquí exclama el Código que debíamos
consultar, y no el de Washington!" (Aplausos.)
Si bien el Congreso de Angostura tenía por
objetivo concreto crear y proclamar una nueva Constitución para la Tercera República de
Venezuela, Bolívar en aquellos instantes no podía sustraerse a la idea de que surgía
una nueva y decisiva etapa en la historia del mundo, en la que nuestro hemisferio estaba
llamado a jugar un gran papel. Vertió con crudeza muchos de sus más íntimos
pensamientos políticos y sus inquietudes de eminente y previsor estadista. Habló allí
como lo que siempre fue: un patriota latinoamericano. Comprendió como nadie la
posibilidad y la necesidad de esa unión. Ya lo había dicho antes en la Proclama de
Pamplona, el 12 de noviembre de 1814: "Para nosotros la patria es la América."
(Aplausos.)
Meses más tarde, el 6 de septiembre de
1815, en su famosa Carta de Jamaica escribió: "Yo deseo más que otro alguno ver
formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas
que por su libertad y gloria. [...] Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y
una religión..."
La grandeza del Libertador puede medirse por
el valor, la tenacidad y la audacia con que intentó esa unión cuando un mensaje de
Caracas a Lima podía tardar tres meses en llegar; él comprendía las enormes
dificultades.
En su discurso de Angostura expresó con
toda franqueza:
"Al desprenderse América de la
Monarquía Española, se ha encontrado semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme
masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una
nación independiente conforme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia
de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aun
conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos
indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por
nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los
naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra
la oposición de los invasores; así, nuestro caso es el más extraordinario y
complicado."
En otro momento de su discurso, expresó con
crudo realismo:
"Uncido el pueblo americano al triple
yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni
poder, ni virtudes. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos
recibido y los ejemplos que hemos estudiado son los más destructores. Por el engaño se
nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que
por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un
instrumento ciego de su propia destrucción; (Aplausos) la ambición, la intriga, abusan
de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político,
económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones."
[...]
"Observaréis muchos sistemas de
manejar hombres, mas todos para oprimirlos."
Pero nada podía desalentar a quien más de
una vez hizo posible lo imposible. Ofreció la renuncia de todos sus cargos y ofreció su
espada para emprender la tarea. Marchó al Apure, cruzó los Andes y destruyó en Boyacá
el dominio español sobre Nueva Granada. De inmediato, propuso al Congreso de Angostura la
Ley Fundamental de la República de Colombia, en diciembre de ese mismo año, que incluía
a Ecuador, aún no liberado. Tenía el raro privilegio de adelantarse a las páginas de la
historia.
Habían transcurrido solo 10 meses desde que
pronunció su mensaje al Congreso, el 15 de febrero de 1819.
Nadie debe olvidar que desde que Bolívar
habló en Angostura han transcurrido casi dos siglos. Acontecimientos no previsibles en
nuestro hemisferio tuvieron lugar, que con seguridad no habrían ocurrido si los sueños
bolivarianos de unidad entre las antiguas colonias iberoamericanas se hubiesen realizado
(Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva Fidel!")
En 1829, un año antes de su muerte,
Bolívar había advertido premonitoriamente: "Los Estados Unidos [...] parecen
destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la
libertad."
La federación constituida por las 13
antiguas colonias comenzaba ya un curso expansionista que resultó fatídico para el resto
de los pueblos de nuestro hemisferio. Aunque despojó de sus tierras y dio muerte a
millones y millones de indios norteamericanos, avanzó hacia el oeste aplastando derechos
y arrebatando inmensos territorios que pertenecían a la América de habla hispana, y la
esclavitud prosiguió como institución legal, casi cien años después de la declaración
de 1776 que a todos los hombres consideraba libres e iguales, Estados Unidos no se había
convertido todavía en imperio y estaba lejos de constituir la superpotencia mundial
hegemónica y dominante que es hoy. A lo largo de su gestación, durante más de 180 años
después del Congreso de Angostura, incontables veces intervino directa o indirectamente
en el destino de nuestras débiles y divididas naciones en este hemisferio y en otras
partes del mundo.
