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N A C I O N A L E S

La Habana. 31 de julio de 2003

Mensajeros de la bondad

POR MARELYS VALENCIA -de Granma Internacional-

NO fue hasta que conversé con tres jóvenes trabajadores sociales que comprendí la magnitud de una labor que en Cuba cobra un auge especial. Aunque apenas rondan los 20 años, estos muchachos investigan para la sociedad cubana múltiples fenómenos que tienen por escenarios los barrios, las familias, y tienden un puente para quienes necesitan la ayuda que el Estado estipula para cada caso. Aunque en un principio conocieron las reticencias de muchas personas a abrirse y dar a conocer sus problemas, hoy son vistos como mensajeros de la bondad.

El programa de formación emergente de trabajadores sociales, uno de los 150 iniciados en esta década por el Gobierno revolucionario, comenzó en el 2000 con la apertura de una escuela en Cojímar. Luego se amplió a otras provincias y en la actualidad llega a 14 570 la cifra de egresados. En la más reciente graduación, a mediados de julio, de la Escuela de Cojímar, decía su director Rubén Zardoya, que se trata de una batalla por “alejar los demonios de otras sociedades”, por ofrecer valores e igualdad de oportunidades a todas las personas.

¿Qué han descubierto estos jóvenes durante el ejercicio de su profesión? ¿Qué razones los estimulan a seguir en sus puestos de trabajo?

Esta es la historia de cómo ven tres de ellos una carrera que recuerda la máxima de García Márquez: “El amor es una ideología para militantes eternos”.

DE LAS YAGUAS A LA CIVILIDAD

Yanara Serrano nació en el barrio capitalino Raúl Cepero Bonilla, en el residencial Casino Deportivo. Creció oyendo los cuentos de su padre sobre cómo llegó allí su familia y dónde vivían antes. Así fue que conoció de “la celebridad” de las Yaguas, la comunidad más insalubre de La Habana hasta principios de los 60, cuando la Revolución comenzó a despejar a la capital del país de la marginalidad. Dato curioso: una de las famosas fotos del Che, en la que aparece sin camisa cargando una carretilla, fue tomada durante una jornada voluntaria del guerrillero junto a los vecinos de Las Yaguas durante la construcción de sus nuevas viviendas.

Entonces surgió el reparto Cepero Bonilla, con sus casas de dos y tres cuartos, unidas en forma de bloques. Pero a pesar de los esfuerzos del Estado por garantizar una equidad social en cuanto a servicios sociales, oportunidades de estudio y trabajo, aún “los demonios” no han desaparecido.

El bario del Consejo Popular Armada, del Casino Deportivo, es el de mayor cantidad de problemas. Dice Yanara, quien es hoy una de los 14 trabajadores sociales con que cuenta el Consejo, que había niños sin matricular en las escuelas, madres solteras con bajo nivel cultural y desempleadas, jóvenes que abandonaron los estudios y tampoco trabajaban, agresivos, con otras deformaciones de la conducta social...

Pero a Yanara, que conocía a casi todos en el barrio, le fue menos difícil enfrentarse a “los casos”. “Hicimos un trabajo profundo, primero un levantamiento casa por casa de las condiciones de vida y los problemas, y luego tratamos de influir en esas personas, que no nos vieran como intrusos, sino como amigos, prestos a ayudar. Les hablamos del plan de superación integral para jóvenes con las facilidades de un estipendio de 80 pesos para los que estudien décimo y onceno grados y de 120 a los que cursen el nivel 12, además de la ventaja de optar por carreras técnicas o universitarias una vez concluido el bachillerato, entre otros programas.

“En la actualidad, no conocemos a ningún niño que no asista a clases. Tuvimos que ser severos en algunas ocasiones y acudir a los órganos judiciales porque había madres que, excepcionalmente, no les importaba la educación de sus hijos en edad escolar. “

Una Comisión de Prevención, de la que forman parte el trabajador social, el Médico de la Familia, las autoridades policíacas y de Gobierno de la comunidad, laboran para detectar y dar seguimiento a los casos con problemas de conducta.

“Veo el fruto de mi trabajo. Es muy gratificante saber que después de nuestra intervención en los núcleos familiares se obtienen resultados positivos”, afirma convencida Yanara.

