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IGNACIO
PIÑEIRO
Poeta del son
POR RAFAEL LAM -especial para Granma Internacional-
ESTE año se cumple
el aniversario 115 del nacimiento de Ignacio
Piñeiro, el poeta del son, que sazonó la salsa
latina y muchos de los ritmos contemporáneos.
Nace en la colonia
, se impregna de todos los ritmos afrocubanos,
cantos de clave, el yambú y la tahona, complementos
y antecesores de la rumba. Recibe el influjo de la
guaracha y el son que llega a La Habana. Su academia
era la tradición oral de congos y lucumíes, en
cabildos africanos. “En esos cabildos, que metían
miedo, desde niño componía versos mambises en
contra del colonialista español, en protesta por su
presencia”.
Trabajó como
albañil, portuario, tabaquero, en todo tipo de
oficios para ganarse la vida, en días de guerra y
hambre. Pero, desde niño cantaba en coros escolares
y a los ocho años ya estaba como improvisador y
decimista en la agrupación de clave y guaguancó,
El Timbre de Oro. Seguidamente dirige el grupo Los
Roncos y después pasa a la agrupación
Renacimiento.
Su gran momento
llega con la amistad de la trovadora y sonera María
Teresa Vera, quien le enseña a tocar el bajo y lo
integra a su Sexteto Occidente, con el que viaja en
1926 a grabar y actuar en Nueva York. A su regreso
trabajan en las academias de baile, donde realizaban
un entrenamiento agotador.
María Teresa
dedica un tiempo a la religión afrocubana, en 1927
entrega el Sexteto Occidente a Ignacio que le
adiciona al trompetista Lázaro Herrera y se
convierte en Septeto Nacional que compite en
popularidad con el Septeto Habanero de 1920, primero
en Cuba. Pero el Septeto Nacional tenía un genio
compositor a la cabeza, con el dominio de muchas
variantes tímbricas y ritmos nacidos en La Habana,
con los que hace una fusión insuflándole al son un
tempo menos reposado, más rápido y potente. Y
también una larga lista de éxitos que resultaron
verdaderos clásicos del son.
Con esos
presupuestos son invitados a llevar el son a
España, la España de charanga y panderetas que se
asombra de la llegada de instrumentos tan típicos
como las claves, maracas, güiro y bongó. Un
arsenal percutido que deja perplejos a los europeos.
En 1929 desembarcan
en las costas de Sevilla, después de haber perdido
en el viaje a uno de sus cantantes. Se presentan en
la fastuosa Exposición Iberoamericana de Sevilla,
donde obtienen Medalla de Oro. De esa manera
triunfal penetran el sonido atrevido del son en la
Europa de sinfonías y zarabandas.
Con ese prestigio
alcanzado lo reclaman en Estados Unidos y se
presentan en 1933 en la Feria Exposición de
Chicago, Un siglo de progreso. El son, la
conga y la rumba comienzan a amenazar al jazz y sus
variantes. Cuba inicia la hegemonía del ritmo en la
etapa contemporánea.
¿Cuál es el
aporte de Piñeiro al son y la música cubana? El
gran músico “habaniza” el son, fundiéndolo con
las variantes de la rumba, la guajira y otras
variables tímbricas afrocubanas. Introduce el
lirismo en el primitivo son oriental, logrando una
evolución amplia en lo musical y lo temático, como
nos dice el locutor, Eduardo Rosillo. Es una
cristalización melódica decisiva de la música
cubana sacada de acertadas combinaciones
instrumentales de donde salieron las variantes de
maravilla que nacerían después: danzón, mambo,
cha cha cha y muchos de los ritmos venideros.
Hay que atribuirle
también a Piñeiro la incorporación o el traslado
del tiempo de la guajira, al compás de 2 por 4 del
son. Mi son guajiro genuino, conocido como Alma
guajira, es el primero en ese estilo, y abre un
nuevo camino. Concede mayor libertad, dando
preeminencia al protagonismo del cantante. Primero
con cierto toque lírico, después con esa impronta
callejera sin la cual no hay auténtica música
popular.
También rompe con
la métrica establecida al componer al margen de la
cuarteta, incorporando versos más libres
-influencia trovadoresca- que se interrelaciona con
el son. El lirismo termina con un cadencioso
estribillo bailable y sabroso, como apunta la
investigadora Adriana Orejuela.
Habanera no te
canses de/ querer a tu sonero,/ que si me olvidas me
muero.
Fue cuidadoso en el
aspecto melódico de sus obras, cualidad que
aprovechó George Gershwin al incorporar un pasaje
de su son-pregón, Echale salsita.
Piñeiro fue un
creador prolífero, con cientos de creaciones que
abarcan el son, el bolero, la conga, la rumba, la
guajira-son, la guaracha, el guaguancó, los
danzones, el tango-congo, las plegarias, los
lamentos y otras diversas variantes soneras y
rumberas.
Hay músicos que
son como arquitectos de la estructura musical, en
los inicios de la síntesis ritmática de un país.
En ese cuadro de honor se encuentran, Ignacio
Piñeiro, Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez, los
hermanos Israel y Orestes López (Cachao), Pérez
Prado, Enrique Jorrín. Son verdaderas escuelas,
conservatorios de la música cubana de donde se
nutren los músicos de nuestro tiempo.
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