| 28 de Noviembre de 2001 Texto íntegro de la intervención del Ministro de Relaciones Exteriores de
Cuba al intervenir en el período 56 ordinario de Asamblea General de las Naciones Unidas,
poco antes del contundente rechazo que el bloqueo estadounidense recibió al votarse la
Resolución que lo abordaba
Señor Presidente:
Una curiosa noticia dio la vuelta al mundo en estos
días. Por primera vez en más de cuarenta años, el gobierno de los Estados Unidos ha
autorizado, de manera excepcional, la venta a Cuba de algunas cantidades de alimentos,
medicinas y materias primas para producirlas. Por esta vez, Cuba podrá pagar directamente
en dólares a los suministradores norteamericanos. No pudo resolverse, sin embargo, que
barcos cubanos transportasen la mercancía desde puertos norteamericanos; es tan compleja
la maraña de prohibiciones legales que el bloqueo a Cuba implica, que ni aun sumando la
buena voluntad de ambos gobiernos este obstáculo pudo ser superado. Barcos
norteamericanos o de terceros países cumplirán la tarea.
El 7 de noviembre pasado, el gobierno de los Estados
Unidos expresó su profunda pena y preocupación por el pueblo cubano con motivo de los
extensos daños causados por el huracán "Michelle" a su paso a través del
territorio de Cuba, y expresó su disposición a tasar de inmediato las necesidades de
ayuda con vistas a una posible asistencia humanitaria. Era un gesto inusual, que Cuba
apreció en su justo valor. En 40 años de tensas relaciones entre ambos países, no
había ocurrido nunca algo similar.
Cuba respondió solicitando que, de forma
excepcional, el gobierno de los Estados Unidos permitiera a empresas públicas cubanas
adquirir de forma expedita determinadas cantidades de alimentos, medicinas y materias
primas para producirlas, a fin de restablecer cuanto antes sus reservas, en previsión de
cualquier nuevo desastre natural. Solicitó también pagar al contado en dólares
norteamericanos o cualquier otra divisa convertible, y el empleo de embarcaciones cubanas
como la forma de transporte más práctica, rápida y económica para Cuba.
Los intercambios diplomáticos, a diferencia de
muchas otras veces en el pasado, transcurrieron sin tensiones y primó en ellos respeto y
espíritu de cooperación.
Ahora cabría una pregunta: ¿por qué se han
requerido especiales negociaciones para una transacción tan simple y habitual en el
mundo? ¿Por qué se necesitan trámites especiales para que Cuba compre en Estados Unidos
eritromicina de uso pediátrico, o vitamina A, o hidrocortisona, o arroz, o leche en
polvo?
¿Cómo pudo crearse a lo largo de los años un
sistema tan meticuloso y perfecto para impedir a todo un pueblo acceder a alimentos y
medicamentos esenciales, a tecnologías y piezas de repuesto, a equipos médicos e
información científica? ¿Podrá explicarse algún día, a la luz de la ética, el
derecho internacional y la justicia, el mantenimiento obsesivo por más de cuatro décadas
del bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra Cuba?
Sin embargo, he aquí que, por una vez al menos, Cuba
ha podido comprar en Estados Unidos. ¿Significa esto acaso el fin del bloqueo? No. Esta
Asamblea General no debería cometer jamás el error de entender esta excepción como una
regla. ¿Significa siquiera el comienzo del fin del bloqueo a Cuba? No podría asegurarlo.
El sentido común es a veces esquivo para algunos políticos.
¿Estaría Cuba dispuesta a repetir nuevas compras en
estas condiciones? Sería deseable, pero es prácticamente imposible. Por eso, hemos dicho
que resulta inconcebible que un país pueda comprar en Estados Unidos si no existe
comercio normal, si no puede también vender allí sus productos y servicios. Sólo en
estas circunstancias especiales y excepcionales, hemos podido actuar de esta forma, sin
reciprocidad comercial alguna, superando obstáculos absurdos y buscando alternativas para
sortear las innumerables leyes y regulaciones específicas que prohiben hoy las relaciones
y el comercio entre Cuba y los Estados Unidos. No puede esperarse en el futuro relaciones
comerciales normales entre los dos países si no es como resultado del levantamiento total
del anacrónico bloqueo norteamericano contra Cuba.
