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No
hay tarea más urgente que crear
una conciencia universal
Discurso
pronunciado por el presidente Fidel Castro Ruz, en
la inauguración del segmento de alto nivel del VI
Período de Sesiones de la Conferencia de las Partes
de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha
contra la Desertificación y la Sequía. La Habana,
1ro de septiembre de 2003, "Año de gloriosos
aniversarios de Martí y del Moncada".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Excelentísimo
Sr. Hama Arba Diallo, Secretario Ejecutivo.
Excelentísimo
Sr. Ibrahim Gambari, Subsecretario General de
Naciones Unidas.
Excelentísimos
Jefes de Estado y de Gobierno, Vicepresidentes,
Presidentes de Parlamentos, Jefes de Delegaciones:
Distinguidos
invitados:
Hace
apenas 30 años la humanidad no tenía la menor
conciencia de la gran tragedia. Entonces se creía
que el único peligro de extinción estaba en la
cifra colosal de armas nucleares listas para ser
disparadas en cuestión de minutos. Sin que amenazas
de esa índole hayan cesado en absoluto, un peligro
adicional, aterrador y dantesco, la acecha. No
vacilo en utilizar esta frase fuerte, al parecer
dramática. El verdadero drama está en la
ignorancia sobre tales riesgos en que hemos vivido
durante tanto tiempo.
La
totalidad de las personas que, 25 años después de
finalizada en 1945 la Segunda Guerra Mundial, tenían
uso de razón y sabían leer y escribir, nunca
escucharon una sola palabra sobre la ciega marcha
humana, inexorable y acelerada, hacia la destrucción
de las bases naturales de su propia vida. Ninguna
otra de las miles de generaciones que precedieron a
la actual conoció tan amargo riesgo, ni cayó sobre
alguna de ellas tan enorme responsabilidad.
Son
realidades. Un fruto de la poco conocida historia
del hombre, como resultado de la evolución de la
sociedad humana a lo largo de cinco o seis mil años,
cuando ésta no tenía ni podía tener una idea
clara de dónde venía y hacia dónde iba. Esta
sorprendente y angustiosa realidad es ya convicción
profunda de una minoría culta y preocupada, pero
creciente y pujante, de la humanidad.
Hoy
sabemos lo que ocurre. Al alcance de todos los
presentes están los datos escalofriantes y los
argumentos irrebatibles, serenamente expuestos y
analizados en los encuentros que precedieron esta
reunión.
Desde
mi punto de vista, no hay tarea más urgente que
crear una conciencia universal, llevar el problema a
la masa de miles de millones de hombres y mujeres de
todas las edades, incluidos los niños, que pueblan
el planeta. Las condiciones objetivas y los
sufrimientos que padece la inmensa mayoría de ellos
crean las condiciones subjetivas para la tarea de
concientización.
Todo
se asocia. Analfabetismo, desempleo, pobreza,
hambre, enfermedades, falta de agua potable, de
viviendas, de electricidad; desertificación, cambio
de clima, desaparición de los bosques,
inundaciones, sequías, erosión de los suelos,
biodegradación, plagas y demás tragedias harto
conocidas son inseparables.
Sin
educación no puede haber la necesaria y urgente
concientización de la que hablo. Una gran revolución
educacional está, sin embargo, al alcance de los
pueblos del mundo. Es la idea esencial que deseo
exponer.
Cuba,
cuyos modestos éxitos en esta decisiva esfera nadie
cuestiona, puede asegurar que con una inversión
inicial de 3 mil millones de dólares en un breve
período de tiempo, y 700 millones en cada uno de
los nueve años subsiguientes, destinados a material
educativo y equipos, incluidos un millón y medio de
paneles solares para las comunidades y aldeas donde
no exista suministro eléctrico, en doce años es
posible alfabetizar y conducir hasta sexto grado a
1.500 millones de analfabetos y semianalfabetos. Un
gasto total inferior a 10 mil millones de dólares,
equivalente a menos del 0,004 por ciento del
Producto Interno Bruto de los países desarrollados
miembros de la OCDE, en un año.
Esto
supone la instalación escalonada de 4 millones de
puntos de enseñanza dotados con medios
audiovisuales que son de probada eficacia, y la
cooperación de un amplio movimiento voluntario de 8
millones de personas con conocimientos no inferiores
al sexto grado de escolaridad, que podrían
alfabetizar y a la vez formarse progresivamente como
educadores de buena calidad profesional por el mismo
método.
Si se
decidiera estimular a los que carezcan de empleo con
la asignación de un modesto salario mensual
mientras enseñan y estudian, podrían crearse de 4
a 8 millones de empleos decorosos, que serían
altamente apreciados por millones de jóvenes del
Tercer Mundo, los más afectados por el azote del
desempleo. El costo para los países donantes sería
igualmente exiguo: estimando tal salario en 100 dólares
cada mes y seis millones que se incorporen de esta
forma al programa, equivaldría al 0,003 por ciento
del PIB de la OCDE, en este caso cada año.
Sumados
los dos programas, el costo en los primeros cinco años
sería aproximadamente igual a lo que Estados Unidos
gasta, al ritmo actual, en solo 15 semanas, en las
fuerzas que ocupan a Iraq.
