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Debemos
continuar desarrollando un sistema de salud en el cual confíe
cada vez más nuestro pueblo
Discurso
pronunciado por el ministro de Salud Pública, doctor Damodar
Peña Pentón, en la graduación XX Aniversario del
Destacamento Carlos J. Finlay, en el teatro Karl Marx, el 13
de agosto del 2002.
Compañeras y
Compañeros:
Queridos
graduados:
Hoy
es un día importante en la vida de ustedes. Luego de varios años
de intensos estudios llegan a ese momento en el que al nombre
se le agrega delante un título. Pero eso no es lo más
importante. Siempre se dice que no ha llegado el final, que
ahora es cuando en realidad comienza todo, y es cierto. Deben
tener presente en el paisaje que avizoran, un largo trayecto
empinado y difícil hacia la cumbre de los conocimientos que
necesitan para servir mejor al pueblo.
En Cuba
graduarse de medicina, estomatología, enfermería o tecnología
de la salud tiene un significado especial, supera la realización
individual o el cumplimiento de una vocación.
Un profesional
de la salud trasciende al ámbito social y se transforma en
parte de la obra de la Revolución, en demostración
fehaciente de que se puede construir una sociedad distinta con
hombres y mujeres que practican la solidaridad, que no ven en
la enfermedad un vulgar negocio y no tratan algo tan sagrado
como la salud y el sufrimiento humano cual simples mercancías.
Podrán alcanzar
un desarrollo de los conocimientos médicos, con todas las
posibilidades de llegar a estar entre los profesionales y académicos
más reconocidos del mundo y, aún mejor, podrán llegar a
convertirse en seres humanos plenos, comprometidos con nuestra
historia y, más allá de nuestras fronteras, vanguardias de
la idea integradora de Nuestra América y del mundo que soñara
José Martí.
Solo tendría
que agregar a la singularidad y la importancia de graduarse de
Ciencias Médicas en Cuba, el hecho de que lo hagan un 13 de
agosto, fecha que también nos recuerda la convicción
martiana cuando se refirió a los hombres que podían llevar
en sí el decoro de todo un pueblo.
Dentro de breves
momentos, cuando reciban el título de graduados, entrarán
definitivamente a formar parte de un sistema de salud único
en el mundo.
De una precaria
situación existente antes de 1959, con abandono total de los
habitantes de las áreas rurales y de los barrios marginales
en las ciudades, niños famélicos, repletos de parásitos,
que morían de diarreas y neumonías; en fin, una vida sin
expectativas; hemos construido lo que apreciamos hoy:
UN SISTEMA DE
SALUD CON ATENCIÓN GRATUITA Y ACCESIBLE A TODOS. ¡Muchos
cientos de personas salvadas! ¡Millones y millones aliviadas
en su dolor! Las expectativas de vida se abren hacia
horizontes más lejanos.
En nuestro país
el sistema de salud garantiza seguridad para cada ciudadano.
En cualquier rincón donde esté, siempre encontrará cerca un
médico o una enfermera.
Antes de nacer
un cubano, miles de personas se estarán preocupando por él:
la captación temprana del embarazo, los doce controles
prenatales, la alfa feto proteína, el ultrasonido diagnóstico
y otras pruebas, propician al máximo las posibilidades de un
nacimiento feliz.
Después del
parto, que se realiza en instituciones apropiadas, continúan
las garantías para la madre y el niño. La prueba de la
fenilcetonuria es una buena demostración del carácter
profundamente humano de la Revolución.
Se tiene
organizado el programa para detectar y luego evitar las
consecuencias sobre su salud, a los tres niños que por cada
150 mil nacimientos padecen de esta cruel enfermedad. Desde el
año 1986 han sido diagnosticados 45 niños.
Todos los niños
crecen alegres bajo la atenta mirada de la sociedad. Se
vacunan contra 13 enfermedades prevenibles. Al llegar a
adultos el cuidado de la salud sigue siendo una prioridad de
nuestro estado.
Para ello se han
formado cientos de miles de técnicos, enfermeros, estomatólogos
y médicos en las escuelas y facultades construidas en todas
las provincias.
Estos resultados
en la docencia y la asistencia médica se acompañan de un
sistema de vigilancia epidemiológica, de numerosos centros de
investigación de nivel internacional y de una industria
farmacéutica que se reorganiza, avanza y permite mejorar la
disponibilidad de medicamentos.
