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¿Marx
o Whitman?
POR JOSEITO RODRIGUEZ GARCIA -especial para Granma
Internacional-
CON motivo de
conmemorarse este año el 185º aniversario del
nacimiento de Carlos Marx, en Tréveris, Alemania,
he considerado oportuno retomar una vieja polémica
en torno a los cinco retratos que se encontraban
adornando la oficina de José Martí, Apóstol de la
independencia de Cuba, en 120 Front Street, esquina
a Wall Street, en Nueva York, iniciada en el siglo
pasado y que aún en nuestros días no está
resuelta definitivamente por los estudiosos e
investigadores martianos. La controversia central es
determinar si uno de los cinco cuadros era Carlos
Marx o del poeta norteamericano Walt Whitman.
Algunos especialistas afirman una cosa y otros la
niegan.
En el Diario de
la Marina, correspondiente al 22 de mayo de
1927, apareció un trabajo del doctor y homeópata
cubano, Juan Antigas Escober, titulado Martí y
sus contemporáneos. Este especialista, que
trabajaba como médico en los barcos de una
compañía trasatlántica española, viajaba con
frecuencia de La Habana a Nueva York, razón por la
que visitaba al Apóstol en su oficina y se
convirtió en correo revolucionario suyo entre
Estados Unidos y Cuba. Por eso, en el artículo
antes indicado comentó por primera vez los
mencionados retratos que colgaban en la oficina del
Héroe Nacional cubano. Así, al referirse a él y a
dichos cuadros, escribió:
(...) No estaba en
el muelle y entonces tuve que ir, al día siguiente,
a su oficinita en la calle Front, que ha sido tantas
veces descrita por otras plumas. No obstante,
recuerdo y quiero consignarlo aquí, que reinaba en
ella un pintoresco y grato desorden, tras el cual se
sentía el equilibrio mental de su inquilino. En la
pared, cuadros con retratos de hombres célebres
Darwin, Bolívar, Marx, etc... Al entrar pareció no
reconocerme enseguida, pero rápidamente, a medida
que me acercaba, una agradable sonrisa florecía en
sus labios y con voz melodiosa me dijo:
¿Qué tal amigo
Antigas? ¿Qué me traes de Cuba?...
...Han transcurrido
ya más de treinta años, y hoy al evocarlo, surgen
en mi memoria su enorme frente, su mirada triste, su
aspecto místico, y más que nada su palabra, suave,
razonadora y elocuente y suenan todavía en mis
oídos aquellas palabras que me dijo al despedirme
en su oficina de Front St... “Recuérdeme a mis
amigos de Cuba”.
Inmediatamente
después de la aparición del artículo de Antigas,
los prestigiosos intelectuales y estudiosos cubanos
de la obra martiana, Emeterio Santovenia y Jorge
Mañach, ripostaron y afirmaron que se había
confundido, pues este último retrato en cuestión
no era de Carlos Marx, sino del poeta Walt Whitman,
del cual Martí reconocía su valor intelectual.
También participó
en esta polémica Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo
de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, secretario de
José Martí y su albacea literario, gran amigo
personal de Juan Antigas y con quien se entrevistó
al respecto. En dicho encuentro, Antigas le expresó
a Gonzalo de Quesada y Miranda que cuando él
visitaba a Martí en los años de 1892 a 1894 no
conocía a Carlos Marx ni a Whitman y nunca había
visto fotos de ellos dos, razón por lo que le
preguntó a éste de quién era el retrato del
hombre de la gran barba que allí colgaba, y que el
Apóstol le contestó que era de un gran luchador
por los humildes y los trabajadores llamado Carlos
Marx y que además le añadió que era europeo y
poco conocido en América.
En estas
consideraciones hay que tener en cuenta que al
comparar las fotos o rostros de Marx y Whitman de
esos años no existe parecido entre ellos, pues el
poeta norteamericano está blanco en canas y con
barba muy espesa y blanca también, mientras que la
barba de Marx era entrecana.