Un número
casi igual de ciudadanos del mundo, y con mucho
menor costo, podría instruirse con el empleo de
radios de onda media o corta, con un precio no mayor
de 15 dólares, que utilizarían pequeñas placas de
celdas fotovoltaicas adheridas al mismo. Pequeñas
cartillas con material didáctico acompañan al
radio.
Tal método
de alfabetización a través de la radio,
desarrollado por pedagogos cubanos, nuestro país lo
ha cedido gratuitamente a varios países que ya lo
usan, y lo haría gustosamente con los que
lo soliciten.
Mediante
el empleo de transmisiones televisivas, nuestro país
ha impartido cursos de inglés, idioma utilizado
mundialmente, a más de un millón de ciudadanos,
con un costo en divisas para el Estado de 50 mil dólares.
Con sólo
el 0,01 por ciento del PIB de la OCDE, un pequeño
fragmento del 0,7 por ciento tantas veces prometido
y nunca cumplido ─excepto aislados casos
individuales─ por el
conjunto de los países ricos, se podrían
suministrar, mediante paneles solares, en diez años,
30 kilowatts mensuales de electricidad a 250
millones de familias del Tercer Mundo, que sumarían
alrededor de 1.500 millones de personas, la parte más
pobre de la población mundial, que podrían
disponer cada día de varias horas de luz eléctrica
y trasmisiones recreativas, informativas y
educativas, por radio o televisión, sin gastar un
solo litro de combustible fósil.
Nuestro
país, bloqueado durante más de cuatro décadas, al
derrumbarse el campo socialista y verse obligado a
enfrentar una situación sumamente difícil, pudo
producir y está produciendo, en espacios
disponibles dentro de las ciudades, más de 3
millones de toneladas de vegetales al año en
cultivos organopónicos, con empleo de pajas y
desechos agrícolas, utilizando riego por goteo o
microjet, un gasto mínimo de agua, dando empleo
adicionalmente a casi 300 mil ciudadanos y sin
emitir un kilogramo de dióxido de carbono a la atmósfera.
Puedo
informarles que dentro de una semana, la totalidad
de los 505 mil adolescentes cubanos de secundaria básica
—séptimo, octavo y noveno grados— comenzarán
el curso escolar con los nuevos métodos educativos
que hemos creado, triplicarán los conocimientos que
recibían normalmente y dispondrán de un profesor
por cada 15 alumnos.
Ruego
me excusen por citar ejemplos demostrativos de que
es posible todavía, pese a inmensos obstáculos,
hacer mucho para que el medio ambiente se preserve y
la humanidad sobreviva.
Todo
cuanto he dicho es incompatible con el atroz sistema
económico impuesto al mundo, la despiadada
globalización neoliberal, las imposiciones y
condicionamientos con que el FMI sacrifica la salud,
la educación y la seguridad social de miles de
millones de personas; la forma cruel en que,
mediante la libre compraventa de divisas entre las
monedas fuertes y las débiles monedas del Tercer
Mundo, le arrebatan a éste fabulosas sumas cada año.
En síntesis, es incompatible con la política de la
OMC, al parecer diseñada para que los países ricos
puedan invadir al mundo con sus mercancías sin
restricción alguna, y liquidar el desarrollo
industrial y agrícola de los países pobres, sin más
futuro que suministrar materias primas y mano de
obra barata; con el ALCA y otros Acuerdos de Libre
Comercio entre los tiburones y las sardinas; con la
monstruosa deuda externa, que en ocasiones consume
hasta el 50 por ciento de los presupuestos
nacionales, absolutamente impagable en las actuales
circunstancias; con el robo de cerebros, el
monopolio casi total de la propiedad intelectual y
el uso abusivo y desproporcionado de los recursos
naturales y energéticos del planeta.
La
lista de injusticias sería interminable. El abismo
se profundiza, el saqueo es mayor.
Bajo
los designios y la ideología de un orden económico
diabólico y caótico, las sociedades de consumo en
cinco o seis décadas más habrán agotado las
reservas probadas y probables de combustibles fósiles
y habrán consumido en sólo 150 años lo que el
planeta tardó 300 millones de años en crear.
No
existe siquiera una idea coherente y clara sobre la
energía que moverá los miles de millones de vehículos
motorizados que inundan ciudades y carreteras de los
países ricos, e incluso de muchos del Tercer Mundo.
Es la expresión cabal de un modo de vida y de
consumo absolutamente irracional, que no podrá
servir jamás como modelo a los 10 mil millones de
personas que se supone habitarán el planeta cuando
la era fatal del petróleo haya concluido.
Tal
orden económico y tales modelos de consumo son
incompatibles con los recursos esenciales limitados
y no renovables del planeta y con las leyes que
rigen la naturaleza y la vida. Chocan también con
los más elementales principios éticos, la cultura
y los valores morales creados por el hombre.
Continuemos
sin desaliento ni vacilación nuestra lucha,
profundamente convencidos de que si la sociedad
humana ha cometido colosales errores y aún los
sigue cometiendo, el ser humano es capaz de concebir
las más nobles ideas, albergar los más generosos
sentimientos y, superando los poderosos instintos
que la naturaleza le impuso, es capaz de dar la vida
por lo que siente y lo que piensa. Así lo ha
demostrado muchas veces a lo largo de la historia.
¡Cultivemos
esas excepcionales cualidades y no habrá obstáculo
que no pueda ser vencido, y nada que no pueda ser
cambiado!
Muchas
gracias (Ovación).
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