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INFORME
DE CUBA AL SECRETARIO GENERAL SOBRE LA RESOLUCIÓN
57/11
DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
"Necesidad
de poner fin al bloqueo económico, comercial y
financiero impuesto por los Estados Unidos de
América contra Cuba"
INTRODUCCION
Por más de
cuarenta años, el pueblo cubano ha enfrentado el
bloqueo económico, comercial y financiero impuesto
por el Gobierno de los Estados Unidos de América,
una política de hostilidad de las más crueles,
inhumanas y prolongadas a que se haya sometido a
pueblo alguno en toda la historia de la
civilización humana.
Desde el triunfo
mismo de la Revolución, cuando el pueblo de Cuba
hizo realidad el disfrute de su derecho a la libre
determinación, al destruir las bases del régimen
neocolonial que mantenía Estados Unidos en la Isla,
las autoridades de la potencia del Norte impusieron
diversas sanciones económicas a Cuba con el
objetivo reconocido de producir “el hambre, la
desesperación y el derrocamiento del gobierno”,
según señalara un documento oficial del
Departamento de Estado fechado el 6 de abril de
1960.
Suman ya diez las
administraciones estadounidenses que a lo largo de
estos cuarenta y cuatro años no han hecho más que
profundizar y ampliar el complejo sistema de leyes y
medidas que conforman el bloqueo establecido por el
Gobierno norteamericano contra el pueblo de Cuba.
Esta política ha
causado y continúa infligiendo importantes
afectaciones al bienestar material, psíquico y
espiritual del pueblo cubano, imponiéndole graves
obstáculos a su desarrollo económico, cultural y
social.
Baste recordar que
seis de cada diez cubanos han nacido y vivido bajo
el sistema de sanciones descrito que ha estado
acompañado, además, de agresiones militares,
guerra biológica, transmisiones ilegales de radio y
televisión, actividades terroristas, planes de
atentado contra sus principales dirigentes, aliento
a la emigración ilegal y otros actos hostiles
promovidos, financiados, apoyados o permitidos por
varias administraciones estadounidenses.
El objetivo
principal del bloqueo no ha sido otro que el de
imponer la asfixia económica y social a la nación
cubana, al privarla de sus medios fundamentales de
subsistencia. Las prohibiciones y restricciones
impuestas por el bloqueo al pueblo cubano, carecen
de todo fundamento legal, moral y ético. Conforme a
lo dispuesto en el Inciso (c) del Artículo II de la
Convención de Ginebra para la Prevención y la
Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre
de 1948, el bloqueo impuesto por el Gobierno
estadounidense contra Cuba califica como un acto de
genocidio y, por consiguiente, constituye un delito
de Derecho Internacional.
El actual Gobierno
republicano del Presidente George W. Bush ha
recrudecido a niveles sin precedentes las medidas y
prohibiciones del bloqueo contra Cuba. Sus acciones
se enmarcan de modo coherente en la tradicional
política de la ultraderecha norteamericana y los
sectores más extremistas y violentos de la
emigración cubana en los Estados Unidos, dirigida a
socavar la existencia misma de la nación cubana.
Cabe recordar, en este contexto, que las apetencias
de los Estados Unidos de América sobre Cuba no son
nuevas. Ya desde los albores mismos del surgimiento
de la Unión Americana, comenzaron a realizarse
esfuerzos por anexar a Cuba mediante la compra, la
cesión e incluso la fuerza armada, que se
sustentaron en políticas como la Doctrina Monroe o
la “tesis de la fruta madura”, preludiando ya,
desde tan lejana época, lo que sería el basamento
mismo del intervencionismo y unilateralismo que
caracterizan a los Estados Unidos en la etapa
actual. Así, luego de la intervención
norteamericana en 1898, cuatro años después
surgiría la República de Cuba, lastrada por una
enmienda constitucional que, para todo fin
práctico, convertía a Cuba en una colonia de su
vecino norteño, situación que prevaleció hasta
1959, en que triunfara la Revolución Cubana.
