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La
Batalla de Ideas, nuestra arma política más
poderosa, proseguirá sin tregua
Discurso
pronunciado por el presidente Fidel Castro
Ruz, Primer Secretario del Comité Central del
Partido Comunista de Cuba y Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, sobre la actual
crisis mundial, al tomar posesión de su cargo en la
sesión constitutiva de la Asamblea Nacional del
Poder Popular, en su Sexta Legislatura. La Habana, 6
de marzo del 2003, "Año de Gloriosos
Aniversarios de Martí y del Moncada".
(Versiones
Taquigráficas - Consejo de Estado)
Compañeros
diputados;
Distinguidos invitados;
Queridos compatriotas:
Acabamos
de dar la vuelta al mundo en un viaje que no conoció
un minuto de tregua ni descanso. Era necesario
hacerlo. Los días 24 y 25 estaba convocada en Kuala
Lumpur, Malasia, una importante reunión cumbre en
medio de los riesgos de una casi segura guerra en
Iraq, la agravación de la crisis económica
internacional, la necesidad de realizar visitas a
entrañables amigos como Viet Nam y China
concertadas para los días previos y posteriores a
la Cumbre, la necesidad de hacer inevitable escala
en Japón, de donde había recibido invitaciones de
importantes y apreciados amigos.
Lo más
fundamental: para el 5 de marzo había sido
convocado un acto de trascendente importancia, la
constitución de la nueva Asamblea Nacional, la
elección de su presidencia y la del Consejo de
Estado, su Presidente y Vicepresidentes.
Por
complicaciones del clima, no pudimos salir de
Hiroshima hacia nuestro país el día 3. La delegación,
previendo algún retraso, tuvo que rogar a los compañeros
en Cuba que aplazaran la reunión para el día 6.
Durante
el vuelo de regreso tuve que redactar estas líneas.
En
estos tiempos viajar por el mundo no es fácil.
Hacerlo con discreción esperando el máximo de
tiempo para informar y solicitar permisos de vuelo,
etc., es más difícil todavía. Viajar en IL-62,
sus años, sus equipos de vuelo, su gasto en
combustible y su ruido, todo lo complican con o sin
razón. Hace ruido mientras rueda por la pista, que
necesita bien larga, y también al despegar, pero
siempre despega, y siempre que despega llega.
Volé
por primera vez en uno de ellos hace 32 años para
visitar al Presidente Salvador Allende en Chile, y
desde entonces nunca he dejado de hacerlo. El equipo
es fuerte como los tractores agrícolas soviéticos
de su tiempo, construidos a prueba de tractoristas
cubanos. Sus pilotos son campeones olímpicos. Los técnicos
y mecánicos que lo reparan, los mejores del mundo.
Por segunda vez acabamos de darle la vuelta al mundo
en él. Eso espero, aunque todavía nos faltan
algunas horas. Hablando con toda seriedad, aprecio
estos magníficos equipos de la vieja URSS, les
agradezco mucho y los recomiendo a compatriotas y
turistas. Es lo más seguro que hay en el mundo. Yo
soy una prueba.
No
todo debe tomarse con excesiva seriedad en los
asuntos de este mundo. Se correría riesgo de
infarto o de locura.
·
Crónica obligada de un viaje
Nuestra
delegación salió el 19 de febrero, minutos antes
de medianoche. Breve escala en París, no había
otro lugar. Se suponía descansar unas horas en un
hotel de la ciudad. Inútil intento. No había sueño.
Desde un elevado piso me dediqué a observar parte
de la bella y famosa ciudad. Miraba los techos de
edificios de tres a seis plantas que parecían obras
de arte. Quise saber de qué estaban hechos hacía
150 años.
Recordaba
La Habana y sus problemas. Eran de color ceniza
plateada. Nadie supo responderme.
A
pocos kilómetros, una enorme mole que rompía la
armonía. Más a la derecha altos edificios de
oficinas o residencias que afeaban también el
panorama. Recordé el helipuerto que hicieron en La
Habana Vieja, detrás del que fuera Palacio del
Gobierno colonial, meses antes de la Revolución.
Por primera vez la Torre Eiffel y el Arco de
Triunfo, tan admirados por todos, me parecieron dos
objetos humillados y empequeñecidos. Me había
convertido de repente en un frustrado urbanista. En
París no molesté ni hablé con nadie. Me marché
guardando el recuerdo de todo cuanto leí, y soñé
en mis años juveniles sobre su gloriosa revolución
y la heroica y grandiosa historia de Francia. Admiré
la valiente actitud que asume hoy frente al
humillante hegemonismo unilateral del gobierno de
Estados Unidos.
En Ürümqi,
extremo occidental de China, hicimos escala.
Aeropuerto de bella arquitectura. Actitud amistosa y
hospitalaria. Cultura refinada. Diez horas después,
ya de noche, aterrizamos en Hanoi, capital de
nuestra querida y heroica Viet Nam, pero otra muy
distinta de la que visitara por última vez en 1995,
hacía ocho años. Sus calles, llenas de actividad y
luz. No se veía una bicicleta de pedales, todas
eran de motor. Los autos inundaban las calles.
