"Nosotros creíamos"
—dije— "que en esta reunión de la familia médica
iban a estar presentes los estudiantes de medicina. Hemos
visto que están también presentes las muchachas de las
Escuelas de Enfermeras. Y nos alegramos mucho, porque no sé
qué pasaba que cuando se hablaba de todos los problemas
de la medicina y de los médicos, olvidaban a las
enfermeras. Cuando se hablaba de las asociaciones
estudiantiles, olvidaban las Escuelas de Enfermeras. Las
enfermeras constituyen una parte importante, fundamental,
de todo el trabajo médico y a la Revolución le interesa
mucho formar enfermeras revolucionarias. ¡Miren qué
entusiasmo tienen!
"La cuestión de la
salud es uno de los problemas más sensibles con el que
nuestros enemigos trataron de herir a nuestro pueblo. Es
muy lógico que los cubanos tengamos la aspiración de que
la mortalidad infantil se reduzca; que el promedio de vida
de cada ciudadano se prolongue; combatir contra las
enfermedades, combatir contra la muerte. No puede haber
aspiración más legítima que esa, y pudiera decirse que
más sagrada.
"Gentes sin escrúpulos
trataron de herir a nuestro pueblo en eso. Trataron de
privar a nuestro país de los recursos para luchar por la
vida, para luchar contra la enfermedad, para salvar miles,
decenas de miles, cientos de miles de vidas, sobre todo de
vidas de niños. ¿Cómo? Llevándonos los médicos.
"Cuando nos atacaron
por Playa Girón la intención era apoderarse de un pedazo
del territorio, y desde allí empezar a bombardear todos
los días y todas las noches, someter a nuestro país a
una guerra de desgaste que habría costado cientos de
miles de vidas. Pero con todo y eso, una de las acciones más
canallescas que el imperialismo ha realizado contra
nuestro país, fue la política de sobornar médicos y
tratar de lograr el éxodo de médicos hacia Estados
Unidos; privar a nuestro país del personal técnico
calificado para atender a nuestros enfermos. Y,
efectivamente, logró llevarse un determinado número de médicos.
"Ellos sabían que
hacían daño, no a nosotros, sino al pueblo. Nos dolía
el daño cruel que al pueblo hacían con esa política.
Nosotros sabemos el ansia, la obsesión que tienen los
sectores pobres por el médico; lo que agradecen los
campesinos el servicio médico rural, las medicinas que se
les envía, los hospitales que se les han construido.
"Una de las cosas en
que se ha hecho sentir el peso de la Revolución, es en el
campo de la salud. En nuestro país había solo 9.000
camas en hospitales del Estado.
"Todo el mundo sabe
cómo antes atendían en los hospitales a los enfermos,
que tenían que dormir muchas veces en el suelo; el estado
de pobreza, de espanto que había en muchos hospitales.
"Todo el mundo sabe
que a nuestros campos nunca iba un médico; que la población
rural estaba virtualmente abandonada, que un campesino
para ver a un médico tenía que empezar por vender un
cochinito, media docena de gallinas, cualquier cosa.
"Cuando nuestro
pueblo no tenía asistencia médica, ellos no se
preocupaban de llevarse para Estados Unidos a los médicos,
les era indiferente. Cuando en nuestro país comenzó un
extraordinario programa de asistencia médica, que elevó
de 21 millones de pesos a 103 millones los fondos
destinados a la salud pública, entonces sí se
preocuparon por tratar de privar a nuestro pueblo de médicos.
"Desde luego que los
médicos que se llevaron no eran unos corderitos ni unos
santos, por supuesto.
"Los estudiantes tenían
que pasar —sobre todo los estudiantes del resto del país—
un trabajo enorme para poder graduarse, y después no tenían
empleo en ninguna parte. Los médicos se acumulaban en la
capital. Se podía considerar muy afortunado el médico
recién graduado al que le dieran un puestecito en el
Ayuntamiento, en un hospital, y le pagaban 100 pesos, o
120, cualquier cosa.
