| 1 de julio de 2002En septiembre celebraremos una de las más grandes victorias en
beneficio de nuestros maravillosos niños
Discurso pronunciado por el
presidente Fidel Castro Ruz, en el acto de reinauguración de las 402 escuelas reparadas
en la capital, el 29 de junio del 2002, "Año de los Héroes Prisioneros del
Imperio".
(Versiones Taquigráficas -
Consejo de Estado)
Escuché con mucha emoción la carta de Ramón
Labañino, leída aquí por su hija; también las palabras de la directora de la escuela,
con 34 años de experiencia y se ve jovencita (Risas).
También me emociona ver esta escuela nueva. Tengo la
impresión de que cuando la terminaron no estaba tan bonita, y así deben quedar todas.
Pero bien, muchas cosas se podrían decir en un acto como este, pero se me ocurrió traer
por escrito mis palabras, y, por lo tanto, seré breve.
Compatriotas:

El Presidente conversó
con
los jóvenes maestros
emergentes, que en número
de 23 laboran en la Escuela
Primaria Arístides Viera.
|
Hace 22 meses, la situación de la educación
primaria de la Capital era desastrosa: un promedio de 37 alumnos por aula, 340 de ellas
con más de 40 alumnos, no pocas con 45 o más. Los conocimientos de los alumnos en
Santiago de Cuba eran el doble que los de la Capital. Alrededor de ocho mil magníficos y
abnegados maestros, con un promedio superior a 20 años en el ejercicio del magisterio,
mantenían las escuelas abiertas en las peores condiciones en cuanto a la situación de
las aulas, edificaciones y mobiliarios escolares, como consecuencia de diez años de
período especial que privaron al país del mínimo de recursos indispensables para su
atención, a lo que se añadían condiciones subjetivas de desmoralización, pesimismo y
desaliento en numerosos cuadros administrativos que, aunque firmes y dispuestos a dar sus
vidas por la Revolución, dieron muestras de falta de capacidad creadora y de adaptación
a situaciones de gran escasez de recursos a las que no estaban acostumbrados.
Para complementar al heroico personal docente que
mantenía funcionando las escuelas y reemplazar a los que tienen necesidad de jubilarse,
apenas se graduaban cuatro decenas de nuevos Licenciados en Enseñanza Primaria. Nadie
quería ser docente de primaria. Al parecer, se suponía que la vocación por la noble
tarea de educar niños había desaparecido.
Sirva de lección inolvidable lo ocurrido en tan
breve espacio de tiempo: casi 4 mil 500 maestros emergentes de primaria se han formado en
menos de dos años, faltándole sólo unos días para graduarse al grueso de ellos,
alrededor de 3 400, que han recibido casi el doble de la preparación de los primeros mil,
los que, estudiando intensamente, desde el primer instante habían demostrado excelentes
cualidades y preparación para cumplir su tarea.
Cada uno de ellos quedaba bajo la tutela de un
Licenciado en Enseñanza Primaria, que se convierte en un profesor o profesora individual,
de nivel superior, para cada joven maestro emergente. Una nueva fórmula revolucionaria de
formación del personal docente. Cada uno de ellos es matriculado en una carrera de nivel
universitario, mientras ejerce su tarea en escuelas de su propio municipio, a un mínimo
de distancia de sus hogares.
Hago un aparte para comentar el hecho de que llama
mucho la atención que de los 23 maestros emergentes que ya están dando clases en esta
escuela, muchos de ellos estudiaron en esta misma institución.
Desde el punto de vista del capital humano, se había
realizado una extraordinaria proeza. ¡Gloria a nuestra Unión de Jóvenes Comunistas, a
quien el Partido encomendó esta imposible y ya prácticamente concluida tarea!
Mas no bastaba preparar al personal docente. Otro
imposible era necesario resolver: la reparación y prácticamente la restauración de las
746 escuelas primarias y secundarias de la Capital, incluidas las escuelas especiales
correspondientes a esas edades.
Más vale no citar cuán variados problemas de tipo
material se habían acumulado en diez años de período especial. Baste citar aulas sin
ventanas, baños sin puertas, filtraciones de techos, tuberías rotas, interrupciones en
el suministro de agua, escuelas de cientos de alumnos con un solo baño funcionando, a
esta le quedaban ocho; ahora tiene 32 nuevecitos. No todas padecían estas calamidades,
pero casi todas sufrían una, varias o todas ellas. No había bebederos de agua fresca, no
funcionaban o no existían cocinas en condiciones adecuadas, ni equipos o instalaciones de
refrigeración y congelación para alimentos en más de 450 cocinas de esas escuelas, a lo
que puede añadirse una deficiente disponibilidad o inadecuada preparación de los
alimentos.
