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Ramón
Labañino: El peor enemigo en el movimiento es aquel
que nos divide
¡UNIDOS
SOMOS INVENCIBLES!
Vivimos
tiempos cruciales en el desarrollo de la humanidad.
La vida del ser humano está en peligro, el planeta
se arriesga a desaparecer si no detenemos a tiempo
esta fuerza atroz y descabellada del imperialismo
nazifascista. Pero la forma de derrotarle existe y
está en nuestras manos: La unidad.
En
estos momentos es imperioso e imprescindible
UNIRNOS, y salvar la raza humana, el planeta, para
las futuras generaciones. Esta es nuestra deuda con
la historia y con nuestros propios hijos.
Sabemos
que lograr esta unidad no es fácil, más cuando el
imperialismo nos teme unidos, y hace todo a su
alcance para mantenernos aislados y débiles, desde
usar la propaganda engañosa, hasta crear falsos
líderes e infiltrar nuestras filas de traidores y
peones del Imperio. Pero es tarea nuestra depurar
nuestras filas y fortalecernos.
Hay
que empezar por unir a todas las fuerzas
progresistas, de izquierda, ecologistas, luchadores
civiles, etc., en un frente cohesionado
antimperialista; y no hablamos de sueños ni
imposibles, pues las condiciones para ello existen,
veamos:
Hoy
más que nunca antes existe un fuerte movimiento
popular casi unánime en contra de la guerra, del
imperialismo norteamericano y su bloque de vasallos;
existe una enorme repulsa a la figura del señor
George W. Bush, crece la lucha por los derechos
civiles tanto en EE.UU. como en el resto de las
grandes potencias, hay un elevado descontento por el
desastre del neoliberalismo y por las fórmulas
capitalistas, que han llevado a nuestros países a
una profunda e insalvable crisis, que parece sin
salida. ¿Cómo es posible entonces que no podamos
aglutinar todas estas fuerzas en un frente único e
indivisible?
Si
en los años 1960-1970, cuando el gran auge de la
lucha por los derechos civiles, salían a las calles
manifestantes en número de 20 000 y 30 000, y eran
considerados como un movimiento fuerte y pujante;
¿cómo es posible que hoy salgan a las calles en
cifras sin precedentes de 200 000, 250 000, 1 000
000, y hasta 2 000 000 de personas (como ha ocurrido
en ciudades de Francia e Inglaterra, recientemente),
y no seamos capaces de capitalizar, organizar y
dirigir estas fabulosas fuerzas en aras del bien
común: salvar el planeta, derrotando al
imperialismo?
Para
lograr la unidad debemos dejar a un lado mezquinos
intereses personales y económicos, y pensar en el
sacrificio y el esfuerzo como mejor recompensa por
el bien de la humanidad.
Debemos
buscar los líderes de cada movimiento y en cada
país, y que cuenten con el apoyo mayoritario o
unánime de todos, que tenga la humildad, carisma y
poder político de convencer y unir fuerzas.
El
peor enemigo que puede haber en el movimiento
progresista es aquel que nos divide o corrompe, y a
ese más que a nadie, hay que combatir y excomulgar
de nuestras filas. Debemos ser celosos guardianes de
la cohesión, la unidad y la pureza de nuestras
fuerzas, y nunca perder la idea central: La lucha
contra el imperialismo.
Una
vez que logremos esa unidad monolítica y
organizada, se pasaría entonces a la actividad
progresista coordinada y sólida, para dar respuesta
a cada mal que se imponga.
Cada
pueblo encontrará la vía adecuada a sus
condiciones objetivas y subjetivas, habrá que ser
creativos y audaces, y no copiar fórmulas
prefijadas que no respondan a nuestras realidades.
Habrá
que combatir en todos los frentes; por ejemplo,
habría que crear una especie de contra-media; o sea
una poderosa empresa informativa, que con la verdad
real, objetiva y amena, sea capaz de enfrentar y
derrotar la nociva, tergiversadora y mentirosa
propaganda imperial. Para ello habría que reunir
recursos venidos de personalidades y organizaciones
progresistas que cuenten con ellos, y así, ir
creando la media progresista. Por ahora todos los
esfuerzos que hagamos en la Internet son muy
importantes; pero hay que hacer más, de forma que
lleguemos a cada persona del planeta.
Por
otro lado, el papel que han de jugar nuestros
intelectuales progresistas es de gran importancia,
siempre teniendo en cuenta que se puede criticar al
amigo; pero nunca usar propaganda hostil y
devastadora, que destruya la unidad, y sirva como
instrumento de ataque en manos del enemigo. Esto es
casi una traición al movimiento progresista, y no
se debe tolerar.
Sería
iluso pensar que un hombre "progresista",
por miedo o por cuidado de salvar su vida ante la
atrocidad imperial, trate de congraciarse con el
imperio, criticando a las fuerzas de izquierda o
progresistas del mundo; sería esto bien iluso,
pues, no tenga la menor duda de que, más tarde o
más temprano, el imperialismo tratará de
exterminarnos, uno a uno; por la simple razón de
que nosotros somos sus enemigos naturales; y aun con
más desprecio lo haría con aquellos que a última
hora se convirtieron en traidores de la humanidad.
Este
es, en fin, un llamado a la unidad de todas nuestras
fuerzas; porque estamos convencidos que no hay
gobierno del mundo por poderoso que sea, que no
caiga ante el empuje de todo su pueblo volcado
contra él.
Por
eso, tenemos que unirnos, organizar y dirigir a
nuestros pueblos como única forma de salvarlos del
desastre al cual el capitalismo, en su fase última
y terminal, nos arrastra con todas sus guerras,
crisis y conflictos.
Julio
de 2003
Ramón
Labañino Salazar, SP Beaumont, Texas. USA.
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