"Cuando un médico
en la sociedad de clases que teníamos, en la sociedad
explotadora en que vivíamos, se convertía en un
experimentado profesional y se hacía famoso, ya el pueblo
no podía contar más con ese médico, solo por excepción;
porque siempre, naturalmente, hay sus excepciones. Ya era
el médico de los más ricos. Le resultaba muy difícil, a
un hombre humilde del pueblo, recibir sus servicios.
"Muchos de aquellos
médicos eran los médicos de los dueños de los centrales
azucareros, de los millonarios, y cuando se fueron los
millonarios, los echaron de menos y se marcharon.
"Independientemente
de que a muchos médicos de los que sedujeron para ir a
Estados Unidos los pusieron a fregar platos, a manejar
elevadores y tareas similares; independientemente de eso,
no cabe duda de que la actitud de los médicos que se
fueron fue una actitud muy inmoral. Ese es un crimen
contra el pueblo, contra el enfermo, contra el infeliz,
contra el que sufre.
"¿Con quiénes
debemos resolver los problemas? En primer lugar, debemos
resolver los problemas con los médicos buenos. Porque es
justo señalar que si ha habido médicos corrompidos,
envilecidos y mercantilizados, ha habido también muchos,
realmente muchos, médicos buenos, de conciencia, humanos,
que entienden su profesión como deben entenderla.
"Unos hicieron el
juramento de Hipócrates y otros hicieron el juramento de
hipócritas. Los que hicieron el juramento verdadero y
entendieron su misión como una misión sagrada, esos ni
se marcharon ni se marcharán nunca. Con esos tenemos que
resolver el problema.
"Los hombres que en
medio de una sociedad de corrupción y de egoísmo
permanecieron puros, pueden servir de semilla y de
maestros.
"¿Qué significa
los que se han ido? Hablando en términos médicos, lo
mismo que cuando se aprieta un tumor.
"Los imperialistas
tratan de hacer propaganda con los que se han ido. Eso
equivale a hacer propaganda con el pus, porque lo que se
ha ido es el pus de la sociedad cubana, cuando la Revolución
apretó esa sociedad.
"El espíritu pequeñoburgués,
blandengue, vacilante de los primeros tiempos, no se ve
por ninguna parte.
"¿Qué debemos
hacer? Seguir adelante, y resolver los problemas para
siempre.
"¿Qué es lo que
compensa ante nuestro pueblo, qué es lo que compensa ante
nuestros sentimientos de revolucionarios, la repugnancia y
el asco por los traidores y los desertores? Esto: esta
masa nueva, este contingente que empieza a estudiar, y la
masa actual bastante depurada de los actuales estudiantes
universitarios.
"Yo puedo decir y
puedo asegurar que nuestro país cuenta hoy en la Escuela
de Medicina con una formidable masa de buenos estudiantes
y de estudiantes revolucionarios.
"¿Con qué se puede
contar ya, desde ahora? Con varios cientos de magníficos
compañeros que se irán graduando todos los años, y que
irán reforzando el contingente de médicos
revolucionarios e irán dándole al país el aporte de una
mentalidad nueva, de una concepción nueva de la función
del médico; función que, al igual que la del maestro, el
pueblo debe tener en la más alta estima. Claro, los malos
médicos conspiran contra el buen concepto que el pueblo
debe tener del médico.
"Esa masa ya
significará un aporte año por año y una conciencia
firme, limpia, de médicos que trabajen.
"Ese contingente irá
creando un espíritu que se opondrá al espíritu egoísta,
o a los restos del espíritu egoísta, acomodaticio; ese
espíritu que tiende a corromper al estudiante, ¡incluso
al estudiante!
"Ya nuestro pueblo
puede tener la seguridad de que todos los jóvenes que están
estudiando en la Facultad de Medicina están haciéndolo a
tiempo completo, y que vamos a crear, a formar médicos,
en cantidades masivas, mucho mejores. Y entendemos que ese
es un deber que tiene la Revolución con el pueblo.
