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10 de Septiembre de 2001

Es posible un mundo sin hambre

Discurso pronunciado por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria, efectuado en el Palacio de las Convenciones, el 7 de septiembre del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Nadie me ha invitado, pero sentía una presión tan fuerte, sobre todo por mis alrededores, que no tuve el valor de marcharme sin decirles algunas palabras.

AIN

Ustedes se preguntarán qué yo hago aquí con este traje en una reunión de delegados que están estrechamente relacionados con la agricultura, la alimentación, el campo, y este no es un traje de campo. Es que, tan pronto termine este acto, tengo que marcharme rápidamente para participar en una recepción en honor de un ilustre visitante africano, el Primer Ministro de Namibia. Hice un cálculo, no tenía tiempo siquiera de cambiarme la ropa con que suelo participar en estos acontecimientos para rendirle un poquito de pleitesía a esa cosa tan odiada que es el protocolo.

De todas formas, he vivido unos días contradictorios, porque sabía que se estaba realizando este foro y yo tuve que salir para Durban, donde tenía lugar esa importante conferencia que aquí se ha mencionado, regresar junto con el inicio del curso y cumplir otros compromisos que resultaban ineludibles, especialmente en un año como este, en que nuestra educación está llevando a cabo, con ritmo creciente, lo que hemos calificado como la más grande revolución de la educación en todo el período de la Revolución. Podría llamarla, por eso, la tercera; pero, a mi juicio, es lo más decisivo.

Me habría gustado estar mucho más al tanto de lo que ustedes estaban discutiendo. Pude ver algo por los periódicos, una parte, casi hora y media, aunque, desgraciadamente, no toda la mesa redonda sobre este foro, y mi única posibilidad fue cuando recibí, alrededor del mediodía, la Proclama Final, porque parece que se discutió bastante, leerla rápidamente y, además, escuchar con mucha atención el resumen que leyó el obispo brasileño.

Es mi deber darles la apreciación, que no tiene nada de propósito halagador, de que, a mi juicio, ustedes han hecho un buen trabajo —digo bueno para no parecer exagerado, pienso que merece un mejor calificativo—, y medité sobre los problemas abordados.

Es la primera vez que se realiza, tengo entendido, un foro internacional sobre soberanía alimentaria, que es un término nuevo que encierra también una serie de nuevos conceptos.

¿Cuál sería el contenido de esa proclama? Son realmente temas que no se habían discutido otras veces, que no se habían analizado y, sin embargo, encierran una importancia muy grande.

Cito, por ejemplo, lo relacionado con la pesca artesanal. Ya había escuchado en la mesa redonda las cosas que se dijeron sobre la forma en que se ha convertido ya en una propiedad de las transnacionales, cómo se han ido apoderando de las cuotas, a pesar de las 200 millas que defendimos en interés de los países del Tercer Mundo, porque nosotros, país pequeño y rodeado de mar por todas partes, disponemos de poco mar territorial y pescábamos, incluso, a 12 millas de las costas de Estados Unidos, en el Atlántico, y de las costas de Canadá.

Teníamos ya una flota que no era transnacional, pero era una flota grande, ya que toda la pesca nuestra, antes de la Revolución, era artesanal y las grandes masas de peces están en determinadas corrientes en que se mezclan las temperaturas de las aguas, la corriente de Humboldt, la corriente atlántica aquella que pasa junto a Sudáfrica, Namibia y recorre casi toda la costa oeste de Africa. En fin, habíamos aprendido a navegar y a pescar en mares lejanos, se habían preparado miles de pescadores y constituía una importante fuente de alimentación para nuestro país; sin embargo, pensando, como decíamos, en los países del Tercer Mundo, apoyamos aquella lucha iniciada en Perú, en Chile y en otros países. No nos arrepentimos, era nuestro deber; pero bien sabemos lo que ocurrió después y quiénes se beneficiaron de ese derecho a disponer de las aguas territoriales hasta una longitud de 200 millas.

En particular, recuerdo lo que ocurrió después de la guerra de las Malvinas: aquellos que lograron mantener un territorio ocupado ilegalmente hace mucho tiempo y que nunca dejó de ser reclamado por el pueblo argentino, dieron permiso a todas las flotas para ir a pescar allí: países del antiguo campo socialista, países de Europa, la Europa comunitaria, todos; países de Asia, algunos de los cuales son poderosas potencias en el mar, todos corrieron hacia las 200 millas de las aguas que rodean las Malvinas para beneficiarse de aquel amable favor con que los falsos propietarios intentaban endulzar a todos los demás.

Pero hubo un país que tenía barcos más que suficientes para ir a pescar a esa zona y nunca un solo barco cubano penetró dentro del área de las 200 millas. Veíamos con claridad e indignación que aquello no era más que una especie de soborno, muy acorde con la moral y la ética que hoy reina en el mundo.

La pesca fue uno de los temas de la conferencia y otros muchos, y muchas verdades, hasta la cuestión relacionada con el intento de posesionarse de recursos naturales e incluso patentizarlos.

LOS PAISES RICOS POSEEN EL 97 % DE LAS PATENTES DE TODO TIPO

Pienso que el simple hecho de la patentización de aquellas investigaciones que tienen que ver con la nutrición, moralmente debiera estar prohibida (Aplausos). Si se quiere, después, de algún modo, pueden resarcirse los gastos de los investigadores.