Pensando en el futuro, el combustible, la
contaminación y otras tragedias, fue lo único que
me causó cierta inquietud.
Lujosos
hoteles se erigían por doquier. Las fábricas se
habían multiplicado. Sus dueños, extranjeros como
regla y de rígidas normas de administración
capitalista, pero en un país comunista, que cobra
impuestos, distribuye ingresos, crea empleos,
desarrolla la educación y la salud, mantiene incólumes
glorias y tradiciones. Petróleo, termoeléctricas,
hidroeléctricas, industrias básicas en manos del
Estado. Una revolución humana por excelencia. Todos
los que han sido y son forjadores de la revolución
reciben esmerado respeto y trato. Ho Chi Minh fue,
es y será eterno ejemplo.
Con
Nguyen Giap, el genial estratega, conversé mucho
rato. Memoria excelente. Recordé con tristeza y a
la vez con cariño entrañable, a muchos, como Pham
Van Dong y otros que ya murieron. Son personas que
siembran eterno cariño. Los antiguos y nuevos
dirigentes expresaron afecto y amistad sin límites.
Los lazos en todos los sentidos se multiplicaron.
Las diferencias de situaciones con Cuba son grandes.
Nosotros estamos rodeados de un conjunto de vecinos
que no tienen nada que invertir y el más rico del
mundo nos bloquea con rigor. A esto se une nuestro
especial celo por preservar el máximo de riquezas y
beneficios para las presentes y futuras
generaciones, lo cual no empañan en absoluto
nuestra gloriosa y eterna amistad.
De
Viet Nam a Malasia. Este es un país maravilloso.
Sus grandiosos recursos naturales y un líder
extraordinario, de especial lucidez, que no propició
el desarrollo de un capitalismo salvaje, explican su
progreso. Unió las tres etnias principales: malaya,
india y china. Atrajo inversiones, que desde el Japón
industrializado y otras áreas del mundo llovieron.
Estableció normas y reglas estrictas. Distribuyó
riquezas con la mayor equidad posible. Creció el país
a buen ritmo durante 30 años. La educación y la
salud fueron atendidas. Disfrutó de larga paz, al
revés de Viet Nam, Lao y Cambodia, agredidas por el
colonialismo primero y el imperialismo después, y
cuando llegó la gran crisis que asoló el sudeste
asiático, desacató normas del Fondo Monetario
Internacional, del Banco Mundial y otros organismos
similares, hizo intervenir al Estado, estableció
control de cambio, impidió la fuga de capitales y
salvó al país y sus riquezas. A mil leguas de lo
que ocurre en nuestro sufrido hemisferio, allí se
desarrolló un verdadero capitalismo nacional que,
pese a grandes diferencias de ingresos, llevó
bienestar a las masas. Goza de gran prestigio y
respeto. Para los occidentales y el nuevo orden económico,
es un dolor de cabeza y un mal ejemplo.
China.
A ella llegamos en horas del mediodía. Al igual que
en Viet Nam, jamás una delegación cubana recibió
tantas atenciones y honores. Cena oficial de
bienvenida el día 26. Las reuniones con los
anteriores y nuevos dirigentes del Partido y del
Estado, algunos de ellos todavía en funciones Jiang
Zemin, Hu Jintao, Li Peng, Zhu Rongji, Wen Jiabao,
cada uno con sus respectivos equipos se sucedieron
unas tras otras desde la primera tarde hasta el día
27. El 28 en la mañana, visita al Parque Tecnológico
de Beijing y salida con el Presidente Jiang Zemin
hacia Nanjing para visitar la fábrica de
televisores Panda. Por primera vez en la vida viajé
en un Jumbo. Cena y encuentro con el Primer
Secretario de la provincia de Jiangsu, junto al
ilustre Presidente de China. Salida con él hacia
Shanghai y sus colosales obras. Despedida de
inseparables hermanos.
Las
atenciones recibidas en Viet Nam y China por la
delegación cubana no tienen precedente en toda la
historia de la Revolución. Fue la oportunidad de
conversar con amplitud y profundidad con hombres
realmente excepcionales, verdaderos amigos que han
sellado para siempre la amistad entre nuestros
pueblos. Ellos, China y Viet Nam, fueron los mejores
amigos en los días increíblemente difíciles del
período especial, cuando nadie en absoluto creía
que la Revolución Cubana podría sobrevivir. Hoy
sus pueblos y gobiernos respetan y admiran a un país
pequeño que supo resistir en las vecindades de la
única superpotencia que con su inmenso poderío
hegemonizó al mundo.
Este mérito
no corresponde a ninguno de nosotros que recibimos
aquellos honores, sino al pueblo heroico y glorioso
que supo cumplir con dignidad su deber.
No se
limitaron nuestras conversaciones a temas
bilaterales y al desarrollo ulterior de nuestros vínculos
económicos, científicos y culturales. Fueron
abordados con sumo interés, confianza y comprensión
mutua los más importantes temas internacionales.