"Ahora bien: ¿la
solución definitiva del problema estaba en eso? ¡No!
Hay, por ejemplo, una circunstancia, cual es la siguiente:
los médicos se amontonaban en La Habana. La sociedad
aquella amontonó médicos en La Habana; y después no
querían irse. Para Miami sí; ¡para la Sierra Maestra,
no! Y muchos de esos cogían mejor el caminito de fuera
que el caminito de ir a servir a su pueblo.
"Los problemas no se
resolvían siquiera con esas medidas que se apuntaban. ¿Dónde
está la verdadera y definitiva solución del problema, dónde?
Con vistas al futuro, la única, la verdadera, la
definitiva solución, es la formación masiva de médicos.
La Revolución tiene hoy fuerzas y tiene recursos y tiene
organización y tiene hombres —¡hombres!, que es lo más
importante— para comenzar un plan de formación de médicos
en las cantidades que sean necesarias. Y no solo muchos,
sino sobre todo buenos; y no solo buenos como médicos, ¡sino
buenos como hombres y como mujeres, como patriotas y como
revolucionarios!
"¿Y quién dice que
la Revolución no puede hacer eso? ¡Estamos ya pudiendo!
Y la mejor prueba es este acto de esta noche.
"Claro está que
para ingresar en la universidad se necesita, por lo menos,
ser bachiller. ¿Qué se hizo? Se decidió aceptar como
estudiantes de medicina tanto a bachilleres en ciencias
como en letras, tras un cursillo que comienza mañana.
"En virtud de
eso" —continué expresándoles a los jóvenes
aquella noche hace 40 años—, "ya ingresan en este
Instituto de Ciencias Básicas unos 800 estudiantes; y en
la Universidad de Oriente, (recién creada) 240, que hacen
un total de más de 1 000, ¡más de mil que comienzan a
estudiar! Eso, este año.
"Pero simultáneamente
en este instituto, comienzan un cursillo de 15 meses 1 300
estudiantes de bachillerato que, unidos a los que se gradúan
de bachillerato, permitirán que el año próximo,
contando las bajas académicas, entren aquí, o comiencen
en la universidad, es decir, aquí mismo, 1 250.
"A la vez, este año,
por lo menos 2 500 jóvenes de secundaria básica
comienzan a hacer un preuniversitario especial de dos años,
para ingresar, inmediatamente después, en la Escuela de
Medicina.
"¿Y después? Después
ya será un río de estudiantes de medicina: 1 000 este año,
que comenzarán a estudiar en 1963; 1 250 que comenzarán
en 1964; 2 500 que comenzarán en 1965 y, desde luego,
como la Revolución no ha trabajado en balde, la Revolución
puede hacer eso porque cuenta con enormes contingentes de
becarios, donde puede seleccionar a los estudiantes por su
vocación y por su capacidad, porque la Revolución viene
haciendo una obra educacional desde el principio. Téngase
en cuenta que había estudiando secundaria unos 120 000
cuando la Revolución llegó al poder, y que ahora hay
cerca de 250 000. Son cifras, son hechos y son el fruto de
la propia obra de la Revolución. Y ahora tenemos que
hacer cursos especiales, pero a partir de 1965 no cabrán
ni aquí ni en otro edificio como este los que podrán
estudiar medicina. ¡Y esa es la solución, la única y la
definitiva solución!
"No solo eso, sino
que aún podemos hacer algo —aunque tenga sobre todo carácter
simbólico más que otra cosa— para ayudar a otros países.
"Por ejemplo tenemos
el caso de Argelia. En Argelia la mayor parte de los médicos
eran franceses, y muchos se marcharon. Con 4 millones más
de habitantes que nosotros, gran número de enfermedades
que dejó allí el coloniaje, disponen de menos de la
tercera parte de los médicos que nosotros tenemos. Tienen
una situación verdaderamente trágica en el campo de la
salud. Y por eso nosotros, conversando hoy con los
estudiantes, les planteábamos que hacen falta 50 médicos
voluntarios. Y estamos seguros de que esos voluntarios no
faltarán. Cincuenta nada más. Estamos seguros de que se
van a ofrecer más, como expresión del espíritu de
solidaridad de nuestro pueblo con un pueblo amigo que está
peor que nosotros.