Enorme
esfuerzo para garantizar que se mantuvieran los
extraordinarios resultados alcanzados en la salud
Para trabajar en
un sistema de salud como el que hemos descrito necesitamos
inculcar en los estudiantes un elevado compromiso con su
pueblo. Tenemos que graduar un revolucionario capaz de
comprender su papel en nuestra sociedad en cada circunstancia.
Incondicional a
la idea de que su deber es estar donde más lo necesiten, con
la solidaridad a la vista y el interés de agotar las
posibilidades de enfrentar y resolver los problemas de salud
de todos los pacientes que acuden a él.
Un profesional
que se desempeñe con profunda ética siguiendo los principios
básicos recientemente expresados por uno de nuestros grandes
profesores: la preparación académica para un correcto diagnóstico,
una terapéutica adecuada y la aplicación de un método
apropiado para llegar a conclusiones certeras sin convertirse
en esclavo de análisis complementarios y de altas tecnologías;
discreción y modestia, gran sensibilidad humana; a lo cual
debe añadirse una cultura integral que le permita estar a la
altura de lo que alcanzará nuestro pueblo en muy pocos años.
Esta será la única
forma de abordar y obtener del paciente los datos necesarios y
la cooperación indispensable sin olvidar aquel aforismo
aprendido de nuestros mejores profesores en las aulas
universitarias: "El que solo de Medicina sabe, ni de
Medicina sabe"
La vida ha
demostrado que el profesional de la salud con esas cualidades
abunda en Cuba. Contamos con hombres y mujeres capaces de
lograr insospechadas metas.
Durante los últimos
10 años, mientras transcurría el Período Especial, nuestros
compañeros hicieron un enorme esfuerzo para garantizar que se
mantuvieran los extraordinarios resultados alcanzados por la
Revolución en la esfera de la salud, prácticamente a partir
de cero, pues solo disponíamos en los primeros años de una
sola Facultad de Medicina, la mitad de los 6 000 médicos
existentes en 1959, casi todos concentrados en la capital, y
el 40% de los profesores con que se contaba en esa fecha en el
país, después que el imperialismo intentó, aunque inútilmente,
arrebatarlos todos a nuestro pueblo.
A partir del
inicio del dramático período los indicadores básicos no
retrocedieron, algunos incluso mejoraron.
En todo el país
la inmensa mayoría de los abnegados combatientes de esta
esfera cerraron filas y en medio de grandes dificultades económicas,
impidió a nuestros compatriotas la terrible angustia de ver
perder lo que con razón podría calificarse como una de las más
nobles y humanas conquistas de nuestro heroico pueblo.
Se produjo así
una contradicción que hoy impresiona al mundo: índices de
salud en un país pobre y bloqueado, y en especial, garantías
de servicios médicos gratuitos para toda la población que no
disfrutan los propios países capitalistas desarrollados.
Médicos y
personal cubano de la salud, fieles a una gloriosa tradición
iniciada en 1961, protagonizan hoy, con más éxito y eficacia
que nunca y a pesar de las circunstancias adversas señaladas,
la hermosa historia de las misiones internacionalistas.
Campeones olímpicos
del verdadero humanismo, vencedores de la muerte, como los
llamara Fidel, han sido capaces de cruzar el mar, arribar a
los rincones más lejanos e inhóspitos y allí sentar sus cátedras
de solidaridad y amor, sin otra recompensa que el cariño de
los pueblos.
El Programa
Integral de Salud creado a raíz de los desastres causados por
el huracán Mitch en Centroamérica se extiende ya a 20 países
de América Latina, África y Asia.
Tuve el
privilegio de convivir en Guatemala con una Brigada de casi
500 compañeros. Pude apreciar en ellos la grandeza de la
Revolución. Héroes que no saben que lo son, se entregaban
cada día al cuidado de la salud de aquel pueblo, sin
escatimar horas ni sacrificios. Era natural, espontánea,
salida de lo más transparente del alma, la entrega cotidiana
que asombraba, sin embargo, a todos los que los conocían.
Entre muchas de
las anécdotas que son parte de la historia del
Internacionalismo en Cuba, viene a colación la sucedida a una
joven doctora quien tuvo que atender, lejos de su puesto de
salud, a un niño muy enfermo que pudo salvar.
