28 de Noviembre de 2001MAS DE 300 MIL CUBANOS PROTESTAN CONTRA LA LEY DE AJUSTE
Por los niños inocentes conducidos a injusta e inmerecida
muerte, sentimos verdadero luto
Discurso pronunciado por el
Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista
de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de protesta
contra la Ley de Ajuste Cubano, en la Tribuna Antimperialista José Martí, el 27 de
noviembre del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Compatriotas:
Fue por las cadenas de televisión
norteamericanas y las agencias cablegráficas que recibimos la noticia de que 30 cubanos,
de ellos 13 niños, habían perecido en una operación de tráfico humano que se realizaba
en una lancha rápida de matrícula norteamericana, procedente de Estados Unidos y
financiada por personas residentes en ese país.
No era la primera, sino tal vez
la milésima ocasión que hechos similares habían tenido lugar, fruto siniestro de la Ley
asesina de Ajuste Cubano.
Cada vez que uno de ellos ocurre,
jamás las autoridades norteamericanas ofrecen información alguna sobre nombre,
residencia, edad, sexo o cualquier otro dato de las víctimas que logran identificar por
la información que ofrecen los sobrevivientes y otros medios. Las autoridades cubanas se
ven obligadas a buscar, como aguja en un pajar, a través de largos y complicados
procesos, los datos pertinentes para informar a familias, escuelas, centros de salud,
seguridad social y cualquier otra institución, qué ha ocurrido con personas
repentinamente desaparecidas sin noticia alguna.
A través de estrechos contactos,
facilitados por las visitas personales y familiares en ambas direcciones que nuestro país
permite, mercaderes sin escrúpulos organizan costosos y arriesgados viajes ilegales de
grupos de personas, procedentes de distintas localidades, que ponen en peligro la vida de
numerosos niños a quienes llevan consigo irresponsablemente.
En esta ocasión, ya han sido
identificados por nuestras propias autoridades casi la mitad de los 13 niños de que
hablan los cables, arrancados de las aulas y escuelas donde cursaban sus estudios, ajenos
por completo a la muerte horrenda a la que eran conducidos en un punto del mar donde ni
siquiera rastros de ellos han sido encontrados.
Durante muchos años hemos advertido a
los gobiernos de Estados Unidos que la Ley de Ajuste Cubano, vigente desde el 2 de
noviembre de 1966, y los estímulos a las salidas ilegales, son causantes de enormes
riesgos y elevadas pérdidas de vidas humanas.
Desde el triunfo mismo de la
Revolución, nunca nuestro país puso obstáculos a la emigración legal de los ciudadanos
cubanos a Estados Unidos o a cualquier otro país. Cuando triunfa la Revolución, en Cuba,
como en el resto del Caribe y de América Latina, que sufrían la pobreza y el
subdesarrollo, muchas personas aspiraban a emigrar en busca de empleos más remunerados y
de mejores condiciones de vida material que en sus propios países sometidos a siglos de
explotación y saqueo nunca habrían podido encontrar. Hasta 1959 las visas que se
otorgaban a los cubanos eran sumamente restringidas. Las puertas entonces, por razones
obvias, se abrieron de par en par. Así se fueron creando importantes asentamientos de
origen cubano en Estados Unidos. La inmensa mayoría viajó a través de trámites,
documentos y vías legales. Más de una vez, a pesar de las crecientes tensiones y algunos
conflictos sobre el tema migratorio, fueron suscritos acuerdos entre ambos países, que
durante más de cuatro décadas hicieron posible el transporte seguro y ordenado de
cientos de miles de ciudadanos cubanos a Estados Unidos sin la pérdida de una sola vida
de niños o adultos.
Los emigrantes cubanos, como fruto de
los programas revolucionarios, son por lo general personas de elevado nivel escolar y
preparación técnica o profesional.
En virtud de los últimos acuerdos de
septiembre de 1994 y mayo de 1995, hasta el 9 de noviembre del 2001, 132 586 ciudadanos
han viajado a Estados Unidos con visas de entrada y por vías absolutamente seguras.
La politización del fenómeno migratorio por parte de
Estados Unidos ha sido la causa de esta y otras muchas tragedias
La politización del fenómeno
migratorio por parte de Estados Unidos, en relación con Cuba específicamente, ha sido la
causa de esta y otras muchas tragedias. En su Oficina de Intereses seleccionan al personal
que solicita visa, exigen documentos de salud, educación y conducta, antecedentes penales
y otros requisitos; no pocas veces tratan de utilizar estos datos para seleccionar
profesionales de alto nivel e importancia social, privando al país de médicos,
ingenieros, arquitectos y otros graduados universitarios formados gratuitamente en nuestro
país, sin que a Estados Unidos le cueste un solo centavo de las decenas y cientos de
miles de dólares que le costaría formar a cualquiera de ellos en aquel país, al extremo
que nos ha obligado a establecer determinadas restricciones en cuanto al plazo para la
salida de algunas categorías técnicas, a fin de evitar afectaciones a importantes
servicios.
Es tradicional, además, que Cuba
cumple estrictamente los acuerdos que suscribe. No ocurre así de la otra parte. Por
presiones y factores de carácter político interno, reiterada y sistemáticamente
incumple obligaciones o las cumple a medias en relación con las medidas a tomar con los
que violan las leyes para emigrar a Estados Unidos y son interceptados en el mar, o se
reducen a un mínimo los esfuerzos para realizar esta intercepción.
Lo peor de todo es que aquellos que
pisan tierra en sus costas son automáticamente recibidos sin exigencia ni requisito
alguno. Sujetos con antecedentes penales de todo tipo, que jamás reciben visa cuando la
solicitan, adquieren el derecho a trabajar de inmediato y a residir en el país. De esta
forma se viola el sentido y el objetivo de los Acuerdos Migratorios y se pone en peligro
los bienes y la seguridad de los ciudadanos norteamericanos. Muchos de los que después
forman parte de las redes de traficantes de emigrantes y de drogas proceden de estos
sujetos violentos y de pésimos antecedentes delictivos, admitidos cuando viajan
ilegalmente a Estados Unidos.
Las autoridades de Estados Unidos
conocen y poseen información sobre los que practican el tráfico de inmigrantes. En
nuestro país hemos capturado en los últimos cuatro años a más de ciento diez de esos
traficantes residentes en Estados Unidos; viajan por mar en lanchas rápidas para recoger
su carga de emigrantes; las autoridades de Estados Unidos no aceptan su devolución para
juzgarlos ante sus tribunales, pues de allí proceden, allí residen, de allí son las
embarcaciones y allí contratan y cobran las operaciones.
Nuestro país realiza grandes
esfuerzos para combatir este grave delito internacional; en Estados Unidos no se hace
absolutamente nada.
II PARTE
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