Al recrudecer el
bloqueo, el actual Presidente norteamericano ha
reciprocado el decisivo “favor” que le hiciera
la mafia terrorista cubanoamericana de Miami - vale
recordar el papel protagónico de ésta en el fraude
que le permitió a George W. Bush usurpar la
presidencia del país en las elecciones del 2000 -
compuesta por políticos corruptos que lucraban
hasta el año 1959 con el hambre y la sangre del
pueblo cubano, por connotados torturadores y
asesinos que llevaron la muerte a más de 20 mil
cubanos, por probados ladrones del erario público y
toda la escoria humana que servía de soporte a la
dictadura batistiana y al control neocolonial que
ejercía Estados Unidos sobre Cuba, así como por
sus seguidores y herederos, y por todos los que han
promovido, financiado y seguido ejecutando los más
criminales actos de terrorismo contra el pueblo
cubano en estos últimos cuarenta y cuatro años.
La pretensión del
actual Gobierno de los Estados Unidos de imponer al
mundo su voluntad como única norma aplicable,
pisoteando el Derecho Internacional y recurriendo
para ello de manera indiscriminada e ilegal a la
amenaza y al uso de la fuerza, ha representado un
grave estímulo a los planes de agresión contra
Cuba, incluso mediante la vía militar.
Conociendo
perfectamente su incapacidad para socavar el apoyo
inclaudicable del pueblo cubano a su Revolución, la
mafia terrorista de origen cubano de Miami,
importantes personeros y halcones militaristas
dentro de la reaccionaria administración
republicana que gobierna Estados Unidos y por
supuesto, los mercenarios pagados por ambos dentro
de la Isla, ponen su esperanza en la idea siniestra
de provocar una agresión armada de los Estados
Unidos contra Cuba.
Aquellos que
promueven la agresión para poner fin al proceso de
transformaciones revolucionarias soberanamente
emprendido por el pueblo cubano, han venido
fabricando, uno tras otro, sucesivos y falsos
pretextos para impulsar sus planes.
Así, Cuba es
mantenida sin justificación alguna en la lista que
ilegítimamente elabora el Departamento de Estado
norteamericano de países que supuestamente
estarían promoviendo o protegiendo el terrorismo en
el mundo. Aún más, algunos funcionarios de la
Administración Bush han reiterado la falsa
acusación acerca de una supuesta capacidad de
producción de armas biológicas por parte de Cuba.
Por otra parte, el
gobierno estadounidense - el mismo que se ha
arrogado el derecho de coartar la libre
determinación de cualquier pueblo en el mundo con
sus llamadas “guerras preventivas” y mantiene en
un limbo jurídico y en condiciones infrahumanas a
miles de personas en la Base Naval de Guantánamo y
en su territorio continental - año tras año impone
mediante el chantaje y la coerción, una resolución
que manipula el tema de los derechos humanos, con el
objetivo de fabricar un ilegítimo asidero a su
política de hostilidad contra Cuba.
En este mismo
contexto, los Acuerdos Migratorios firmados entre
ambas naciones en 1994 han sido objeto de especial
ataque por parte de los enemigos de una
normalización de las relaciones entre los Estados
Unidos y Cuba. El propósito fundamental es el de
poner fin al flujo migratorio ordenado establecido
en dichos acuerdos y, así, forzar una emigración
ilegal masiva desde la Isla, a partir de las
difíciles condiciones que impone el bloqueo al
pueblo cubano y del estímulo a la emigración
ilegal que establece la absurda y asesina “Ley de
Ajuste Cubano”, que de manera excepcional y única
en la historia, estipula garantías y derechos
especiales, incluso de residencia, a los cubanos que
arriban ilegalmente al territorio de los Estados
Unidos. Ello contrasta con las cacerías humanas,
los maltratos físicos y morales, los
encarcelamientos y expulsiones que se deparan a
millones de ciudadanos de otros países que llegan
de igual manera al territorio de la superpotencia.
La respuesta del
Gobierno de los Estados Unidos a la adopción de la
resolución 57/11 de la Asamblea General, que contó
con el voto a favor de 173 Estados para exigir al
gobierno norteamericano poner fin a su política de
bloqueo a Cuba, no ha sido otra que la
profundización de sus ilegales sanciones a la Isla.