No vacilo en enumerar estas dificultades. Son una
prueba de lo sufrido como consecuencia de leyes como la Torricelli y Helms-Burton, la
guerra económica de Estados Unidos y el doble bloqueo que siguió a la caída del campo
socialista, y especialmente de la URSS, cuando, al desintegrarse en mil pedazos, su
heredero principal, Rusia, aliada a Estados Unidos, rompió todos los acuerdos y
traicionó a Cuba. No puedo usar otra palabra, aunque no pretendo culpar a ningún
dirigente en particular. Eran los frutos de sus errores y la forma lastimosa en que
perdió la batalla ideológica contra el Occidente burgués, capitalista e imperialista,
bajo la égida de Estados Unidos.
Un pequeño país, a pocas millas de la superpotencia
victoriosa y hegemónica, decidió luchar bajo los mejores principios del ideal socialista
y el caudal extraordinario de la ética y la filosofía martianas, unidas a una historia
de lucha tenaz y heroica contra el coloniaje español. Por ello, cuando el mundo
capitalista se sumerge en la actualidad en una profunda crisis económica y social,
nuestro pueblo resiste y emerge como impactante ejemplo ante los demás pueblos del mundo.
Nada nos daría pretextos ni siquiera para hacer una
pausa en la lucha. Nuevas y numerosas tareas de urgencia nos esperan. Estamos a punto de
lograr una importantísima meta en el campo de la educación: concluir el programa
que se lleva a cabo con un mínimo de gastos y cuyos recursos están
asegurados de restaurar las 746 escuelas señaladas, a las que se añaden otras 33
que no se reparan ni restauran, sino que se construyen, para llegar a las dos mil nuevas
aulas requeridas en la Capital y lograr en todo el país el sueño no alcanzado por los
países más desarrollados y ricos de no más de veinte alumnos por aula.
Hoy 29 de junio arribamos a la cifra de 402 escuelas
reparadas. Nos faltan y esto es muy importante 344 por reparar y las 33
nuevas, todas ya iniciadas, para completar las dos mil aulas adicionales. De las 344 que
faltan por reparar o restaurar, podríamos decir, convertir en escuelas nuevas, no solo el
edificio, sino todos sus muebles, se han iniciado los trabajos en 264 y estamos a 29
de junio, restando por iniciarse los trabajos de restauración en solo 80. Son estas
últimas 80 las que requieren menos esfuerzo de reparación.
Para terminar el total de las que deben ser
reparadas, y en especial 10 de las 33 nuevas en construcción, se requiere un especial
esfuerzo en los dos meses que nos restan, por diversas razones, entre ellas el tipo de
suelo en que se edifican, las dificultades derivadas de lluvias recientes y los
impredecibles atrasos que puedan surgir de las precipitaciones de mayor o menor intensidad
que puedan producirse en julio y agosto.
Lo ideal es que en septiembre, al iniciarse el
próximo curso escolar, no solo el capital humano esté listo sino también la totalidad
de las 779 escuelas señaladas, sumando las restauradas y las nuevas.
Es anhelo y voluntad del Partido, la Juventud y toda
la población de la Capital que la Revolución alcance este objetivo y con toda la calidad
que se exige. Hacerlo, además, sin afectar ningún objetivo económico priorizado.
Todas las provincias del país que este año
iniciaron ya sus programas de restauración de escuelas primarias y secundarias están
cooperando generosamente con la Capital, del mismo modo que todos los organismos centrales
y numerosas empresas. Por ello, como en los días de la lucha que concluyó con la derrota
total del dengue, de nuevo la Capital, con el apoyo de los quince municipios y de todos
los consejos populares, padres y vecinos de cada escuela en reparación o construcción,
estará enfrascada en ese esfuerzo.
Hay ya más de 9 mil constructores en la tarea, y en
dos semanas más serán no menos de 12 mil, sin incluir la ayuda de padres y vecinos y
otros voluntarios.
Por ser julio y agosto meses de vacaciones en que las
escuelas no están funcionando, se trabajará día y noche, en turnos de 12 horas, de modo
muy especial en los objetivos donde la meta es más tensa. Todas las medidas están
previstas y ya adoptadas.
Como en las últimas grandes concentraciones y en la
gigantesca marcha nacional del 12 de junio, el agua y las lluvias, sean cuales fueren, no
impedirán que alcancemos nuestro objetivo. En esta fase final del programa, en casi todas
las escuelas se trabajará ya bajo techo en las partes interiores de las edificaciones,
circunstancia en que las lluvias harán menos daño.
No nos dormiremos sobre los laureles y alcanzaremos
nuestros objetivos, con total seguridad, si actuamos como debemos actuar y listos para
enfrentar incluso un ciclón en cualquiera de estos dos meses si se interpusiera en
nuestro camino.
En septiembre celebraremos una de las más grandes
victorias en beneficio de nuestros maravillosos niños. Y esto no será más que una parte
de nuestros ambiciosos planes de ocupar en el mundo el primer lugar en el campo de la
educación y la cultura, sin las cuales ninguna sociedad podrá ser jamás verdaderamente
independiente, democrática y libre.
¡Viva el socialismo!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Ovación.)
|