"Hoy podemos mandar
50; dentro de 8 ó 10 años no se sabe cuántos, y a
nuestros pueblos hermanos podremos darles ayuda. Porque
cada año que pase tendremos más médicos, y cada año
que pase más estudiantes ingresarán en la Escuela de
Medicina; porque la Revolución tiene derecho a recoger lo
que siembra, y tiene derecho a recoger los frutos que ha
sembrado.
"Y nuestro país muy
pronto —podemos proclamarlo con orgullo— tendrá mayor
número de médicos por habitantes que ningún país de América
Latina; y nuestras universidades irán creciendo, y los
estudiantes en nuestras universidades se contarán por
decenas y decenas de miles, y nuestros cuerpos de
profesores serán cada vez más experimentados. Los años
pasan, y pasan rápido, y el esfuerzo de la Revolución se
ve.
"Decimos años, pero
años que pasarán y que nos permitirán ver ese cuadro de
40 000 ó 50 000 estudiantes universitarios y de jóvenes
graduándose por millares y decenas de millares, porque
para eso la Revolución puede, porque es la Revolución y
solo la Revolución la que puede realizar esas proezas; y
es un pueblo revolucionario y solo un pueblo
revolucionario quien puede llevar adelante semejantes
tareas.
"Hoy es un día de
íntimo regocijo, porque la Revolución no se concreta a
exponer ideas, sino a realizar ideas; la Revolución no es
teoría, es sobre todo hechos. Y cuanto la Revolución se
ha propuesto, lo ha logrado; cuanto la Revolución ha
iniciado, lo ha llevado adelante. Y esto es producto de
idea convertida en realidad, de obra emprendida que se
lleva adelante, razón para ser optimistas; razón para
creer cada vez más en el dinamismo de una Revolución y
en la capacidad creadora de nuestro pueblo.
"Sabemos lo que esto
significa, sabemos que con esto nos defendemos de los
golpes más bajos del enemigo en el aspecto más sensible
de nuestro pueblo, sabemos que esto significa centenares
de miles de niños que se salvarán para la patria,
significa salud para nuestro pueblo, significa elevar el
promedio de vida de cada ciudadano de nuestra patria, la
creación de las condiciones no solo para combatir las
enfermedades, sino para prevenirlas. Porque en el futuro
tendremos cada día más médicos, y cada día menos
enfermos.
"Ahí están los
hechos: hace seis meses no ha habido un solo caso de
poliomielitis en nuestro país; hace seis meses ninguna
madre, ninguna familia ha tenido que pasar por el dolor
inenarrable de ver a su hijo inválido. Ya cientos de niños
se han salvado, cientos de vidas felices se han salvado;
la felicidad y la alegría de cientos de familias se han
salvado.
"De nuevo arremete
la Revolución contra las enfermedades y se dispone a
salvar miles de vidas del tétanos, de la difteria y de la
tos ferina, que son otras tantas enfermedades que
sacrifican a miles de niños todos los años, y que puede
contraer cualquier niño de cualquier familia. ¿Cómo?
Previniendo a través de la vacunación esos tipos de
enfermedades. Y así iremos combatiendo enfermedad por
enfermedad, así iremos disminuyendo el número de
epidemias, el número de muertes, el número de víctimas.
Así se irá cumpliendo ese gran propósito: ir pasando de
la medicina terapéutica a la preventiva.
"Y ha de ser
brillante el porvenir de nuestro pueblo, brillante la
salud de nuestro pueblo, cuando, por un lado, combatimos
las enfermedades, disminuimos sus víctimas, luchamos
contra ellas hasta hacerlas desaparecer; y, por otro lado,
contingentes de jóvenes entusiastas, que son esperanzas
de la patria, forjadores de la salud de nuestro pueblo,
salvadores de vidas, entran en una institución como
esta."