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Mensaje
de Fidel
A
los Jefes de Estado y de Gobierno de los países
miembros de la Comunidad del Caribe
La
Habana, 2 de julio de 2003
Excelencias
y estimados amigos:
No
he podido encontrarme en esta ocasión con mis
hermanos de la Comunidad del Caribe. Y créanme que
lo lamento profundamente, pues para mí no hubiera
habido mayor satisfacción que compartir con amigos
como ustedes este momento de regocijo y celebración
del XXX Aniversario de la Comunidad del Caribe,
sobre todo después de la respuesta de ustedes a la
conmemoración del XXX Aniversario del
establecimiento de las relaciones diplomáticas
entre Cuba y Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y
Tobago. Considero la presencia de ustedes en La
Habana el pasado 8 de diciembre una prueba de la
amistad y cariño que han mostrado siempre hacia el
pueblo de Cuba, sobre lo cual guardaremos eterna
gratitud.
Muchas
veces no nos percatamos de lo que hemos conquistado.
Es posible que al hacer ustedes el balance de estos
30 años de la Comunidad del Caribe, se concentren
en lo que les falta por alcanzar. Nosotros los
felicitamos por todo lo que han logrado en el
proceso de integración y de unidad de la Comunidad
Caribeña. No hay otro grupo de países en nuestro
hemisferio que haya alcanzado lo que CARICOM en términos
de concertación política, económica y social.
Seguimos
con mucha atención los actuales esfuerzos por
instrumentar el Mercado y Economía Únicos de la
Comunidad y la Corte Caribeña de Justicia, así
como el resto de las iniciativas dirigidas a
enfrentar desde una posición de unidad los desafíos
de la globalización ante el convite de alianzas que
representan intereses externos y hegemónicos.
Estoy
seguro de que vuestras deliberaciones en ocasión
del XXX Aniversario de la Comunidad del Caribe,
constituirán un impulso a estos nobles propósitos.
Para ello podrán seguir contando, como siempre, con
la colaboración desinteresada y sin condiciones y
el apoyo activo y concreto de Cuba.
Es
esta una buena ocasión para reiterar las propuestas
de cooperación que anunciamos el pasado 8 de
diciembre en La Habana. Desde entonces nuestra
colaboración ha continuado incrementándose, en el
sector de la educación, la salud y otros. En estos
momentos se preparan los nuevos estudiantes de países
de CARICOM para iniciar sus estudios de medicina y
otras carreras en Universidades cubanas. ¡Cuánta
felicidad y confianza nos invade al conocer sobre
los éxitos y avances de estos jóvenes que se
preparan con ahínco para servir a sus pueblos!
Compartimos
con ustedes la defensa de los intereses de las pequeñas
economías y los reclamos por un trato especial y
diferenciado, que han sido hasta hoy abiertamente
ignorados por las naciones más poderosas.
Nos
une, además, la más profunda convicción de que
estamos obligados a defender los principios básicos
del derecho internacional y a oponernos de manera
resuelta acualquier acción encaminada a ignorarlo.
Ninguna
circunstancia hará variar el interés y la voluntad
de Cuba de profundizar los lazos de amistad y
cooperación con las hermanas naciones del Caribe.
No escatimaremos esfuerzos por lograr la integración
regional y la unidad de nuestros pueblos.
Como
expresé en mis palabras durante el encuentro en La
Habana el pasado 8 de diciembre, "los países
caribeños enfrentamos el reto de sobrevivir y
avanzar en medio de la más profunda crisis económica,
social y política que hayan sufrido nuestro
hemisferio y el mundo, y cuando la globalización
neoliberal amenaza con destruir no sólo nuestro
derecho al desarrollo, sino incluso nuestra
diversidad cultural y nuestras identidades. La única
salida para nuestros pueblos es la integración y la
cooperación, no sólo entre los Estados, sino también
entre los diversos esquemas y organizaciones
regionales."
Hubiera
sido esta, además, una excelente oportunidad para
sostener un nuevo intercambio sobre la difícil
situación que hemos tenido que enfrentar con el
reciente incremento de las acciones hostiles y las
amenazas de los Estados Unidos contra Cuba.
Atravesamos
momentos difíciles y sumamente peligrosos. Los
enemigos históricos de la Revolución cubana se
empeñan por estos días en fabricar pretextos que
le permitirían al gobierno de Estados Unidos
justificar una agresión militar contra Cuba.