¿Podría acaso la
comunidad internacional permitir que tan grave
afrenta al multilateralismo, al Derecho
Internacional y a los principios éticos y morales
que guían las relaciones internacionales quede sin
respuesta?
Cuba reivindica un
orden internacional en el que el respeto al Derecho
Internacional rija para todos por igual, como
paradigma irrenunciable de la convivencia pacífica
y la justicia en el planeta. Con la razón que le
acompaña y una sólida unidad forjada en su batalla
histórica por el pleno ejercicio de su soberanía,
Cuba sabrá resistir y vencer frente a los intentos
de Estados Unidos de rendir su férrea voluntad de
independencia mediante el hambre, las enfermedades y
los más disímiles escollos a su bienestar y
progreso económico y social.
La información que
se recoge en este informe, y que es solo una parte
de lo que se puede decir públicamente, incluye
ejemplos contundentes y datos detallados de las
afectaciones causadas por el bloqueo al pueblo
cubano, profundizando en las incidencias más
recientes.
1. EL BLOQUEO
ESTADOUNIDENSE CONTRA CUBA: IMPLANTACIÓN,
APLICACION Y FORTALECIMIENTO.
Toda consideración
de la política del bloqueo debe realizarse desde
una óptica histórica, pues solo así podrán
tomarse en cuenta los graves desafíos enfrentados
por la nación cubana por más de dos siglos. Nunca
un país se ha visto sometido de manera tan
continuada y permanente al peligro que representa un
vecino tan poderoso y que históricamente ha
pretendido dominarlo y anexarlo. La historia no ha
dejado espacio a la duda acerca de las intenciones
reales de la política de los Estados Unidos hacia
Cuba, especialmente después del triunfo de la
Revolución Cubana en 1959.
En su afán de
destruir el sistema político, económico y social
establecido por el pueblo cubano con su Revolución
-sostenido, consolidado y desarrollado por la firme
y abrumadoramente mayoritaria voluntad soberana del
pueblo- la aplicación de sanciones económicas ha
sido una pieza clave de la política de hostilidad y
agresión de los Estados Unidos contra Cuba.
Estudios
preliminares dan fe de que las afectaciones a Cuba
por la aplicación de esta política genocida
podrían superar ya los 72 mil millones de dólares.
Esta cifra, aún conservadora, no incluye los más
de 54 mil millones de dólares imputables a daños
directos ocasionados a objetivos económicos y
sociales del país por los sabotajes y acciones
terroristas estimuladas, organizadas y financiadas
desde los Estados Unidos.
La absoluta
falsedad de las muy diversas excusas, que por más
de cuatro décadas han empleado las sucesivas
administraciones norteamericanas para intentar
justificar la imposición de una guerra económica y
política contra Cuba, ha quedado demostrada en los
propios documentos oficiales estadounidenses
desclasificados en 1991. En estos aparecen
testimonios y pruebas irrefutables de que esa
hostilidad antecedió a cualquier medida adoptada
por el Gobierno Revolucionario a partir de 1959.
La guerra
económica contra Cuba comenzó mucho antes de que
el bloqueo fuera formalmente establecido por una
orden ejecutiva del Presidente de los Estados
Unidos. Su carácter extraterritorial, que se
institucionalizó con la Ley Torricelli de 1992,
afectó siempre el comercio, las relaciones
financieras y las inversiones no sólo entre ambos
países, sino de Cuba con terceros.
El bloqueo privó
de forma abrupta y drástica a Cuba de todo vínculo
con Estados Unidos, nuestro más cercano mercado,
donde se realizaba históricamente la mayor parte
del comercio exterior cubano y al cual estábamos
vinculados tecnológicamente.
Cuba tuvo entonces
que reorientar sus vínculos económicos, buscando
en regiones lejanas fuentes de suministros y nuevos
mercados para sus exportaciones. Todo esto implicó
enormes gastos en transportes y fletes y el
sobredimensionamiento de inventarios y reservas, con
un elevado costo de inmovilización de recursos.
