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Bush-Blair:
¿Dónde
están las armas?
(Tomado del Semanario Universidad, de Costa Rica)
GILBERTO LOPES
Redactor
Parados uno al lado
del otro, en la Casa Blanca, el presidente de los
Estados Unidos, George Bush, y el Primer Ministro
británico, Tony Blair, reiteraron su convicción de
que hicieron lo correcto al atacar Irak. Pero sigue
el escándalo sobre la inexistencia de armas de
destrucción masiva.
Tanto Tony Blair
como George Bush afrontan cuestionamientos y
pérdida de credibilidad en sus países.
En realidad, el
problema parece resuelto: no se han encontrado armas
de destrucción masiva en Irak. Pero la no
aparición de esas armas no es un resultado
sorprendente. Durante meses antes de la invasión el
grupo de expertos de las Naciones Unidas recorrió
el país buscándolas, con el apoyo de recursos
técnicos y de la información de inteligencia que
ya entonces poseían Estados Unidos, Inglaterra y
otros países, sin encontrar nada.
Sometido a una
severo embargo durante más de una década, Irak
difícilmente podía contar con los recursos
necesarios para preparar esas armas y, mucho menos,
para lanzarlas. El resultado de la guerra lo dejó
también en evidencia.
Ahora se va
haciendo más clara la estrategia de Sadam Husein.
La escasa resistencia a las tropas invasoras fue
sustituida por una guerra de guerrillas que va
tomando un perfil cada vez más definido. Esta
semana lo destacó el nuevo comandante militar
estadounidense en Irak, general John Abizaid, de
origen libanés, un hombre que habla bien el árabe.
Estamos
comprometidos en una típica guerra de guerrillas
clásica contra los remanentes del régimen de
Husein, dijo Abizaid. "Los ataques son cada vez
más organizados y sofisticados", añadió. Se
trata, por lo tanto, de una forma de lucha muy
distinta a la esperada y sin armas de destrucción
masiva.
DESCONTENTO
Mientras empieza a
perfilarse una nueva cara en ese conflicto, surgen
también voces de descontento entre las mismas
tropas de Estados Unidos en ese país. Oficiales
destacados en Irak expresaron públicamente, en un
programa de televisión, su desagrado por la
decisión de prolongar su estadía en el país, para
hacer frente a la. Abizaid salió al paso a esas
críticas y anunció sanciones para quienes
criticaron al Secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld.
Cabe destacar el
hecho de que no solo las armas no han aparecido,
sino que tampoco se ha podido capturar o matar al
antiguo jefe del gobierno iraquí.
Por el contrario,
esta semana una emisora difundió otro mensaje de
Husein, llamando a la resistencia.
COSTO
El costo de esta
guerra es escalofriante. El secretario de Defensa,
Rumsfeld, dijo el pasado 9 de julio al congreso que
la operación militar costaría unos $3,9 mil
millones por mes, entre enero y septiembre de este
año. O sea, casi el doble de los dos mil millones
estimados inicialmente.
A eso hay que
agregar los cerca de $950 millones mensuales que
cuestan las operaciones en Afganistán. O sea, casi
cinco mil millones de dólares por mes, un precio
que la economía estadounidense no parece en
condiciones de pagar, en medio de una crisis que no
da síntomas de amainar.
La semana pasada,
según el Departamento de Trabajo, las solicitudes
de seguro de desempleo aumentaron a $439 mil. El
aumento sorprendió a los economistas, que preveían
una baja. El número de estadounidenses que disfruta
de beneficios de desempleo llegó a 3,8 millones a
fines de junio, el nivel más alto desde febrero de
1983.
ARMAS
En ese escenario el
premier británico Tony Blair realizó una breve
visita a Washington, para reunirse con Bush y hablar
ante ambas cámaras del congreso de EE.UU. Antes de
su discurso en el parlamento, Blair se permitió
decir que la historia podría olvidar el
derrocamiento de Husein, aun si se demostraba que
tanto él como Bush estaban equivocados respecto a
las armas de destrucción masiva. Pero, agregó,
"la historia no olvidaría si hubiésemos
dudado en actuar, en vez de encabezar la lucha
contra esa amenaza".
Los hechos pasan,
entonces, a un segundo plano. Las declaraciones de
ambos jefes de gobierno apelan, cada vez más, a una
fe ciega en que el régimen iraquí tenía armas de
destrucción masiva, aun contra todas las
evidencias.
"Yo creo
firmemente que él estaba tratando de reconstruir su
programa de armas nucleares", dijo Bush.
"Blair
todavía cree que la guerra de Irak se
justificaba", tituló el
Washington Post, en
su nota sobre el discurso del Primer Ministro
británico ante el congreso.
Pero, en los
últimos días, la prensa estadounidense y
británica han puesto particular atención a la
mención hecha por Bush en su informe sobre el
estado de la nación, el 28 de enero pasado, cuando
habló de los intentos del gobierno iraquí de
conseguir uranio enriquecido en Africa para
utilizarlo en sus programas nucleares. El mandatario
mencionó ahí información atribuida a los
servicios de inteligencia británicos que ahora
todos reconocen no tener sustento en la realidad. La
propia Central de Inteligencia norteamericana (CIA)
habría descartado, en su momento, la información
de sus colegas británicos.
Pero el debate,
sobre todo en la gran prensa de los Estados Unidos,
llega a ser kafkiano, en medio de citas y
"contracitas" de cualquier funcionario que
quiera decir algo sobre el tema, en una cobertura
tan cuidadosa que, lejos de aclarar lo ocurrido,
termina por llenar las páginas con una información
de impide conocer la realidad.
Al mismo tiempo, la
Casa Blanca lanzó una campaña agresiva para
contrarrestar las acusaciones de que Bush
tergiversó los hechos para lograr el apoyo del
congreso y de la opinión pública a la guerra
contra Irak. El propio presidente se refirió cuatro
veces, la semana pasada, a las acusaciones de que
habría usado información falsa para crear un clima
favorable a la guerra. A Bush y a los republicanos
les preocupa las consecuencias que esto pueda tener
en la campaña electoral que se avecina y aunque el
presidente mantiene un índice de aprobación de 59
%, según una encuesta del Washington Post y ABC,
ese índice cayó 9% en 18 días.
"El atributo
más importante de cualquier presidente es su
credibilidad", dijo el senador demócrata John
Edwards, quien había votado a favor de la guerra.
Pero, añadió, "cuando la propia declaración
del presidente es puesta en cuestión, es un asunto
muy serio".
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