Como político y
gran pensador revolucionario latinoamericanista y
antimperialista, compartía muchas de las nobles
ideas de Marx a favor de los humildes y por un mundo
mejor y más justo, aunque disintiera en algunos de
sus postulados. Por lo tanto, considero que era más
lógico, de acuerdo con sus ideas, que el cuadro que
tuviera en su oficina fuese el de Marx y no el de
Whitman.
Igualmente debo
decir que tuve varios encuentros con el ya fallecido
estudioso sobre Martí, Armando Caballero, quien
trabajaba en la casa natal del Apóstol y siempre me
manifestó su convicción de que el cuadro en
cuestión era de Carlos Marx y no de Whitman y
según me expresó más de una vez era también la
opinión que le había corroborado siempre Gonzalo
de Quesada y Michelsen (Gonzalito).
En un artículo de
Martí sobre la muerte de Marx, ocurrida el 14 de
marzo del 1883, aparecido en La Nación, de
Buenos Aires, en mayo de ese mismo año, podemos
leer lo siguiente:
“Ved esta gran
sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de
los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que
señala el daño, y arde en ansias generosas de
ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando
al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres
sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento
de unos hombres en provecho de otros. Mas, se ha de
hallar salida a la indignación, de modo que la
bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved
esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el
retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de
hombres de diversos pueblos, y organizador
incansable y pujante. La Internacional fue su obra:
vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La
multitud, que es de bravos braceros, cuya vista
enternece y conforta, enseña más músculos que
alhajas, y más caras honradas que paños sedosos.
El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un
herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de
la naturaleza, les viene ser hermosos como
ellas.(...) Karl Marx estudió los modos de asentar
al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los
dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra
los puntales rotos. (...) Aquí están buenos amigos
de Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de
las cóleras de los trabajadores europeos, sino
veedor profundo en la razón de las miserias
humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre
comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo
que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo
alto, lucha.”
En carta de Martí,
dirigida a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, fechada
en Montecristi el 1 de abril de 1895, antes de salir
hacia Cuba para dirigir la tercera y última guerra
de independencia y considerada su testamento
literario, entre otras cosas, le orientó lo
siguiente:
“De los retratos
de personajes que cuelgan en mi oficina escoja dos
V., y otros dos Benjamín, Y a Estrada, Wendell
Phillips.”
Los cuadros, como
ya hemos dicho y tal como puede comprobarse en la
cita anterior, eran cinco y según nuestras
consultas y verificaciones se trataba de los
siguientes personajes: Charles Robert Darwin
(1809-1882), científico británico que sentó las
bases de la moderna teoría evolutiva, al plantear
el concepto de que todas las formas de vida se han
desarrollado a través de un lento proceso de
selección natural. Simón Bolívar (1783-1830),
militar y político sudamericano de origen
venezolano, considerado por todos como el Libertador
de América. Carlos Marx (1818-1883), filósofo
alemán, creador junto con Federico Engels del
socialismo científico y uno de los pensadores más
influyentes de la historia contemporánea. Abraham
Lincoln (1809-1865) político estadounidense,
presidente de Estados Unidos de 1861 a 1865, condujo
a la Unión a la victoria en la Guerra Civil y
abolió la esclavitud. Y Wendell Phillips
(1811-1884), gran orador, líder abolicionista
estadounidense y fundador del Partido de los
Trabajadores.
Es muy oportuno
señalar que Martí escribió y publicó hermosas
páginas sobre estos cinco personajes y también
sobre el poeta Walt Whitman que ha formado parte de
la polémica que nos ha ocupado en este breve
artículo, pero que a nuestro juicio no estaba entre
los cuadros que colgaban en la oficina del Apóstol
en Nueva York, como hemos intentado demostrar.
Finalmente, con este trabajo, el autor ha querido
contribuir al gran esfuerzo que hacen muchos
investigadores, especialistas e historiadores
cubanos con el objetivo de dar a conocer y divulgar
la obra de José Martí en estos tiempos que tanto
lo necesitamos y en la misma medida, rendirle el
merecido tributo en el 150 aniversario de su
natalicio. Ojalá lo haya podido lograr.
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