Los problemas que
enfrentaba la economía cubana debido al bloqueo se
vieron acrecentados cuando, luego del proceso de
desintegración del sistema de cooperación
económico socialista y de la propia Unión
Soviética, Cuba sufrió nuevamente la
desarticulación de sus relaciones con sus antiguos
socios comerciales: la URSS y los países de Europa
del Este. Estados Unidos consideró, entonces, que
era el momento indicado para asestarle el golpe
final a la Revolución Cubana.
Así, en 1992 se
aprueba la Ley Torricelli, que cortó abruptamente
el comercio de medicinas y alimentos que Cuba
mantenía con subsidiarias de compañías
estadounidenses asentadas fuera del territorio
norteamericano, y estableció severas prohibiciones
contra la navegación marítima desde y hacia Cuba.
Sin embargo,
insatisfechos aún por no haber logrado el colapso
del sistema económico y político del país, en
1996 se adopta la Ley Helms-Burton. Esta última,
confirió jerarquía de ley a todas las
prohibiciones del bloqueo e intentó impedir la
inversión extranjera en Cuba, a la par que
institucionalizó la subversión, financiada y
dirigida por el Gobierno de los Estados Unidos, como
método para quebrar la voluntad independentista del
pueblo cubano.
Este marco
legislativo, que extiende su acción contra toda la
comunidad internacional, ha sido complementado con
ulteriores disposiciones y medidas para recrudecer
el bloqueo.
El declarado
irrespeto a las normas del Derecho Internacional por
parte del gobierno de los Estados Unidos, no
concluyó con la promulgación de la Ley
Helms-Burton en 1996. En franca violación de la
legislación y los compromisos de Estados Unidos en
materia de propiedad intelectual y, del Acuerdo
sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad
Intelectual relacionados con el comercio (ADPIC), se
aprobó la Sección 211 de la Ley Ómnibus de
Asignaciones Presupuestarias para el año 1999. A
resultas de la Sección 211, se intenta escamotear
la marca de ron cubano Havana Club a sus legítimos
propietarios, con el objetivo de otorgar la
comercialización del producto, primero en los
Estados Unidos y después en terceros países, a
espurios e ilegales reclamantes.
Tal como fuera
denunciado en el informe que Cuba presentó el
pasado año, contenido en el documento A/57/264, el
fraudulento arribo al poder en los Estados Unidos de
la Administración de Presidente George W. Bush, ha
impuesto un recrudecimiento de la retórica
anticubana y un mayor apoyo a las organizaciones
extremistas y terroristas de origen cubano en el
Estado de la Florida, con las que el actual
inquilino de la Casa Blanca tiene deudas
electorales. Su vínculo con estos grupos, cuyas
acciones terroristas y pro-anexionistas son bien
conocidas, ha estimulado el endurecimiento de la
política de bloqueo contra el pueblo cubano.
Si a lo largo de
más de cuatro décadas las sanciones y
restricciones económicas han estado acompañadas de
iniciativas para crear, financiar y dirigir la
subversión interna en la Isla, es esta
Administración la que ha elevado a niveles
inéditos su apoyo abierto a la subversión del
orden constitucional cubano. De esta manera, se ha
venido utilizando a la Sección de Intereses de
Estados Unidos en La Habana, para proveer de medios
y financiamiento e impartir instrucciones a grupos
de mercenarios pagados por y al servicio de la
superpotencia, con el fin de que ejerzan su labor
subversiva y pro-anexionista en Cuba, en franca
violación y desafío de la institucionalidad cubana
y de la Convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas.
A lo anterior se
añade la decisión del Presidente George W. Bush de
designar y promover a funcionarios con una connotada
posición anticubana, a cargos claves en el gobierno
de Estados Unidos. El discurso siempre amenazante
del Presidente Bush y de estos funcionarios respecto
a Cuba, es una clara evidencia de los peligros que
enfrenta el pueblo cubano. Algunos entre ellos han
aclarado que la agresión militar contra Cuba no
está definitivamente descartada.
El aumento de la
escalada propagandística anticubana y la violación
por Estados Unidos de los acuerdos bilaterales en
materia migratoria, que entre otros graves aspectos
incluye una drástica reducción del otorgamiento de
visas tanto a emigrantes, como a visitantes
temporales procedentes de nuestro país, tienen el
objetivo de generar una crisis migratoria que
ofrezca el pretexto para intervenir en Cuba.