Ahora bien, ¿desea Cuba el fin del bloqueo? Sí. El
bloqueo es hoy el principal obstáculo al desarrollo económico de Cuba, y responsable del
sufrimiento y las privaciones de millones de cubanos. ¿Desea Cuba el restablecimiento de
relaciones normales y recíprocamente respetuosas con los Estados Unidos? Sí. Y está
preparada para ello. No alienta odios estériles ni aspiraciones de venganza. Somos un
pueblo noble y con cultura política, y consideramos a millones de norteamericanos y a la
mayoría de los cubanos que viven en los Estados Unidos, víctimas también de las
injustificables prohibiciones del bloqueo.
Para que cese el bloqueo, ¿está Cuba dispuesta a
hacer concesiones que afecten sus principios? No, y mil veces no. Conocemos el precio de
la independencia: hemos luchado 130 años por ella. Hemos probado ya el dulce sabor de la
libertad, y no hay fuerza en el mundo que nos haga renunciar a ella.
El levantamiento del bloqueo y el cese de la guerra
económica contra Cuba, requeriría que el gobierno de los Estados Unidos tomara las
siguientes decisiones:
Derogar la ley Helms-Burton, que entre sus múltiples
medidas agresivas contra Cuba establece fuertes sanciones contra empresarios de terceros
países que realicen negocios con Cuba. Conocemos a algunos de estos empresarios; a ellos
y a sus familiares les han sido retiradas las visas para viajar a Estados Unidos, pero
mantienen con dignidad su decisión de tener relaciones con Cuba.
Derogar la ley Torricelli, que entre otras medidas
prohibió el acceso a puertos norteamericanos a los barcos de terceros países que toquen
puertos cubanos, y prohibió también las ventas a Cuba de las subsidiarias de compañías
norteamericanas en terceros países, a las que nuestro país compraba en 1992 unos 700
millones de dólares anuales, especialmente en alimentos y medicamentos.
Eliminar la absurda prohibición de que los
artículos que Estados Unidos importe de cualquier otro país no contengan materias primas
cubanas. ¿Se justifica realmente exigir a un fabricante japonés de automóviles que para
exportar a Estados Unidos certifique que los aceros empleados no contienen níquel cubano?
¿Se justifica exigir a un productor canadiense de caramelos que éstos no contengan
azúcar cubano?
Cesar la enfermiza persecución que desarrollan hoy a
escala planetaria las embajadas y agencias del gobierno norteamericano contra toda
posibilidad de negocio con Cuba, contra todo intento cubano de acceder a un nuevo mercado
o recibir un crédito.
Permitir el acceso de Cuba al sistema financiero
norteamericano e internacional. Si Cuba hubiera tenido acceso a los 53 mil millones de
dólares que instituciones financieras mundiales y regionales prestaron a América Latina
y el Caribe entre 1997 y el 2000, habría recibido préstamos ascendentes a unos 1.200
millones de dólares en condiciones incomparablemente más favorables que aquellas que
Cuba puede obtener en estos momentos.
Permitir a Cuba emplear el dólar estadounidense para
sus transacciones externas, no sólo las que se realizarían con compañías
norteamericanas, sino también con las de terceros países, lo cual está prohibido hoy
por las regulaciones del bloqueo. Ello obliga a Cuba a constantes cambios de moneda con
las consiguientes pérdidas derivadas de las fluctuaciones de las tasas de cambio.
Autorizar a Cuba a comprar libremente, como cualquier
otro país, en el mercado norteamericano. Ello podría significar para Cuba compras
anuales superiores a los mil millones de dólares, si sólo ejecutara en este mercado la
cuarta parte de sus importaciones actuales, con mejores precios y ahorro considerable de
fletes y seguros, y mayores facilidades de transportación.
Autorizar a Cuba a exportar libremente, como
cualquier otro país, al mercado norteamericano. Ello no sólo beneficiaría a Cuba con el
acceso a un nuevo mercado, sino permitiría a los norteamericanos acceder a productos
cubanos, como nuestros afamados puros habanos o la vacuna contra la meningitis
meningocócica, única de su tipo en el mundo.
