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Los
pequeños estados insulares debemos renovar
nuestra unidad y volver a proclamar nuestro
derecho a la vida y al desarrollo
Intervención
de Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones
Exteriores de la República de Cuba, en la IV
Cumbre de la Asociación de Pequeños Estados
Insulares, sobre el tema Globalización, retos y
oportunidades, Johannesburgo, Sudáfrica, el 1ro
de septiembre del 2002 "Año de los Héroes
Prisioneros del Imperio".
(Versiones
Taquigráficas - Consejo de Estado)
A
nombre de la delegación de Cuba, quisiera brindar
nuestra contribución acerca del debate sobre la
globalización y lo que se ha dado en llamar sus
oportunidades y retos.
En
primer lugar, nosotros creemos que la globalización
es el resultado del desarrollo, del avance de las
comunicaciones, de las tecnologías de la
información, del desarrollo del transporte, de la
expansión de los flujos comerciales y
financieros. Es un proceso objetivo que ha tomado
impulso, especialmente, en las últimas dos décadas;
por lo tanto, nos parece que no tiene sentido
decir: ¡Abajo la globalización!, como no tendría
sentido decir: ¡Abajo la ley de la gravedad!
Ahora
bien, los que protestan contra la globalización,
las movilizaciones que vemos, los centenares de
miles, los millones de personas que a lo largo y
ancho del planeta protestan, levantan sus voces
contra lo que está ocurriendo, no lo hacen contra
el hecho, beneficioso en sí, de que pueda haber más
comercio, de que pueda haber más comunicaciones e
intercambios entre los pueblos; protestan contra
el neoliberalismo, protestan contra el sistema
neoliberal impuesto al mundo, protestan contra el
dogma del fundamentalismo del mercado, protestan
contra las consecuencias que ha traído a nuestros
países la aplicación dogmática del llamado
Consenso de Washington durante 20 años. Por eso
Cuba le llama a este sistema injusto y, además,
insostenible que hoy vivimos, la globalización
neoliberal.
En
segundo término, me quiero referir a las
consecuencias que ha traído. ¿Qué consecuencias
ha traído este proceso, potencialmente
beneficioso y de cuya implantación en el planeta
deberíamos todos esperar beneficios? Bueno, en
primer lugar, habría que preguntarse: ¿Disminuyó
la pobreza y la desigualdad? No, por el contrario,
las disparidades se han exacerbado dentro de los
países y entre los países; se ha ampliado la
brecha entre los países subdesarrollados y los
del Primer Mundo.
En
segundo lugar, cabría preguntarse: ¿Se han
beneficiado los países subdesarrollados del
aumento de los flujos financieros que la
globalización ha conllevado y de la apertura de
su cuenta de capital que les fue impuesta por el
Fondo Monetario Internacional? No, no se han
beneficiado, todo lo contrario, han sido víctimas
nuestros países de este proceso, han sido víctimas
de los especuladores financieros y de las
turbulencias, como la que azotó a Asia y se regó
por todo el mundo en 1998.
En
tercer lugar: ¿Podríamos decir que tenemos hoy más
acceso a las tecnologías y a los conocimientos en
un mundo globalizado, donde aumenta el uso de las
tecnologías de la información, computadoras cada
vez más potentes, redes de fibras ópticas? ¿Tenemos
hoy más acceso nosotros a la tecnología y a los
conocimientos? No, los países subdesarrollados
tenemos menos acceso que nunca. El conocimiento es
cada vez más privado y más inaccesible. De cada
10 patentes, 9 son hoy propiedad exclusiva de
compañías transnacionales del Primer Mundo. Cada
vez están más lejanas para nosotros nuevas
tecnologías, más eficientes, más limpias, de más
protección al medio ambiente.
¿Tenemos
más acceso a los mercados entonces con la
globalización en marcha? No, nuestros países no
tienen hoy más acceso a los mercados de los países
desarrollados; nos impusieron abrir nuestros
mercados a los productos que ellos exportaban, y,
sin embargo, ellos han mantenido cerrados sus
mercados a los nuestros.
El
proceso preparatorio de esta Cumbre ha sido
testigo de los esfuerzos desesperados de los países
desarrollados por proteger sus mercados, por no
abrirlos a nuestros productos; usan pretextos no
arancelarios y usan también los aranceles;
subsidian sus producciones y nos prohíben a
nosotros subsidiar las nuestras.