El pasado 26 de
marzo el secretario de Estado, Colin Powell,
anunció el otorgamiento de importantes fondos
federales para apoyar las ilegales transmisiones de
radio y televisión contra Cuba, lo que contradice
las reglamentaciones establecidas por la Unión
Internacional de Telecomunicaciones (UIT). La
violación de nuestro espacio radioelectrónico, con
más de 2 200 horas semanales de transmisiones hacia
Cuba, tiene como objetivo estimular la subversión
interna, los planes de sabotaje, la emigración
ilegal, y difundir las más insólitas mentiras y
patrañas contra nuestro país.
Como parte de los
compromisos asumidos por la Administración Bush con
la mafia cubano-americana de Miami, el pasado 20 de
mayo, en una clara escalada en la agresión
radioelectrónica, la emisora de radio creada y
operada por el Gobierno estadounidense con el
objetivo de promover la subversión en Cuba,
pérfida y ultrajantemente bautizada con el nombre
de José Martí, transmitió en cuatro nuevas
frecuencias. Con esta agresión se provocaron
interferencias a las transmisiones radiales cubanas.
En horas de la
tarde del mismo día, la señal televisiva
transmitida con iguales propósitos hacia Cuba por
los servicios oficiales de propaganda
norteamericanos, salió al aire de seis a diez de la
noche, transmitiendo desde una aeronave de las
fuerzas armadas de los Estados Unidos, y utilizando
canales y sistemas asignados legalmente a estaciones
cubanas de televisión e inscritas debidamente en la
Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), lo
que afectó severamente servicios de televisión
cubanos, en particular programas educativos y
culturales.
Anteriormente, el
24 de marzo, la Oficina de Control de Activos
Extranjeros (OFAC), una de las oficinas del gobierno
norteamericano que velan por el cumplimiento del
bloqueo, había emitido nuevas regulaciones que
endurecen tal política. Con ello, se limitaron
todavía más los viajes de los norteamericanos a
Cuba y fueron totalmente eliminadas las licencias
que se otorgaban para viajes de intercambio
educacional pueblo a pueblo. Además, a tono con
esta escalada agresiva, se aumentaron las
facilidades para aquellos que pretendan viajar a
nuestro país con el fin de aprovisionar a los
grupúsculos mercenarios que conspiran para
subvertir el orden constitucional cubano.
Estas nuevas
regulaciones se añaden al recrudecimiento de las
sanciones a los ciudadanos estadounidenses que
viajan a Cuba. Uno de los casos más divulgados ha
sido el de la anciana Joan Slote, trabajadora
jubilada del sector de la salud, quien hace dos
años viajó a Cuba por ocho días. ¿Cuál fue el
grave delito de esta señora de 74 años? Ir de
excursión a Cuba y recorrer parte de la Isla en
bicicleta. Por esta “gravísima violación” de
las regulaciones del bloqueo, le fue impuesta una
multa de 8 500 dólares.
¿Cómo se explica,
por otra parte, que más de 10 pacientes
estadounidenses que el pasado año 2002 solicitaron
viajar a Cuba para recibir los servicios de
ozonoterapia en una institución cubana de gran
prestigio científico, no pudieron visitar el país
y beneficiarse de estos tratamientos como resultado
de la política de bloqueo? ¿Tiene acaso algún
sentido esta política?
Finalmente cabe
recordar, que Cuba es el único país vedado, por
ley, a los ciudadanos norteamericanos.
Por su parte, las
ventas de alimentos a Cuba, solo autorizadas
recientemente, están sometidas a complejos
procedimientos y normas que dificultan enormemente
su realización. Las empresas estadounidenses deben
realizar engorrosos trámites burocráticos para
obtener la licencia que las autorice a vender sus
productos a Cuba. Asimismo, nuestro país debe
efectuar las compras en efectivo; sin posibilidad de
créditos financieros, ni siquiera privado; a
través de bancos ubicados en terceros países; y en
otras monedas, con las consiguientes pérdidas en
las operaciones cambiarias.
