EDITORIAL
Se inició la guerra
El 7 de octubre, a las 9:00 p.m., hora de
Afganistán, se inició la guerra. Más que la guerra, el ataque militar contra
Afganistán. La palabra guerra sugiere una contienda entre partes más o menos iguales, en
que la más débil posea al menos un mínimo de recursos técnicos, financieros y
económicos con que defenderse. En este caso, una de las partes no posee absolutamente
nada. Llamémosla, sin embargo, guerra. Así la calificó quien ordenó las operaciones
militares.
Un tipo de guerra verdaderamente sui
géneris. Un país entero es convertido en campo de prueba de las más modernas armas que
se hayan inventado nunca. Los especialistas y expertos que en los centros de
investigación y talleres militares invirtieron decenas de miles de millones de dólares
para crear instrumentos de muerte, seguirán cada detalle del comportamiento de sus
siniestras criaturas.
Sean cuales fueren los pretextos, es una
guerra de la tecnología más sofisticada contra los que no saben leer ni escribir; de 20
millones de millones de dólares de Producto Interno Bruto cada año contra un país que
produce aproximadamente mil veces menos, que se transformará, por razones económicas,
culturales y religiosas, en una guerra de los antiguos colonizadores contra los antiguos
colonizados, de los más desarrollados contra los menos desarrollados; de los más ricos
contra los más pobres; de los que se autotitulan civilizados contra los que ellos
consideran atrasados y bárbaros.
No es una guerra contra el terrorismo, que
debía y podía ser derrotado por otros medios verdaderamente eficaces, rápidos y
duraderos, que estaban a nuestro alcance; es una guerra a favor del terrorismo, cuyas
operaciones militares lo harán mucho más complicado y difícil de erradicar. Un remedio
peor que la enfermedad.
Ahora lloverán noticias sobre bombas,
misiles, ataques aéreos, avance de blindados con tropas de etnias aliadas a los
invasores, desembarcos aéreos o avances por tierra de fuerzas elites de los países
atacantes; ciudades tomadas, incluida la capital, en tiempo más o menos breve; imágenes
por televisión de cuanto permita la censura o escape de la misma. Los combates serán
contra los naturales del país y no contra los terroristas. No hay batallones ni
ejércitos de terroristas. Este constituye un método tenebroso, un concepto siniestro de
lucha, un fantasma.
Los hechos mencionados irán acompañados de
triunfalismo, exaltaciones chovinistas, jactancias, alardes y otras expresiones de
arrogancia y de espíritu de superioridad cultural y racial.
Después vendrá la gran incógnita:
¿cesará la resistencia, desaparecerán todas las contradicciones o comenzará la
verdadera guerra, aquella que fue definida como larga e interminable? Estamos seguros de
que esa es la mayor interrogante que llevan dentro los que hoy se ufanan de haberse
lanzado a esa guerra aventurera.
Millones de refugiados se esparcen ya por
todas partes y las dificultades mayores están por presentarse. Esperemos los
acontecimientos.
Nuestro pueblo será informado con la
máxima objetividad de cada hecho que vaya sucediendo, con mayor o menor espacio en la
prensa, la radio y la televisión, de acuerdo con su importancia, sin alterar el ritmo de
nuestras actividades y programas normales de información y recreación, ni mucho menos
descuidar los enormes esfuerzos de desarrollo social y cultural que llevamos adelante, ni
la atención cuidadosa y estricta de todas las actividades productivas y los servicios, lo
que hoy es más importante que nunca, dadas las afectaciones que los acontecimientos que
se desarrollan pueden ocasionar a la ya deteriorada economía mundial, de cuyos efectos no
podría escapar ningún país, aunque no hay otro más preparado, organizado y consciente
que el nuestro para enfrentarse a cualquier dificultad que sobrevenga. Tampoco dejaremos
de prestar nuestra atención a la defensa, como nunca hemos dejado de hacerlo.
De nuevo veremos en el mundo vacilaciones y
pánico. Después, a medida que se vayan presentando los problemas previsibles, vendrán
la toma de conciencia y el rechazo universal a la guerra que acaba de iniciarse. Hasta los
propios ciudadanos norteamericanos, hoy impactados por la horrible tragedia, más tarde o
más temprano lo comprenderán.
Aun cuando la oposición y condena al
terrorismo y a la guerra, que ha sido la esencia de nuestra posición hoy compartida
por muchas personas en el mundo, ha sufrido el esperado golpe del inicio de las
operaciones militares, persistiremos luchando con todas nuestras fuerzas por la única
solución posible: el cese de las operaciones militares y la erradicación del terrorismo
mediante la cooperación y el apoyo de todos los países, el repudio y la condena
unánimes de la opinión pública internacional, bajo la dirección de la Organización de
Naciones Unidas.
CATÁSTROFE EN ESTADOS UNIDOS
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