Ninguna potencia había sido nunca dueña
absoluta de los organismos financieros internacionales, ni disfrutaba el privilegio de
emitir la moneda de reserva internacional sin respaldo metálico alguno, ni era poseedora
de tan gigantescas empresas transnacionales que succionan como pulpos los recursos
naturales y la mano de obra barata de nuestros pueblos, ni ostentaba el monopolio de la
tecnología, las finanzas y las armas más destructoras y sofisticadas. Nadie imaginaba el
dólar a punto de convertirse en la moneda nacional de numerosos países de nuestra área,
no existía una colosal deuda externa que supera considerablemente el valor de las
exportaciones de casi todos los países latinoamericanos, ni una propuesta hemisférica de
ALCA que concluiría en la anexión de los países de América Latina y el Caribe a
Estados Unidos. La naturaleza y los recursos naturales esenciales para la vida de nuestra
especie no estaban amenazados. Lejos, muy lejos de los años del Congreso de Angostura,
estaban los tiempos de la globalización neoliberal. La población mundial de varios
cientos de millones de habitantes, no contaba con los 6 200 millones de seres humanos que
hoy habitan la Tierra, cuya inmensa mayoría viven en el Tercer Mundo, donde hoy crecen
los desiertos, desaparecen los bosques, se degradan los suelos, cambia el clima y son cada
vez más espantosas la pobreza y las enfermedades que hoy azotan el planeta.
En nuestra época, la humanidad se enfrenta
a problemas que van más allá de los temas decisivos planteados por Bolívar para la vida
de los pueblos de nuestro hemisferio, no resueltos desafortunadamente a tiempo como él
deseaba. Hoy todos estamos obligados a enfrascarnos en la búsqueda de soluciones para los
dramáticos problemas del mundo actual, que ponen en riesgo hasta la propia supervivencia
humana.
A pesar de los enormes cambios que han
tenido lugar en ese largo e intenso período histórico, hay verdades y principios
expuestos por Bolívar en Angostura, de permanente vigencia.
No podemos olvidar sus profundas palabras
cuando afirmó que:
"Los hombres nacen todos con derechos
iguales a los bienes de la sociedad.
[...]
"La educación popular debe ser el
cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una
república; moral y luces son nuestras primeras necesidades (Aplausos).
[...]
"Demos a nuestra República una cuarta
potestad [...] Constituyamos este areópago para que vele sobre la educación de los
niños, sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se haya corrompido en la
República; que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la Patria, el
ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción, de
los ejemplos perniciosos; debiendo corregir las costumbres con penas morales.
[...]
"La atroz e impía esclavitud cubría
con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de
tempestuosas nubes, que amenazaban un diluvio de fuego.
[...]
"Vosotros sabéis que no se puede ser
libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas
y las leyes civiles.
[...]
"Yo imploro la confirmación de la
libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.
[...]
"Unidad, unidad, unidad, debe ser
nuestra divisa" (Aplausos.)
Nada tan conmovedor e impresionante como las
palabras finales de aquel discurso, que retratan de cuerpo entero los ideales y los
sentimientos de Bolívar:
"Volando por entre las próximas
edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con
admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta
región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo,
extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había
separado, y que nuestra patria reúne con prolongados y anchurosos canales.
[...]
"Ya la veo comunicando sus preciosos
secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las
riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la
libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo
antiguo la majestad del mundo moderno."
¿Un soñador? ¿Un profeta?
Compartimos con él sus sueños y
profecías.
Los cubanos tuvimos también un soñador y
un profeta, nacido 24 años después de Angostura, y cuando ya, a fines de ese siglo, el
imperio revuelto y brutal era tangible y terrible realidad. El más grande admirador del
Padre de la Patria venezolana, escribió sobre él palabras que no podrán borrarse
jamás:
"En calma no se puede hablar de aquel
que no vivió jamás en ella: de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o
entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño, y la tiranía
descabezada a los pies.
[...]
"¡...así está Bolívar en el cielo
de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y
el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque
lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en
América todavía! (Aplausos.)
[...]
"Quien tenga patria, que la honre: y
quien no tenga patria, que la conquiste: ésos son los únicos homenajes dignos de
Bolívar." (Aplausos.)
Yo no merezco el inmenso honor de la Orden
que ustedes me han otorgado en la tarde de hoy. Sólo en nombre de un pueblo que con su
lucha heroica frente al poderoso imperio está demostrando que los sueños de Bolívar y
Martí son posibles, la recibo (Aplausos.)
No hay nada comparable al privilegio de
haberme permitido dirigirles la palabra en este lugar sagrado de la historia de América.
Deseo expresarles a ustedes y a todo el
pueblo venezolano, en nombre de Cuba, nuestra eterna gratitud.
(Ovación). |