Nuestros
hermanos caribeños que están aquí, más
cercanos a nuestro medio geográfico, saben bien
que el trato especial y diferenciado a los pequeños
Estados insulares, en un sistema de comercio justo
y transparente está hoy, realmente, más en
peligro que nunca antes. Hemos batallado por eso y
ni siquiera el reconocimiento de un derecho como
ese nos ha sido dado.
Ahora
bien, ¿a la libertad de movimiento para los
capitales y las mercancías que la globalización
ha concitado, la ha acompañado la libertad de
movimiento para nuestros ciudadanos? No, las
fronteras de los países desarrollados y ricos están
hoy más cerradas que nunca para nuestros
ciudadanos, excepto para nuestros profesionales y
técnicos, e incluso para nuestros atletas,
nuestros maestros de escuelas primarias y hasta
nuestras enfermeras, que se van de nuestros países
y marchan a los países desarrollados, donde
reciben mejores salarios, mientras se reciben,
impuestos por la fuerza, como en algunos de
nuestros países vecinos, delincuentes y personas
que van allí a aumentar la criminalidad, el tráfico
de drogas y otros delitos.
Ahora
bien, ¿hubo solución para nuestra deuda externa,
en cuyo servicio empleamos hoy la cuarta parte de
nuestros ingresos por exportaciones? No, no ha
habido solución; no hay solución todavía. Hemos
pagado dos veces lo que debíamos cuando se celebró
la Cumbre de Río, y, sin embargo, ahora debemos
el doble de lo que debíamos cuando la Cumbre de Río.
¿Es
legítimo un sistema como ese, una deuda que se
duplica cuando hemos pagado dos veces lo que debíamos
al principio?
¿Ha
habido más ayuda oficial al desarrollo a medida
que los países desarrollados se beneficiaron más
de la prosperidad que trajo para ellos la
globalización? No, no ha habido más ayuda
oficial al desarrollo, se ha reducido cada año y
hoy es de apenas el 0,2% de su Producto Nacional
Bruto.
¿Han
disminuido las emisiones de gases a la atmósfera?
No han disminuido, han aumentado desde la Cumbre
de Río. Algunos países que están aquí, como
nuestros amigos que representan aquí a las Islas
Marshall y a otros pequeños Estados insulares,
saben bien que eso pone en peligro la existencia
de sus países, la vida de sus pueblos, y que
viven con el peligro latente de la subida del mar
por el efecto invernadero.
¿Han
surgido nuevos retos en estos años? Sí, el SIDA,
que golpea especialmente a nuestros países, pequeños
Estados insulares, especialmente vulnerables a
este tipo de pandemia y que amenaza hoy con barrer
a países enteros.
¿Han
cambiado los patrones de consumo de los países
ricos y desarrollados como se discutió en Río?
No, no han cambiado; ellos derrochan hoy, siguen
derrochando y contaminando, mientras nosotros
tratamos apenas de sobrevivir.
Finalmente,
señor Presidente, quisiera decir que nuestra
delegación ve con preocupación que está hoy en
peligro para los pequeños Estados insulares no
solo nuestro desarrollo económico y social, está
incluso en peligro algo más grave: está en
peligro nuestra identidad cultural, amenazada de
ser barrida; el patrimonio que heredamos de
nuestros antecesores; la cultura, en algunos países
milenaria, heredada de nuestros antepasados, está
amenazada de ser barrida por la imposición de un
único modelo de consumo y de cultura a través
del dominio de los medios de comunicación, que un
grupo pequeño de transnacionales del Primer Mundo
ejercen hoy sobre las actividades de la información,
la cultura y el entretenimiento, y está en
peligro nuestra independencia.
Por
eso Cuba considera que los pequeños Estados
insulares que hoy nos reunimos en esta Cumbre,
diez años después de Río y ocho años después
de haber celebrado nuestra primera cumbre en
Barbados, debemos renovar nuestra unidad en un día
como hoy y debemos volver a proclamar nuestro
derecho a la vida y al desarrollo.
Muchas
gracias.
Cumbre
de Johannesburgo
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