Sabemos que en última instancia la superpotencia,
empeñada en demostrar su pretensión hegemónica en
el actual mundo unipolar, no necesita siquiera de
pretextos plausibles para atacar a una nación
soberana. La dolorosa experiencia de Iraq es un
ejemplo elocuente. Solamente la fuerza y valor de
nuestra causa, la unidad de nuestro pueblo, la
decisión irrenunciable de resistir cualquier ataque
y la solidaridad internacional, pueden prevenir la
agresión.
Estamos
sometidos a una guerra subversiva que viola los más
sagrados principios del Derecho Internacional y demás
normas que rigen la convivencia pacífica entre los
Estados. Se intenta destruir el orden constitucional
cubano, tratando de fabricar una ficticia oposición
con un puñado de mercenarios. La Ley de Ajuste
Cubano y la práctica de recibir en territorio de
los Estados Unidos incluso a aquellos que emplean el
terrorismo y la violencia para arribar a suelo
norteamericano, propiciaron una ola de secuestros de
naves aéreas y embarcaciones cubanas, poniendo en
grave peligro la vida de personas inocentes con el
objetivo de provocar una crisis migratoria que
creara las condiciones para una agresión a Cuba.
Alentados
por la retórica anticubana del Presidente Bush, se
acaba de anunciar la creación en Miami de otra
organización que propugna un bloqueo internacional
a Cuba y una intervención militar
"multilateral" contra nuestro país.
La
Unión Europea, en su afán de recomponer sus
relaciones con los Estados Unidos, dañadas a
consecuencia de la guerra contra Iraq, se ha sumado
a esta política agresiva contra Cuba.
El
retiro de la solicitud de adhesión al Acuerdo de
Cotonou responde a la decisión de la Comisión
Europea de suspender la evaluación de este asunto,
la cual subordinó, además, a condiciones
inaceptables. Cuba siempre agradecerá a sus
hermanos del Caribe el apoyo que nos dieron para
nuestra solicitud de entrada a Cotonou. Fue el interés
de estar junto a ustedes y a los países de África
y del Pacífico, lo que en última instancia nos
hizo solicitar dicha adhesión.
Hubiese
aprovechado este encuentro, queridos hermanos, para
haberles referido algunos de los principales empeños
en los que estamos ahora enfrascados. Les hubiese
hablado del colosal esfuerzo que se realiza hoy en
Cuba por elevar aniveles sin precedentes la cultura
general integral de todo el pueblo, de las decenas
de programas en curso para multiplicar las
capacidades y oportunidades de instrucción de
nuestros niños y jóvenes y de innumerables otros
programas sociales en marcha, experiencias todas que
pueden ser de enorme utilidad para los países
caribeños y que gustosamente ponemos a disposición
de ustedes. Les hubiera hablado también de la
gigantesca batalla por lograr laliberación de cinco
héroes cubanos sometidos a humillante y brutal cárcel
en los Estados Unidos por el único crimen de
defender a su patria y luchar contra el terrorismo.
En
lo que a Cuba respecta, les reitero con la más
absoluta convicción, queridos amigos, que sean
cuales fueren los nuevos designios agresivos del
imperio, el pueblo cubano no cejará en su lucha por
el futuro mejor, que nos mantendremos firmes en
nuestros principios, que seguiremos adelante. Cuba
cuenta con un pueblo unido, dispuesto a luchar y a
vencer. Nuestros sueños de ayer ya son hoy
realidades de las que nos sentimos orgullosos.
Nuestros sueños de hoy se convertirán igualmente
en hermosas realidades. De eso no tenemos la menor
duda.
A
pesar de agresiones, bloqueos y amenazas, con el
esfuerzo incansable de nuestro pueblo, con la
firmeza indestructible de nuestras ideas y
principios, y con la ayuda inestimable de cientos de
millones de hombres y mujeres en todo el mundo,
estamos seguros de que seguiremos venciendo.
Nos
alienta, además, la certeza de que al defender
nuestra independencia, nuestro derecho al
desarrollo, nuestro camino escogido por la voluntad
libre y soberana del pueblo cubano, defendemos también
esos mismos derechos para todos los pueblos pequeños,
como los del Caribe, que un día pudieran verse
amenazados igualmente por la prepotencia del
imperio.
Con
un fraternal abrazo,

Fidel Castro Ruz
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