Permitir a los ciudadanos norteamericanos viajar
libremente como turistas a Cuba. Ello permitiría a Cuba recibir no menos de un millón y
medio de visitantes y a éstos conocer uno de los países más seguros y hospitalarios del
mundo.
Devolver los activos cubanos congelados en bancos
norteamericanos, una parte de los cuales ha sido arbitrariamente robada.
Autorizar a las compañías norteamericanas a
invertir en Cuba, donde recibirían un trato no discriminatorio en relación con otros
inversionistas extranjeros, con todas las garantías previstas en la legislación cubana.
Establecer regulaciones para la protección de marcas
y patentes cubanas en Estados Unidos, en virtud de la legislación internacional sobre
propiedad intelectual. Cuando ello ocurra, no se repetirán actos tan deshonestos como,
por ejemplo, el robo de la marca de ron cubano Havana Club por una compañía
norteamericana.
Eliminar las medidas discriminatorias que impiden hoy
a los cubanos que viven en los Estados Unidos viajar libremente a Cuba y ayudar
económicamente a sus familias en la isla. Los cubanos son hoy el único grupo nacional
dentro de Estados Unidos contra el que se aplican estas medidas.
Negociar con Cuba un arreglo justo y honorable para
la compensación de las casi 6 mil empresas y ciudadanos de Estados Unidos cuyas
propiedades fueron nacionalizadas en los primeros años de la Revolución como paso
soberano indispensable para el desarrollo económico y social del país. Fue precisamente
el bloqueo lo que impidió a los norteamericanos recibir la indemnización
correspondiente. Cuba reconoce su derecho, y estaría dispuesta a llegar a un arreglo que
tomara en cuenta también las gravísimas afectaciones económicas y humanas infligidas a
nuestro país por el bloqueo.
Señor Presidente:
El cese de la política de agresiones contra Cuba,
que por más de cuatro décadas diez sucesivas administraciones norteamericanas han
ejecutado con implacable rigor, y el establecimiento de relaciones normales entre nuestros
dos países, demandaría la adopción por el gobierno de los Estados Unidos de las
siguientes decisiones:
Derogación de la Ley de Ajuste Cubano, responsable
de la muerte de miles de emigrantes ilegales, incluyendo niños. La última tragedia
ocurrió la pasada semana. En una operación de tráfico de personas, naufragó una lancha
que, procedente de Miami, recogió ilegalmente en las costas cubanas a un grupo de
emigrantes ilegales, con el trágico saldo de más de 30 muertos, entre ellos numerosos
niños. En un momento como este, en que Estados Unidos incrementa la protección de sus
fronteras, constituiría un contrasentido inexplicable el hecho de que no contribuyera a
ordenar el tráfico migratorio entre los dos países. Cuba propuso a Estados Unidos una
ampliación sustancial del acuerdo migratorio vigente, y espera una respuesta.
. Cooperación con Cuba en la lucha contra el
tráfico de drogas. Hoy existe un intercambio muy limitado en esta área. Cuba propuso un
incremento sustancial de la cooperación, incluyendo la firma de un acuerdo antidrogas, y
espera por la respuesta de Estados Unidos.
. Cese de las transmisiones ilegales de televisión y
radio hacia Cuba. ¿Cómo se podrá justificar un día que el gobierno de los Estados
Unidos haya dedicado casi 400 millones de dólares a este programa subversivo, para
complacer a la minoría extremista que en Miami lucra con este financiamiento, en vez de
dedicarlos, por ejemplo, a comprar computadoras para escuelas públicas de los barrios
pobres de este país?
. Cese de la arbitraria inclusión de Cuba en la
lista de Estados que patrocinan el terrorismo, que elabora el Departamento de Estado.
Constituye una afrenta para el pueblo cubano, que como se sabe ha sido víctima
precisamente de incontables acciones terroristas organizadas y financiadas con total
impunidad desde el territorio de los Estados Unidos.