EL ALIENTO DE TENERLOS CERCA

Los trabajadores sociales, una vez en las comunidades, hacen un diagnóstico o levantamiento sobre la situación de cada hogar, luego verifican si son ciertos los datos ofrecidos, y en dependencia de lo que arroje la investigación se buscan soluciones.

El trabajo se organiza en varios grupos: atención a los discapacitados, a los jóvenes de 16 a 30 años, y a los niños de 0 a 15. Sobre estos últimos, me dice Reynieris Trujillo, de 20 años, jefe del equipo de Trabajadores Sociales que opera en el Consejo Popular Armada: “Fuimos con un doctor de la comunidad a las escuelas y círculos infantiles, donde se pesaron a los niños y se determinó si tenían algún tipo de insuficiencia; después en los consultorios del médico de la familia recogimos información sobre la situación económica de los que presentaron bajo peso”.

A través de Reynieris conocimos que estos niños empezaron a recibir un módulo alimenticio (aparte de la canasta básica) de arroz, aceite, granos y pastas, además de 50 pesos si viven con madres solteras o impedidas de trabajar.

Los ancianos que viven solos o perciben ingresos mínimos, también cuentan con nuevas alternativas: gratuidad de los medicamentos, chequera aparte, de 45 pesos, para el pago del comedor comunitario donde adquieren las comidas del día, siempre con un plato proteico incluido (falta por conseguir calidad en la preparación de los alimentos para que la oferta cumpla su cometido).

Los jóvenes trabajadores sociales fueron bendecidos con la experiencia de Nurvis Trejo, especialista en Seguridad Social del Municipio Cerro, quien los ha asesorado desde que llegaron al Consejo Popular Armada. De lunes a jueves, nos cuenta Rolando Ledo, integrante del grupo, llegan diferentes casos al pequeño local donde está enclavado el Consejo: mujeres cuyos hijos fueron abandonados por los padres, madres obligadas a dejar sus empleos por no tener quien cuide a los niños o porque sus hijos presentan alguna discapacidad...

Rolando era graduado de técnico medio en Agronomía; su vecina ejercía como trabajadora social y fue ella quien le habló de la convocatoria de la Escuela de Formación Emergente. Y le tomó la palabra. “Yo quería seguir estudiando, y cuando nos explicaron todos los problemas que podríamos resolver, lo noble que es esta profesión y que además tendríamos acceso a carreras universitarias, pues opté por pasar el curso de la Escuela de Cojímar. Ayudamos tanto a la gente; las experiencias en la comunidad son infinitas”.

Mientras conversamos con Rolando, una mujer de tez mestiza, con el pelo encanecido, le espera en las afueras de este consultorio del alma en que se ha convertido el local. El le dice que pase y nos la presenta: su nombre es Ismaela Eloísa y en cuanto se sienta frente a mí su historia sale a borbotones. Los jóvenes del Consejo conocen su historia, pero la escuchan de nuevo.

Ismaela tiene dos hijos, uno de 16 años que padece de sonambulismo, y otro de 22 , sicótico. Cuando el mayor nació le diagnosticaron hiperquinesia cerebral. Durante el crecimiento las dificultades aumentaron y fue en la Clínica del Adolescente donde le comunicaron que sufría de sicosis. Podía ingresarlo en un hospital siquiátrico pero ella quería asumir la responsabilidad del cuidado. Los trabajadores sociales llegaron a su casa un día y le preguntaron por sus problemas. Enseguida le fue tramitada una pensión de 50 pesos al menor de sus hijos y otra de 82 para ella y el mayor. De las donaciones que han llegado al municipio con el fin de ser distribuidas entre los casos sociales, le entregaron ropa y zapatos para ellos.

“También lavo y plancho y trato de ganarme unos pesos más”, me dice. “Cuando ya no tenga fuerzas, por lo menos me quedará el respaldo de los trabajadores sociales. Solamente el hecho de que te escuchen, la posibilidad de desahogarte, la solidaridad que te manifiestan es un apoyo muy grande. Me siento protegida, amparada, atendida. Estos muchachos tienen la paz en su rostro; es increíble cómo reciben los problemas ajenos”.

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