Era tarde y al
regresar se perdió en la selva. Al cabo de varias horas
encontró el camino. Cuando llegó al consultorio y miró el
reloj, ya hacía un buen rato que había pasado las 12 de la
noche. Entonces, olvidando el peligro, pensó que la vida de
ese niño era el mejor regalo para nuestro pueblo y para el
compañero Fidel, porque aquella era la madrugada del 13 de
Agosto del año 2000.
Ha sido grande
la misión de los trabajadores de la salud en Cuba, no
obstante se requiere de un esfuerzo mayor y de comprender cuánto
más podemos hacer todavía.
Objetivamente y
de forma inevitable el mencionado y durísimo período,
originado por la desaparición del campo socialista y de la
URSS, sumado al recrudecimiento del bloqueo, afectaron a
nuestro sector del mismo modo que a todas las ramas de la
economía y los servicios.
En estas
circunstancias las condiciones de trabajo, la situación
constructiva, los sistemas ingenieros y el equipamiento médico,
como es conocido, sufrieron gran deterioro. Se acumularon
grandes problemas materiales.
Hubo como
consecuencia desaliento, desmoralización y deterioro del
sentido del deber y la conducta de un determinado número de
trabajadores de la salud. Hubo también muchos, la inmensa
mayoría que multiplicaron su abnegación y heroísmo para
escribir una página gloriosa en la historia de nuestra
Patria.
Nuestro
Comandante en la graduación de la escuela de enfermería del
Cotorro, cuando habló de indolencia, deficiencias e
irresponsabilidades en cuanto a la atención a los pacientes,
no relacionadas con las escaseces de equipos y recursos
materiales dijo textualmente:
"El buen
trato no cuesta un centavo y debe haber un átomo de espíritu
de solidaridad, de sentimientos humanos hacia cualquier
persona que necesita ser atendida."
Compartimos
la convicción de que muchos problemas pueden ser resueltos
con organización, disciplina, exigencia, control, imaginación,
creatividad y una mejor utilización de los recursos
En estos días
nos hemos reunido con numerosos compañeros, los hemos
escuchado, hemos intercambiado opiniones. Compartimos con
ellos la convicción de que muchos problemas pueden ser
resueltos con organización, disciplina, exigencia, control,
imaginación, creatividad y una mejor utilización de los
recursos.
¡Cuánto pueden
hacer las escuelas de formación de técnicos y los Institutos
de Ciencias Médicas para mejorar la calidad del ingreso,
alcanzar una mejor integración con los servicios de salud, y
garantizar la formación de un profesional con sólidos
conocimientos científicos, políticamente preparado y culto!
¡Cuánto puede
hacerse en los hospitales y policlínicos con sus
especialistas de alta calificación para lograr la mayor
satisfacción de la población, suprimiendo cualquier
indolencia, insensibilidad y descuido en el cumplimiento del
sagrado deber con el paciente!
¡Cuánto pueden
hacer nuestros médicos y enfermeras de la familia, los
especialistas de Medicina General Integral, para alcanzar el máximo
provecho de esta revolucionaria transformación prácticamente
única en el mundo!
El médico de la
familia es el guardián de la salud del pueblo. Su consulta es
la puerta de todos los servicios de salud y desde allí la
población debe sentir que, de la mano de su médico, puede
llegar adonde su problema de salud lo requiera.
Sabemos que hay
que dejar atrás esquematismos, incomprensiones sobre las
características y funciones de esta nueva especialidad, así
como errores en la formación de los especialistas. Aspiramos
a que cada médico de la familia se sienta motivado por serlo
y comprenda la responsabilidad que tiene ante su pueblo.
Por otra parte,
el desarrollo de la Atención Primaria, de la medicina
preventiva, es la única opción para resolver eficientemente
los problemas de salud del mundo.
¡Cuánto pueden
hacer todos los trabajadores, ya sea un técnico de un
laboratorio, o alguien dedicado a mantener bien limpio un
centro de salud, para, desde su puesto de combate, participar
activamente en esta nueva etapa que se concibe!
Los problemas se
conocen. Los objetivos y los subjetivos. Existe la voluntad de
encontrar soluciones a los graves problemas materiales. Todo
no puede hacerse en un día y los recursos del país son
limitados, pero se encontrarán los medios y los métodos
apropiados, inspirados en nuevos conceptos surgidos al calor
de la gran Batalla de Ideas que estamos librando.
El trabajo de
nuestro Ministerio se hará en correspondencia con este empeño.
Estaremos en permanente intercambio con los servicios de salud
y sus trabajadores. Todos tenemos que participar, aportar
ideas, pensar constantemente cómo hacer mejor las cosas.