La transportación
de los productos que finalmente sean comprados, debe
realizarse en buques norteamericanos o de terceros
países, luego de obtener una licencia para ello.
Cuba no puede utilizar su flota marítima en tales
operaciones mercantiles, lo que provoca
considerables perjuicios.
A ello se suma el
hecho de que nuestro país no puede efectuar ningún
tipo de venta a empresarios estadounidenses
interesados en la compra de productos cubanos y por
lo tanto, se excluye la posibilidad de crear fuentes
de ingresos que permitirían ampliar las
operaciones.
Por último, no es
posible concebir el comercio entre dos Estados
soberanos, sin que exista entre ambos un régimen
normal de relaciones inter-empresariales, que
permita la negociación, flujos financieros
regulares, el transporte aéreo y marítimo, el
beneficio de fórmulas habituales de apoyo al
comercio exterior y el imprescindible acceso a
créditos
El gobierno de los
Estados Unidos, valiéndose de sus poderosos medios
de comunicación, trata de imponer a la opinión
pública nacional y extranjera, una imagen
demoníaca del sistema político, económico y
social que libremente, y por abrumadora mayoría, ha
elegido para sí el pueblo de Cuba. Sin embargo,
impone al mismo tiempo el silencio sobre el rechazo
de la comunidad internacional a la política
genocida de bloqueo, que han sufrido varias
generaciones de cubanos.
Por otra parte,
dicho Gobierno ignora y pretende ocultar las
resoluciones aprobadas cada año por la Asamblea
General de las Naciones Unidas desde 1992 en rechazo
al bloqueo, y que el año pasado alcanzó una
votación sin precedentes en ese órgano de
participación universal.
Lejos de atender al
reclamo de la comunidad internacional y de un
creciente grupo de sectores de la propia sociedad
estadounidense, incluyendo legisladores republicanos
y demócratas de ambas cámaras del Congreso, de
realizar un cambio en la política hacia Cuba, la
actual Administración no solo ha endurecido su
discurso haciéndolo más confrontacional, sino que
ha continuado incrementando las medidas y acciones
para recrudecer aún más el bloqueo a la nación
cubana.
Sin embargo, son
cada día más las voces que se unen al rechazo de
la política de bloqueo a Cuba. La visita, en el
primer trimestre del 2003, de 13 Congresistas
estadounidenses a nuestro país, y la introducción
en el Congreso de seis iniciativas que favorecen el
levantamiento del régimen de sanciones, constituye
un ejemplo palpable del creciente rechazo de
importantes sectores de la sociedad norteamericana a
la actual política de su Gobierno contra Cuba.
La aplicación
sostenida de esta política agresiva por parte del
Gobierno de los Estados Unidos, y la creciente
hostilidad desplegada por la actual Administración
contra el pueblo cubano, son pruebas irrebatibles
del total desprecio de las principales autoridades
de la superpotencia por el Derecho Internacional y
los propósitos y principios contenidos en la Carta
de las Naciones Unidas.
En momentos en que
se ciernen sobre el mundo amenazas de guerra, y en
que la potencia más poderosa de la historia intenta
imponer una tiranía nazi-fascista a nivel mundial,
el pueblo cubano continuará denunciando la
política genocida de bloqueo, y con igual entereza
y decisión, defenderá los logros y conquistas
alcanzados en su proceso de profundas
transformaciones revolucionarias.
2. LA
EXTRATERRITORIALIDAD EN LA POLITICA DE BLOQUEO
Se requiere un
breve recuento de las principales legislaciones que
sustentan la aplicación extraterritorial de la
política de bloqueo, para comprender la inmoralidad
y la ilegalidad del mensaje de Estados Unidos cuando
califica al bloqueo como una cuestión bilateral
entre ambos países.
En 1992, como
consecuencia del triunfalismo existente en los
Estados Unidos tras su victoria estratégica en la
llamada Guerra Fría, primaba en los círculos
imperialistas de ese país la percepción de que
había llegado el momento de destruir a la
Revolución Cubana. Con ese fin, se aprobó la
denominada Ley para la Democracia Cubana, conocida
como Ley Torricelli.