De
China volamos a Japón. Allí fuimos recibidos con
hospitalidad y respeto. Aunque el vuelo era solo de
tránsito, viejos y firmes amigos nos recibieron.
Celebramos amplias reuniones con Tomoyoshi Kondo,
Presidente de la Conferencia Económica Cuba-Japón;
con Watanuki, Presidente de la Dieta japonesa; con
Mitsuzuka, Presidente de la Liga Parlamentaria de
Amistad; encuentro de cortesía con el ex premier R.
Hashimoto; encuentro con el premier Junishiro
Koizumi.
A
iniciativa japonesa, abordamos temas relacionados
con la tensa situación en la península coreana que
a todos interesa, sobre lo cual informaremos
detalladamente al gobierno de la República Popular
Democrática de Corea, con la cual hemos mantenido
amistosas relaciones diplomáticas desde el triunfo
de la Revolución.
Viajamos
a Hiroshima el día 2 de marzo. Realizamos allí una
visita al Museo Memorial de la Paz de dicha ciudad,
donde colocamos una ofrenda floral. Participamos en
un almuerzo privado con el Gobernador de esa ciudad.
No
alcanzarían las palabras y el tiempo para expresar
cuán profunda impresión nos causó el genocidio
cometido con la población civil de Hiroshima. La
fuerza de la imaginación no puede concebir lo allí
ocurrido.
Aquel
ataque no era en absoluto necesario, ni será jamás
moralmente justificable. Japón estaba militarmente
derrotado. Todo el territorio ocupado en la parte de
Oceanía, en el sudeste asiático e incluso
posesiones soberanas japonesas estaban recuperadas.
En Manchuria avanzaba incontenible el Ejército
Rojo. La guerra podría finalizar en cuestión de días
sin una sola pérdida adicional de vidas
norteamericanas. Bastaba un ultimátum y en último
lugar el empleo de aquel arma en un campo de batalla
o en una o dos bases japonesas estrictamente
militares y la guerra habría concluido de
inmediato, cualquiera que fuese la presión e
intransigencia de los jefes más extremistas.
Desde
mi punto de vista, y aunque Japón inició la guerra
con un ataque sorpresivo e injustificable sobre
Pearl Harbor, no existía excusa alguna para aquella
terrible matanza de niños, mujeres, ancianos y
ciudadanos inocentes de cualquier edad.
El
pueblo japonés, noble y generoso, no expresó una
sola palabra de odio contra los autores. Por el
contrario, han levantado allí un monumento a la paz
para que jamás se repita un hecho semejante.
Millones
de personas debieran visitar aquel punto para tratar
de que la humanidad conozca realmente lo que allí
ocurrió.
En
aquel lugar tuve la emoción de ver una foto del
Che, cuando depositó una corona de flores ante el
modesto, pero inmortal recuerdo de uno de los
mayores crímenes cometidos contra la humanidad.
A esta
generación de nuestra especie le correspondió
vivir situaciones enteramente inéditas, nada
ideales ni deseables. Esperamos que la humanidad
pueda vencer. Si antes dentro de nuestra propia época
los hombres parecían ser dueños de los
acontecimientos, hoy los acontecimientos parecen ser
dueños de los hombres.
Este
viaje nuestro ha estado asociado a un conjunto de
sucesos que siembran por doquier incertidumbre e
inseguridad. Los pilares y valores de toda una
civilización están en crisis. Ideas como soberanía
e independencia son ya apenas una ficción. La
verdad, la ética, que debieran ser el primer
derecho o atributo del ser humano, tienen cada vez
menos espacio. Los cables, los medios de prensa, la
radio y la televisión, los teléfonos celulares y
las páginas webs aportan un torrente de noticias
que llegan de todas partes cada minuto. Seguir el
curso de los acontecimientos no es nada fácil.
En el
maremagnum de noticias, la inteligencia humana
apenas puede orientarse. Muchas veces por fortuna el
instinto de supervivencia la hace reaccionar.
Nunca
todas las naciones del mundo se vieron sometidas al
poder y los caprichos de quienes dirigen una
superpotencia con un poder al parecer sin límites,
de cuya filosofía e ideas políticas y nociones de
ética nadie tiene la más mínima idea. Sus
decisiones son prácticamente impredecibles e
inapelables. La fuerza y la capacidad de destruir y
matar parecen estar presentes en cada uno de sus
pronunciamientos. Esto lógicamente trae temor e
intranquilidad a muchos hombres de Estado, de modo
especial si se tiene en cuenta que al inmenso poder
militar se unen el poder político, económico y
tecnológico de los que no desean ser desobedecidos.
El sueño
de un mundo regido por normas y de una organización
que expresara la voluntad y el deseo de todos los
pueblos se esfuma.
A
muchos metros de altura leía un cable cuyo
contenido decía textualmente: "El Presidente
Bush en su alocución radial semanal expresó su
irrespeto por la ONU y reveló que consultó a esa
organización más `por compromiso con nuestros
aliados y amigos' que porque le importe el resultado
de sus deliberaciones".
II
PARTE
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