Cese de los intentos de subversión dentro de Cuba,
con el empleo incluso de cuantiosas sumas del presupuesto federal; cese de las campañas
difamatorias y de la presión contra nuestro país en los organismos internacionales. Cese
de la impunidad para los grupos terroristas que han actuado contra Cuba desde Miami.
Renuncia a continuar ocupando, en contra de la
voluntad soberana del pueblo cubano, el territorio de la base naval de Guantánamo. Aunque
allí se sostienen hoy relaciones respetuosas y de cooperación entre los militares
estadounidenses y cubanos, símbolo premonitorio de lo que pudieran llegar a ser alguna
vez las relaciones oficiales entre nuestros países, y al parecer quedaron atrás los
años en que desde allí se asesinó a jóvenes cubanos, Cuba no renuncia a ejercer algún
día su soberanía sobre ese territorio mediante métodos políticos y pacíficos. Se
cerraría con ello una página amarga de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Señor Presidente:
El bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba debe ser
levantado. No pueden continuar desconociéndose las resoluciones que desde 1992 esta
Asamblea ha venido aprobando.
El bloqueo es ilegal. Viola la Carta de las Naciones
Unidas, afecta el comercio internacional y la libertad de navegación. Sanciona a
empresarios de terceros países en franca actuación extraterritorial.
El bloqueo no tiene justificación ética ni
jurídica. Viola las convenciones de Ginebra. Impide el acceso de los cubanos a medicinas
y alimentos, lo que el derecho internacional prohibe hacer aun en tiempo de guerra.
El bloqueo no tiene apoyo mayoritario en los Estados
Unidos. En el Senado y la Cámara de Representantes resulta evidente el consenso a favor
de cambiar esta política. La prensa, las iglesias, el sector empresarial, la gente
común, se cuestionan cada vez más por qué se trata como enemigo a un país que no
constituye una amenaza para los Estados Unidos y no se siente enemigo de su pueblo.
El bloqueo viola los derechos del pueblo
norteamericano, para favorecer los intereses mezquinos de una minoría inescrupulosa que
no ha vacilado incluso en usar la violencia y el terrorismo contra el pueblo cubano.
El bloqueo viola los derechos de los cubanos que
viven en los Estados Unidos. Les impide sostener relaciones normales con sus familias en
Cuba.
El bloqueo ha ocasionado daños económicos a Cuba
que superan los 70 mil millones de dólares, los cuales se suman a cifras aún más
elevadas por el daño humano y económico infligido a nuestro pueblo durante más de 40
años de agresiones armadas, sabotajes y terrorismo, cuya indemnización nuestro país,
con toda justicia, ha reclamado.
El bloqueo es rechazado por la comunidad
internacional. El año pasado, por novena ocasión consecutiva, esta Asamblea reclamó,
con el voto favorable de 167 de sus miembros, el cese del bloqueo contra Cuba.
El bloqueo es la más grave violación de los
derechos humanos de los cubanos.
El bloqueo se mantiene por razones de política
interna en los Estados Unidos. Se dice que la minoría que reclama el mantenimiento del
bloqueo tiene influencia electoral y se opone con su dinero y sus votos a cualquier
cambio. Se dice que así es la política en Estados Unidos y que hay que aceptar sus
reglas. Y yo pregunto: ¿acaso se puede justificar con estas razones el intento de rendir
a todo un pueblo mediante el hambre y las enfermedades?
Señor Presidente:
Se equivoca quien vea en estas palabras un lamento.
Se equivoca quien confunda nuestra ausencia de odio con debilidad. Se equivoca quien crea
que el pueblo de Cuba puede ser rendido. Se equivoca quien piense que los cubanos estamos
dispuestos a renunciar a nuestra independencia y a nuestra libertad. Se equivoca quien
espere que los cubanos renunciemos a la justicia social que hemos conquistado.
En nombre del pueblo cubano, en nombre del derecho
internacional, en nombre de la razón, en nombre de la justicia, pido a la Asamblea
General de las Naciones Unidas expresar nuevamente su apoyo al cese efectivo del bloqueo
económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba.
Muchas gracias.
La votación en
detalles
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