En el año en que
se firma la Ley Torricelli, Cuba adquiría por vía
de compañías subsidiarias extranjeras o afiliadas
a empresas norteamericanas, productos vitales como
medicinas y alimentos. En 1991, el volumen de
intercambio con subsidiarias ascendía a 718
millones de dólares. De ellos, el 91% constituían
alimentos y medicinas. Este comercio fue eliminado
drásticamente como resultado de la mencionada ley.
En virtud de la
referida legislación, se prohibió la entrada a
puertos estadounidenses por un período de 180
días, de buques, cualquiera fuera su nacionalidad o
bandera, que tocaran puerto cubano o transportaran
mercancías a/o por cuenta de Cuba, bajo amenaza de
incluirlos en una “lista negra”, en franca
violación de las más elementales normas de la
libertad de comercio y navegación, establecidas por
el Derecho Internacional, los acuerdos
internacionales y las disposiciones de las Naciones
Unidas en la materia.
Como si no fuera
suficiente el menosprecio y la violación del
Derecho Internacional, en 1996 Estados Unidos adopta
la llamada Ley Helms-Burton, dirigida no sólo a
impedir el comercio de Cuba con el resto del mundo,
sino también a frenar el incipiente proceso de
inversión extranjera en forma de capitales,
tecnología y mercados.
Con esta Ley, los
Estados Unidos se arrogan el derecho de decidir,
oficial y públicamente, sobre los asuntos que se
suponen sean atributos de la soberanía de otros
Estados.
Por demás, esta
ley indica al Secretario de Estado excluir de los
Estados Unidos a los funcionarios y directivos de
las compañías que violen el férreo bloqueo contra
Cuba, impidiendo su libre entrada a territorio
estadounidense, y obligando al Secretario a compilar
una lista de personas “excluibles”.
Si bien ambas leyes
intensificaron y agravaron esa inaceptable
violación del Derecho Internacional, al imprimirle
el sello parlamentario y la sanción presidencial,
las disposiciones que las antecedieron y su
aplicación práctica, siempre implicaron
transgresiones a la soberanía de otras naciones.
El Gobierno de los
Estados Unidos ha aplicado de modo extraterritorial
su legislación, en menosprecio de los legítimos
intereses de terceros países de invertir y
desarrollar relaciones económicas y comerciales
normales con Cuba. Ha desatado una persecución a
cualquier empresa y su personal, que establezca, o
simplemente se proponga establecer relaciones
económicas, comerciales o científico-técnicas con
Cuba.
No existe ningún
sector de la economía cubana que no se haya visto
afectado por los efectos extraterritoriales de esta
política. De los 625 millones de dólares de
afectaciones al comercio exterior cubano en el año
2002, como consecuencia del bloqueo, 178.2 millones
de dólares, el 26%, son el resultado directo del
efecto extraterritorial del mismo.
Existen suficientes
ejemplos que demuestran la continuidad de esta
política, que no conoce de excepciones, tan
siquiera entre los más cercanos aliados de Estados
Unidos. Algunos son los siguientes:
- Como parte del
procedimiento habitual de operaciones bancarias de
la recaudación consular, la Embajada de Cuba en el
Reino Unido intentó cobrar en el Banco Citibank
N.A., un cheque por valor de 30 mil libras
esterlinas, emitido por la Agencia First Choice
Hollidays, por concepto de venta de tarjetas
turísticas. Desde hace varios años la mencionada
agencia realiza compras de estas tarjetas y siempre
ha pagado a través de cheques del Citibank, los
cuales han sido cobrados sin dificultades por la
entidad cubana.
Sin embargo, en
noviembre del 2002 el cheque fue devuelto. El
Citibank alegó la imposibilidad de honrarlo, debido
a las sanciones de Estados Unidos contra Cuba. La
agencia de viajes quedó sorprendida por la actitud
de su banco y procedió a girar otro cheque contra
un banco británico, el cual fue cobrado sin
dificultad.
El Citibank N.A.,
de Londres, es una filial de un banco estadounidense
y este acto es, según alega el Citibank por
escrito, resultado directo del bloqueo de Estados
Unidos contra Cuba, extendido a las sucursales o
bancos en el extranjero.