Debemos conocer las cualidades de todos y de modo especial las
capacidades para organizar, dirigir y actuar con la verdad, y
analizar y explicar con argumentos serios y convincentes
cualquier dificultad.
En el empleo de
los recursos materiales debemos seguir la línea de conceder
prioridad a los problemas más críticos que afectan la
calidad de los servicios a la población, con preferencia a
otras necesidades que deseamos y debemos resolver en la medida
de nuestras posibilidades.
En la lucha de
ideas no debe haber un trabajador que no sepa ni pueda
explicar el efecto del bloqueo en el sector de la salud, que
no conozca las enormes diferencias entre lo que ocurre en Cuba
en esta esfera y la situación en el resto del mundo, en
particular los sufrimientos de niños y mujeres, de los que
enferman de SIDA o mueren de enfermedades infecciosas que
pueden prevenirse.
Debemos estudiar
más la historia de Cuba y la historia de las ciencias médicas
en nuestro país, las tradiciones y los precursores que nos
han traído hasta aquí.
Debemos
continuar desarrollando un sistema de salud en el cual confíe
cada vez más nuestro pueblo, seguros de que en un país que
sabe repartir lo poco entre muchos y donde los recursos
disponibles no van a parar, como sucede en otras latitudes, a
los bolsillos de los que dirigen la nación, se hace y hará
todo lo necesario para buscar y encontrar solución a
problemas actuales o futuros que puedan presentarse. Vencer
como acabamos de vencer al dengue en fecha récord y de forma
aplastante.
No es esta tarea
de una sola persona, de un Ministro, en este caso, que
necesita y desea aprender junto a todos ustedes, debe ser
tarea de muchos, de miles de profesionales, técnicos y
trabajadores de la salud, concertados en un esfuerzo común y
con el apoyo de toda la sociedad.
Necesitamos la
colaboración de nuestros grandes profesores, ellos nos enseñaron
con su ejemplo, y siguen dando lo mejor de sí. Y los debemos
atender y escuchar como merecen.
Necesitamos la
colaboración de las enfermeras y enfermeros. Representan, en
su constante proeza por la vida, los valores
extraordinariamente nobles del ser humano. Son la garantía,
la tranquilidad de los pacientes y la estabilidad de los
servicios. Sin ellos ninguna solución sería posible.
Recabamos la
cooperación de los técnicos de la salud, de su trabajo tenaz
y perseverante.
Pedimos el apoyo
de los trabajadores de servicios, asistentes, operarios de la
campaña, económicos, contadores, administrativos, choferes:
personas imprescindibles para que todo marche.
Necesitamos la
colaboración de los psicólogos, ingenieros, licenciados, TAN
NUESTROS que sin ellos sería imposible pensar en una atención
médica de calidad.
Pedimos la
cooperación de todos los médicos especialistas, estomatólogos,
tecnólogos de la salud, médicos de la familia. Su lugar está
en la primera fila, actuando frente al paciente de forma
correcta y eficiente, orgullosos de curarlo y más satisfechos
aún de que se mantenga sano.
Una misión
especial reservamos para los estudiantes, en los cuales
debemos encender desde el primer día la llama de la
inconformidad y la exigencia, pidiéndoles que donde estén, a
su alrededor, solo se respire el aire que emana de la
solidaridad y el buen trato.
Es lo que
solicitamos a ustedes, estudiantes de esta graduación, que
marchen a la vanguardia, con energía, firmeza, espíritu
renovador y desplieguen las cualidades que les permitieron
vencer las duras pruebas de la carrera, sin olvidar que lo que
serán a partir de hoy y los méritos que podrán alcanzar en
el futuro, son el fruto del sudor de los más humildes de este
pueblo a los que el poeta Cintio Vitier llamó
"sustentadores de la vida".
Con esa
esperanza les damos la bienvenida en la familia de los
trabajadores de la salud. Los recibimos y en nombre de nuestro
pueblo los felicitamos a ustedes, graduados del vigésimo
Contingente del Destacamento que lleva el nombre de Finlay; a
sus profesores, a sus padres, que con su apoyo y los valores
que sembraron en sus hijos contribuyeron a este feliz minuto
en que todos recibirán el premio de su honroso título.
¡Viva la
graduación XX aniversario del Destacamento Carlos J. Finlay!
¡Viva Fidel!
¡Hasta la victoria siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
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