Esto no ocurre solo con la ingeniería genética, ocurre también con los medicamentos, y el problema incluso sea tal vez más grave todavía, porque las enfermedades, la mayor parte de ellas, matan más rápidamente que el hambre y, en ocasiones, cuando así no actúan, matan de una manera al menos más rápida y posiblemente más cruel que el hambre.

Ocurre así en muchas cosas. De nuestros países se llevaron las mejores inteligencias; nuestros países subdesarrollados, como les llamamos preferiblemente, por no mencionar la palabra emergente, ya que no emergen de ninguna parte, se hunden cada vez más en la explotación y en la pobreza.

Poseen, el puñado de países ricos, el 97% de las patentes de todo tipo que existen en el mundo y por las cuales tenemos que pagar lo que les dé la gana, y, no conformes todavía con los 25 años de derechos exclusivos, en la OMC luchan para que se extiendan otros 25 años. Nadie sabe para qué tantos años, cuando al paso que van son capaces de exterminar la vida en este planeta. No hay que razonar mucho ni invertir tiempo para explicarlo.

Vale la pena estudiar esa proclama y volver a meditarla punto por punto. ¿Es un programa completo? No, ustedes han tenido que luchar por reducir, sintetizar e incluir los puntos que están más relacionados directamente con los temas que ocuparon su tiempo en esta conferencia. Pero mientras la leía y mientras la volvía a escuchar, pensaba yo realmente cuántas cosas podían añadírsele a esa proclama.

Me dije: Si me veo en la situación de pronunciar algunas palabras, tengo que señalar, por ejemplo, algunas cosas, y un campesino se me adelantó aquí, el campesino de la cooperativa "Antero Regalado", que está en Mariel, cuando él habló cómo nació, qué era, los sufrimientos que soportó, y hacía algunas comparaciones con las cosas que ahora tenían sus hijos, sus nietos.

Pienso que una cosa decisiva en esta lucha de ustedes, como en todas las luchas, es la educación. Supongamos que encontramos distintas fórmulas dentro de una diversidad enorme de situaciones, porque no hay dos países en que la situación sea exactamente igual; en Cuba tenemos una, en Honduras otra, en Panamá otra; en Ecuador, Guatemala, donde en este momento somos testigos de una terrible hambruna que se trasmite, a los ojos del mundo, a través de los medios masivos, de la televisión.

Hay países que son muy secos, donde apenas llueve; hay países donde el nivel de alfabetización es del 13%, los conocemos; conocemos muchos índices. El Africa subsahariana tiene un 41% de analfabetismo, entre los 15 y los 60 años. Nuestro país había encontrado un 30%, pero tenía, al menos, un número de escuelas, una universidad principal y dos más pequeñas y recién nacidas cuando triunfó la Revolución, otros niveles de desarrollo, la dependencia de otras producciones, fundamentalmente agrícolas, ya que era la fuente principal de las exportaciones del país. Por eso fue tan cruel el intento y el hecho de privar a nuestro país de las cuotas que teníamos en el mercado azucarero y en muchos productos, creadas durante casi 100 años en Estados Unidos. Cuando ellos suspendieron las cuotas azucareras y establecieron el bloqueo total, era una medida realmente para arrasar el país.

La economía nuestra se basaba en la agricultura y en grandes plantaciones cañeras, de modo que cuando llegó la hora de la Reforma Agraria nos planteaba la búsqueda de soluciones adecuadas, porque no se podían dividir en fragmentos de dos, tres o cuatro hectáreas aquellas plantaciones, algunas de las cuales tenían 100 000, 150 000 y hasta 200 000 hectáreas, un problema a resolver muy diferente al que pueden encontrarse otros muchos países, donde dependen de otros tipos de exportaciones, en los que el suministro de la materia prima a la industria es fundamentalmente artesanal. La caña, el arroz, el plátano y otros ya en poder de la nación eran susceptibles a la aplicación de la técnica en gran escala con gran ahorro de energía humana. Otros cultivos, en cambio, por sus características, funcionan perfectamente en manos de los  núcleos familiares. A lo largo de más de cuatro décadas, han ensayado y adquirido experiencias útiles en las más variadas formas de explotación de la tierra. Concuerdo con ustedes en la afirmación de que sobra la tierra para dar alimento al mundo. Cito el ejemplo de China, que con 100 millones de hectáreas abastece, y abastece bien, una población de 1 260 millones de habitantes, más de 12 personas por hectárea, e importa muy pocos alimentos, más bien exporta alimentos. Una prueba de que determinadas políticas, bien concebidas y bien desarrolladas, independientemente de errores que en determinadas circunstancias puedan haberse cometido, no hay obra perfecta; hoy esa enorme población no sufre hambrunas, y no se abastecen solo de cereales sino también de carne de ave, carne de cerdo y otros tipos similares, aparte de la producción pesquera, en los mares o en tierra; solo que la producción de pescado en granja cuesta, porque hay que darle harina de pescado, soya y otros alimentos, a pesar de ser la especie de mayor conversión del alimento que se le suministra en libra o kilogramo de carne en pie, así se dice cuando es una res, si se trata de un pez habrá que decir de carne en agua (Risas).

Es cierto, se puede alimentar al mundo perfectamente bien. Hay que profundizar en todas esas causas que a lo largo del siglo que pasó y de este que comienza, sin contar épocas anteriores, han hecho padecer a la humanidad horribles sufrimientos asociados con la alimentación.

II PARTE

 

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