- En febrero del
2003, la compañía británica ITS Caleb Brett, que
por más de 25 años había prestado servicios a la
empresa cubana Servicios Internacionales de
Supervisión CUBACONTROL S.A., decidió suspender
toda relación con Cuba, acatando las Regulaciones
para el Control de Activos Cubanos, del Departamento
del Tesoro de los Estados Unidos.
ITS Caleb Brett
circuló instrucciones a todas sus oficinas
territoriales en el mundo de no atender las
solicitudes de Cuba, ni brindar sus servicios a
cualquier carga destinada o proveniente de la Isla.
Ante esta situación, la empresa cubana procedió a
sustituir sus servicios por los de otras empresas de
supervisión.
- El 7 de octubre
del 2002, la compañía cubana Aerocaribbean se vió
precisada a retirar de la comercialización una
aeronave Boeing 737, arrendada a la compañía
chilena Skyservice y trasladarla hacia Chile, lugar
de matrícula. La premura de este retiro se debió a
que la citada compañía canceló el contrato, como
consecuencia de la presión del Gobierno
estadounidense. Esto se comprobó en la
comunicación enviada por la Boeing, donde se
expresaba que por decisiones del Gobierno
norteamericano, se encontraba impedida de proveer
productos, servicios y cualquier otro medio de apoyo
a Skyservice, dadas sus operaciones charter a Cuba.
Por esta razón, además de otras afectaciones, la
compañía cubana perdió alrededor de 1 millón de
dólares, por concepto de incumplimiento de
contratos suscritos con terceros y cancelación de
negociaciones para establecer vuelos charters.
- En franca
aplicación extraterritorial de la política de
bloqueo contra Cuba, el Departamento del Tesoro de
los Estados Unidos, de manera arbitraria, mantiene
una lista de “nacionales especialmente designados”
de Cuba. En ella figura la compañía japonesa Kyoei
International que mantiene amplias relaciones con
Cuba. Esta acción, que persigue el evidente fin de
amedrentar a otras empresas, ha traído por
resultado que las compañías Toyota y Mitsubishi,
no acepten realizar ofertas directas a Cuba para no
correr igual suerte que Kyoei, y no afectar sus
relaciones con el mercado estadounidense.
- A principios del
mes de febrero del 2003 se publicó una información
en el Fairplay Daily News, en Internet, anunciando
que Ceres Terminals, Inc., compañía estadounidense
que opera la terminal de contenedores Fairview Cove,
en Halifax, Canadá, declinó cotizar el costo de
estiba a la naviera italiana Costas, debido a que la
línea toca el puerto de La Habana. Según
plantearon, esta acción respondía a la asesoría
de sus abogados, ya que temían eventuales problemas
con Washington a causa de la presencia de
contenedores cargados en el puerto de La Habana.
- A inicios del
2003, las negociaciones para la compra de envases de
compotas para los niños cubanos se frustraron
debido al temor del proveedor extranjero de verse
expuesto a sanciones bajo la Ley Helms-Burton. La
búsqueda de un nuevo proveedor provocó una demora
considerable en la contratación y posterior
adquisición del producto, con la consecuente
afectación para la industria cubana.
- El 23 de marzo
del 2003, se embarcó desde La Habana un contenedor
con 1 894 cajas de jugos de la marca Tropical
Island, producido por la empresa cubana Río Zaza,
con destino a la compañía japonesa ASHU-4,
travesía en la que se preveía una escala en un
puerto intermedio.
Por decisión
de un especialista de la compañía naviera de
ahorrar cinco días en la travesía, se realizó la
escala en un puerto de Los Angeles, EE.UU., lo
que propició que por presión de las
autoridades federales norteamericanas, se incautara
el contenedor, alegando las restricciones que impone
el bloqueo. Este hecho prueba hasta que punto de
irracional y ridículo,
puede llegar la política de bloqueo.
Estados Unidos,
autoproclamado como campeón del libre comercio en
el mundo, es el mismo que pretende, como una
condición sine qua non, que el mundo
participe del bloqueo a Cuba, violando las normas
más elementales del libre comercio.
(Continúa)
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